El burnout es un problema complejo que resulta del estrés laboral crónico. Se acompaña de agotamiento (sentirse agotado, sobrecargado y fatigado), síntomas de despersonalización, y sentimientos de ineficacia, entre otros. El burnout conlleva consecuencias físicas y emocionales para las personas que lo sufren, e impacta en su trabajo con clientes y dentro de la organización donde desarrolla su labor.  

Con esta introducción, la agencia de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias de Estados Unidos (The Substance Abuse and Mental Health Services Administration-SAMHSA), presenta su guía Addressing Burnout in the Behavioral Health Workforce Through Organizational Strategies, un documento a través del cual se analizan las estrategias que se pueden implementar a nivel de organización para mejorar la cultura y el clima en el ámbito laboral, modificando los seis factores que influyen en el burnout que puede sufrir el personal laboral de la salud mental (a saber, carga de trabajo, control, recompensa, comunidad, equidad y valores).

Foto: Jonathan Borba Fuente: pexels Fecha descarga: 15/12/2021

Tal y como señalan sus autores, si bien la guía está enfocada en los trabajadores de la salud mental, muchas de estas orientaciones pueden extenderse a otras organizaciones y profesionales de atención sanitaria.

El documento define como “proveedores de salud mental” a los y las profesionales que abordan los trastornos de salud mental y uso de sustancias, incluidos, entre otros, psicólogos/as, psiquiatras, enfermeros/as, orientadores, consejeros de salud mental y adicciones, así como trabajadores sociales.

De acuerdo con sus autores, el personal laboral de salud mental desarrolla su labor en una amplia gama de contextos, tales como, programas comunitarios para pacientes ambulatorios u hospitalizados, atención primaria de la salud, emergencias, entornos penales o legales, agencias de servicios sociales y ámbitos educativos. La escasez de personal y las altas tasas de rotación imponen enormes exigencias a estos/as trabajadores/as, poniendo en peligro la prestación de la atención, especialmente a quienes más la necesitan y no pueden acceder a ella.

Asimismo, advierten, “la naturaleza del trabajo -que, con frecuencia, implica ayudar a las personas a manejar problemas de salud mental, problemas de uso de sustancias, traumas o crisis de salud mental-, puede hacer que sea emocionalmente agotador”. En este sentido, el personal de la salud mental experimenta altos niveles de estrés relacionado con el trabajo, salarios relativamente bajos, problemas económicos y una carga cada vez mayor de casos para atender; toda una amalgama de factores, que, combinados, ponen a estos/as profesionales en un alto riesgo de experimentar burnout.

Las causas del burnout pueden encontrarse a nivel organizacional, interpersonal e individual. Los factores organizacionales se reconocen, cada vez más, como los que contribuyen en mayor medida en su aparición, siendo los más mencionados por los/as profesionales: el trato injusto en el trabajo, una carga de trabajo inmanejable, la falta de claridad de roles, la escasez de comunicación y apoyo por parte de su gerente y la presión de tiempo irrazonable.

Entre las graves consecuencias que puede tener el burnout sobre la salud física y mental de un o una profesional, destacan la sensación de fracaso, la pérdida de motivación, el abandono de relaciones sociales y responsabilidades, insomnio, hipertensión, depresión, ansiedad, uso de sustancias y enfermedades físicas. A su vez, conlleva costes directos e indirectos para las organizaciones, que se asocian con mayores tasas de rotación del personal, absentismo y renuncias al puesto de trabajo. Esto afecta el acceso de los clientes a la atención y la calidad y continuidad de la misma. Como resultado, las organizaciones deben invertir considerables recursos adicionales en la constante contratación y formación de nuevos empleados.

Dado lo anterior, la guía pone de relieve el rol fundamental de las organizaciones para mitigar el impacto del burnout y prevenir su aparición, mediante políticas y programas orientados a tal fin.

Según afirma la SAMHSA, la intervenciones a nivel de organización son más eficaces para reducir el burnout y sus consecuencias, que las intervenciones llevadas a cabo a nivel individual. A nivel de organización pueden establecerse cambios en las políticas institucionales, en la cultura organizacional, modificaciones en el flujo de trabajo, ampliación de recursos para el personal (por ejemplo, programas de cuidado de niños y apoyo familiar), etc.

Los enfoques individuales son importantes para la resiliencia personal y el manejo del estrés (herramientas de autocuidado y enfoques basados en la atención plena, formación para mejorar la confianza y el desempeño laboral, etc.); estas intervenciones dirigidas a los síntomas del burnout tienen un impacto a largo plazo limitado si no se combinan con intervenciones a nivel de organización, cuyo potencial de impacto es mayor, más duradero, y llega a más personas.

El documento recoge una compilación de recursos orientados a apoyar la resiliencia y el bienestar de los/as profesionales (por ej., guías escritas, seminarios web, charlas grabadas, etc.), y ofrece una descripción general de los enfoques para evaluar la implementación de las estrategias y su impacto, aportando ejemplos exitosos de organizaciones que implementan intervenciones basadas en la evidencia.

Se puede acceder al documento completo a través de la Web de la SAMHSA o bien directamente aquí:

Substance Abuse and Mental Health Services Administration (SAMHSA): Addressing Burnout in the Behavioral Health Workforce Through Organizational Strategies. SAMHSA Publication No. PEP22-06-02-005. Rockville, MD: National Mental Health and Substance Use Policy Laboratory. Substance Abuse and Mental Health Services Administration, 2022 

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