La Psicología y, más concretamente, el campo de la prevención como disciplina científica, cuenta con varias iniciativas para prevenir este grave problema de salud pública que, no obstante, se mantiene como la principal causa externa de muerte en España, según el INE, y provoca al día 11 defunciones por tal motivo.

Estas iniciativas existen y están validadas científicamente. Así lo señala Susana Al-Halabí, doctora en Psicología, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo, con quien hemos vuelto a abordar esta cuestión tras la aparición, en los últimos días, de algunos titulares desafortunados que afirman lo contrario y que nos ha hecho preguntarle también que está fallando para que se sigan cometiendo errores en los medios de comunicación a la hora de informar sobre las muertes por suicidio.

Susana Al-Halabí

ENTREVISTA

La primera pregunta obligada que nos gustaría hacerle es: Frente al suicidio, ¿hay solución?

La muerte por suicidio es prevenible. Hay que decirlo las veces que haga falta. De acuerdo con la literatura científica de los últimos años, existen numerosas estrategias políticas, sociales, educativas y clínicas basadas en la evidencia empírica que, implementadas con rigor, pueden reducir las muertes por suicido. Por tanto, los mitos y la mala información sobre el suicidio incrementan el estigma y suponen una barrera para la búsqueda de apoyo informal o profesional, lo que a su vez supone un factor de riesgo para la conducta suicida.

Le hacemos esta primera pregunta a raíz de una entrevista publicada estos días pasados en el diario El Confidencial con este titular: "El número de suicidios en España es aterrador porque no sabemos cómo pararlo”, y queríamos conocer su opinión como psicóloga y experta en este tema.  ¿Comparte esta afirmación? ¿Es errónea?

Lamento ser tan clara pero esa afirmación es incorrecta y, además, considero que es irresponsable. Es un titular muy desafortunado que pone de manifiesto dos aspectos preocupantes: el profundo desconocimiento del fenómeno de la conducta suicida y la pésima elección del titular por parte del medio de comunicación. Y es un problema serio porque este tipo de información alcanza a la población general, forjando desinformación y desesperanza, y promoviendo ideas obsoletas e inexactas, como que la salud mental recae únicamente en el individuo. Sin embargo, la salud mental está anclada a las circunstancias personales, sociales, económicas y políticas de un país. Todos podemos ser agentes de prevención. Por otro lado, es importante que los periodistas conozcan cómo informar bien y comprendan que los medios de comunicación pueden actuar como factor de riesgo o de protección frente al suicidio según informen de manera responsable y veraz o, por el contrario, lo hagan con titulares morbosos o falsos.  Asimismo, desafortunadamente, la presencia de mitos y tabús no solo están presentes en la población general, sino también en los profesionales sanitarios. Justo acaba de publicarse una revisión a este respecto en la revista Archives of Suicide Research. Y también es un aspecto señalado en la Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida en el Sistema Nacional de Salud como barrera para la prevención. Parece razonable pensar que ese sería un primer paso inexcusable en el correcto abordaje de este problema.

Habrá contestado a la siguiente cuestión muchas veces, pero no está de más volvérsela a hacer viendo lo que estamos viendo últimamente. ¿Cómo se puede abordar, desde la psicología, la conducta suicida?  ¿La prevención es la mejor herramienta?

La conducta suicida es un fenómeno complejo y multifactorial que no puede reducirse a una única causa. Antes que un problema clínico, constituye un drama vital. Y la vida es relacional y contextual. Me preocupa que se sigan trasladando ideas de paradigmas obsoletos que entendían la conducta suicida como un síntoma o una “avería” que aflora de los individuos. La Psicología y, más concretamente, el campo de la prevención como disciplina científica, cuenta con varias iniciativas para prevenir este problema que han sido señaladas, por ejemplo, por la Organización Mundial de la Salud o en revisiones sistemáticas publicadas en prestigiosas revistas como The Lancet o Nature Reviews Disease Primers. Todas estas rigurosas publicaciones ponen claramente de manifiesto que la prevención de suicidio incluye niveles de intervención en el ámbito social, comunitario, interpersonal e individual.

Al igual que antes mencionábamos que la conducta suicida no se debe a una única causa, la prevención del suicidio tampoco recae en un único evento. En función de la población a la que vayan dirigidas, las estrategias de prevención se dividen en universales, selectivas o indicadas. Y sí sabemos cómo hacerlo. Lo desarrollo brevemente:

  • La prevención universal se dirige a toda la población con el objetivo de aumentar la concienciación sobre este fenómeno, sensibilizar y disminuir el estigma, eliminar las barreras para el acceso a los sistemas de atención a la salud, promover la búsqueda de ayuda, mitigar el impacto de las crisis, y potenciar factores de protección como el apoyo social y las habilidades de afrontamiento. Algunos ejemplos serían las campañas publicitarias, los programas en los centros escolares, limitar el acceso a métodos potencialmente letales, o facilitar pautas para que los medios de comunicación ofrezcan una información mediática responsable.
  • La prevención selectiva está destinada a grupos específicos que tienen una mayor vulnerabilidad por encontrarse en situaciones difíciles o con poco apoyo y recursos, como los adolescentes, las personas con problemas de salud mental, población reclusa, mujeres en el periodo perinatal, personas víctimas de violencia, personas migrantes o determinados colectivos profesionales, entre otros. Aquí situaríamos las líneas de atención en crisis, como el 024, o la formación de las personas que comparten espacio y tiempo con estas personas vulnerables para que aprendan a identificar las posibles dificultades, sepan cómo escuchar y prestar apoyo o derivar en caso necesario.
  • Finalmente, las estrategias indicadas de prevención se dirigen a las personas que sufren y empiezan a pensar que la vida no merece la pena ser vivida en las circunstancias de dolor en la que la están viviendo. Es importante que estas personas hablen de lo que les ocurre y que los demás sepamos escucharles, brindándoles un espacio seguro en el que exponer sus dilemas y su sufrimiento. En caso necesario, deben ser adecuadamente derivadas a los profesionales de salud mental para una correcta evaluación y comprensión del problema. En relación con esto, la literatura científica apoya el uso de psicoterapias como la terapia cognitivo-condcutual y la terapia dialéctico conductual (particularmente en adolescentes). Ambos tipos de tratamiento psicológico han demostrado tener efectos superiores al tratamiento habitual en la reducción de la ideación y los intentos de suicidio. Este tipo de terapias basadas en la evidencia ofrecen la oportunidad de debatir acerca de problemas existenciales en un ambiente seguro, donde el psicólogo puede validar el sufrimiento de las personas con deseos de morir (o, más bien, de dejar de vivir en las circunstancias en las que están sufriendo) a la vez que las reorienta hacia la vida con nuevas estrategias de afrontamiento.

Sin embargo y a pesar de lo que nos está exponiendo sobre que es posible prevenir la conducta suicida, las cifras nos siguen diciendo que el suicidio es un grave problema de salud pública en nuestro país, para el que apenas se ponen medios. A su juicio, ¿qué recursos faltan en España para abordar, con la urgencia que se requiere, este problema?

Voy a ser muy concisa. Creo que ante un problema como este caben dos recursos principales: aprobar la ley nacional de prevención del suicidio e invertir en salud pública. Lo primero permitiría un necesario reconocimiento explícito del suicidio como un problema de salud púbica, proveer de un modelo lógico y un marco estructural de actuación basado en la ciencia, identificar brechas en la legislación y agentes de colaboración, aumentar la sensibilización y la información de los medios, proponer modelos de evaluación y supervisión clínica, etc. Hay que tomar decisiones sobre qué recursos financiar, qué líneas de investigación priorizar, qué tipo de profesionales contratar en el sistema nacional de salud o en los servicios sociales, etc. Considero que estas decisiones, si bien son políticas, deberían basarse en criterios científico-técnicos. Y la literatura científica es unánime: existen intervenciones preventivas eficaces y eficientes para la prevención del suicidio.

En las últimas semanas también volvemos a ver en los medios un tratamiento de las muertes por suicidio que no se ajusta a lo recomendado por los expertos. Titulares morbosos, detalles sobre el método empleado, errores en el uso del lenguaje… ¿por qué cree que sigue sucediendo esto? ¿Qué se puede hacer para evitar que se sigan cometiendo estos errores?

Quiero creer que es por desconocimiento y no para lograr más clicks que contribuyan a engordar los beneficios de los grupos empresariales a costa de constituir un factor de riesgo para las muertes por suicidio. No es un asunto baladí. Vuelvo a destacar que los medios de comunicación pueden funcionar como factores de riesgo o de protección para el suicido. En sus manos está ser responsables ante el sufrimiento de las personas que tienen pensamientos de suicidio. Creo que todos podemos empatizar con el dolor de las personas que consideran que sus vidas ya no son habitables y contemplan la muerte como solución a una situación que es vivida como insoportable o irresoluble. El silencio informativo no es una opción. El sensacionalismo, tampoco. Los medios de comunicación deben, por ejemplo, incluir recursos de ayuda, líneas de atención telefónica (como el 024), informar sobre señales de alarma, incluir historias de esperanza y recuperación y utilizar un lenguaje sensible con el duelo de la familia.

Existe un manual de apoyo para los profesionales de la comunicación elaborado por el Ministerio de Sanidad que debería estar encima de las mesas de las redacciones. También la asociación Papageno acaba de publicar “En mis zapatos”, un documento de descarga gratuita para aprender sobre cómo comunicar de forma responsable y ejercer como agente de prevención.

En enero, sale a la venta el ‘Manual de psicología de la conducta suicida’, coordinado por usted y el profesor Eduardo Fonseca-Pedrero. Aprovechamos para preguntarle por él. ¿Qué nos vamos a encontrar en este manual?

Tanto el profesor Eduardo Fonseca-Pedrero como yo estamos muy ilusionados con la publicación de este libro tan necesario. Se trata del primer manual académico de psicología de la conducta suicida. Está escrito con rigor científico por profesionales de la psicología expertos en este campo de conocimiento. Aúna la experiencia desde el ámbito académico, investigador, clínico, sanitario, educativo y social para ponerla al servicio de todos aquellos profesionales, estudiantes y población general interesados en este complejo fenómeno. La obra se articula en torno a cinco grandes bloques de contenido:  conceptualización, prevención, intervención, posvención y perspectivas futuras. El contenido de los capítulos se acompaña de relatos en primera persona, casos clínicos, enlaces web y bibliografía comentada que, consideramos, aporta un valor añadido a esta obra colectiva y gremial.

A partir de este manual, esperamos que los profesionales sanitarios y los agentes encargados de las políticas sociales, sanitarias y educativas podrán tomar decisiones informadas para prevenir la conducta suicida.

 

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