En diferentes medios de comunicación, es frecuente escuchar que la crisis económica está afectando a la salud mental tanto a nivel individual como poblacional. Si bien es cierto que no existen datos concretos a este respecto, la realidad es que cada vez son más los especialistas que afirman que el número de pacientes que, especialmente en las consultas de atención primaria, demandan tratamiento psicológico o psicofarmacológico porque manifiestan que experimentan problemas de ansiedad y/o depresión asociados a las dificultades económicas que están viviendo.

En relación a este hecho, la administración de los servicios de salud mental de EEUU, Substance Abuse & Mental Health Services Administration – SAMHSA, acaba de publicar recientemente una guía con consejos prácticos para superar las dificultades que pueden aparecer a raíz de los problemas económicos: Getting through tough economic times; guía que puede consultarse íntegramente en la página web de SAMHSA (http://www.samhsa.gov/economy).

El objetivo de esta guía no es el de solucionar los problemas de ansiedad o de bajo de ánimo que las personas estén experimentando en relación a sus dificultades económicas, sino el de ayudar a identificar aquellas señales que pueden estar avisando que se está comenzando a tener un problema, y, en consecuencia, aporta una serie de consejos para prevenir su aparición.

Efectivamente, la guía indica que las dificultades económicas, como experiencia estresante, pueden contribuir a la aparición de problemas de salud física y/o psicológica, así como facilitar la aparición de hábitos de vida no saludables: ansiedad, depresión, comportamientos compulsivos (comer en exceso, jugar a las máquinas, etc.) o abuso de substancias.

Uno de los aspectos más destacables de la guía es que especifica las señales que el cuerpo envía para indicar que "algo va mal" y, consecuentemente, indica que es importante hacer algo para no desarrollar un problema más grave. Entre dichas señales, se incluye la tristeza persistente, un aumento de la ansiedad o la ira, dificultades para dormir, apatía o dificultades de concentración, entre otras.

¿Qué puede hacerse si aparecen estos síntomas? En relación a ello, la guía ofrece una serie de pautas de control de estrés que pueden ayudar a manejarlos mejor. Así, entre otras pautas, recomienda analizar los problemas, pensamientos o preocupaciones desde otra perspectiva, identificar las cosas positivas que se tienen en la vida, realizar actividades agradables, hobbies, y ejercicio físico, fortalecer las redes sociales y el apoyo social o desarrollar nuevas habilidades y conocimientos relacionados con nuestra especialidad laboral. Por otro lado, si bien es cierto que la crisis no causa directamente el comportamiento de suicidio, la presencia de un problema anterior, como depresión o trastorno bipolar, puede incrementar el riesgo de aparición de pensamientos o deseos de suicidio y/o planes para llevarlo a cabo. En estos casos, la guía recomienda acudir a un profesional.

En general, no puede negarse la utilidad de este tipo de guías, puesto que aportan sencillas nociones, basadas en la evidencia empírica, que ayudan a normalizar y a manejar cierta sintomatología de tipo psicológico a la población general. No obstante, si dicha sintomatología es excesivamente duradera, intensa, frecuente o interfiere de manera significativa en el funcionamiento habitual de la persona, sería recomendable acudir a un psicólogo.