Yolanda Quiles Marcos1, Isabel Balaguer Solá2, Lidia Pamies Aubalat1, Mª José Quiles Sebastián1, Juan Carlos Marzo Campos1 y Jesús Rodríguez Marín1
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Universidad Miguel Hernández
2Universidad de Valencia

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) han despertado un gran interés en los últimos años debido a la gravedad de sus síntomas, la resistencia al tratamiento y la elevada cronicidad y mortalidad que conllevan. Se considera que los TCA tienen una etiología multicausal. Se trata de trastornos "biopsicosociales", donde convergen una serie de aspectos socioculturales, familiares, biológicos y psicológicos. Entre la variedad de correlatos que han sido propuestos en la investigación de estos trastornos, en este trabajo se destaca el papel de diferentes conductas relacionadas con la salud de los adolescentes, tales como, los hábitos alimentarios, la actividad física y el consumo de sustancias. Entendemos que es importante estudiar estas conductas en este periodo evolutivo porque es en la adolescencia cuando existe un mayor riesgo de desarrollar un TCA. Además, durante este periodo es crucial que los jóvenes adquieran hábitos saludables, ya que su modificación es difícil de realizar en edades posteriores.

El objetivo de este trabajo fue estudiar las diferencias entre los adolescentes con mayor y menor riesgo de desarrollar un TCA en diferentes conductas relacionadas con la salud (hábitos alimentarios, actividad física y consumo de sustancias), considerando estas diferencias en función del género.

Para la realización de este estudio se utilizó una muestra representativa de 2142 adolescentes de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) de diferentes centros educativos de la provincia de Alicante. Para la evaluación de las conductas de salud se utilizó el Inventario de Conductas de Salud, mientras que el riesgo de desarrollar un TCA fue evaluado con el Eating Attitude Test (EAT-40).

Los resultados de este estudio mostraron que, respecto a los hábitos alimentarios, las chicas con mayor riesgo de desarrollar un TCA realizan un menor número de comidas, en concreto realizan menos veces el almuerzo, la merienda, comidas calientes y desayunos completos (con cereales, tostadas, etc.). Además, las chicas con mayor riesgo consumen con menos frecuencia alimentos que se etiquetan como "insanos" (dulces, golosinas, embutidos, patatas fritas, etc.) y, al igual que los chicos con mayor riesgo de desarrollar el trastorno, prestan una mayor atención a la composición de los alimentos (hidratos de carbono, proteínas, calorías, etc.).

Otro resultado a destacar es que las chicas con mayor riesgo de desarrollar el trastorno se dan atracones de comida, vomitan y toman laxantes con mayor frecuencia que las que tienen menor riesgo. En cuanto a la realización de dietas para perder peso, se observa que ésta es más frecuente tanto en las chicas como en los chicos adolescentes con mayor riesgo de desarrollar el TCA.

En cuanto a la actividad física, que puede ser considerada como una conducta adecuada para la promoción de la salud, los resultados de este trabajo señalan que, en el caso de las chicas, también puede convertirse en un factor de riesgo para el desarrollo de los TCA si ésta se realiza de forma excesiva y con el objetivo de perder peso y quemar calorías. En el caso de los chicos, los análisis no muestran diferencias significativas en la práctica de actividad física entre los que presentaban mayor o menor riesgo de desarrollar el trastorno.

Respecto al consumo de sustancias, y en el caso de las chicas, aquellas con mayor riesgo de desarrollar un TCA fumaban con mayor frecuencia, consumían más alcohol, habían tenido más episodios de embriaguez y tomaban más medicinas que aquellas jóvenes que tenían menor riesgo. No se encontraron diferencias significativas en el caso de los chicos.

Una de las conclusiones a las que llegamos con estos resultados es, que las conductas problemáticas referidas a la alimentación no se realizan de forma aislada, sino que los adolescentes que presentan mayor riesgo de desarrollar el trastorno, realizan un conjunto de ellas. Otra de las conclusiones de esta investigación es que la relación entre los TCA y determinadas conductas que conforman el estilo de vida de los adolescentes puede entenderse mejor si se tienen en cuenta las diferencias de género. Estos resultados implican que cualquier programa dirigido a la prevención de los TCA debe incluir, educación nutricional, en la que se informe de los riesgos nutricionales relacionados con los TCA, y ello fundamentalmente en este periodo de la adolescencia considerado de alto riesgo nutricional y con elevados requerimientos energéticos y nutricionales. Además, estos programas también deben incluir la promoción de la actividad física de una forma regular, con objetivos distintos a la pérdida de peso y a quemar calorías, y la prevención del consumo de sustancias, sobre todo en las chicas.

El artículo original puede encontrarse en la revista the Spanish Journal of Psychology:

Quiles, Y., Balaguer, I., Pamies, L., Quiles, M.J., Marzo, J.C. y Rodríguez, J. (2011). Eating habits, physical activity, consumption of substances and eating disorders in adolescents. Spanish Journal of Psychology, 14 (2), 712-723.

Sobre los autores:

Yolanda Quiles Marcos. Profesora contratada Doctor del departamento de Psicología de la Salud de la Universidad Miguel Hernández. Miembro del equipo de Investigación e Intervención en Trastornos de la Conducta Alimentaria de esta Universidad. Su principal línea de investigación se centra en el estudio de diferentes variables psicosociales en el desarrollo y mantenimiento de los trastornos alimentarios, así como en la investigación e intervención en los cuidadores de estas pacientes.

Isabel Balaguer Solá. Catedrática de Psicología Social de la Universidad de Valencia y Directora de la Unidad de investigación de Psicología del Deporte (UIPD) de la misma Universidad. Uno de sus principales temas de investigación es el estudio de los procesos psicosociales relacionados con el bienestar y las conductas de salud en la adolescencia.

Lidia Pamies Aubalat. Doctora en Psicología de la Salud y profesora del Departamento de Psicología de la Salud de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Miembro del equipo de Investigación e Intervención en Trastornos de la Conducta Alimentaria. En concreto, su investigación está centrada en las variables psicosociales relacionadas con el riesgo de desarrollar un trastorno alimentario.

Mª José Quiles Sebastián. Profesora contratada Doctor del Departamento de Psicología de la Salud de la Universidad Miguel Hernández. Miembro del equipo de Investigación e Intervención en Trastornos de la Conducta Alimentaria de esta universidad. Su principal línea de investigación se centra en el estudio de diferentes variables psicosociales relacionadas con la promoción de la salud en adolescentes.

Juan Carlos Marzo Campos. Doctor en Psicología Social y de las Organizaciones por la Universidad de Valencia. Profesor Titular de Universidad del Área de Psicología Social de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Posee más de 12 años de experiencia docente, un sexenio de investigación y desde el año 2008 es el director del Departamento de Psicología de la Salud de dicha universidad.

Jesús Rodríguez Marín. Catedrático de Psicología Social de la Salud del Departamento de Psicología de la Salud, de la Universidad Miguel Hernández de Elche. Ha sido profesor visitante, en el Departamento de Psicología de la Universidad de California (EE.UU.) y del Departamento de Psicología de la Universidad de Exeter (UK). Es autor de libros, capítulos y artículos científicos en el ámbito de la Psicología de la Salud, y de la Calidad en el ámbito sanitario, y en la Educación Universitaria. Ha dirigido, numerosos proyectos de investigación competitivos con financiación pública de distintas Administraciones Públicas (autonómicas y estatales) en el ámbito de la Psicología de la Salud, y de la calidad en el ámbito sanitario.

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