¿Y si los diagnósticos tradicionales no fueran la mejor forma de entender los trastornos mentales?
23 Sep 2026

La impulsividad, la depresión, la ansiedad, el miedo social, los síntomas relacionados con el estrés o los trastornos de la conducta alimentaria podrían comprenderse mejor si se analizan en función de los mecanismos cerebrales que comparten, en lugar de hacerlo únicamente a través de las categorías diagnósticas tradicionales. Esta es la principal conclusión de una investigación que ha identificado seis dimensiones de la psicopatología asociadas a patrones específicos de estructura, funcionamiento y conectividad cerebral, abriendo nuevas vías para el desarrollo de intervenciones más precisas en salud mental.

Así lo plantea un estudio publicado en JAMA Psychiatry, realizado por investigadores del consorcio internacional IMAGEN y del proyecto environMENTAL. El trabajo parte de una cuestión que lleva años suscitando debate en la investigación psiquiátrica: aunque los sistemas diagnósticos actuales, como la CIE-10 y el DSM-5, son fundamentales para la práctica clínica, las categorías que establecen no se corresponden necesariamente con mecanismos neurobiológicos diferenciados.

Con el objetivo de explorar una alternativa, los autores desarrollaron un modelo capaz de reorganizar los síntomas clínicos de distintos trastornos según la forma en que covarían entre sí y los mecanismos cerebrales que comparten. Para ello analizaron datos clínicos y de neuroimagen de 1.003 participantes, con una edad media de 22 años, incluyendo tanto población general como personas con trastorno depresivo mayor, trastorno por consumo de alcohol, anorexia nerviosa y bulimia nerviosa.

Seis dimensiones con una base neurobiológica común.

El análisis permitió identificar seis dimensiones transdiagnósticas de la psicopatología: excitabilidad e impulsividad, estado de ánimo depresivo y malestar, desregulación emocional y conductual, patología del estrés, patología alimentaria y miedo social y evitación. Cada una de ellas mostró asociaciones consistentes con características específicas del cerebro obtenidas mediante siete modalidades diferentes de neuroimagen.

Los resultados fueron replicados tanto en muestras independientes como en diferentes momentos del seguimiento longitudinal de los participantes, lo que, según los autores, refuerza la solidez del modelo propuesto.

La dimensión de excitabilidad e impulsividad agrupó principalmente síntomas relacionados con la activación elevada, la impulsividad y características asociadas al trastorno bipolar. Por su parte, la dimensión de estado de ánimo depresivo y malestar reunió síntomas vinculados a sentimientos de tristeza, baja energía, culpa, problemas de concentración e impacto funcional de la depresión.

La desregulación emocional y conductual se relacionó principalmente con síntomas de ansiedad, dificultades de concentración y del aprendizaje. Según destacan los investigadores, fue la dimensión que mostró una mayor presencia de síntomas procedentes de diferentes categorías diagnósticas, lo que refleja la naturaleza transversal de muchos problemas psicológicos.

La dimensión de patología del estrés se asoció principalmente a síntomas relacionados con experiencias traumáticas y trastorno por estrés postraumático. La de patología alimentaria estuvo vinculada fundamentalmente a síntomas relacionados con la bulimia nerviosa, aunque también incorporó elementos asociados a la anorexia nerviosa. Finalmente, la dimensión de miedo social y evitación agrupó síntomas de ansiedad social y evitación de situaciones sociales, diferenciándose de los síntomas físicos característicos de los ataques de pánico.

Fuente: Magnific. Autoría: freepik. Descarga: 19/06/26.
¿Por qué buscar una alternativa a las clasificaciones actuales?

Uno de los puntos de partida del estudio es que los diagnósticos psiquiátricos actuales se basan fundamentalmente en la agrupación de síntomas observables y no en medidas neurobiológicas. Según explican los autores, esta circunstancia dificulta la identificación de los mecanismos cerebrales implicados en los trastornos mentales y, por tanto, el desarrollo de tratamientos dirigidos específicamente a esos mecanismos.

Los investigadores señalan que los estudios centrados en categorías diagnósticas concretas suelen encontrar resultados biológicos heterogéneos, mientras que los enfoques transdiagnósticos tienden a analizar síntomas individuales de forma aislada. Frente a ello, el modelo desarrollado en esta investigación pretende integrar ambas perspectivas, agrupando síntomas que aparecen en distintos trastornos cuando comparten una base neurobiológica común.

Este enfoque permite conservar la utilidad clínica acumulada durante décadas en sistemas como la CIE-10 y el DSM-5, pero reorganizando los síntomas a partir de la información aportada por la neuroimagen. El objetivo no es sustituir las clasificaciones existentes, sino complementarlas con medidas cuantificables que ayuden a comprender mejor la comorbilidad y la heterogeneidad presentes en muchos trastornos mentales.

Más allá de las etiquetas diagnósticas.

Estos hallazgos sugieren que muchos síntomas presentes en distintos trastornos podrían compartir mecanismos cerebrales comunes y que, en consecuencia, las fronteras diagnósticas actuales no siempre reflejan cómo se organizan realmente los problemas de salud mental desde el punto de vista neurobiológico.

El estudio no propone sustituir los sistemas diagnósticos existentes, pero sí avanzar hacia modelos complementarios que incorporen biomarcadores cuantificables. Según los investigadores, una aproximación de este tipo podría facilitar una evaluación más precisa de la comorbilidad entre trastornos y contribuir al desarrollo de intervenciones dirigidas a los mecanismos biológicos subyacentes implicados en los distintos problemas psicológicos.

No obstante, los autores advierten de que todavía existen limitaciones importantes para su aplicación clínica. Entre ellas mencionan la necesidad de validar estos modelos en poblaciones más diversas y alcanzar un consenso sobre qué biomarcadores biológicos y qué variables clínicas deberían incorporarse en futuras investigaciones.


Fuente.

Lett, T. A., Vaidya, N., Jia, T., Polemiti, E., Banaschewski, T., Bokde, A. L., … & Schumann, G. (2025). Framework for brain-derived dimensions of psychopathology. JAMA psychiatry82(8) 778–789. https://doi.org/10.1001/jamapsychiatry.2025.1246

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