Carolina Pérez-Dueñas, Antonia Pilar Pacheco, Juan Lupiáñez y Alberto Acosta

Universidad de Granada

 

La idea intuitiva que todos tenemos de que el éxito personal y profesional no depende sólo de las habilidades cognitivas, sino también de las habilidades emocionales y sociales, se hace patente en el concepto de Inteligencia Emocional (IE) que Mayer y Salovey acuñaron en 1990. Este término compuesto enfatiza la unión y complementación funcional entre los procesos afectivos y cognitivos, y se puede definir como la capacidad de percibir, regular, comprender y usar la información afectiva para mejorar el razonamiento y el desempeño social.

Posiblemente, la medida de autoinforme de la IE más relevante por su frecuencia de uso y alta fiabilidad y validez sea, hasta el momento, la Trait Meta-Mood Scale (TMMS), desarrollada por Salovey en 1995. Esta escala incluye tres dimensiones básicas: (1) atención a los sentimientos, que se relaciona con la tendencia a observar y pensar sobre las emociones que uno siente y a centrarse en la propia experiencia emocional; (2) claridad emocional, que está vinculada con la habilidad para percibir de modo preciso y distintivo las emociones; y (3) la reparación emocional, estrechamente asociada con la creencia sobre la capacidad para interrumpir y regular estados de ánimo negativos y prolongar los positivos.

Diversos estudios han demostrado que puntuaciones elevadas en el TMMS covarían negativamente con los valores de sintomatología ansiosa, depresiva, rumiativa, de alexitimia, y con diferentes trastornos clínicos de personalidad; mientras que se relacionan de modo positivo con los niveles de satisfacción vital y calidad de las relaciones sociales, además de con un mayor ajuste psicológico.

A pesar de la gran relevancia de estos trabajos para avanzar en el estudio de la IE y su relación con distintos trastornos emocionales como la ansiedad, tenemos poca información sobre la relación existente entre los factores del TMMS y la ejecución en tareas cognitivas de tipo atencional o de memoria que incluyen información afectiva.

Una de las tareas cognitivas más utilizadas para estudiar la existencia de sesgos hacia los estímulos negativos en personas con ansiedad elevada ha sido la tarea stroop emocional. En ésta, los participantes tienen que nombrar lo más rápidamente posible el color de la tinta en la que están escritas una serie de palabras con contenido emocional neutro, positivo o negativo.

Cuando esta tarea la realizan personas con ansiedad elevada (ya sean seleccionadas de acuerdo con criterios clínicos, medidas de rasgo o de estado) y controles, se ha observado frecuentemente que los participantes ansiosos son más lentos en nombrar el color con que aparece una palabra de valencia negativa relevante de ansiedad en comparación con la de una neutra; lo cual no ocurre en controles normales. Este dato se ha interpretado como evidencia de que las personas ansiosas procesan en exceso, de modo involuntario e innecesario, la información negativa. Dedican más recursos de los convenientes al procesamiento de la información afectiva negativa y esto impide un buen desempeño en la tarea cognitiva de nombrar el color.

En nuestro estudio, personas con alta y baja ansiedad rasgo realizaron una tarea stroop emocional y cumplimentaron el TMMS, con el fin de conocer si las dimensiones de este cuestionario modulan los efectos típicos anteriormente descritos. Nuestros participantes con ansiedad elevada tardaron más en nombrar el color de las palabras amenazantes de valencia negativa que las de valencia positiva, independientemente de sus puntuaciones en el TMMS. Sin embargo, en el grupo de ansiedad baja sólo se observó la interferencia stroop emocional si su nivel de Atención era bajo (los niveles de Claridad y Reparación no modularon los niveles de interferencia).

 

Estos resultados sugieren que las personas con baja ansiedad y con niveles de Atención bajos, aunque crean que sus emociones y sentimientos no son importantes, se ven capturados involuntariamente por la información negativa. Su cadena de acción y pensamiento se ven afectados en mayor medida por los estímulos negativos que por los positivos.

En el polo opuesto, quienes tienden a observar y pensar sobre sus emociones, de alguna forma previenen la tendencia automática a atender en mayor medida a la información negativa. Los individuos con baja ansiedad (probablemente con una mayor capacidad de control) son capaces de revertir la tendencia automática inicial y focalizarse en las vivencias positivas.

Así, las personas con puntuaciones bajas en la dimensión de atención a los sentimientos podrían tener una predisposición mayor a desarrollar trastornos de ansiedad, ya que muchos autores defienden que los sesgos en el procesamiento de la información juegan un importante papel en la etiología y/o mantenimiento de los desórdenes emocionales. No obstante, es importante señalar que es necesario contar con más investigaciones al respecto y es importante conceptuar las dimensiones del TMMS en términos de procesos psicológicos. De esta manera, podremos hacer deducciones más claras, y fomentar el aprendizaje y el entrenamiento en esta dimensión con el fin de prevenir la aparición de problemas de ansiedad.

El artículo en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista Ansiedad y Estrés: Pérez-Dueñas, C., Pacheco, A. P., Lupiáñez, J. y Acosta A. (2006). Inteligencia Emocional e interferencia stroop emocional en participantes con ansiedad rasgo elevada vs. baja. Ansiedad y Estrés, Vol. 12 (2-3), pp. 251-265.

Sobre los autores:

Carolina Pérez Dueñas es Licenciada en Psicología y becaria de investigación del Departamento de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento de la Universidad de Granada. En la actualidad imparte docencia práctica de Psicología de la Emoción y realiza su tesis doctoral e investiga sobre las relaciones entre procesos atencionales y emocionales en el Grupo de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Granada.

 

Antonia Pilar Pacheco Unguetti es Licenciada en Psicología por la Universidad de Granada y becaria de investigación del Departamento de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento de dicha universidad. Experta en Psicología Clínica Aplicada, actualmente cursa el Master en Neurociencia Cognitiva y del Comportamiento, enfocado hacia el estudio de las relaciones entre atención y emoción.

Juan Lupiáñez Castillo es Doctor en Psicología y Profesor Titular de Psicología en el Departamento de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento de la Universidad de Granada. En la actualidad dirige varias investigaciones sobre diferentes aspectos de la atención, orientación atencional, control cognitivo y procesos de preparación o alerta.

 

Alberto Acosta Mesas es Doctor en Psicología y Profesor Titular de Psicología en el Departamento de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento de la Universidad de Granada. En la actualidad imparte docencia de Psicología de la Emoción y dirige junto con Juan Lupiáñez las investigaciones sobre atención y emoción del Grupo de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Granada.

 

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