Beatriz Caparrós1, Neus Barrantes-Vidal2, Ferran Viñas1 y Jordi E. Obiols2

1 Universidad de Girona y 2 Universidad de Barcelona

 

El objetivo de la investigación en el campo de la esquizofrenia se ha centrado en los últimos años en la identificación de marcadores de vulnerabilidad en sujetos con riesgo al trastorno. Los estudios de identificación de marcadores de riesgo y de identificación de poblaciones con vulnerabilidad han sido clásicamente los estudios de familias, estudios de gemelos, estudios de adopción y finalmente, y más recientes, los estudios denominados de riesgo elevado; éstos últimos ligados a la constatación de la teoría del neurodesarrollo (Weinberger, 1987; Murray, 1994).

Todas estas investigaciones han contribuido a establecer la hipótesis genética de la transmisión de la esquizofrenia. Aun así, la investigación no ha arrojado resultados concluyentes sobre cuáles son los mecanismos por los que esta predisposición genética se convierte en el trastorno manifiesto. Está claro que la cuestión no es sencilla y los resultados parecen mostrar la existencia de una compleja interacción entre los genes, unas influencias tempranas que se pueden producir en el momento del embarazo, y unas influencias más tardías, como pueden ser los acontecimientos estresantes que se dan a lo largo de la vida. Pero ¿de qué manera se produce esto?, ¿por qué algunos individuos con vulnerabilidad genética a la esquizofrenia manifiestan la enfermedad y otros no?, ¿cómo influye el ambiente en la genética de una persona?, o ¿cómo, incluso la genética, puede estar modulando las respuestas a unas determinadas situaciones ambientales?, son cuestiones que todavía en la actualidad no están resueltas.

La detección de la vulnerabilidad a la esquizofrenia o esquizotipia, (término utilizado por numerosos autores para referirse a esta propensión al trastorno) (Meehl, 1989; Siever, 1995 y Claridge, 1997) representa un importante paso en el conocimiento de los procesos etiológicos y patofisiológicos que determinan la enfermedad. La esquizotipia, como organización de la personalidad que refleja una tendencia latente a la esquizofrenia, se puede manifestar conductual y psicológicamente en diversos grados, desde la normalidad hasta la patología.

Actualmente parte del interés de la investigación se dirige a la identificación y estudio de déficit cognitivos en sujetos con vulnerabilidad al trastorno, que ayuden a descubrir cuál es el significado de estas disfunciones y qué papel juegan en el desarrollo de la esquizofrenia. Para calificar las variables neuropsicológicas de estudio como indicadores de riesgo, éstas deberían estar presentes y relativamente estables en pacientes con esquizofrenia, ser menos comunes en pacientes con otros trastornos psicopatológicos y estar presentes, en menor grado, en aquellos sujetos con riesgo a la esquizofrenia.

En esta línea se sitúa el objetivo principal del estudio presentado, que se centra en la identificación de marcadores neuropsicológicos de vulnerabilidad en padres no afectados de pacientes esquizofrénicos y su relación con rasgos esquizotípicos, comparados con padres normales de sujetos normales.

Los sujetos que han formado parte del estudio han sido 26 parejas de padres con un hijo con esquizofrenia y 26 parejas de padres sin hijos con esquizofrenia, ni otros trastornos mentales. Ninguno de los sujetos participantes en el estudio estaba afectado de un trastorno psicopatológico. Para la valoración multidimensional de la esquizotipia se utilizó el O-Life (Oxford-Liverpool Inventory of Feelings and Experiences), cuestionario que evalúa los factores de experiencias inusuales, desorganización cognitiva, anhedonia introvertida e impulsividad no-conformista. Las variables neuropsicológicas evaluadas fueron: a) la atención sostenida, medida mediante el Continuous Performance Test- Identical Pairs version, y b) la memoria y el aprendizaje verbal evaluada mediante el California Verbal Learning Test.

Los resultados obtenidos mostraron que el grupo de padres de pacientes con esquizofrenia comparado con el grupo control, obtenía puntuaciones más bajas en la ejecución global de la prueba atencional, aunque estas diferencias no resultaban ser significativas estadísticamente. La única diferencia significativa se dio en los errores de omisión.

Evidentemente es de esperar que las alteraciones atencionales, visibles en familiares no afectados de pacientes esquizofrénicos, sean mucho más sutiles que las mostradas por los pacientes esquizofrénicos; aunque las diferencias no fueron muy importantes esta tendencia a una peor ejecución en tareas atencionales podría ser un indicador válido del genotipo esquizofrénico que pudiera ser detectado en poblaciones de riesgo clínicamente no afectadas.

En cuanto a los parámetros de memoria y aprendizaje verbal, aunque existían algunas diferencias apreciables en algunos índices, una de las diferencias significativas entre radicaba en la valoración de la interferencia proactiva, que hace referencia a que el material aprendido previamente interfiere en el recuerdo de un nuevo material. Estos resultados podrían sugerir que en los familiares de los pacientes se puede observar esta alteración y que ésta pudiera ser un marcador diferenciador de los sujetos con vulnerabilidad. En cuanto a la relación entre los rasgos esquizotípicos y las variables neuropsicológicas, los resultados muestran que las asociaciones son de poca magnitud y que las diferencias entre los grupos no siguen un patrón claramente determinado. Estos datos podrían apoyar la tesis de otros autores que afirman que el patrón de personalidad y el patrón neuropsicológico son dos fenotipos diferentes relacionados con la esquizofrenia y que, en consecuencia, estos diferentes fenotipos pueden ser utilizados independientemente en la identificación de la vulnerabilidad en los familiares de pacientes esquizofrénicos.

Estos resultados sugieren que es necesario seguir investigando en este campo para avanzar en el conocimiento de la esquizofrenia y de los mecanismos patofisiológicos en ella implicados.

El artículo original puede encontrarse en el International Journal of Clinical and Health Psychology: Caparrós, B., Barrantes-Vidal, I., Viñas, F. y Obiols, J. (2008). Attention, memory and verbal learning and their relation to schizotypal traits in unaffected parents of schizophrenic patients. International Journal of Clinical and Health Psychology, 8, 1, 37-52.

Referencias bibliográficas

Claridge, G. (1994). Single indicator of risk for schizophrenia: probable fact or likely myth? Schizophr. Bull. 20, 1, 158-167.

Meehl, P.E. (1989). Schizotaxia revisited. Arch. Gen. Psychiatry, 46, 935-944.

Murray, R.M. (1994). Neurodevelopmental schizophrenia: the rediscovery of dementia praecox. Brit. J. Psychiat. 165, 6-12.

Siever, J.L. (1995). Brain structure/function and the dopamine system in schizotypal disorder. In: Raine, A., Lencz, T. and Mednick, S.A. (eds.) Schizotypal Personality, 272-284. Cambridge: University Press.

Weinberger, D.R. (1987). Implications of normal brain development for the pathogenesis of schizophrenia. Arch. Gen. Psychiat. 44, 660-669.

Sobre los autores

Beatriz Caparrós Caparrós, es doctora en Psicología y Profesora Titular del Dpto. de Psicología de la Universidad de Girona. En la actualidad forma parte del grupo de investigación en Procesos Psicológicos y Psicopatología de la UdG. Su investigación se centra en el estudio de las variables cognitivas y emocionales implicadas en la génesis y mantenimiento de los trastornos mentales y su relación con rasgos disfuncionales de la personalidad en la edad adulta.

Neus Barrantes-Vidal, es doctora en Psicología y Profesora Titular en el Dpto. de Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona. La actividad investigadora que desarrolla se ha centrado en el estudio de factores de riesgo para los trastornos del espectro psicótico, especialmente en la esquizotipia, así como también en el papel de la interacción genes-ambiente en la genésis y patoplastia de los trastornos depresivos.

Ferran Viñas Poch, es doctor en Psicología y Profesor Titular del Departamento de Psicología de la Universidad de Girona. Dirige el grupo de investigación en Psicopatología Infanto-Juvenil de dicha universidad. Su investigación se centra en el estudio de los factores psicológicos y de personalidad implicados en la génesis y mantenimiento de los trastornos emocionales y del comportamiento durante la infancia y la adolescencia.

Jordi Obiols Llandrich, es doctor en Psiquiatría y Catedrático en el Dpto. de Psicología Clínica y de la Salud de la Universidad Autónoma de Barcelona. Dirige desde hace años una línea de investigación sobre Marcadores de riesgo del espectro esquizofrénico.

 

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