Inmaculada Moreno García y Susana Meneres Sancho
Universidad de Sevilla

Desde hace años se observa un creciente interés científico paralelo a la preocupación educativa y social por los trastornos del comportamiento, reconocidos como una de las quejas habituales planteadas en atención primaria y el principal motivo de derivación a servicios especializados de salud mental. La problemática generada por los niños y adolescentes que presentan dificultades atencionales, problemas de inhibición motora y muestran comportamientos disruptivos en clase, hostilidad y desafío hacia padres y profesores, violencia y agresividad es ampliamente conocida. No obstante, en las últimas décadas se ha detectado un incremento notable de nuevos casos al tiempo que han surgido demandas de actuación eficaces, que proporcionen respuesta satisfactoria a la complejidad que caracteriza estos problemas y a sus repercusiones adversas.

Las intervenciones actuales en los trastornos del comportamiento varían según la naturaleza del tratamiento administrado y el contexto de aplicación de las mismas. Su acción clínica y terapéutica es explorada no sólo en términos de eficacia, también de efectividad y eficiencia. Se diferencian dos tipos de actuaciones (DuPaul y Weyandt, 2009): a) Intervenciones farmacológicas, opción administrada con frecuencia en el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad y menos frecuente en Trastorno Negativista Desafiante (TND) y Trastorno Disocial (TD) e b) Intervenciones no farmacológicas.

De acuerdo con la Asociación Americana de Psicología (APA) y Asociación Americana de Pediatría (AAP), que periódicamente publican y actualizan los tratamientos que cuentan con apoyo empírico para los distintos trastornos diagnosticados en la infancia y adolescencia, entre las intervenciones no farmacológicas, la terapia de conducta es el tratamiento más eficaz, tanto respecto al TDAH como en relación al TND y TD (Eyberg, Nelson y Boggs, 2008). Su fundamentación científica se extiende a distintos formatos de aplicación y destinatarios. En cuanto al TND y TD se considera probablemente eficaz el Entrenamiento en Control de la Ira, además de los programas/protocolos estandarizados para el Entrenamiento Conductual de Padres junto con la Terapia Multisistémica. A estas alternativas se añade el Neurofeeback, objeto de investigación creciente en la actualidad y considerado hasta la fecha tratamiento probablemente eficaz para el TDAH (Lofthouse, Arnold, Hersch, Hurt y DeBeus, 2011).

La publicación y periódica actualización de listados sobre tratamientos que cuentan con evidencia científica no encubre la situación actual en este ámbito, caracterizada por proliferación de publicaciones científicas que muestran diversidad de hallazgos científicos y propuestas terapéuticas. El reto actual parece encontrarse en la implementación de los tratamientos recomendados. Dos son las cuestiones esenciales: a) toma de decisión respecto a la idoneidad del tratamiento recomendado en cada caso que lo requiere y acude a consulta y b) dificultades para trasladar a la práctica clínica las recomendaciones e intervenciones apoyadas en evidencias científicas.