En el año 2009, se aprobó la Estrategia Nacional sobre Drogas 2009-2016, cuyo eje fundamental se centra en la prevención, en la promoción de una mayor conciencia social frente al consumo de sustancias y en la mejora de la calidad asistencial que se presta a las personas drogodependientes en nuestro país.

La Estrategia está siendo implementada a través de dos planes de acción cuatrienales  uno recientemente aprobado (2009-2012 y 2013-2016), por lo que nos encontramos en el inicio de un nuevo ciclo en su desarrollo.

Con la finalidad de conocer de primera mano las líneas de acción prioritarias marcadas para los próximos años, así como la situación actual que presenta nuestro país en relación con el consumo de sustancias, Infocop ha entrevistado a D. Francisco de Asís Babín Vich, Delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.

D. Francisco de Asís Babín

ENTREVISTA

Partiendo de los estudios realizados, desde la entrada en vigor en España del Plan Nacional sobre Drogas, en el año 1985, ¿cuáles son los logros más importantes que se han producido en relación con la percepción social del consumo de drogas y las tendencias de consumo en la población española?

Lo primero a destacar en relación con el problema de las drogas es que uno de los indicadores de este fenómeno que más ha descendido a lo largo de las últimas décadas es la percepción social del riesgo de las drogas, tanto la disponibilidad percibida como la visibilidad del fenómeno han descendido. Así, la preocupación de la ciudadanía española por las drogas está en mínimos históricos, al ser citado como principal problema en el último barómetro del CIS sólo por el 0,2% de las personas encuestadas.

No obstante, las actitudes de la población ante los usos de drogas están marcadas por una cierta ambigüedad, según la encuesta EDADES 2010, cerca del 50% de la población considera que es muy importante el problema del consumo de drogas. Asimismo, existe una visión formal de peligrosidad de los consumos. Se perciben como más peligrosos los consumos habituales de heroína, cocaína y éxtasis y se asocia con menor riesgo el consumo esporádico de cannabis o beber 5 o 6 copas el fin de semana.

El estudio de estas representaciones sociales es fundamental para afrontar estrategias adecuadas de abordaje del fenómeno de los usos de drogas, en la medida en que dichas representaciones forman parte constituyente del propio fenómeno y se concretan orientando pautas de actuación específica. Así, existe una percepción de la funcionalidad de las drogas para divertirse y extender el tiempo de ocio, y niveles de consumo altos si se refieren a alcohol y cannabis, y minoritarios, pero significativos, cuando se habla de otras sustancias como cocaína.

En cuanto a los logros conseguidos en la percepción social del consumo de drogas enumeraría los siguientes, teniendo en cuenta que no son avances aislados sino que son hechos interrelacionados entre sí:

  • Se ha roto un estereotipo social que asociaba el consumo de drogas a la delincuencia y a la marginación. La dependencia es una “enfermedad cerebral crónica recidivante”, por la acción prolongada de la droga en el cerebro, que provoca cambios funcionales y estructurales que persisten tras el cese del consumo. Queda ya lejos la asociación exclusiva del consumo de drogas con la heroína, la marginalidad, la delincuencia o la inseguridad ciudadana.
  • Se trata el problema desde una perspectiva de salud pública, desde una visión holística no fragmentaria, ya que es un problema interrelacionado con otros problemas de conducta: un enfoque de salud pública contemporánea, que no es igual a un enfoque sanitario. De hecho, se subraya la importancia de los determinantes sociales.
  • Existe una percepción social de los daños del consumo de las drogas legales o institucionalizadas, como el tabaco, de tal manera que, según los datos de la última encuesta realizada por el Plan Nacional sobre Drogas, -encuesta de consumo de drogas en población general en España, EDADES- el consumo de tabaco se considera más perjudicial que el de cannabis. Este dato refleja a la vez un efecto positivo conseguido por las estrategias de prevención y regulación del consumo de tabaco en los últimos años, pero debe ser también una llamada de atención con respecto a la consideración del cannabis, por parte de la sociedad, como una sustancia “poco peligrosa”, cuando existe cada vez más evidencia de que esta percepción es errónea.

Estos logros conseguidos en la percepción social no se pueden aislar de las tendencias del consumo, ya que, en gran parte, las prevalencias de consumo dependen de la percepción social de este fenómeno. Hecho que ha quedado de manifiesto en las políticas desarrolladas contra la epidemia del tabaquismo.

Así, las distintas configuraciones sociales que se van generando traen consigo modificaciones en las formas de consumo de drogas. Los patrones de consumo no son los mismos que los de hace unos años. Se han introducido nuevos hábitos, nuevas sustancias, y han variado también las formas y los contextos de consumo, edades y estereotipos ligados a las drogodependencias.

Las encuestas señalan que el consumo de bebidas alcohólicas no muestra cambios significativos en los últimos 10 años y se encuentra estabilizado, sigue concentrándose en el fin de semana, aunque se registra un discreto aumento del consumo en días laborables que podría estar relacionado con la tendencia, en los últimos años, de la gente joven, por adelantar el inicio del fin de semana al jueves.

Por otra parte, aunque el cannabis sigue siendo la droga ilegal más consumida entre la población de 15 a 64 años de edad residente en España, es significativa la tendencia descendente en el consumo experimental. La tendencia descendente del consumo de cocaína, iniciada en el año 2007, se mantiene y se consolida el descenso en cuanto a consumo de anfetaminas, éxtasis y alucinógenos que se inició en 2001.

Actualmente, ¿cuáles son las sustancias más prevalentes y la edad de inicio del consumo entre los jóvenes en España?

Según los datos de la Encuesta a la que me he referido anteriormente, las prevalencias de consumo son mayores en el grupo entre los 15 y los 34 años, salvo en el caso de los hipnosedantes, cuyo uso se incrementa a partir de los 35 años. En menores de 18 años, las sustancias más consumidas son el tabaco y alcohol, y el cannabis. El consumo de cannabis en menores de 18 años supera en 3,9 puntos porcentuales el de los mayores de esa edad.

Disminuye la prevalencia de borracheras en ambos sexos y para todos los grupos de edad, aunque sigue manteniéndose en niveles muy elevados. Las borracheras se dan, sobre todo, entre los adolescentes y jóvenes de 15 a 34 años: en esta franja de edad, 2 de cada 5 hombres y 1 de cada 5 mujeres se han emborrachado alguna vez en el último año.

En cambio, asciende ligeramente el consumo de alcohol en forma de atracón. El 15,2% de los encuestados ha consumido alcohol en esta forma en los últimos 30 días (14,9% en 2009). Esta forma de consumo de “riesgo” se concentra en el grupo de adultos jóvenes de 20 a 29 años, de ambos sexos.

De acuerdo con la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanza Secundaria 2010-2011, en estudiantes de 14 a 18 años, la edad de inicio de consumo de alcohol de los adolescentes en España se encuentra en los 13,7 años.

Y en relación con el consumo de cocaína, como he mencionado antes, éste continúa descendiendo aunque los jóvenes de 25 a 34 años (3,6%) son los que consumen en mayor proporción. El 1,2% de los adolescentes entre los 15 y los 17 años dice haber probado la cocaína alguna vez en el último año.

¿Qué desafíos se plantean en la actualidad en el campo de las adicciones?

Los grandes retos que se nos plantean tienen que ver con una gran variedad de aspectos como son: los cambios en los perfiles de consumidores; un patrón de policonsumo cada vez más generalizado; la precocidad en el inicio del uso en algunas sustancias; las nuevas sustancias; la atención a la patología dual; el envejecimiento de los consumidores crónicos; los cambios sociales, culturales, económicos; la creciente importancia del tráfico de drogas en el crimen organizado; las modificaciones en las redes asistenciales; la necesidad de diversificar e individualizar los programas y actuaciones preventivas por poblaciones en riesgo y por contextos de riesgo; o el impulso a la investigación y su transferencia a la práctica clínica, sólo por citar alguno de ellos.

Por otro lado, el conocimiento de los riesgos no es lo único determinante. Los consumidores son conscientes de los riesgos, pero éstos se ven matizados por las expectativas de determinados beneficios, por imaginarios que pudieran parecer. De hecho, según las últimas investigaciones, el mayor riesgo que los jóvenes temen en relación con los consumos, es el riesgo de la exclusión del grupo; y ese riesgo se deriva, no de consumir, sino de no hacerlo. Al margen de los diferentes problemas que pueden generar los consumos de drogas, no hay que olvidar que existen determinados aspectos de funcionalidad y utilidad para quienes realizan dichos consumos.

Por ello, es fundamental desarrollar legislaciones y medidas específicas que reduzcan el acceso y la aceptación social a las distintas drogas legales o ilegales. Ello debe complementarse con los esfuerzos correspondientes para asegurar el cumplimiento de la ley. Uno de los aspectos sobre los que existe unanimidad es en el hecho de que la mayor accesibilidad a las distintas drogas, es un factor de riesgo muy importante. Sobre todo en lo que se refiere a menores, no podemos esperar que el consumir o no sea fruto de una decisión madura y consciente por parte del individuo. Por definición esto no puede ser así, por lo que se impone el desarrollo de medidas ambientales que limiten la disponibilidad de las distintas sustancias.

Recientemente, con una amplia participación, y por consenso entre todos los actores implicados, se ha aprobado el Plan de Acción 2013-2016, que da continuidad a los objetivos generales planteados en la Estrategia Nacional sobre Drogas 2009-2016, y en él se han establecido como líneas prioritarias de actuación luchar contra el consumo de sustancias adictivas por parte de menores, con especial atención a los consumos más generalizados, entre ellos el alcohol y el cannabis.

Por último, es preciso aludir al contexto económico que venimos atravesando como “factor de riesgo”. No porque hayamos sido capaces de medir en las encuestas mayores consumos como respuesta al “desencanto” que sufren los ciudadanos, sino porque corremos el riesgo de desinvertir en aquello que, desde una perspectiva de eficiencia, mejores resultados ha rendido, como es una estrategia de abordaje del problema de las adicciones, de carácter integral y orientada a la reinserción del individuo en la sociedad.

Uno de los nuevos problemas que afecta a toda Europa es el constante aumento de las llamadas “drogas emergentes”. ¿En qué situación se encuentra nuestro país respecto a esta amenaza? ¿Qué implicaciones supone?

A pesar de que no existen datos sobre la prevalencia de drogas emergentes en el ámbito internacional, salvo en grupos y entornos de riesgo, la introducción en España, tanto en ESTUDES como en EDADES, de un módulo específico sobre este grupo de sustancias, permite una aproximación a las prevalencias de consumo de estas sustancias y a la percepción del riesgo y disponibilidad que la población asocia a su consumo. De acuerdo con la Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y otras Drogas-2011/2012, el 47% de los ciudadanos nunca ha oído hablar de las drogas emergentes, cuyo consumo es residual. Entre los que sí las han probado, las mayores prevalencias de consumo se dan entre los hombres de entre 25 y 34 años. La mayoría de los consumidores de este tipo de sustancias lo hace en situación de policonsumo experimental (5 o más drogas).

Según los datos obtenidos en la Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Estudiantes de 14 a 18 años de Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES 2010), el 3,5% de los encuestados ha consumido alguna vez en su vida una o más de las incluidas en el módulo de drogas emergentes. Las sustancias que mostraron mayores prevalencias de consumo fueron las setas mágicas, la ketamina y el Spice, aunque la extensión de su consumo no parece indicar que, por el momento, y en este grupo de edad, las drogas emergentes supongan un problema fundamental en el ámbito del consumo de drogas en España.

Asimismo, el impacto del consumo de psicoestimulantes distintos a la cocaína en las demandas de tratamiento por abuso de sustancias psicoactivas, es relativamente pequeño, en comparación con otras sustancias de mayor prevalencia de consumo.

Estas nuevas drogas se extienden rápidamente y hay muy pocos estudios, o directamente ninguno, sobre sus efectos tóxicos en animales de experimentación o en seres humanos. Por otra parte, la frecuente asociación de su consumo con otras drogas de abuso (legales e ilegales) contribuye a aumentar el riesgo de efectos no deseados y poco previsibles y a dificultar el abordaje terapéutico.

Por ello, resulta necesario seguir profundizando en el conocimiento de los efectos del consumo de muchas de estas drogas emergentes, en todos los ámbitos de la investigación científica, para optimizar las intervenciones orientadas a la prevención y al correcto tratamiento de los daños asociados a su consumo en los potenciales consumidores.

En este sentido, es imprescindible la colaboración de todos los sectores implicados para reforzar los mecanismos que garanticen la notificación a los sistemas de alerta, nacionales e internacionales, de nuevas sustancias en el mercado que puedan ser utilizadas como drogas de abuso, así como de sus efectos, sus riesgos y consecuencias sobre la salud. Hay que tener en cuenta que no están reguladas en la mayoría de los países y se pueden obtener fácilmente a través de internet.

El Plan Nacional de Drogas ha desarrollado importantes y potentes programas preventivos en relación con las adicciones, como el programa adaptado de Gilbert J. Botvin, denominado Life Skills. ¿En qué consiste dicho programa y qué grado de implantación ha alcanzado?

El “Programa de Entrenamiento en Habilidades de Vida” (Life Skill Training), desarrollado en la Universidad de Cornell de Nueva York, ha conseguido un amplio desarrollo en el contexto escolar español a través del programa “Construyendo Salud: Promoción del desarrollo personal y social”, que fue  diseñado, planificado y evaluado desde la Universidad de Santiago a partir de dos proyectos de investigación subvencionados por la Dirección General de Investigación Científica y Técnica. Asimismo, ha sido aplicado y evaluado bajo el patrocinio del Ministerio de Educación y Cultura, y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad a través de la Delegación del Gobierno del Plan Nacional sobre Drogas, en un amplio número de centros educativos.

Este programa pone de manifiesto la necesidad de ofrecer un currículum educativo que no se limite a la transmisión de conceptos y conocimientos académicos, vinculados a las enseñanzas tradicionales, sino que incluya otros aspectos que contribuyan al desarrollo de las personas, tales como habilidades prácticas, actitudes y valores.

¿Qué otros programas preventivos están desarrollándose actualmente?

El Plan Nacional de Drogas ha desarrollado otros programas preventivos en relación con las adicciones. Así merece destacarse el programa internacional de Habilidades para la Vida de la OMS y el impulso que el grupo EDEX viene teniendo en su desarrollo. Otros programas que también están basados en la adquisición de habilidades y están muy desarrollados en el contexto escolar son Prevenir para vivir, En la huerta con mis amigos, La aventura de la vida y Órdago.

En estos momentos estamos trabajando en un proyecto para la acreditación de programas, en concreto en el desarrollo de unos criterios mínimos de calidad. Ciertamente, parece existir un consenso en la necesidad de llevar a la práctica esfuerzos preventivos en el ámbito de la educación, tanto en el contexto escolar como familiar, y para ello es necesario disponer de programas estructurados y previamente evaluados.

Además de acentuar los esfuerzos en materia de prevención, ¿qué otras líneas de acción del Plan Nacional sobre Drogas destacaría como prioritarias en estos momentos y de cara a la implementación de los planes de acción planteados para el cuatrienio 2013-2016?

Evidentemente, las líneas de acción prioritarias del Plan Nacional sobre Drogas son las que marca su Plan de Acción 2013-2016 entre las que podemos señalar:

  • Aquellas encaminadas a optimizar la coordinación y cooperación, tanto dentro del Estado como en el marco europeo e internacional en general.
  • Creación de un proyecto coordinado de prevención familiar y prevención para menores en situación de vulnerabilidad, basado en la evidencia científica disponible.
  • El análisis y mejora de la normativa sobre alcohol y menores.
  • El desarrollo de programas de prevención multicomponentes.
  • La mejora de los procesos de detección e intervención precoz con menores en los ámbitos escolar, social y sanitario.
  • La prevención del consumo en relación con el ocio nocturno, la seguridad vial, prevención en el ámbito laboral y la intervención específica en zonas de riesgo.
  • La mejora de procesos y procedimientos de asistencia en drogodependencias y adicciones describiendo los procesos asistenciales recomendados para la atención a los drogodependientes, atendiendo especialmente a la patología dual y a las especificidades de la mujer y diseñando itinerarios personalizados de inserción de drogodependientes en proceso de rehabilitación.
  • La elaboración de un Plan de comunicación del PNSD.

Además, seguirán siendo líneas prioritarias de acción, todas aquellas que tienen que ver con la reducción de la oferta, la continuidad de las encuestas que forman parte de la Función Estadística Pública, el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia, la investigación y el análisis de datos o las redes de investigación con aplicación clínica.

Las tendencias actuales de consumo, los tipos de sustancias utilizadas o los nuevos patrones de uso y toxicidad generan un marco complejo de trabajo que requiere un abordaje multidisciplinar. ¿Qué beneficios aporta esta aproximación? En relación con el tratamiento y dentro del marco del Plan Nacional sobre Drogas, ¿cómo se plantea el abordaje de estos pacientes?

En el marco del Plan Nacional sobre Drogas, el abordaje de todas aquellas personas directa o indirectamente afectadas por consumos de drogas, se plantea de forma que se garantice una asistencia de calidad adaptada a sus necesidades, y la normalización de la asistencia sanitaria a los drogodependientes, con base en la evidencia científica, mediante la elaboración de protocolos, guías y catálogos de intervenciones.

Nos proponemos poner en marcha un proyecto de mejora de procesos y procedimientos de asistencia en drogodependencias y otras adicciones elaborando un documento que describirá los procesos asistenciales recomendados para la atención a los drogodependientes, atendiendo especialmente a la patología dual y a las especificidades de la mujer. Se diseñará además, un programa formativo para la aplicación de guías clínicas basadas en la evidencia, para profesionales de la red asistencial, se elaborarán instrumentos para la valoración de los servicios asistenciales para drogodependientes y se pondrá en marcha un proceso de evaluación de la efectividad de las distintas modalidades terapéuticas.

Por supuesto que, desde hace ya muchos años, nadie pone en duda los beneficios del abordaje interdisciplinar en el marco de las adicciones dado el origen multicausal de las mismas y de la repercusión que tiene en todos los ámbitos de la persona. Las ventajas fundamentales que supone este abordaje, a mi modo de ver, están relacionadas con la mejor y mayor comprensión de la situación, la flexibilidad de las intervenciones estableciendo objetivos comunes de intervención que permiten su progresivo ajuste a las necesidades y evolución de los pacientes y su evaluación continua, redundando todas ellas en una mayor eficiencia y calidad en las líneas de trabajo con el consiguiente beneficio, tanto para las personas como para su entorno

Específicamente, ¿cómo se articula actualmente la figura del psicólogo en los programas de atención a drogodependencias?

Entiendo que ésta debe articularse como una más de las figuras que forman parte del equipo interdisciplinar, evaluando y efectuando un diagnóstico psicológico que le permita priorizar los objetivos terapéuticos, la secuencia de la intervención y las actividades terapéuticas, coordinando sus aportaciones con el resto de profesionales, con objeto de adaptar sus intervenciones a las necesidades y características individuales de cada paciente, contribuyendo con ello a la definición y desarrollo de un itinerario terapéutico personalizado.

¿De qué manera y en qué medida considera que puede verse afectada la implementación de la Estrategia Nacional sobre Drogas en el contexto económico actual? ¿Qué nuevas exigencias supone esta coyuntura económica de cara al problema de consumo de sustancias en el territorio español?

En primer lugar, quiero destacar que el desarrollo de programas preventivos eficientes y, sobre todo, de programas asistenciales orientados a la reinserción social y familiar de los pacientes, supone una reducción neta del coste social del problema, algo que parece fundamental tener en cuenta en la actual situación económica.

Es necesario, no obstante, seguir investigando sobre dicho coste social, así como sobre los beneficios potenciales derivados de los servicios de atención preventiva y curativo-rehabilitadora en esta materia, con el objeto de orientar mejor la inversión y dar cuenta de ello a la sociedad, pues no en vano, una de las barreras para la inserción surge precisamente de la existencia de un cierto rechazo de la sociedad hacia lo que representa esta enfermedad.

Igualmente, debemos tender a facilitar la generalización de los programas de eficiencia y efectividad probada, frente a experimentos que no se sustentan en ninguna evidencia, de modo que obtengamos en todo momento el mayor rendimiento posible con los recursos de los que dispongamos. Así, se han previsto en el Plan de Acción diversas medidas encaminadas a cumplir con estos objetivos, si bien es preciso reconocer que la implementación del resto de acciones del Plan, irá teniendo lugar a medida que dispongamos de recursos para ello.

En lo que concierne al consumo y a la evolución de la demanda asistencial, hay que decir que ya llevamos varios años de crisis, y los consumos, en términos generales, no solo no han aumentado sino que han disminuido, aunque la metodología de nuestras encuestas no permite aseverar en qué medida, el incremento del consumo de hipnosedantes o la disminución del consumo de tabaco, por poner dos ejemplos, se deben o no a la crisis, o como es probable, a una pluralidad de factores.

Por último, en lo que respecta a la demanda asistencial, sí parece percibirse un aumento, que interpretamos, -sin que podamos asegurar que ésta es la causa-, que sí podría estar en relación con la menor capacidad adquisitiva para mantener el ritmo de consumo previo, entre aquellas personas que ya habían desarrollado, al margen de la crisis, un consumo problemático.

Para finalizar, ¿le gustaría añadir algún otro comentario de interés?

Tan solo agradecer al Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos la amabilidad de su propuesta respecto de esta entrevista y quedar a disposición del Consejo y de todos los colegiados para aquello en lo que, dentro de nuestras funciones, podamos colaborar.

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