Es un hecho constado por numerosas investigaciones que, tanto la percepción del dolor, como sus consecuencias en la vida cotidiana de las personas aquejadas de dolor crónico, no es una mera cuestión física. En este sentido, ha quedado demostrada la relevancia que los factores psicológicos tienen en la manera de experimentar el dolor; así como su importancia a la hora de afrontarlo y el nivel de funcionamiento diario de los pacientes con dolor crónico. En este trabajo, las autoras muestran la relación encontrada, a través de varios estudios realizados con una muestra de pacientes con dolor crónico, entre una serie de variables psicológicas relacionadas, tales como el nivel de dolor percibido, las estrategias de afrontamiento, el nivel de funcionamiento, la aceptación, la adaptación y el estado de ánimo.

Rosa Esteve Zarazaga, Alicia E. López Martínez y Carmen Ramírez Maestre

Universidad de Málaga

Desde 1997 un grupo de profesoras de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga, está desarrollando una línea de investigación sobre los aspectos psicológicos del dolor crónico. El proyecto inicial se situó en el marco teórico del "Modelo de diátesis-estrés para el dolor crónico". Desde esta perspectiva, la experiencia del dolor crónico queda caracterizada como un fenómeno multidimensional, tanto en su naturaleza como en sus determinantes, que resumidamente serían: 1) la capacidad de los pacientes para manejar una situación que es, en sí misma y dadas sus características contextuales, estresante; 2) los recursos externos con los que se cuenta para hacerle frente; y 3) las características personales que, en interacción con las anteriormente reseñadas, pueden actuar como variables diferenciadoras de las experiencias de dolor.

De acuerdo con los resultados obtenidos por este grupo con varias muestras de pacientes con dolor crónico, las mujeres manifiestan niveles de dolor más elevados que los hombres y utilizan estrategias de afrontamiento pasivas con mayor frecuencia. Asímismo, las personas mayores informan de niveles menos elevados de dolor que los más jóvenes (Ramírez, Esteve, López y Anarte, 2001) y las personas que padecen dolor crónico de origen oncológico, manifiestan más dolor en el plano sensorial, pero menos en la dimensión afectiva (Anarte, Ramírez, López y Esteve, 2001).

De igual modo, otras investigaciones de este equipo ponen de relieve el papel que las variables de personalidad tienen sobre el modo de afrontamiento ejercido por los pacientes; específicamente, el neuroticismo se asocia con modos de afrontamiento ineficaces y con una peor adaptación. Sin embargo, la extroversión y el optimismo parecen tener una función protectora, pues se asocian al afrontamiento activo, a un mejor nivel de funcionamiento y un estado de ánimo positivo (Ramírez, Esteve y López, 2001; Ramírez, López y Esteve, 2004).

Son también especialmente interesantes los resultados de un estudio aún no publicado relativos a la evaluación cognitiva, pues siendo ésta una variable central en el modelo, son muy escasos los trabajos realizados sobre ella. En este estudio se encuentra que los pacientes que valoran el dolor como un desafío, a su vez, utilizan estrategias de afrontamiento más eficaces, presentan un nivel más bajo de dolor y un mejor funcionamiento. Sin embargo, la evaluación del dolor como una amenaza o una pérdida, se asocia con un afrontamiento ineficaz, más dolor y un peor funcionamiento.

 

De forma consistente, todos los estudios realizados han mostrado que el uso de las estrategias de afrontamiento pasivas, es decir, aquéllas en las que se cede a otros el control del dolor, se asocia con un mayor nivel de dolor, un peor funcionamiento y un estado de ánimo negativo (Esteve, López y Ramírez, 1999; Rodríguez, Esteve y López, 2000).

Contrariamente a lo esperado, diferentes trabajos indican que las estrategias activas- dirigidas al control del dolor o a seguir funcionando a pesar de él- no tienen una influencia directa significativa sobre el dolor, el funcionamiento o el estado de ánimo, sino que su importancia viene dada por su función como estrategias incompatibles con las estrategias de afrontamiento pasivas. Si se consideran las estrategias específicas que se engloban en las estrategias pasivas, aparece de forma clara y consistente la influencia negativa del catastrofismo, que concretamente se asocia con una mayor intensidad del dolor, un peor estado de ánimo y un nivel de funcionamiento más bajo (Esteve, Ramírez y López, 2004). Es más, aquellos pacientes que informan de un uso más frecuente del catastrofismo, al mismo tiempo, son los que manifiestan un mayor deterioro en la memoria cotidiana; lo cual podría venir explicado por el carácter intrusivo del catastrofismo (Muñoz y Esteve, 2005).

Otro resultado consistente en varios estudios es que, si bien el dolor, el funcionamiento diario de los pacientes y su estado de ánimo vienen explicados en gran medida por las estrategias de afrontamiento utilizadas, existe una cierta independencia entre ellos. Es decir, en el modelo hipotético inicial se postulaba que el dolor influía sobre el estado de ánimo y el nivel de funcionamiento. No obstante, parece existir una cierta independencia entre estas tres variables de forma que, por ejemplo, un paciente puede tener un dolor de intensidad elevada y un buen funcionamiento y un estado de ánimo positivo, dependiendo todo ello de cómo haya evaluado su dolor y de las estrategias de afrontamiento que haya utilizado. Éste es un resultado muy destacable, en cierto modo inesperado y muy interesante de cara a la intervención psicológica.

Recientemente, algunos autores han propuesto que la aceptación es un constructo más útil que el de afrontamiento para predecir la adaptación al dolor crónico. Desde esta óptica, las personas que "aceptan" el dolor serían aquéllas que han renunciado a controlarlo y que se implican en actividades que llevan al logro de metas personales valiosas. Recientemente, este grupo de investigación ha realizado un estudio, aún no publicado, en el que se contempla la influencia conjunta del afrontamiento y la aceptación en la adaptación al dolor. Los resultados de este trabajo muestran que aunque la aceptación tenía una influencia significativa en el funcionamiento diario de los pacientes y en el deterioro funcional que mostraban, las medidas de afrontamiento influían significativamente sobre las medidas de estado de ánimo. Por tanto, a la luz de este estudio, no parece que sea correcto plantear si es "mejor" aceptar o afrontar el dolor crónico, más bien parece que tiene más sentido continuar estudiando la conexión entre ambos enfoques.

 

Los estudios anteriormente citados se han realizado sobre varias muestras de pacientes con dolor crónico atendidos en la Unidad del Dolor de la Residencia Carlos Haya de Málaga. En todos los casos se han utilizado como metodología de análisis los Modelos de Ecuaciones Estructurales, lo cual ha permitido estudiar la influencia conjunta de todas las variables contempladas en el modelo teórico.

Aunque son muchas las cuestiones que quedan aún por responder, parece patente que los factores psicológicos juegan un papel de extraordinaria importancia en la experiencia del dolor crónico y que por tanto, deben ser tenidos en cuenta en la prevención y la intervención multidisciplinar como, por otra parte así ocurre desde hace muchos años en otros países de nuestro entorno.

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Sobre las autoras...

Rosa Esteve Zarazaga, Alicia E. López Martínez y Carmen Ramírez Maestre, son profesoras titulares del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga. Desde 1997 y en la actualidad, desarrollan varios proyectos de investigación en dolor crónico, financiados por los Ministerios de Educación y Cultura, Ciencia y Tecnología, la Junta de Andalucía y la Universidad de Málaga. Las conclusiones de estos trabajos han sido objeto de publicación en numerosas revistas científicas de ámbito nacional e internacional.

 

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