La falta de vivienda constituye uno de los problemas sociales y sanitarios más graves a nivel global. Además de implicar una ausencia de recursos básicos y una profunda exclusión social, la situación de sinhogarismo se asocia de manera directa con elevados índices de uso problemático de sustancias y con una alta prevalencia de trastornos de salud mental. Esta interrelación genera un círculo vicioso en el que el consumo, el malestar psicológico y la inestabilidad residencial se refuerzan mutuamente, dificultando las posibilidades de inclusión y recuperación de las personas sin hogar.
Con el objetivo de aportar evidencia sólida sobre qué intervenciones son más eficaces en este ámbito, un equipo de investigadores ha llevado a cabo una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Campbell Systematic Reviews (2025). El estudio sintetiza los resultados de más de medio centenar de investigaciones previas sobre intervenciones psicológicas y sociales, evaluando de forma específica su eficacia en tres ejes fundamentales: la reducción del consumo problemático de sustancias, la mejora de la salud mental y el incremento de la estabilidad habitacional.

El propósito central de la revisión es examinar hasta qué punto las intervenciones psicológicas y sociales logran mejorar la vida de las personas sin hogar, atendiendo a la complejidad de sus problemáticas. Los autores se han centrado en programas dirigidos a personas adultas en situación de sinhogarismo, desarrollados en múltiples países y contextos, desde albergues temporales hasta programas comunitarios y modelos de vivienda estable.
El análisis incluye 54 estudios que utilizaron diseños experimentales y cuasi-experimentales. Se han evaluado múltiples modalidades de intervención: desde terapias psicológicas estructuradas (como la terapia cognitivo-conductual o la entrevista motivacional), hasta programas de manejo de contingencias, intervenciones de reducción de daños, servicios de gestión de casos y modelos de Housing First con acompañamiento psicológico y social.
A continuación recogemos los principales resultados del estudio:
1. Reducción del consumo problemático de sustancias.
El metaanálisis muestra que las intervenciones psicológicas y sociales tienen un efecto positivo y significativo sobre la reducción del consumo de drogas y alcohol en la población sin hogar.
- Manejo de contingencias: resulta ser una de las modalidades más eficaces, al incentivar la abstinencia mediante refuerzos positivos.
- Terapia cognitivo-conductual (TCC): también muestra beneficios consistentes, especialmente, en la reducción del uso problemático de alcohol y drogas ilegales.
- Intervenciones breves y motivacionales: obtienen resultados positivos, aunque más modestos en comparación con los programas estructurados.
De forma global, entre un 30% y un 40% de los/as participantes en programas específicos para consumo de sustancias han logrado reducciones significativas en sus patrones de uso.
Los autores subrayan que, si bien la magnitud de los efectos varía según el tipo de intervención, existe evidencia clara de que los programas psicológicos y sociales contribuyen a reducir de forma eficaz el uso problemático de sustancias en este colectivo.
2. Mejora de la salud mental.
En lo relativo a la salud mental, los efectos de las intervenciones psicológicas y sociales son heterogéneos, aunque globalmente positivos.
- Ansiedad y depresión: las intervenciones producen mejoras significativas en los síntomas, aunque los efectos son calificados como modestos. Los programas de orientación cognitivo-conductual y la entrevista motivacional obtienen los mejores resultados.
- Trastornos graves de salud mental: como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, también muestran cierta mejoría con el apoyo psicológico y social, aunque los estudios disponibles presentan limitaciones metodológicas.
- Bienestar psicológico general: algunas investigaciones destacan beneficios en la percepción de apoyo social y en la reducción de sentimientos de aislamiento, factores especialmente relevantes para esta población.
La revisión concluye que, aunque la calidad de la evidencia es desigual, los programas psicológicos y sociales tienen potencial para mejorar la salud mental de las personas sin hogar, reduciendo tanto síntomas de ansiedad como de depresión, e impactando de manera positiva en su bienestar global.
3. Incremento de la estabilidad habitacional.
El análisis de los programas orientados a la vivienda muestra resultados particularmente sólidos:
- Modelos Housing First: los programas que garantizan el acceso inmediato a una vivienda permanente, junto con apoyo psicológico y social, son los más eficaces. En ellos, aproximadamente dos tercios de los participantes lograron mantener su alojamiento al finalizar el seguimiento, frente a menos de la mitad en los grupos de comparación.
- Modelos escalonados (treatment first): que exigen abstinencia o mejoras clínicas previas al acceso a la vivienda, muestran peores resultados en retención habitacional.
- Gestión de casos intensiva: también contribuye a mejorar la estabilidad residencial, especialmente, cuando se combina con apoyo emocional y servicios comunitarios.
Los autores destacan que las intervenciones de vivienda con apoyo psicológico y social no solo reducen el tiempo de permanencia en la calle, sino que aumentan de manera clara la probabilidad de mantener la vivienda a lo largo del tiempo.
¿Qué factores moderan la eficacia de las intervenciones?
Un valor añadido de esta revisión es la exploración de factores que moderan la eficacia de las intervenciones:
- Tipo de intervención: los programas estructurados y con una base teórica clara (TCC, manejo de contingencias, Housing First) obtienen mejores resultados que las intervenciones menos definidas.
- Duración del programa: los programas más prolongados muestran efectos más sostenidos, sobre todo, en la reducción de consumo de sustancias.
- Contexto: las intervenciones aplicadas en entornos comunitarios y de vivienda estable son más eficaces que las implementadas únicamente en albergues temporales.
- Características de los y las participantes: aunque la revisión no siempre ha contado con datos desagregados por género o edad, algunos estudios apuntan a diferencias relevantes que deberían explorarse en futuras investigaciones.
Calidad de la evidencia y limitaciones.
Los autores advierten que la calidad de la evidencia es variable. Algunos estudios están bien diseñados, con muestras amplias y seguimientos prolongados, mientras que otros cuentan con limitaciones significativas, como tamaños reducidos, pérdida de participantes en el seguimiento o medidas poco consistentes.
En consecuencia, aunque las conclusiones globales apuntan a la eficacia de las intervenciones psicológicas y sociales, los autores recomiendan interpretar los resultados con cautela y seguir avanzando en investigaciones de mayor calidad metodológica.
Implicaciones para la práctica y la investigación.
Los hallazgos de este metaanálisis ofrecen implicaciones relevantes:
- Para la práctica: los programas psicológicos y sociales constituyen una herramienta eficaz para abordar la compleja realidad de las personas sin hogar. Su implementación debería integrarse en políticas públicas de vivienda y salud mental, priorizando modelos como Housing First y las intervenciones estructuradas de tipo cognitivo-conductual o de manejo de contingencias.
- Para la investigación: resulta necesario ampliar la base de estudios, especialmente, con muestras más grandes, seguimientos más prolongados y una evaluación detallada de la eficacia diferencial según características de los participantes (edad, género, comorbilidad).
Los autores destacan también la importancia de adaptar las intervenciones a las necesidades específicas de esta población, teniendo en cuenta la frecuencia de trastornos comórbidos, la diversidad cultural y la duración del sinhogarismo.
Fuente.
O’Leary, C., Coren, E., Gellen, S., Roberts, A., & Armitage, H. (2025). The effectiveness of psychosocial interventions for reducing problematic substance use, mental ill health, and housing instability in people experiencing homelessness in high income countries: A systematic review and meta‐analysis. Campbell Systematic Reviews, 21(1), pp. 1-34. DOI: 10.1002/cl2.70019
