La violencia contra niños, niñas y adolescentes en España no es un fenómeno marginal ni residual, sino un problema ampliamente extendido que afecta de forma significativa al desarrollo psicológico, emocional y social de una parte muy relevante de la población infanto-juvenil. Los datos disponibles muestran que una proporción alarmante de menores ha sufrido una o varias formas de victimización a lo largo de su vida, y que una parte considerable presenta polivictimización, es decir, la acumulación de distintos tipos de violencia, un patrón estrechamente vinculado a un mayor daño psicológico y a peores resultados en salud mental.
Estas conclusiones ponen de manifiesto la necesidad urgente de mejorar la detección temprana, la evaluación rigurosa y la intervención psicológica especializada, así como de trasladar la evidencia científica disponible a la práctica profesional y al diseño de políticas públicas basadas en datos. En este contexto, disponer de instrumentos de evaluación sólidos, validados y adaptados al desarrollo evolutivo de niños, niñas y adolescentes resulta clave para comprender la magnitud real del problema y orientar respuestas eficaces.
Estas son algunas de las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista Papeles del Psicólogo, y llevado a cabo por Noemí Pereda y Ana Greco, de la Universidad de Barcelona, junto a Irene Montiel, de la Universitat Oberta de Catalunya, con el objetivo de ofrecer una descripción actualizada de la victimización infantil y adolescente en España desde la perspectiva de la victimología del desarrollo, analizando las distintas versiones del Cuestionario de Victimización Juvenil (Juvenile Victimization Questionnaire, JVQ) y sintetizando los resultados de los estudios que han aplicado este instrumento en población menor de edad.

La violencia infantil como problema de salud pública y de salud mental.
Pese a los avances legislativos y sociales de los últimos años, la violencia contra la infancia y la adolescencia sigue constituyendo un grave problema de salud pública, con consecuencias duraderas para el bienestar psicológico y la salud mental de las víctimas. La investigación ha mostrado de forma consistente que la exposición a experiencias violentas durante el desarrollo se asocia a daño psicológico, dificultades emocionales, problemas de adaptación social y un mayor riesgo de psicopatología a lo largo del ciclo vital.
Desde esta perspectiva, el estudio subraya que la violencia contra menores no puede abordarse adecuadamente sin tener en cuenta la asimetría de poder existente entre adultos y niños, una desigualdad emocional, física y de dependencia que sitúa a los menores en una posición de especial vulnerabilidad. Este marco teórico, conocido como victimología del desarrollo, permite comprender mejor las dinámicas específicas de la violencia en estas edades y sus efectos psicológicos a corto, medio y largo plazo.
Sin embargo, los autores advierten de que, a pesar de su relevancia, la victimología del desarrollo sigue siendo poco conocida y escasamente aplicada en muchos contextos profesionales, donde todavía se tiende a utilizar modelos explicativos y herramientas diseñadas para la violencia entre adultos, lo que limita la comprensión de las particularidades psicológicas y evolutivas de la victimización infantil.
La importancia de una evaluación psicológica específica y temprana.
Uno de los ejes centrales del estudio es la evaluación de la violencia contra niños y adolescentes, un aspecto clave tanto para la detección precoz como para la orientación de la intervención psicológica. La elevada prevalencia de victimización durante la infancia y la adolescencia, junto con el impacto psicológico asociado, exige que los profesionales dispongan de instrumentos específicos, estandarizados y con adecuadas propiedades psicométricas.
La evaluación temprana y ajustada al desarrollo no solo incrementa las posibilidades de interrumpir situaciones de maltrato y prevenir nuevas formas de violencia, sino que también permite identificar las consecuencias psicológicas derivadas, orientar adecuadamente la intervención y contribuir a mejorar el bienestar mental de los menores afectados.
No obstante, el estudio pone de relieve que muchos y muchas profesionales desconocen la existencia de herramientas validadas para este fin o recurren a instrumentos parciales, no estandarizados o centrados en una única forma de violencia, lo que dificulta la obtención de datos comparables y limita el avance del conocimiento científico en este ámbito.
Dar voz a niños, niñas y adolescentes: una cuestión ética y científica.
La victimología del desarrollo enfatiza la necesidad de preguntar directamente a niños y adolescentes por sus experiencias de victimización, en coherencia con su derecho a ser escuchados y con la evidencia científica disponible. Frente a enfoques basados en recuerdos retrospectivos de adultos o en informantes indirectos, este enfoque permite obtener información más actualizada, contextualizada y ajustada a la realidad vivida por los menores.
Lejos de causar un daño emocional significativo, la participación en este tipo de estudios ha sido valorada positivamente por muchos niños, niñas y adolescentes, que encuentran en ellos una oportunidad para expresar experiencias que, en ocasiones, no habían podido verbalizar previamente. Excluir su voz no solo empobrece la calidad de los datos, sino que limita la posibilidad de diseñar intervenciones psicológicas y estrategias de prevención realmente eficaces.
El Cuestionario de Victimización Juvenil: una herramienta clave.
Con el objetivo de evaluar de forma integral la victimización infantil y adolescente, el estudio revisa el uso y las adaptaciones del Juvenile Victimization Questionnaire (JVQ) en España. Este instrumento, basado en la victimología del desarrollo, permite evaluar múltiples formas de violencia —delitos comunes, maltrato por cuidadores, victimización entre iguales, violencia sexual, exposición a violencia comunitaria y victimización electrónica— desde la perspectiva de los propios menores.
Las diferentes versiones del JVQ, adaptadas y validadas en el contexto español, han mostrado excelentes propiedades psicométricas y una gran versatilidad para su aplicación en distintos grupos de edad y contextos, incluidos ámbitos comunitarios, clínicos, judiciales y de protección. Además, su estructura modular facilita la obtención de perfiles completos de victimización, evitando la fragmentación de la información.
Una prevalencia elevada y un alto impacto psicológico.
Los resultados sintetizados en el estudio muestran que la prevalencia de victimización infantil y adolescente en España es muy elevada, tanto en muestras comunitarias como en grupos de especial vulnerabilidad. En estudios realizados en población general, se observa que, entre la mitad y más del 90% de los y las menores han sufrido, al menos, una forma de violencia a lo largo de su vida, mientras que en contextos clínicos, judiciales y de protección, estas cifras alcanzan prácticamente la totalidad de los y las participantes.
Especialmente preocupante es la elevada presencia de polivictimización, un patrón asociado a un mayor impacto psicológico, emocional y social. La acumulación de experiencias violentas durante el desarrollo se ha relacionado con mayores dificultades de ajuste psicológico, peor bienestar emocional y un mayor riesgo para la salud mental, lo que subraya la necesidad de intervenciones psicológicas especializadas y adaptadas a estos perfiles complejos.
Implicaciones para la práctica profesional y las políticas públicas.
El estudio concluye poniendo de relieve la trascendencia de trasladar los avances científicos en victimología del desarrollo al ámbito profesional, mejorando la formación, el acceso a herramientas de evaluación validadas y la implementación de estrategias de detección e intervención basadas en la evidencia. Asimismo, sus autoras destacan la necesidad de incorporar estos conocimientos al diseño y evaluación de políticas públicas, con el fin de prevenir la violencia, proteger a los y las menores y mitigar sus consecuencias psicológicas.
Ampliar la investigación a niños y niñas menores de 12 años y a colectivos especialmente vulnerables, constituye otra prioridad señalada por las autoras, dado que la falta de datos en estos grupos limita la comprensión del problema y la capacidad de respuesta desde los sistemas educativo, sanitario, social y judicial.
En definitiva, este estudio pone de relieve que la violencia contra la infancia y la adolescencia sigue siendo una realidad ampliamente extendida en nuestro país, con importantes consecuencias psicológicas y para la salud mental, y que solo mediante una evaluación rigurosa, una intervención psicológica adecuada y políticas públicas basadas en evidencia será posible avanzar hacia una protección efectiva de los derechos y el bienestar de niños, niñas y adolescentes.
Fuente.
Pereda, N., Greco, A., & Montiel, I. (2026). Assessing violence against children and adolescents: A developmental victimology approach in Spain. Papeles del Psicólogo/Psychologist Papers, 47(1), 18-26. https://doi.org/10.70478/pap.psicol.2026.47.03
