La salud mental continúa siendo un área profundamente desatendida en la enfermedad psoriásica: a pesar de que uno de cada cinco pacientes (21%) afirma tener problemas de salud mental, seis de cada diez (61,9%) nunca han sido atendidos por un profesional, aun cuando la mitad de ellos cree que lo necesitaría. La situación resulta aún más preocupante en ciertos grupos: el 75% de las mujeres declara haber necesitado apoyo psicológico y emocional, un porcentaje que aumenta hasta el 80,3% entre quienes presentan una afectación severa en su calidad de vida, y alcanza el 88,4% entre aquellas personas con más de cuatro enfermedades crónicas asociadas. Estos datos sitúan el bienestar psicológico en el centro de las necesidades no cubiertas de los/as pacientes con enfermedad psoriásica.
Estas son algunas de las conclusiones recogidas por Acción Psoriasis en su informe sobre «Percepción de los pacientes sobre las comorbilidades asociadas a su enfermedad psoriásica», un documento fruto de un estudio realizado en colaboración con Amgen, basado en una encuesta realizada a 1.030 personas con psoriasis y/o artritis psoriásica, con el objetivo de analizar su grado de conocimiento de las comorbilidades asociadas a la enfermedad psoriásica y cómo perciben la atención que reciben del profesional sanitario en relación con su psoriasis, su artritis y las comorbilidades asociadas.

Pero la salud mental no es el único ámbito que muestra carencias: el informe identifica importantes dificultades en el control de la enfermedad, lagunas en el conocimiento de las comorbilidades, un impacto relevante en la calidad de vida, y una atención sanitaria fragmentada, especialmente, fuera de las unidades multidisciplinares.
En conjunto, se pone de manifiesto que, a pesar de la amplia experiencia de los pacientes —más de la mitad convive con la enfermedad desde hace 20 años o más—, todavía existen barreras significativas para un abordaje integral que contemple tanto los aspectos físicos como los psicológicos, emocionales y sociales de la enfermedad psoriásica.
La enfermedad psoriásica y el estudio: una mirada a las comorbilidades y a la percepción de los/as pacientes.
La enfermedad psoriásica es una patología inflamatoria inmunomediada crónica que puede afectar a la piel (psoriasis) y/o a las articulaciones (artritis psoriásica). En España, se estima que más de 1.120.000 personas conviven con esta enfermedad.
La inflamación sistémica persistente puede generar múltiples complicaciones de salud que afectan a otros órganos y que se conocen como comorbilidades, entre las que se encuentran la diabetes, la dislipemia, la obesidad, la hipertensión, la ateromatosis, la cardiopatía isquémica y la depresión, entre otras. Estas comorbilidades pueden reducir la esperanza de vida, por lo que su detección precoz y su abordaje holístico son fundamentales.
Perfil sociodemográfico: mayoría de mujeres y larga convivencia con la enfermedad.
Del total de participantes, el 61,5% declaró tener únicamente psoriasis y el 38,6% artritis psoriásica. La encuesta muestra una clara mayoría de mujeres (69,5%) y un predominio del grupo de entre 40 y 59 años. Más de la mitad de las personas encuestadas (51,7%) convive con la enfermedad desde hace 20 años o más, y tres de cada cuatro (51,7% + 23,1%) la padecen desde hace más de una década. Asimismo, el 69,9% tiene estudios universitarios o formación profesional.
En cuanto a la situación económica, un 39,1% declara «vivir bien, con pequeños ahorros», un 21,5% dice llegar «justos a fin de mes», y un 2,1% se encuentra en riesgo de exclusión social.
Síntomas físicos: el picor y la descamación, los más presentes.
Los síntomas cutáneos y articulares siguen siendo frecuentes. El informe muestra que:
- El picor afecta actualmente al 60,2%.
- La descamación está presente actualmente en el 67%.
- El dolor de espalda o articular lo refiere un 55,8% actualmente (71,8% si se consideran los últimos 12 meses).
- La rigidez articular matutina afecta al 34,9% actualmente.
- La fatiga está presente en el 58,4%, especialmente en personas con artritis psoriásica.
El exceso de peso también es frecuente: un 35,2% presenta sobrepeso y un 22,6% obesidad, con una mayor proporción en hombres y en mayores de 50 años. Entre quienes tienen artritis psoriásica, el exceso de peso se eleva al 64,2%, y la obesidad al 27,7%.
Calidad de vida: más de la mitad siente que su enfermedad afecta su día a día.
El Índice Dermatológico de la Calidad de Vida (DLQI) muestra que, aunque la mayoría percibe su psoriasis como leve, existe un grupo significativo (13%) que presenta una afectación intensa (muy importante o extrema). La media y la mediana del DLQI son bajas, pero el 54,6% considera que la enfermedad afecta su vida cotidiana.
Los síntomas físicos —picor, dolor, escozor— y las emociones negativas como la vergüenza o la conciencia del aspecto físico son los factores que más impactan en la calidad de vida. Las limitaciones en las actividades de ocio, la ropa que pueden usar y el deporte también muestran un peso considerable.
La afectación es más intensa en:
- Personas con psoriasis grave (35,7%).
- Pacientes con mal control de la enfermedad (22,3%).
- Quienes atraviesan una situación económica difícil (21,8%).
- Personas con mayor extensión cutánea (22% entre afectación moderada y 28,3% entre quienes presentan más de 10 palmas de afectación).
El impacto es especialmente evidente en el deporte (40,9% entre quienes tienen artritis psoriásica) y en las relaciones sociales (27,9%).
Tratamientos y control de la enfermedad: desigualdades según el tipo de atención.
Uno de cada diez encuestados (10,1%) no recibe en la actualidad ningún tratamiento, mientras que casi la mitad (48,8%) utiliza tratamientos tópicos con corticoides. Los medicamentos biológicos inyectables representan un 35,8%, un uso especialmente frecuente entre personas con artritis psoriásica (51,6%), en formas graves (61,7%) y entre quienes llevan más de 20 años de enfermedad (53,3%).
El control de la enfermedad presenta importantes carencias: en psoriasis, más de la mitad (54,7%) considera que su enfermedad está «nada o mal controlada», mientras que en artritis psoriásica, el control insuficiente llega al 62,5%, incrementándose al 64,2% en mujeres y al 76,6% en formas graves.
El mal control se relaciona claramente con la gravedad, con un DLQI alto y con una mayor extensión cutánea (82,6% entre quienes tienen más de cuatro palmas afectadas).
Las unidades multidisciplinares muestran mejores resultados: en ellas, el uso de biológicos alcanza el 61,9%, y se observan mejores tasas de control.
Presencia de comorbilidades: ansiedad, depresión y enfermedades cardiovasculares.
El 29,1% declara artritis psoriásica como comorbilidad. Un 32,8% dice no tener ninguna enfermedad asociada; el 21,6% marca “otras”.
Las enfermedades más frecuentes son el riesgo cardiovascular (27,7%), incluyendo dislipemia, hipertensión y obesidad; los trastornos del estado de ánimo (20,8%); la ansiedad aparece en el 17,3%; la depresión, en el 11,8%; la obesidad, en el 12,1%; el hígado graso, en el 6,8%, y la diabetes, en el 5,1%.
Además, un 68,8% está polimedicado. La comorbilidad es mayor entre quienes tienen artritis psoriásica, especialmente en formas graves.
En cuanto al conocimiento, tres de cada cuatro pacientes (73,4%) saben que la artritis psoriásica se relaciona con la psoriasis. Sin embargo, persisten grandes lagunas: un 73,8% no sabe que la psoriasis aumenta el riesgo de desarrollar otras autoinmunes; un 75% desconoce que aumenta el riesgo de hipertensión o diabetes tipo 2; y un 86,7% no conoce la relación entre gravedad y mayor probabilidad de artritis psoriásica.
Los trastornos del estado de ánimo —ansiedad y depresión— son mencionados como comorbilidades por el 62,3% de los pacientes.
Coordinación asistencial y atención médica: comunicación insuficiente.
El dermatólogo es el profesional de referencia para el 56,7% de los y las pacientes, seguido del reumatólogo (33,7%) y atención primaria (25,2%). Entre quienes solo tienen psoriasis, un 26% no acude a ningún médico.
Las unidades multidisciplinares están presentes para un 36,7%, y el 27,8% ha sido atendido en una de ellas. La valoración es positiva para el 60,5%. No obstante, la coordinación entre especialistas presenta claras dificultades:
- Solo un 55,2% percibe buena comunicación entre dermatología y reumatología.
- Solo un 21,4% percibe coordinación entre atención primaria y especialistas.
Las personas con artritis psoriásica grave (48,8%) y quienes tienen larga evolución son quienes más suelen ser atendidas en estas unidades.
Atención a la salud mental: una gran asignatura pendiente.
El informe dedica un apartado específico a la salud mental, cuyos resultados son particularmente relevantes: el 21% de los y las pacientes afirma tener problemas de salud mental. Sin embargo, mientras que el 38,1% ha recibido atención psicológica en algún momento, hay un 61,9% que revela no haber sido atendidos nunca por un profesional de salud mental, aun cuando la mitad de ellos, cree que lo necesitaba.
Las necesidades son mayores en ciertos grupos: el 75% de las mujeres declara haber necesitado apoyo psicológico y emocional; un 80,3% de quienes tienen peor calidad de vida (DLQI alto) también lo necesitó, y el 88,4% de quienes tienen más de cuatro enfermedades crónicas declara necesitar atención en salud mental.
Estos datos reflejan que, aunque la enfermedad psoriásica conlleva un impacto psicológico y emocional significativo, la atención de salud mental no está integrada en el circuito asistencial habitual.
Además, el informe señala que la falta de información en consulta también afecta a este ámbito: un 81,7% cree erróneamente que la psoriasis no aumenta el riesgo de sufrir ansiedad o depresión.
Interacción con el personal sanitario: falta de preguntas clave sobre bienestar emocional.
Aunque las preguntas más frecuentes del personal sanitario se centran en los síntomas físicos (46,3% dice que siempre se les pregunta por ello), otros aspectos relevantes para la calidad de vida reciben poca atención: tan solo un 15,9% dice que se les pregunta habitualmente por su estado emocional; solo un 15,5% por problemas de sueño; un 15,3% por dificultades para hacer ejercicio y un 19,9% por interferencias de los síntomas en la vida diaria.
Llama especialmente la atención que un 77,8% nunca ha sido preguntado por su vida sexual, un 72,5% por sus relaciones sociales y un 69,6% por sus actividades de ocio.
Conclusión: la necesidad de un abordaje integral que incluya la salud mental.
El informe muestra un panorama claro: la salud mental continúa siendo una de las áreas más desatendidas en la enfermedad psoriásica, a pesar de su alta prevalencia y del impacto demostrado en la calidad de vida. La falta de atención psicológica, las lagunas de conocimiento, la escasa coordinación entre profesionales y el mal control de la enfermedad subrayan la necesidad urgente de un modelo asistencial más completo, que integre aspectos físicos, emocionales y sociales.
La evidencia recogida —enteramente basada en las respuestas de los propios pacientes— apunta hacia un objetivo prioritario: un abordaje holístico que no deje de lado el bienestar psicológico, sobre todo, en los grupos más vulnerables.
Se puede acceder al informe completo desde la página web de Acción Psoriasis o bien directamente aquí.
