El vínculo temprano y continuado entre los bebés y sus cuidadores, la implicación activa de los padres en la crianza y el apoyo emocional a las familias durante el embarazo y los primeros años de vida pueden mejorar el desarrollo emocional y cognitivo infantil, reducir la ansiedad y la depresión posparto y favorecer relaciones familiares más saludables y equitativas. La evidencia científica recogida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF señala además que la implicación afectuosa, respetuosa y equitativa de los hombres en el cuidado infantil se asocia con una menor incidencia de problemas conductuales en los niños, menos problemas psicológicos en mujeres jóvenes y una mejora de la salud mental y del bienestar psicológico de toda la familia.
Así lo recogen los informes Cuidado cariñoso y sensible para todos los recién nacidos y Cuidado cariñoso y sensible e implicación de los hombres, elaborados por la OMS, UNICEF y otros organismos internacionales especializados en desarrollo infantil temprano. Ambos documentos analizan cómo las experiencias tempranas, las relaciones afectivas y la calidad de los cuidados durante el embarazo, el nacimiento y los primeros años de vida influyen de manera decisiva en el desarrollo cerebral, emocional y psicológico de los niños y niñas.
El desarrollo cerebral y emocional comienza desde el nacimiento.
Los informes señalan que el cerebro humano se desarrolla más rápidamente desde la concepción hasta los tres años que en cualquier otra etapa de la vida. Más del 80 % del cerebro se forma durante los primeros tres años. Según la OMS, las primeras experiencias relacionales y emocionales tienen una influencia directa sobre el desarrollo cerebral. Desde las 28 semanas de gestación, el feto puede oír y, tras el nacimiento, el bebé reconoce la voz de su madre. Durante los primeros días y semanas se crean conexiones neuronales esenciales para el lenguaje, la regulación emocional, la comprensión del entorno y el aprendizaje posterior.
Además, destacan que la interacción sensible y receptiva con los cuidadores constituye uno de los pilares fundamentales del desarrollo temprano. En este sentido, el cuidado cariñoso y sensible incluye cinco componentes interrelacionados: buena salud, nutrición adecuada, seguridad y protección, atención receptiva y oportunidades para el aprendizaje temprano.
La salud mental de madres y padres influye en el bienestar infantil.
Uno de los aspectos más destacados en ambos informes es la estrecha relación entre la salud mental de los cuidadores y el desarrollo infantil. Incidiendo expresamente que la salud física y mental de los cuidadores puede afectar a su capacidad para cuidar adecuadamente a los niños y niñas.
Asimismo, se advierte de que las experiencias traumáticas durante el parto pueden dificultar el vínculo temprano entre madre e hijo y aumentar el riesgo de depresión perinatal. Además, señala que una de cada seis mujeres presenta síntomas de depresión posparto que afectan a su capacidad de cuidado. Por ello, la OMS considera fundamental que los profesionales sanitarios proporcionen apoyo emocional y psicológico a las familias, preguntando a madres y padres cómo se encuentran emocionalmente y ofreciendo orientación y escucha empática.
Respecto a la salud mental paterna, se señala que los servicios de salud pueden detectar la depresión paterna, la cual afecta tanto al bienestar psicológico de los hombres como a su capacidad para ofrecer cuidados afectuosos y sensibles, influyendo además en la salud mental de sus parejas.

La implicación de los padres mejora el desarrollo psicológico infantil.
Según el informe de la OMS y UNICEF, la participación afectuosa y equitativa de los hombres en la crianza puede favorecer el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños y niñas. La evidencia científica revisada indica además que la implicación directa de los padres en el cuidado durante la primera infancia se asocia con una menor incidencia de problemas conductuales en los niños y con menos problemas psicológicos en mujeres jóvenes. También puede favorecer el desarrollo de la empatía y mejorar la preparación escolar y el rendimiento académico posterior.
En paralelo, la implicación de los hombres en las tareas de cuidado puede mejorar sus relaciones con sus hijos y cónyuges, así como aumentar su propia salud mental y su felicidad general. Además, los programas de crianza que incluyen explícitamente a hombres y mujeres como cuidadores producen efectos positivos en las relaciones familiares, favoreciendo una comunicación más fluida, una toma de decisiones más equitativa y una reducción de la violencia contra mujeres y niños.
El contacto piel con piel y la “separación cero”.
Existen beneficios psicológicos y emocionales del contacto piel con piel y de evitar la separación entre el bebé y sus cuidadores. La OMS señala que la separación temprana puede aumentar la ansiedad y los sentimientos de impotencia en los progenitores, mientras que la participación activa en el cuidado fortalece el vínculo afectivo y mejora la confianza parental.
Asimismo, el método de la madre canguro —basado en el contacto piel con piel continuado— no solo mejora la supervivencia neonatal, sino que también reduce la ansiedad y la depresión posparto de los cuidadores. Resaltan que este método mejora además la capacidad de los padres para interpretar las señales del bebé y responder adecuadamente a ellas.
Los beneficios emocionales parecen mantenerse a largo plazo. Los niños que reciben este tipo de cuidados presentan posteriormente menos conductas antisociales y mejores resultados sociales y educativos.
Impulsar una mayor corresponsabilidad en los cuidados.
El informe sobre implicación de los hombres advierte de que muchos padres siguen encontrando barreras culturales y sociales para participar activamente en la crianza. Las normas tradicionales de género continúan atribuyendo a las mujeres la responsabilidad principal del cuidado infantil, mientras que los hombres suelen ser identificados únicamente como proveedores económicos.
Por ello, los autores consideran necesario transformar progresivamente las actitudes y expectativas sociales sobre la paternidad y el cuidado. El documento recomienda promover modelos de masculinidad basados en relaciones afectuosas, respetuosas, equitativas y no violentas.
Asimismo, insiste en la necesidad de crear servicios sanitarios y comunitarios más acogedores para los hombres, sin comprometer los derechos ni la autonomía de las mujeres. Entre las medidas propuestas figuran la adaptación de los espacios sanitarios, la ampliación de permisos parentales remunerados y la formación específica del personal sanitario en igualdad de género y apoyo a las familias.
Invertir en los primeros años de vida.
Concluyendo que el cuidado cariñoso y sensible durante los primeros años mejora la salud, la productividad y la cohesión social a lo largo de toda la vida, y que sus beneficios pueden extenderse incluso a la siguiente generación.
En los entornos donde las familias cuentan con menos recursos, más de 250 millones de niños menores de cinco años —más del 40 %— tienen más riesgo de no alcanzar plenamente su potencial de desarrollo debido a la pobreza y el abandono.
Por ello, la OMS y UNICEF defienden la necesidad de reforzar las políticas públicas, los sistemas sanitarios y el apoyo comunitario para garantizar entornos familiares seguros, afectivos y emocionalmente protectores desde el nacimiento.
Se puede acceder a los documentos completos desde aquí:
Cuidado cariñoso y sensible para todos los recién nacidos
Cuidado cariñoso y sensible e implicación de los hombres
