Los primeros auxilios psicológicos, el acompañamiento emocional y el fortalecimiento de la resiliencia constituyen elementos fundamentales en la atención a las personas afectadas por emergencias y catástrofes. Ante acontecimientos traumáticos, como el trágico accidente ferroviario del 28 de octubre en Urda (Toledo), que se ha cobrado numerosas víctimas mortales, múltiples personas heridas y familias afectadas, la intervención de los psicólogos y psicólogas de emergencias, puede contribuir a proporcionar seguridad, reducir el malestar emocional, identificar necesidades inmediatas y facilitar el acceso a recursos de apoyo.
La magnitud de un siniestro de esta índole, las labores de rescate y la incertidumbre vivida por quienes esperan noticias de sus seres queridos ponen de manifiesto la importancia de incorporar la atención psicológica a la respuesta ante este tipo de acontecimientos. Esta atención resulta especialmente relevante para las víctimas, sus familiares y los equipos de emergencia y voluntarios/as, tanto en los primeros momentos de la tragedia como durante el proceso posterior de recuperación.
La Asociación Americana de Psicología (American Psychological Association, APA) cuenta con diversos recursos y materiales orientados a esos primeros momentos, así como con recomendaciones sobre la labor que desempeñan los y las profesionales de la Psicología en situaciones de emergencia y catástrofe, los primeros auxilios psicológicos y las estrategias de apoyo emocional y psicológico dirigidas a las víctimas, sus familiares y otras personas afectadas, así como las actuaciones encaminadas a favorecer su recuperación y fortalecer su resiliencia.

Primeros auxilios psicológicos: proporcionar seguridad, estabilidad y apoyo inmediato.
Como bien indica la APA, los primeros auxilios psicológicos (PAP) constituyen una intervención inicial dirigida a promover la seguridad, favorecer la estabilización de las personas supervivientes y facilitar su conexión con los servicios de ayuda y los recursos disponibles. Su finalidad es identificar las preocupaciones y necesidades inmediatas de las personas afectadas, ofreciendo una primera respuesta adaptada a sus circunstancias.
La APA precisa que los primeros auxilios psicológicos no consisten en proporcionar psicoterapia en el lugar del desastre, sino en ofrecer apoyo inicial para afrontar las consecuencias inmediatas de lo ocurrido y prevenir la aparición de consecuencias posteriores.
Esta intervención debe ser desarrollada por profesionales de la salud mental dentro de los dispositivos de atención establecidos. Concretamente, los psicólogos y psicólogas de emergencias, son profesionales que cuentan con la formación y competencias necesarias para abordar estas situaciones, como la comunicación interpersonal, la escucha empática y la evaluación del riesgo. No obstante, la participación en operaciones de emergencia requiere formación específica y conocimiento de los procedimientos de coordinación.
El papel de los psicólogos y psicólogas de emergencias ante una catástrofe.
La intervención psicológica en emergencias va más allá de la atención inmediata a las víctimas. Según la APA, estos y estas profesionales pueden desempeñar un papel esencial ayudando a las personas supervivientes, familiares, voluntariado y equipos de intervención a comprender y afrontar emociones intensas como la angustia, la ira, el miedo o la tristeza, ante una situación de tal magnitud.
Su función en el escenario de una catástrofe no consiste en desarrollar tratamientos psicoterapéuticos, sino en favorecer los recursos personales de afrontamiento y fortalecer la resiliencia, acompañando a las personas en los primeros pasos hacia la recuperación. Esto puede implicar ayudarles a establecer pequeños objetivos concretos, recuperar el contacto con sus redes de apoyo y adoptar una perspectiva realista sobre los desafíos que deberán afrontar.
La APA destaca también la importancia de atender las necesidades prácticas, dado que las dificultades materiales, familiares y emocionales pueden presentarse simultáneamente y condicionar el proceso de recuperación.
Recomendaciones de la APA para apoyar psicológicamente a las personas afectadas.
La Asociación Americana establece las siguientes pautas de actuación dirigidas a profesionales de la Psicología en operaciones de ayuda ante desastres, que pueden contribuir a mejorar el bienestar psicológico de las víctimas supervivientes, sus familiares y otras personas afectadas por la tragedia, así como de los equipos de emergencia y rescate:
– Escucha y ofrece apoyo emocional. Presta atención a las preocupaciones de las víctimas supervivientes, familiares (tanto de víctimas supervivientes como de personas fallecidas) y otras personas afectadas, así como del voluntariado y los equipos de emergencia, incluidas las relacionadas con sus seres queridos, sus hogares, sus mascotas o las consecuencias personales de la tragedia.
– Facilita el acceso a recursos y servicios. Proporciona información sobre los apoyos disponibles, como atención médica, alojamiento o asistencia material, y ayuda a establecer contacto con los dispositivos correspondientes. Asimismo, apoya a las personas en su adaptación a alojamientos temporales o refugios, especialmente cuando se encuentran lejos de su entorno habitual.
– Acompaña a las familias en situaciones de incertidumbre. Escucha sus inquietudes, identifica necesidades particulares, facilita su relación con los servicios responsables de proporcionar asistencia y defiende las necesidades específicas de aquellas personas o familias que requieren una atención particular dentro de los dispositivos de ayuda establecidos.
– Favorece la conexión con familiares y amistades. Trata de reforzar las redes de apoyo social y ayudar a las personas a desarrollar estrategias personales de afrontamiento y recuperación, aceptando que los cambios derivados de la catástrofe pueden prolongarse en el tiempo y favoreciendo la elaboración de planes personales de recuperación.
– Ayuda a comprender las reacciones emocionales. Explica a las personas afectadas y a sus familiares que, tras una catástrofe, pueden aparecer miedo, recuerdos recurrentes, pesadillas, irritabilidad, retraimiento o confusión, entre otras respuestas frecuentes.
– Presta especial atención a niños, niñas y adolescentes. Escucha las preocupaciones familiares, apoya las estrategias positivas de afrontamiento, favorece la recuperación de rutinas conocidas y facilita el mantenimiento de los vínculos sociales. Asimismo, ayuda a los niños y niñas a encontrar formas de prestar apoyo a otras personas, de acuerdo con sus capacidades y circunstancias.
– Apoya la resolución de dificultades y conflictos. Ayuda a afrontar problemas de convivencia, tensiones familiares y otras situaciones estresantes que puedan surgir durante la emergencia, así como otras circunstancias personales difíciles que coincidan con la catástrofe, como la enfermedad o el fallecimiento de un familiar por causas ajenas al suceso.
– Promueve el autocuidado y los descansos. Recuerda la importancia de atender las necesidades personales y familiares durante el proceso de recuperación.
– Refuerza la esperanza y la capacidad de recuperación. Ayuda a las personas afectadas a establecer objetivos alcanzables, mantén una perspectiva esperanzadora y realista ante las dificultades y transmite que es posible reconstruir una vida satisfactoria después de una experiencia traumática.
– Orienta hacia recursos de atención a largo plazo. Informa sobre dónde y cómo solicitar asistencia adicional cuando las necesidades psicológicas se prolongan más allá de la respuesta inmediata.
Estas recomendaciones ponen de relieve que el acompañamiento psicológico debe adaptarse a las necesidades individuales, teniendo en cuenta tanto las consecuencias emocionales como las dificultades prácticas derivadas de la emergencia.
Preparación, respuesta y recuperación: tres fases de la intervención psicológica.
La APA recuerda que la labor de los psicólogos y psicólogas en situaciones de emergencia y catástrofe no se limita a la atención inmediata, sino que se extiende a las distintas etapas de gestión de estos acontecimientos. En este sentido, distingue tres fases fundamentales de actuación: preparación, respuesta y recuperación.
Durante la preparación, recomienda participar en programas de formación especializada, simulacros y actividades comunitarias de planificación, así como colaborar en la elaboración de recursos para afrontar situaciones traumáticas.
En la fase de respuesta, destaca el apoyo psicológico a las personas supervivientes y a los equipos de emergencia, la colaboración con los organismos responsables y la posibilidad de prestar asistencia a distancia cuando los dispositivos de intervención lo permitan.
Finalmente, durante la recuperación, señala la importancia de desarrollar actividades psicoeducativas, apoyar a las organizaciones comunitarias y promover recursos que contribuyan a fortalecer la resiliencia individual y colectiva.
La Asociación Americana insiste en que la intervención debe realizarse siempre de manera coordinada con los organismos responsables de gestionar la emergencia, mediante profesionales con formación adecuada y dentro de los dispositivos establecidos.
En definitiva, estas recomendaciones recuerdan que la atención psicológica constituye una parte importante de la respuesta ante emergencias y catástrofes. Su aportación no se limita a los momentos inmediatamente posteriores al acontecimiento traumático, sino que puede extenderse durante meses o años, favoreciendo el acompañamiento emocional, el fortalecimiento de las redes de apoyo y la recuperación de las personas y comunidades afectadas.
Fuentes.
APA. (2021, 14 de septiembre). What psychologists do on disaster relief operations. American Psychological Association.
APA. (2023, 8 de agosto). Disaster mental health information for psychologists. American Psychological Association.
