La evidencia científica que justifica el uso prolongado de los antidepresivos podría estar sobreestimando sus beneficios debido a que muchos estudios no distinguen adecuadamente entre recaídas de la depresión y síntomas de retirada del tratamiento. Además, el uso mantenido de estos fármacos se ha asociado a diversos efectos adversos y a un mayor riesgo de experimentar síntomas de retirada intensos y duraderos. Así lo concluye un análisis que aboga por revisar periódicamente estos tratamientos y favorecer la toma de decisiones compartida entre profesionales y pacientes.
Estas son algunas de las conclusiones del artículo Continuing antidepressants or not: Evaluating the potential benefits and harms -Continuar o no con los antidepresivos: evaluación de sus posibles beneficios y perjuicios-, publicado en la revista Australian Journal of General Practice (Mark, A. et Al., 2026). El trabajo realiza una revisión de la evidencia que sustenta el mantenimiento de los tratamientos antidepresivos durante más de doce meses.
Los autores recuerdan que el debate sobre la duración óptima de estos tratamientos ha cobrado relevancia en los últimos años. En este sentido, investigaciones recientes han advertido de que el tiempo de uso de los antidepresivos en la práctica clínica habitual suele exceder ampliamente la duración evaluada en los ensayos clínicos, lo que plantea interrogantes sobre la solidez de la evidencia disponible para respaldar tratamientos mantenidos durante largos periodos.
¿Prevención de recaídas o síntomas de retirada?
Según explican los investigadores, la principal evidencia a favor del uso prolongado de antidepresivos procede de estudios en los que las personas son asignadas a continuar o suspender la medicación. Sin embargo, sostienen que estos trabajos presentan una limitación importante: no diferencian adecuadamente entre los síntomas de retirada y las recaídas depresivas.

Manifestaciones como la ansiedad, el bajo estado de ánimo o el insomnio pueden aparecer tanto durante una recaída como tras la reducción o interrupción del tratamiento. No obstante, el empeoramiento observado en quienes suspenden la medicación suele interpretarse como una recaída, lo que podría conducir a una sobreestimación de los beneficios atribuidos a la continuación del tratamiento.
Los autores destacan que las recomendaciones habituales de mantener los antidepresivos entre seis y doce meses tras un primer episodio depresivo y durante dos años o más en casos recurrentes se apoyan fundamentalmente en este tipo de estudios.
El papel de la psicoterapia en la retirada de antidepresivos.
El análisis revisa también el ensayo ANTLER, uno de los estudios más citados como evidencia a favor de la continuación del tratamiento. Aunque los resultados mostraron menores tasas de recaída entre quienes mantuvieron la medicación, los autores señalan que el estudio informó de síntomas de retirada frecuentes y persistentes, sin diferenciarlos claramente de una posible recaída.
En este contexto, el trabajo cita un metaanálisis reciente que encontró que las personas que reducían los antidepresivos de forma gradual y con apoyo psicológico presentaban tasas de recaída similares a las de quienes continuaban tomando la medicación.
Estos hallazgos coinciden con otras investigaciones que han puesto de relieve la importancia de las intervenciones psicológicas durante los procesos de retirada farmacológica. Diversos estudios sugieren que la psicoterapia puede desempeñar un papel relevante tanto en la prevención de recaídas como en el acompañamiento de las personas que desean suspender el tratamiento, facilitando una transición más segura y ajustada a las necesidades de cada paciente.
Además, diferentes trabajos han señalado que uno de los principales obstáculos para la retirada de los antidepresivos es la dificultad para distinguir entre una recaída y los síntomas de discontinuación, lo que puede favorecer la prolongación innecesaria de algunos tratamientos.
Riesgos asociados al uso prolongado.
Además de cuestionar la solidez de la evidencia sobre los beneficios a largo plazo, los autores revisan diversos efectos adversos asociados al uso prolongado de antidepresivos.
Entre ellos destacan la disfunción sexual, que según los estudios revisados puede afectar al 50%-80% de las personas usuarias, el embotamiento emocional, el aumento de peso, el insomnio y alteraciones cognitivas observadas en algunas investigaciones. También citan estudios observacionales que han asociado el uso de estos fármacos con un mayor riesgo de caídas, enfermedad cardiovascular, deterioro cognitivo y mortalidad prematura en personas mayores, aunque reconocen la existencia de factores que podrían influir en estas asociaciones.
Especial atención dedica el artículo a los síntomas de retirada. Según los autores, existe evidencia que demuestra que la interrupción de los antidepresivos puede provocar síntomas físicos, psicológicos y neurológicos que, en algunos casos, pueden prolongarse durante meses o incluso años. Los datos revisados sugieren que estos cuadros podrían afectar hasta al 15% de las personas que han utilizado estos tratamientos durante largos periodos.
Revisar periódicamente la necesidad del tratamiento.
A la luz de la evidencia analizada, los autores consideran que la continuidad de los antidepresivos debería revisarse de forma periódica, valorando tanto sus posibles beneficios como sus riesgos. En este sentido, destacan la importancia de proporcionar información clara y basada en la evidencia, promover la toma de decisiones compartida y ofrecer apoyo adecuado a las personas que deseen reducir o suspender el tratamiento.
Como conclusión, el artículo plantea que parte de los beneficios atribuidos al uso prolongado de los antidepresivos podrían deberse a la prevención de síntomas de retirada más que a una auténtica prevención de recaídas, por lo que reclama una reevaluación crítica de la evidencia disponible y una mayor atención a las estrategias de retirada segura.
Fuentes.
Horowitz, M. A., Wallis, K. A., & Moncrieff, J. (2026). Continuing antidepressants or not: Evaluating the potential benefits and harms. Australian Journal of General Practice, 55(6), 366-368. https://doi.org/10.31128/AJGP-05-25-7690
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Zaccoletti, D., Mosconi, C., Gastaldon, C., Ostuzzi, G., Bertolini, F., Bighelli, I., Furukawa, T. A., Cipriani, A., & Barbui, C. (2026). Comparison of antidepressant deprescribing strategies in individuals with clinically remitted depression: A systematic review and network meta-analysis. The Lancet Psychiatry, 13(1), 24-36. https://doi.org/10.1016/s2215-0366(25)00330-x
