Dejar los antidepresivos tras la remisión, con una retirada lenta y gradual (más de cuatro semanas) acompañada de apoyo psicológico estructurado, se asocia con buenos resultados en la prevención de recaídas en la depresión durante el año siguiente, mientras que la interrupción abrupta o la retirada rápida (cuatro semanas o menos) se asocia con peores resultados. Así lo afirma un estudio publicado en la revista The Lancet Psychiatry, a través del cual se pone el foco en una de las cuestiones clínicas más relevantes y debatidas en salud mental: cuál es la mejor manera de dejar los antidepresivos cuando la depresión ha remitido.
El contexto clínico y social.
Los antidepresivos son uno de los tratamientos farmacológicos más prescritos para los trastornos del estado de ánimo. Sin embargo, una proporción considerable de personas los utiliza durante periodos prolongados —en muchos casos más allá de lo recomendado por las guías clínicas— o indefinidamente.
Las guías de práctica clínica habitualmente recomiendan continuar con los antidepresivos durante un periodo consolidado tras la remisión de síntomas, para luego considerar su retirada de forma gradual y bajo supervisión. Sin embargo, en la práctica habitual, se tiende a prolongar la medicación mucho más del necesario, lo que plantea interrogantes sobre riesgos, efectos adversos a largo plazo y la mejor manera de gestionar la deprescripción.

El mayor análisis comparativo hasta ahora.
A este respecto, los autores han llevado a cabo esta revisión sistemática con metaanálisis en red que compara distintas estrategias de retirada de antidepresivos en adultos con depresión o ansiedad remitida.
Para tal fin, han analizado datos de 76 ensayos controlados aleatorizados que suman más de 17.000 participantes adultos con depresión o trastornos de ansiedad en remisión tras tratamiento con antidepresivos (principalmente inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y de serotonina-norepinefrina). Las pruebas se extienden hasta abril de 2025 y abarcan diversas estrategias de retirada: interrupción abrupta, reducción rápida de dosis (≤4 semanas), reducción lenta de dosis (>4 semanas), reducción de dosis parcial y continuación del tratamiento, todas ellas con o sin apoyo psicológico estructurado.
Este enfoque comparativo permite evaluar cuál de estas estrategias se asocia con menor riesgo de recaída durante el año siguiente a la remisión clínica.
El apoyo psicológico mejora los resultados durante la retirada gradual.
La conclusión clave del estudio es clara: la retirada lenta de antidepresivos, acompañada de apoyo psicológico estructurado, reduce el riesgo de recaída de depresión. Esta estrategia supera claramente a la interrupción abrupta o a la reducción rápida de dosis, que son las más ineficaces.
En términos cuantitativos, los investigadores estiman que una retirada lenta de la medicación junto con terapia psicológica podría evitar una recaída en, aproximadamente, uno de cada cinco individuos en comparación con la interrupción abrupta o la reducción rápida.
Es importante subrayar que la evidencia disponible para los trastornos de ansiedad —incluidos el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo-compulsivo o el trastorno por estrés postraumático—, es más limitada que para la depresión, aunque las tendencias observadas son consistentes.
Apoyo psicológico: un componente clave.
Un aspecto relevante del análisis es que la protección frente a recaídas es mayor cuando la reducción de antidepresivos se combina con apoyo psicológico estructurado. Esto resulta especialmente relevante durante un proceso de retirada gradual planificado y supervisado. En cambio, la retirada lenta sin apoyo psicológico no muestra diferencias claras en prevención de recaídas frente a la interrupción abrupta.
Este hallazgo refrenda la importancia de considerar la dimensión psicológica en estos casos, tanto en el diseño de planes de deprescripción como en la atención clínica general de personas que han remitido de un episodio depresivo.
Limitaciones y retos pendientes.
Los autores del estudio reconocen ciertas limitaciones importantes. En muchos ensayos incluidos, la documentación de síntomas de abstinencia o discontinuación es escasa, a pesar de que estos fenómenos suelen representar una de las principales problemáticas a la hora de dejar los antidepresivos en la práctica clínica.
Ante la escasez de datos en la mayoría de trabajos, los autores han buscado identificar eventos adversos plausiblemente relacionados con la abstinencia. Asimismo, señalan que estos problemas son más frecuentes entre quienes continúan con antidepresivos que en quienes los han dejado rápidamente, lo que sugiere que podrían corresponder, en buena medida, a efectos secundarios del tratamiento más que a síntomas de abstinencia.
Además, las estrategias de reducción óptimas, los calendarios detallados de reducción de dosis y los tipos específicos de intervención psicológica más eficaces (duración, modalidad, formato), aún deben definirse con mayor precisión mediante ensayos futuros.
Implicaciones para la práctica clínica y las políticas sanitarias.
Los hallazgos de este metaanálisis tienen implicaciones relevantes tanto para la práctica clínica como para las políticas de salud mental:
- Las guías clínicas deberían promover una reducción individualizada y gradual de antidepresivos, evitando firmemente la interrupción abrupta o la retirada rápida (menos de cuatro semanas).
- El apoyo psicológico estructurado debe integrarse como parte del proceso de deprescripción, ya que contribuye a prevenir recaídas de manera significativa.
- Revisar periódicamente la necesidad continuada de medicación en cada persona tras la remisión de síntomas es una práctica que, según los autores, debería reforzarse a nivel clínico y en directrices sanitarias.
Una aproximación más humana y segura.
En un contexto de preocupación por la prescripción excesiva, el uso a largo plazo y la escasez de estrategias de retirada basadas en la evidencia, este estudio ofrece una perspectiva sobre cómo acompañar de forma segura a quienes desean dejar la medicación. Insiste, sobre todo, en que la retirada de antidepresivos es un proceso clínico que exige planificación, gradualidad y apoyo psicológico estructurado, no reducciones abruptas que aumenten el riesgo de recaída.
Fuente.
Zaccoletti, D., Mosconi, C., Gastaldon, C., Benedetti, L., Gottardi, C., Papola, D., … & Ostuzzi, G. (2026). Comparison of antidepressant deprescribing strategies in individuals with clinically remitted depression: a systematic review and network meta-analysis. The Lancet Psychiatry, 13(1), 24-36.
