Comunicación familiar, normas y ejemplo parental para prevenir el consumo de alcohol y vapeadores en adolescentes
23 Sep 2026

La comunicación abierta, el establecimiento de normas y límites claros, la educación para la toma de decisiones y el propio comportamiento de las personas adultas constituyen elementos fundamentales para prevenir o retrasar el consumo de alcohol y vapeadores durante la adolescencia. La prevención desde el ámbito familiar no pasa únicamente por advertir de los riesgos asociados a estas sustancias, sino también por acompañar a los hijos e hijas para que aprendan a tomar decisiones autónomas frente a la influencia del grupo, favorecer un clima de confianza en el que puedan hablar de sus experiencias y mantener una actitud coherente entre aquello que se transmite y lo que se hace.

Así lo recoge la Guía de sensibilización para familias sobre alcohol y vapeadores, elaborada por la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA), y financiada por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas del Ministerio de Sanidad. El objetivo de este documento es brindar a las familias información, recursos y estrategias para abordar estas sustancias en el hogar, evitar o retrasar su consumo y orientar la actuación familiar cuando este ya se ha iniciado. Asimismo, propone revisar la propia relación de las personas adultas con el alcohol y los vapeadores y promover acciones preventivas desde las asociaciones de familias.

La adolescencia, una etapa especialmente relevante para la prevención.

La guía parte de la elevada presencia social del alcohol y los vapeadores y de su accesibilidad para la población adolescente. En el caso del alcohol, señala factores como su arraigo cultural, la normalización de su consumo en celebraciones y espacios de ocio, su amplia disponibilidad y una percepción del riesgo inferior a la que correspondería atendiendo a sus posibles consecuencias.

En relación con los vapeadores o cigarrillos electrónicos, el documento advierte de su estética atractiva, la diversidad de sabores y formatos y su facilidad de acceso, aspectos que pueden favorecer su experimentación entre adolescentes. Algunos dispositivos, además, incorporan nicotina, sustancia altamente adictiva cuya exposición durante una etapa en la que el cerebro continúa desarrollándose puede afectar, según la guía, a la atención, el control de los impulsos y la regulación emocional, además de favorecer la dependencia.

Precisamente, el documento insiste en desmontar la percepción del vapeo como una práctica inocua. Lo que se inhala no es simplemente vapor de agua, sino un aerosol formado por partículas y sustancias químicas, algunas de las cuales pueden alcanzar profundamente los pulmones. La guía recoge problemas en las vías respiratorias, exposición a partículas finas, nicotina y otros compuestos tóxicos, así como la presencia potencial de sustancias cancerígenas en determinados líquidos y aerosoles.

En cuanto al alcohol, además de la posibilidad de desarrollar dependencia, se recuerda su relación con diferentes problemas psicológicos y alteraciones del sistema nervioso central, entre ellas, dificultades en la memoria, la toma de decisiones y el control de los impulsos. Sus consecuencias pueden extenderse también al rendimiento académico, los accidentes, las conductas violentas o determinadas situaciones sexuales de riesgo.

Foto: Magnific. Descarga: 11/09/26.
Enseñar a decidir frente a la influencia del grupo.

Uno de los aspectos a los que la guía concede mayor importancia es la educación para la toma de decisiones. Durante la adolescencia, el grupo de iguales adquiere una relevancia creciente y tanto el alcohol como los vapeadores pueden estar presentes en los espacios de socialización. La presión no tiene por qué adoptar la forma de una invitación explícita: puede aparecer a través de la imitación, del deseo de pertenecer al grupo, del miedo al rechazo o de la percepción de que consumir resulta atractivo o divertido.

Por este motivo, la prevención puede trabajarse mucho antes de que aparezca una situación concreta de consumo. Se trata de ayudar a los y las adolescentes a preguntarse qué quieren hacer realmente, valorar no solo la gratificación inmediata sino también las posibles consecuencias y aprender a mantener una decisión diferente de la del grupo sin generar necesariamente un conflicto.

Un ejemplo práctico sería aprovechar una situación cotidiana —una serie, una noticia o una conversación sobre una fiesta— para plantear: «Si tus amigos están vapeando y te ofrecen probarlo, pero tú no quieres, ¿qué podrías decir para mantener tu decisión sin sentir que tienes que justificarte?». El objetivo no sería proporcionar una respuesta prefabricada, sino ensayar estrategias de afrontamiento y favorecer la autonomía. La propia guía señala que este aprendizaje puede resultar útil cuando el o la adolescente tenga una bebida alcohólica cerca o alguien le ofrezca un vapeador.

Normas claras, razonables y coherentes.

La prevención familiar requiere también establecer límites. Estos deben ser claros, para evitar interpretaciones diferentes; razonables y adecuados a la edad y situación; y estar explicados y justificados. Es importante, además, mantener la coherencia: puede resultar tan problemático que no existan normas como que se establezcan límites que después no tienen consecuencias cuando se incumplen.

Siempre que sea posible, las consecuencias deberían conocerse de antemano, guardar relación con la norma incumplida y ser proporcionales. El documento recomienda que normas y consecuencias puedan pactarse y consensuarse entre ambas partes.

Por ejemplo, ante una salida nocturna, la conversación puede concretar previamente la hora de regreso, cómo volverá a casa, qué hacer si la persona encargada de conducir ha bebido y cómo contactar con la familia ante un problema. Establecer estas cuestiones antes de la salida permite trasladar la conversación desde una prohibición genérica hacia situaciones concretas en las que el/la adolescente tendrá que tomar decisiones.

Hablar es importante, pero escuchar también.

La guía dedica especial atención al clima de confianza familiar. Si se pretende que los hijos e hijas expliquen lo que hacen, los posibles consumos o los problemas que hayan experimentado, necesitan percibir que podrán hablar sin que la primera respuesta sea exclusivamente de juicio o recriminación. Esto no implica aprobar el consumo ni renunciar a los límites, sino mantener abierta la comunicación necesaria para orientar y acompañar.

Así, si un adolescente cuenta que ha bebido demasiado en una fiesta, respuestas como «ya te lo advertí» o «tú te lo has buscado» pueden dificultar que vuelva a pedir ayuda. La guía advierte precisamente de que sentirse duramente juzgado puede llevar a interrumpir la comunicación y ocultar posteriores dificultades relacionadas con el consumo.

Una alternativa práctica consiste en atender primero a lo sucedido —«¿qué pasó?, ¿cómo te encontraste?, ¿qué crees que hizo que acabaras bebiendo tanto?»— y abordar posteriormente las normas, las consecuencias y las estrategias para evitar que vuelva a ocurrir. De esta forma, escuchar no sustituye a la función educativa, sino que permite ejercerla con mayor conocimiento de la situación.

Hablar «en tercera persona» para facilitar conversaciones difíciles.

Entre las estrategias más concretas que propone el documento destaca hablar en tercera persona. La idea consiste en abordar situaciones de consumo sin preguntar directamente al hijo o hija por su comportamiento, utilizando como referencia lo que podría suceder a una amistad o a otra persona de su edad. Esto permite transmitir información y debatir sobre riesgos preservando, al mismo tiempo, cierta intimidad.

La propia guía ofrece un ejemplo: una madre puede partir de que su hija afirma tener claro que no quiere beber y preguntarle qué podría hacer una amiga que sí consume para evitar beber en exceso y acabar vomitando o sufriendo una intoxicación grave.

El mismo planteamiento puede trasladarse al vapeo: «Imagina que una amiga empieza a llevar siempre un vapeador con nicotina y cada vez lo utiliza más. ¿Qué señales te harían pensar que está empezando a depender de él?». De esta manera, se introduce información preventiva sin convertir necesariamente la conversación en un interrogatorio sobre la conducta personal.

El comportamiento de las personas adultas también educa.

Otro de los ejes fundamentales la familia como modelo de conducta. A medida que los niños y niñas crecen, las acciones de las personas adultas adquieren un peso creciente frente a sus palabras. Por ello, pedir que no se vapee mientras se utiliza habitualmente un cigarrillo electrónico, o advertir sobre los riesgos del alcohol mientras se mantienen conductas de consumo problemáticas, puede restar credibilidad al mensaje preventivo.

La propuesta, sin embargo, no exige presentar modelos adultos perfectos. También puede ser educativo reconocer contradicciones, asumir comportamientos inadecuados y pedir ayuda cuando sea necesario. La guía pone como ejemplo admitir responsablemente una conducta inapropiada después de haber bebido demasiado, en lugar de negarla o justificarla, o explicar desde la propia experiencia las dificultades asociadas a la dependencia de la nicotina.

¿Qué hacer si el consumo ya ha comenzado?

Cuando un hijo o una hija ya ha empezado a consumir, es recomendable evitar respuestas basadas únicamente en la dicotomía entre «consume» y «no consume» y atender a la sustancia, el contexto y las características de la persona. No implica el mismo nivel de riesgo una experimentación puntual que un consumo frecuente y en solitario, ni una situación ocasional que llevar permanentemente un dispositivo con nicotina y utilizarlo de manera continuada.

Este enfoque permite observar cambios relevantes: por ejemplo, que el vapeo haya pasado de producirse ocasionalmente con el grupo a realizarse a diario y a escondidas, o que beber haya dejado de limitarse a determinadas celebraciones y empiece a aparecer entre semana o asociado sistemáticamente a cualquier salida. La guía sostiene que lo más saludable es no consumir, pero incorpora también orientaciones dirigidas a reducir riesgos cuando el consumo se produce.

En el caso del alcohol, recomienda, entre otras cuestiones, evitar mezclar distintos tipos de bebidas, no tomar como referencia a personas con mayor tolerancia, saber detener el consumo antes de perder el control, no conducir ni subir a un vehículo conducido por alguien intoxicado y extremar la prudencia durante momentos personales difíciles.

Las AMPA, otro espacio para la prevención.

Finalmente, la guía amplía la prevención más allá del hogar y destaca el papel que pueden desempeñar las asociaciones de madres y padres de alumnado (AMPA).

También se propone incorporar de manera estable la prevención dentro del aula, combinando la participación del profesorado con profesionales expertos/as. Concretamente, la guía señala 2.º de ESO como un curso adecuado para abordar los vapeadores y 3.º o 4.º de ESO para trabajar sobre el alcohol.


Se puede acceder a la guía desde la página web de la CEAPA o bien directamente aquí.

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