Resulta imperativo adoptar un enfoque transdiagnóstico e integral en la evaluación y el tratamiento de las consecuencias del trauma, reconociendo que la respuesta al trauma raramente se limita al Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), y que la eficacia de las intervenciones exige una adaptación cultural, demográfica y de género. Esta es una de las conclusiones del extenso estudio de revisión titulado «El impacto del trauma y cómo intervenir: una revisión de la psicotraumatología en los últimos 15 años«.
El artículo, elaborado por un numeroso grupo de editores de la European Journal of Psychotraumatology, analiza en profundidad la investigación reciente sobre la exposición al trauma y sus consecuencias, así como los avances realizados en intervenciones psicológicas, farmacológicas y complementarias (tempranas).
Los autores ofrecen recomendaciones para abordar mejor la variedad de resultados negativos después del trauma, atender a personas de todas las edades, e incorporar consideraciones de sexo/género, etnicidad y contextos culturales diversos.

Foto: Freepik. Autor: Freepik. Descaraga: 24/11/25
Definición y naturaleza de la exposición al trauma.
La experiencia de eventos traumáticos es patente en las poblaciones generales de todo el mundo. Sin embargo, los autores de la revisión señalan que la definición de lo que es traumático no es necesariamente sencilla o universal. Así, la interpretación subjetiva del superviviente de una experiencia puede ser más importante que las características objetivas del evento. De esta forma, el término ‘trauma’ es utilizado de manera más amplia actualmente por investigadores y legos, incluyendo eventos adversos menos «graves».
Los sistemas de diagnóstico definen el trauma de manera diferente. El DSM-5-TR define los eventos traumáticos como la exposición a la muerte real o amenaza de muerte, lesiones graves o violencia sexual de varias maneras, incluyendo la experiencia directa, el ser testigo y/o el conocimiento de un evento violento o accidental ocurrido a familiares cercanos o amigos. La CIE-11, por su parte, define el trauma de forma general como «un evento o serie de eventos extremadamente amenazantes u horribles». Teniendo en cuenta esta variabilidad, los autores señalan que actualmente existe un debate sobre la utilidad del Criterio A del TEPT, con posiciones que van desde expandirlo hasta eliminarlo por completo.
El efecto del tiempo, el sexo/género y el curso vital en el trauma.
Uno de los aspectos recogidos en la revisión, es que los tipos de eventos traumáticos que afectan a grandes segmentos de la población cambian con el tiempo. Los autores ejemplifican esto con la pandemia de COVID-19 y el cambio climático, contextos emergentes que están asociados con experiencias traumáticas cada vez más frecuentes, como la exposición a desastres y la migración debido al clima extremo.
Respecto a los aspectos de sexo/género, los autores indican que tanto el sexo (biológico) como el género (social/cultural) influyen en las tasas de tipos específicos de eventos traumáticos. Por ejemplo, las mujeres son más propensas que los hombres a experimentar agresiones físicas y sexuales, a menudo a una edad más temprana, lo que se asocia con un riesgo condicional de TEPT más alto. Además, los miembros de comunidades sexuales o de género diversas enfrentan un riesgo desproporcionadamente mayor de violencia sexual.
En cuanto al curso de la vida, los autores observan que los niños y adolescentes reportan niveles crecientes de exposición a eventos traumáticos, y la exposición a estresores traumáticos en la infancia aumenta el riesgo de resultados sociales y/o psicológicos adversos posteriores, con efectos duraderos hasta la edad adulta. Asimismo, la exposición acumulativa a múltiples tipos de peligro o victimización en la niñez aumenta la probabilidad y gravedad de los síntomas de TEPT, lo que se ha descrito como trauma acumulativo, polivictimización o experiencias adversas en la infancia (ACEs).
Consecuencias transdiagnósticas para la salud.
En la revisión, los expertos remarcan que los eventos traumáticos pueden tener un amplio rango de consecuencias para la salud mental y física de carácter transdiagnóstico, no limitadas al Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT). A este respecto, destacan que la presentación, prevalencia y curso de los síntomas varían en función de la edad, el sexo/género y los contextos socioculturales de los individuos afectados.
Si bien el TEPT es el resultado negativo más estudiado, existe una diversidad de diagnósticos relacionados. El DSM-5-TR incluye el TEPT Disociativo (D-PTSD), y la CIE-11 incluye el Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (CPTSD), que añade tres dominios de Perturbaciones en la Autoorganización (desregulación afectiva, autoconcepto negativo y perturbación en las relaciones).
Comorbilidades
Las comorbilidades son frecuentes, añaden los autores. El Trastorno Depresivo Mayor (MDD) coexiste en tasas tan altas como el 52% con el TEPT. Los trastornos por uso de sustancias (SUD) afectan a altas tasas a los individuos con TEPT, con estimaciones de que aproximadamente uno de cada dos individuos con TEPT ha cumplido criterios para un SUD. Más del 90% de los individuos con TEPT reportan insomnio, pesadillas, o ambos. Además, el trauma puede resultar en Lesión Moral (Moral Injury), definida como la angustia psicológica profunda que surge de actuar, no actuar, o ser testigo de eventos que van en contra de las creencias personales o colectivas.
En cuanto a la salud física, la activación crónica de los sistemas neuroendocrinos y del Sistema Nervioso Central (SNC) puede conducir a problemas de salud física. El TEPT se asocia con tasas elevadas de obesidad, trastornos metabólicos (ej., diabetes tipo 2), trastornos autoinmunes (ej., lupus, artritis reumatoide) y enfermedades cardiovasculares (incluyendo infarto de miocardio e hipertensión). A este respecto, los autores sugieren que la desregulación biológica puede mediar los efectos del trauma en la salud psicológica y aumentar el riesgo de enfermedades físicas.
A nivel neurobiológico, la exposición al trauma y el TEPT se asocian con variabilidad en la reactividad neuronal, la morfología cerebral y los sistemas de neurotransmisores, solapándose con un neurocircuito central involucrado en el procesamiento de amenazas.
Metodología.
En la revisión narrativa los editores de la European Journal of Psychotraumatology revisaron los últimos 15 años de investigación en el campo de la psicotraumatología. La revisión abordó la exposición al trauma, sus consecuencias, y los desarrollos en intervenciones (tempranas) psicológicas, farmacológicas y complementarias, adoptando perspectivas de sexo/género, tendencias del curso de la vida y contextos socioculturales.
Intervenciones preventivas.
La investigación sobre la prevención del TEPT sigue siendo escasa en comparación con la de tratamiento, señalan los autores, a pesar de que las intervenciones tempranas tienen el potencial de prevenir que las reacciones agudas se intensifiquen hasta el TEPT, ya sea que se realicen en las «horas doradas» o semanas posteriores al trauma.
De acuerdo con la revisión realizada, la evidencia más sólida se encontró para la Terapia Cognitiva Conductual centrada en el trauma (TFCBT) aplicada como intervención indicada para supervivientes que muestran síntomas dentro de los primeros meses. Los autores destacan que no hay evidencia que apoye las intervenciones psicológicas universales para todos los individuos expuestos, independientemente de sus síntomas.
En el ámbito farmacológico, aún no existe una «píldora del día después» para prevenir el TEPT, indican los autores. La investigación ha fallado en demostrar la eficacia de varios compuestos psicofarmacológicos, como el propranolol y los ISRS.
Tratamiento del Trastorno de Estrés Postraumático.
Los autores enumeran varias intervenciones psicológicas basadas en la evidencia bien establecidas para el TEPT, incluyendo la EMDR, la Exposición Prolongada (PE), la Terapia de Procesamiento Cognitivo (CPT) y la Terapia Cognitiva para el TEPT. Estas terapias conducen a grandes reducciones en los síntomas de TEPT.
Los autores informan que, en el tratamiento farmacológico, los ISRS sertralina y paroxetina han sido aprobados, pero tienen efectos relativamente pequeños en comparación con las terapias enfocadas en el trauma.
Avances en el tratamiento del TEPT y comorbilidades.
Entre los avances de los últimos años, los autores resaltan el desarrollo de terapias psicológicas intensivas o masivas (como un modelo desarrollado de 8 días que combina EMDR y PE), así como el uso de la tecnología digital. En esta línea, las intervenciones digitales asistidas por terapeuta, que utilizan menos aporte del terapeuta y son accesibles de forma remota, han demostrado ser útiles para adultos con sintomatología leve a moderada. Los autores señalan que la realidad virtual también tiene un papel clave en la exposición a recordatorios de trauma.
En el tratamiento de comorbilidades, los autores indican que las intervenciones integradoras enfocadas en el trauma para TEPT/SUD son las más prometedoras. Por otro lado, los autores advierten que los trastornos del sueño son a menudo refractarios a las intervenciones centradas en el trauma y deben ser abordados directamente, puesto que su persistencia puede obstaculizar la respuesta al tratamiento del TEPT y aumentar el riesgo de recaída. De esta forma, para el insomnio y las pesadillas, que son refractarios a las intervenciones centradas en el trauma, la Terapia Cognitivo Conductual para el Insomnio (CBT-I), muestra grandes efectos en la reducción de síntomas de TEPT.
Avances metodológicos y futuros.
Los últimos 15 años han traído avances metodológicos significativos, incluyendo innovaciones en la recopilación de datos (como neuroimagen y genética), segúnse recoge en el texto. Los autores anticipan que la Inteligencia Artificial (IA) desempeñará un papel crucial en la predicción de resultados de salud mental y en la selección y personalización de las intervenciones. También resaltan la necesidad de que la investigación futura se centre cada vez más en datos robustos (muestras más grandes, estudios longitudinales, combinación de múltiples tipos de datos).
Conclusiones.
En definitiva, la idea principal del artículo se centra en la necesidad de establecer una práctica informada en la complejidad diagnóstica de las consecuencias del trauma, adoptando un enfoque transdiagnóstico, que considere las múltiples comorbilidades que pueden presentarse en las personas afectadas (y que constituyen la norma y no la excepción). Asimismo,si bien la revisión confirma la existencia de intervenciones psicológicas basadas en la evidencia, los autores señalan que se requiere la adaptación de estos tratamientos para asegurar que la atención es eficaz y equitativa para todas las poblaciones afectadas por el trauma a nivel mundial.
Fuente.
Olff, M., Hein, I., Amstadter, A. B., et al. (2025). The impact of trauma and how to intervene: A narrative review of psychotraumatology over the past 15 years. European Journal of Psychotraumatology, 16(1), 2458406. https://doi.org/10.1080/20008066.2025.2458406
