Edadismo, soledad y salud mental: el coste invisible de la discriminación por edad
19 Feb 2026

La discriminación por edad no solo limita oportunidades: puede deteriorar la salud mental, alimentar la soledad, favorecer el aislamiento social y contribuir a problemas como la ansiedad, la depresión e incluso la ideación suicida cuando se acumula a lo largo del tiempo. En un contexto social acelerado y con vínculos intergeneracionales debilitados, el edadismo emerge como un fenómeno con capacidad real de vulnerar el bienestar psicológico de las personas mayores, con efectos profundos y preocupantes.

Con el objetivo de poner el foco ante esta realidad cotidiana y, a menudo, invisibilizada, el Instituto de Mayores y Derechos Sociales (IMSERSO) impulsa el informe «Edadismo: la discriminación del siglo XXI», editado por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, a través del cual se plantea una mirada amplia y multidisciplinar sobre el edadismo, sus manifestaciones, sus consecuencias y las estrategias necesarias para combatirlo. Desde esta perspectiva, se plantea como una herramienta para profesionales, investigadores y responsables de políticas, con el propósito de avanzar hacia sociedades inclusivas para todas las edades.

El documento parte de una premisa clara: hablar de edadismo es hablar de una discriminación que se cuela en bromas, estereotipos y decisiones aparentemente cotidianas, pero que afectan a millones de personas, únicamente por su edad. Desde diferentes disciplinas, el informe explora cómo el edadismo influye en ámbitos como la salud, el trabajo, la comunicación o las relaciones intergeneracionales, y propone herramientas para comprenderlo y transformarlo, con una invitación explícita a reflexionar y actuar.

Expresiones y palabras que fomentan el edadismo
Fuente: freepik. Autor: wirestock. Descarga: 21/07/23.
Un fenómeno persistente, normalizado y universal.

De acuerdo con el informe, la longevidad de las sociedades contemporáneas ha convertido el edadismo en un eje crítico de la gerontología aplicada y de las políticas de cuidados a lo largo del curso de vida. Se trata de un término que denuncia la discriminación hacia las personas mayores y que ha sido ampliado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un constructo «ambiguo y tripartito», formado por estereotipos, prejuicios y discriminación, que puede dirigirse hacia otras personas o hacia uno mismo.  

Su persistencia se explica, en parte, porque es socialmente tolerado, escasamente sancionado y, al mismo tiempo, universal: puede afectar a cualquier persona en algún momento del ciclo vital.

Además, el impacto del edadismo no se limita a lo conceptual o lo normativo. Sus consecuencias, sostiene, son profundas: compromete la salud física y mental, limita el acceso a recursos y oportunidades y alimenta la soledad, especialmente en contextos sociales acelerados y con vínculos intergeneracionales debilitados.

Edadismo: fundamentos, factores y consecuencias.

El envejecimiento es un fenómeno que ha cambiado en comparación con épocas anteriores: la población envejece de forma más saludable y vive más años, lo que posibilita la convivencia de tres o más generaciones en un mismo periodo. Este cambio se atribuye tanto a factores externos (tecnología, medicina, recursos) como a factores personales, como la fortaleza física y psicológica. Sin embargo, pese a estos avances, sigue persistiendo una visión negativa del envejecimiento: con frecuencia se habla del grupo de personas mayores en general, como si fuera uniforme, sin considerar la diversidad y heterogeneidad de trayectorias vitales. Esa construcción arquetípica y estereotipada del envejecimiento es lo que se denomina edadismo.

El edadismo está presente a nivel global, independientemente del sexo, la raza o la etnicidad, y puede manifestarse en percepciones, formas de relación y decisiones institucionales. Se prevé que su presencia aumente en un contexto de crecimiento de la población mayor a nivel mundial.

Un elemento clave es que muchas veces no existe conciencia del trato edadista. Esta falta de consciencia contribuye a que sea un fenómeno frecuente en distintos dominios y potencialmente muy dañino, entre otras razones, porque esas creencias estereotipadas pueden ser asumidas por la propia persona mayor, conduciendo a actuar en función de lo que se espera de ella, con el riesgo de caer en una «autoprofecía cumplida».

Factores de riesgo individuales y sociales.

Para desarrollar intervenciones adecuadas y eficaces, el informe insiste en la necesidad de comprender los factores que contribuyen a su origen y persistencia. Entre los factores individuales, destaca la internalización de los estereotipos negativos en las personas mayores, que pueden generar expectativas negativas sobre su propio envejecimiento. Esto se relaciona con una satisfacción vital más baja.

Otros factores individuales señalados incluyen el miedo a la muerte, la ansiedad y el mal estado de salud física y mental. Se menciona aquí la necesidad de presentar a las personas mayores con imágenes reales y no estereotipadas, y la importancia de la calidad del contacto con personas mayores, subrayando que el contacto intergeneracional es un elemento positivo para reducir el edadismo.

En cuanto a los factores sociales, se mencionan el cambio en la percepción de las personas mayores hacia enfoques centrados en lo negativo, la tendencia social a devaluarlas como individuos «no productivos», la presencia de actitudes negativas entre profesionales (incluidos cuidadores), la presión sobre recursos sociales, la imagen transmitida por los medios de comunicación, la idea errónea de que las personas mayores son un grupo homogéneo y el incremento del edadismo a nivel global durante la pandemia de COVID-19, cuando fueron percibidas como «el grupo de riesgo por excelencia».

Consecuencias: salud, bienestar y calidad de vida.

La investigación al respecto muestra que el edadismo es preocupante a nivel mundial por sus implicaciones negativas en la salud, el bienestar y la calidad de vida. Las actitudes negativas hacia el envejecimiento incrementan el riesgo para la salud y el bienestar en la vejez, incluyendo riesgo de mortalidad, mala funcionalidad, peor recuperación tras una enfermedad y problemas de salud mental.

El informe alerta de que el edadismo presente en profesionales puede dar lugar a prácticas discriminatorias que ponen en riesgo a las personas mayores. Se mencionan actitudes negativas detectadas en médicos, estudiantes de medicina, psicólogos, estudiantes de psicología o personal de enfermería. Entre las consecuencias concretas se incluye asumir que la sintomatología depresiva es «normal» en la vejez, no aplicar determinados tratamientos o excluir a personas mayores de ensayos clínicos, lo que afecta a la calidad y cantidad de cuidados que reciben.

Además, el informe sostiene que el edadismo promueve otras formas de discriminación, como el aislamiento social derivado de la exclusión de relaciones sociales y roles con significado. Esta exclusión social, vinculada a estereotipos negativos asociados a la edad, se identifica como un estresor crónico que puede comprometer la salud.

Intervenciones: educación, contacto intergeneracional y políticas.

Dada la prevalencia de las actitudes edadistas y sus consecuencias negativas, es prioritario desarrollar intervenciones eficaces para reducirlas o eliminarlas. En este sentido, la evidencia científica muestra que la reducción del edadismo puede promover comportamientos de salud positivos, por lo que combatirlo es un componente clave para el envejecimiento saludable.

Las intervenciones contempladas incluyen actuaciones dirigidas a la formación de profesionales, acciones orientadas a la sociedad en general fomentando el contacto intergeneracional e intervenciones para el cambio de actitud, además del desarrollo de leyes y políticas institucionales. En este marco, el informe señala que las intervenciones que combinan educación y contacto intergeneracional son las que muestran mayor efecto sobre las actitudes hacia las personas mayores, con un objetivo común: fomentar el compromiso social de las personas mayores en la comunidad, intensificando el envejecimiento activo.

El texto también recoge que, en el ámbito de las leyes y políticas institucionales, el desarrollo de normas que garanticen la protección de los derechos humanos puede contribuir a sensibilizar y mostrar que el edadismo es inadmisible.

En el ámbito educativo, la educación sobre envejecimiento puede ser eficaz para cambiar actitudes en estudiantes en formación sanitaria, recomendando, además, el contacto con personas mayores para aumentar la empatía, fomentar actitudes más positivas hacia ellas y disminuir las actitudes negativas. Sin embargo, el informe advierte de que, en muchos casos, el contacto se produce durante prácticas clínicas con personas mayores muy frágiles, lo que puede incrementar el riesgo de desarrollar actitudes edadistas.

Edadismo, salud mental y soledad: una relación crítica.

Tal y como señala el informe, a menudo se habla de las personas mayores como si fueran un grupo homogéneo, cuando la edad es un dato y no debería confundirse con identidad: la identidad es un proceso en construcción, mientras que la edad es una «foto fija» que no añade cualidad ni color a la persona.

De los principales «ismos», el edadismo es el prejuicio más extendido y socialmente aceptado, y los mensajes implícitos, las creencias culturales y las imágenes transmitidas por los medios hacen difícil no incurrir en el autoedadismo (esto es, edadismo dirigido hacia uno mismo), un mecanismo inconsciente y, por ello, más difícil de combatir.

La autopercepción puede verse afectada por aprendizajes desde la infancia, por paternalismos en torno al envejecimiento o por cambios en el estado físico y la actividad social y laboral. Además, algunas personas, al llegar a edades en las que su rol cambia drásticamente, pueden convencerse de una pérdida de valor como «ser social y familiar» y perder el sentido de su vida.

Sociedad líquida, vínculos debilitados y efectos en salud mental.

De acuerdo con el informe, vivimos en una «sociedad líquida», en la que la incertidumbre por la rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos, dificultando el intercambio intergeneracional. Este contexto, sostiene, afecta a la vivencia de soledad de las personas mayores y, en cierta medida, a su salud mental.

En relación con la etapa laboral, destaca que la terminación del trabajo puede conllevar pérdida adquisitiva, desigualdades en acceso a ocio o a un servicio psicológico especializado, pérdida de rol y de relaciones personales vinculadas al trabajo, factores que pueden favorecer la aparición de soledad y afectar a la salud mental.

En este marco, se pone de manifiesto el beneficio de la convivencia intergeneracional y cómo esta podría reducir drásticamente la aparición de soledad o de depresión o cualquier otra sintomatología relacionada con la salud mental, además de mencionar repercusiones económicas vinculadas a cotización laboral y seguridad social.

Derechos humanos, edadismo y salud mental: el foco internacional.

Las conexiones entre edadismo, soledad y salud mental han sido recogidas con rotundidad por organizaciones internacionales y supranacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas, el Centro Europeo de Viena o la Unión Europea.

Según indica la OMS en su Informe Mundial sobre Edadismo (2021), el 96% de los estudios relacionados con edadismo y salud mental proporcionan evidencia de que el fenómeno incide en problemas de salud mental como la depresión. Además, señala que el edadismo acelera el deterioro cognitivo, y que tener mala salud mental y física es un factor de riesgo para el edadismo autoinfligido entre personas mayores.

Ante esto, la Organización Mundial propone iniciativas intergeneracionales orientadas a promover el contacto entre generaciones como una forma de reducir estas consecuencias, al disminuir estereotipos y prejuicios, considerándose de las más eficaces para combatir el edadismo hacia personas mayores.

Edadismo y salud mental: infradiagnóstico, discriminación y barreras de acceso.

El informe señala que, tanto el autoedadismo como el edadismo externo, pueden producir problemas de salud mental, que, a su vez, no son suficientemente abordados por profesionales de salud mental y por el sistema sanitario en diversos niveles.

En este punto, se destaca cómo el ideal social de mantener una imagen joven, junto con la interpretación de canas, arrugas u olvidos ocasionales como indicadores de declive, son aspectos que pueden ir calando en autoestima y autoconfianza.

De forma específica, los comentarios negativos y discriminatorios en Internet pueden crear un clima de exclusión, intolerancia y hostilidad, y afectar gravemente la salud mental y física de las personas mayores, contribuyendo a reforzar imágenes negativas.

La suma de todos estos falsos indicadores puede conducir a una pérdida paulatina de seguridad, y derivar en problemas de ansiedad, depresión y trastornos mayores si se mantiene en el tiempo.

Por otro lado, se pone de relieve que las dificultades que experimentan las personas mayores en la sociedad actual —por ejemplo, al acudir a una entidad bancaria, pedir un servicio o gestionar citas mediante plataformas telemáticas— pueden agravar la inseguridad, aumentar la ansiedad y contribuir a la depresión. Cuando esto se cronifica y se combina con factores como menor poder adquisitivo, dolencias, pérdida de pareja o personas cercanas, reducción del contacto familiar, falta de adherencia a tratamientos o reducción de ejercicio físico, puede llegar a aparecer incluso ideación suicida.

Las personas mayores con problemas de salud mental pueden experimentar doble o triple riesgo de estigmatización y discriminación por edad y por sus condiciones de salud mental y/o físicas o capacidades, lo que puede contribuir a su marginalización.

El edadismo como determinante social de la salud.

El informe insiste en que el edadismo afecta a dimensiones físicas, psicológicas y sociales, con un efecto comparable a otras formas de discriminación como el racismo o la homofobia, y lo considera un determinante social de la salud y la calidad de vida, insistiendo en que en el ámbito social, el edadismo puede aumentar el riesgo de aislamiento y sentimientos de soledad no deseada.

En el plano físico, el edadismo se asocia con el deterioro funcional, con trastornos crónicos, eventos médicos agudos y hospitalizaciones, así como con conductas de riesgo, como dieta no saludable, consumo excesivo de alcohol y tabaco o no respetar las prescripciones médicas.

Un problema que también es «caro».

Más allá de la dimensión ética, y de su impacto en el bienestar y en la salud física y mental, el edadismo se asocia, en algunos casos, con un mayor coste sanitario. En otras palabras, «no solo es injusto: es caro».

No obstante, cabe señalar que las soluciones existen, pero requieren voluntad política y continuidad. Entre las estrategias eficaces, destacan la educación para desmontar mitos, la formación profesional con enfoque gerontológico y el fomento del contacto intergeneracional. Estas intervenciones tienen impacto positivo, si bien aún falta evidencia longitudinal que apoye su generalización a largo plazo.


Fuente.

Martínez-Molina, A., Herranz González, R., & Parages Jiménez, L. (2025). Edadismo: la discriminación del siglo XXI. IMSERSO. Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Madrid.

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