El acoso escolar sigue siendo un desafío para la salud mental en la infancia y la adolescencia y para la convivencia escolar
30 Abr 2026
Redacción de Infocop

Este sábado, 2 de mayo, se celebra el Día Internacional Contra el Acoso Escolar, una campaña promovida por Asociaciones de padres y numerosas ONGs de todo el mundo, con el propósito de concienciar a la sociedad sobre este grave problema que afecta a niños, niñas y adolescentes en todo el mundo, y la necesidad de llevar a cabo acciones orientadas a prevenirlo y hacerle frente, para eliminarlo definitivamente de las aulas.

A nivel mundial, los datos son abrumadores. Aproximadamente, mil millones de niños, niñas y jóvenes de entre 2 y 17 años, han experimentado alguna forma de violencia en el último año, sucediendo en el ámbito educativo una parte significativa de estos casos (UNESCO, 2024).

En todo el mundo, uno de cada tres estudiantes informa haber sufrido acoso escolar durante el mes anterior y uno de cada 10 revelan haber sido acosados en su centro educativo al menos dos o tres veces al mes durante los últimos meses. Para cuando se han decidido a contarlo a una persona adulta, la gran mayoría de los/as niños/as han estado lidiando con el acoso y han tratado de ignorarlo durante mucho tiempo. Con respecto a los/as perpetradores/as, el 6% de los/as adolescentes afirman haber acosado a otros/as en el centro escolar al menos dos o tres veces al mes durante los últimos meses (UNESCO, 2024; Cosma, Molcho & Pickett, 2024).

acoso escolar
Fuente: freepik. Autoría: gpoinststudio. Descarga: 20/07/23.

Los expertos advierten del mayor riesgo que tienen determinados grupos de sufrir acoso escolar, especialmente, aquellos que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad por sus características personales, sociales o de salud. Diversos estudios han puesto de manifiesto que este riesgo es significativamente mayor en colectivos como el alumnado con discapacidad, los y las jóvenes LGTBIQ o aquellos/as con determinadas condiciones de salud o dificultades de adaptación social.

En este sentido, investigaciones internacionales señalan que los y las estudiantes con discapacidad presentan más del doble de probabilidades de sufrir violencia en el ámbito escolar en comparación con sus compañeros sin discapacidad -siendo mayor el riesgo entre el alumnado con discapacidad emocional, intelectual y de comunicación, y entre aquellos/as con discapacidades múltiples-, y que, más de un 40% de los y las jóvenes lesbianas, gais, bisexuales y trans en todo el mundo afirma haber sido objeto de burlas, insultos o amenazas en el entorno educativo debido a su orientación sexual o identidad de género, principalmente, por sus compañeros y compañeras (UNESCO, 2021; 2024).

Asimismo, otros trabajos han analizado el mayor riesgo de acoso en adolescentes con determinadas enfermedades o condiciones de salud (por ejemplo, asma), subrayando la necesidad de reforzar las estrategias de prevención e intervención en los centros educativos (Ancheta et al., 2023).

En España, el 12,3% del alumnado está sufriendo acoso escolar y/o ciberbullying o conoce algún caso

En nuestro país, concretamente, el acoso escolar o bullying constituye, hoy en día, uno de los principales problemas registrados en los centros escolares. A este respecto, según el último informe de la Fundación ANAR (2025)el 12,3% del alumnado afirma que él/ella -o un/a compañero/a- está sufriendo acoso escolar y/o ciberbullying (6,5% sufren acoso escolar presencial; 2,2% ciberbullying; y 3,6%, ambos tipos).

La prevalencia del acoso escolar es mayor entre los 11 y 12 años, y afecta por igual a chicas y chicos, si bien ellos sufren con mayor frecuencia acoso individual (66,6%). En cambio, las chicas presentan mayor vulnerabilidad en los casos mixtos de acoso presencial y online (52,9%). En cuanto a la duración, cuatro de cada diez víctimas (42,8%) sufren acoso durante meses, mientras que un 28,2% lo padece durante más de un año, lo que indica una persistencia preocupante de las situaciones de maltrato.

El acoso escolar suele realizarse en grupo -esto es, 2 o más agresores/as- (42,6%), y suele ser el formato más habitual, aunque registra un descenso respecto a años anteriores. Los agresores chicos actúan en grupo con más frecuencia (50,1%) que las chicas (35,2%).

Cobra especial relevancia aquí el rol que desempeñan los observadores, presentes en el 85% de las situaciones de acoso escolar e interviniendo sólo en el 19% de ellas. Los estudios revelan que en el 54% de los casos, los observadores refuerzan la conducta del acosador o acosadora, simplemente observando pasivamente sus agresiones (Cuevas y Marmolejo Medina, 2016).

Ciberbullying: una amenaza creciente para la salud mental y el bienestar de niños, niñas y adolescentes.

De forma específica, el ciberbullying, por su naturaleza persistente y sin límites temporales o espaciales, se viene identificando como uno de los riesgos con mayor impacto negativo, asociado a ansiedad, depresión, aislamiento social y deterioro de la autoestima (SEPCIJ, 2026).

Precisamente, ANAR alerta en su informe del aumento de los casos de ciberbullying en el último curso escolar y del uso de la inteligencia artificial (IA) para llevarlos a cabo, un incremento reportado también a nivel internacional tanto por la Organización Mundial de la Salud – con 1 de cada 10 adolescentes afirmándose haber sufrido este tipo de acoso (OMS, 2025)-, como por la Comisión Europea, que advierte de que el ciberbullying se ha consolidado como una de las amenazas más preocupantes para la seguridad, la convivencia, el bienestar y la salud mental en los entornos digitales. Por su parte, la UNESCO alerta, además, de que el alumnado con discapacidad (sobre todo, aquellos/as con discapacidad intelectual, con dificultades de aprendizaje, trastorno por déficit de atención con hiperactividad o trastorno del espectro del autismo) es más vulnerable a este tipo de acoso (UNESCO, 2021).

¿Qué consecuencias tiene el acoso escolar?

La victimización por acoso escolar se ha convertido en un grave problema de salud mental (Garaigordobil, 2023). Algunos estudios señalan la existencia de distintos patrones de victimización a lo largo del tiempo, indicando que los y las adolescentes que sufren acoso de forma persistente presentan los niveles más bajos de aceptación social y mayores niveles de rechazo e impopularidad entre sus compañeros, lo que pone de relieve la importancia de considerar las dinámicas sociales del aula en el diseño de programas de prevención del acoso y ciberacoso (Bravo, Ortega-Ruiz & Romera, 2024).

Los expertos advierten de que, en casos extremos, la victimización puede llevar al suicidio, pero incluso cuando no tiene estos efectos fatales, a menudo tiene consecuencias graves, ya que las víctimas desarrollan numerosos problemas (Garaigordobil, 2023).

En este sentido, los expertos alertan de las perniciosas consecuencias de la violencia en las aulas sobre los/as afectados/as, muchas de las cuales, persisten en la edad adulta: además de socavar la salud mental y el bienestar psicológico (cerca de un 90% desarrolla ansiedad, depresión y miedo permanente), afecta al desarrollo cognitivo, al comportamiento, a la autoestima, al aprendizaje y al rendimiento académico, a los hábitos de alimentación y de sueño, al bienestar físico, al sentido de pertenencia, desarrollo de las habilidades sociales o relacionadas (tales como, la asertividad, la empatía o la gestión de la ira o el miedo) y fomentan el absentismo y el abandono escolar. Además, estas consecuencias se dan más allá de las personas, impactando en los espectadores y en el entorno educativo en general y, en última instancia, en la sociedad en su conjunto (OMS, 2023; UNESCO, 2024; Morales et al., 2024; Fundación ANAR, 2024).

De hecho, el acoso escolar se sitúa entre los diez principales factores de riesgo mundiales asociados con los AVAD (Años de Vida Ajustados por Discapacidad) en adolescentes, ocupando el sexto lugar entre los hombres de 10 a 14 y de 15 a 19, y el quinto puesto entre las niñas de 10 a 14, subiendo en el listado al tercero en niñas de 15 a 19 (OMS, 2023).

Por su parte, los/as agresores/as también corren un mayor riesgo de sufrir inadaptación psicológica y social, así como trastornos psicopatológicos en la adolescencia y la vida adulta, en comparación con aquellos/as estudiantes que no se ven involucrados en situaciones de acoso (Garaigordobil, 2023).

El coste económico del acoso escolar es significativo: se estima que, a nivel mundial, la violencia en las escuelas y sus alrededores genera alrededor de 11 billones de dólares estadounidenses en pérdidas de ingresos a lo largo de la vida (UNESCO, 2024).

La detección temprana es clave.

Todo lo anterior pone de manifiesto la trascendencia de emprender acciones para la detección, la prevención y la intervención eficaz, orientadas a erradicar esta grave conducta de las aulas (Gizzarelli et al., 2023; Garaigordobil, 2023).

Concretamente, la detección temprana es trascendental en aras de reconducir el curso del acoso escolar y evitar consecuencias irreversibles o muy profundas, tanto en la víctima como en su perpetrador o perpetradores. A este respecto, familias y educadores/as desempeñan un papel clave a la hora de detectar posibles factores de riesgo y señales de advertencia, algunas de las cuales, recogemos en los siguientes apartados.

Señales de alerta que pueden indicar que un/a menor está siendo víctima de acoso.

Según indican los expertos, existen múltiples señales relacionadas con su capacidad para desenvolverse tanto en el centro educativo como en casa, y que podrían indicar que un niño, una niña o un/a adolescente está siendo víctima de acoso escolar. Si estos síntomas persisten con el tiempo, recomienda buscar apoyo profesional en salud mental (por ejemplo, un/a psicólogo/a) (NASP, 2019):

  • Lesiones inexplicables.
  • Pérdida o destrucción de posesiones o bienes (por ejemplo, joyas, ropa, libros o productos electrónicos)
  • Dolores de cabeza o enfermedades frecuentes: estos dolores de cabeza o enfermedades pueden fingirse para evitar determinadas situaciones, como acudir al colegio.
  • Cambios inexplicables en los hábitos alimenticios (p. ej., atracones, alimentación restringida o tener un hambre inusual por saltarse el almuerzo).
  • Dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormido, o aumento de pesadillas que interrumpen el sueño.
  • Mayor frecuencia de ausencias escolares.
  • Bajas calificaciones escolares o pérdida de interés en el desempeño escolar.
  • Pérdida repentina e inexplicable de amigos/as.
  • Evitan con frecuencia las situaciones sociales.
  • Sentimientos de impotencia o baja autoestima.
  • Comportamientos autodestructivos que incluyen diálogo interno negativo, comportamientos autolesivos, huir de casa o hablar sobre el suicidio.

Señales de advertencia de que un/a menor podría estar perpetrando acoso escolar.

Además de las víctimas del acoso, los/as agresores/as también necesitan apoyo, tanto por las situaciones que pueden estar viviendo y que los lleva a comportarse de este modo, como por las múltiples consecuencias negativas de su conducta (por ejemplo, un aumento de comportamientos violentos y delictivos y la internalización de los síntomas). Si muchos de los siguientes signos o síntomas persisten con el tiempo, los expertos señalan la necesidad de buscar apoyo profesional de salud mental (por ejemplo, un/a psicólogo/a) (NASP, 2019):

  • Estar involucrado/a con frecuencia en altercados físicos o peleas verbales.
  • Tener amigos que están involucrados en el acoso.
  • Volverse cada vez más agresivo/a.
  • Meterse en problemas en la escuela con frecuencia o recibir castigos o sanciones disciplinarias en Dirección.
  • No poder explicar el dinero extra o las pertenencias nuevas.
  • Culpar con frecuencia a otras personas por los problemas en los que están involucrados/as.
  • No aceptar la responsabilidad por sus acciones.
  • Ser demasiado competitivo/a o preocuparse por su reputación o popularidad.

Fuente: freepik. Descarga: 16/03/26.
La importancia de la prevención del acoso escolar desde la comunidad educativa.

La prevención del acoso escolar desde los centros educativos es crucial para garantizar el bienestar psicológico del alumnado, promover su éxito académico, desarrollar habilidades sociales, crear un clima escolar positivo y fomentar valores fundamentales. En definitiva, la prevención del acoso escolar ayuda a crear un entorno seguro y positivo en el que los estudiantes se sienten protegidos y pueden concentrarse en su aprendizaje (NASP, 2019).

Los centros educativos tienen «la responsabilidad ética y legal» de prevenir el acoso de cualquier tipo, garantizando un enfoque educativo integral que incorpore los principios de la educación inclusiva, fomente y transmita el respeto a la diversidad, y tenga en cuenta las necesidades de los niños y niñas más vulnerables a sufrir acoso (Rossen & Cowan, 2012; UNESCO, 2021)

Para que la prevención del acoso escolar en estos contextos sea eficaz, es esencial considerar una variedad de factores contribuyentes y facilitar la participación activa de las familias y la comunidad. Sensibilizar y concienciar sobre este grave problema es crucial. Entre las medidas para la mejora de los entornos escolares, los expertos destacan el facilitar la disponibilidad y accesibilidad de personal de apoyo educativo especializado en el centro escolar, que cuente con formación y capacitación en la creación de escuelas seguras (entre ellos, psicólogos educativos).

Sensibilización, educación en valores, tolerancia cero y enfoque restaurativo frente al acoso escolar.

Entre las actuaciones preventivas, es fundamental desarrollar acciones dirigidas a mejorar la información sobre el acoso escolar y el ciberacoso y a impulsar la sensibilización en el centro escolar sobre la tolerancia cero hacia cualquier forma de agresión, fomentando la empatía emocional y concienciando a los y las menores sobre las consecuencias negativas de la violencia, especialmente, de aquellas que se consideran «menores», como insultos, motes, difusión de rumores, exclusión social, etc. (Estévez & Cañas, 2023)

Asimismo, es relevante que todas las medidas que se lleven a cabo, impliquen a todo el centro educativo como comunidad, tengan siempre un carácter restaurativo y de protección, involucren a todos/as los/as niños/as, y respecten el interés superior del o la menor, incluido el del agresor o agresora menor de edad.

El rol fundamental del/de la psicólogo/a educativo/a en la prevención y abordaje del acoso escolar.

Las relaciones y las experiencias que viven los niños, niñas y adolescentes en sus entornos sociales más inmediatos como la familia y la escuela son clave para su desarrollo psicológico, emocional, cognitivo y social, siendo el centro educativo un escenario fundamental, al ser, además del familiar, el lugar donde pasan la mayor parte de su tiempo aprendiendo e interactuando con otros iguales y profesorado (Estévez & Cañas, 2023).

La NASP recomienda iniciar una intervención temprana, llevada a cabo por un/a psicólogo/a educativo en el mismo contexto escolar, que enseñe a los/as estudiantes las habilidades sociales y emocionales que requieren para prevenir conductas posteriores de acoso y les ayuden a sentar las bases para que establezcan relaciones sociales saludables. Cuando se dé un caso de acoso, el/la psicólogo/a educativo/a puede desarrollar intervenciones orientadas a eliminar las conductas intimidatorias y reemplazarlas por comportamientos positivos y prosociales, orientando a padres -tanto de los perpetradores como de las víctimas- para ofrecerles recursos eficaces y estrategias para manejar el problema (Rossen & Cowan, 2012).

Para poder dar una respuesta inmediata y eficaz a las necesidades y demandas que puedan surgir en este sentido, es esencial incorporar psicólogos/as educativos/as en los centros escolares, una medida por la que vienen abogando en los últimos años, numerosos expertos/as y organizaciones -entre ellas, el Consejo General de la Psicología-, así como el alumnado y sus familias (Morales et al., 2024).

¿Por qué es necesario incorporar psicólogos educativos en los centros escolares?

Como bien define la Asociación estadounidense, los psicólogos educativos son profesionales con una formación única para ayudar a los/as niños/as y jóvenes a tener éxito académico, social, conductual y emocional. Colaboran con educadores, padres y otros/as profesionales para crear entornos de aprendizaje seguros, saludables y de apoyo, y poseen los conocimientos y habilidades necesarios para evaluar y orientar, así como para apoyar las conductas positivas y otras técnicas de intervención escolar necesarias para la prevención y eliminación del comportamiento de acoso (Rossen & Cowan, 2012; Garaigordobil, 2023; .

Con su amplia comprensión de los sistemas escolares, su conocimiento sobre el desarrollo y el comportamiento de los/as estudiantes, así como su formación en salud mental, los psicólogos educativos ofrecen una perspectiva única. Como resultado, pueden ayudar a diseñar procedimientos disciplinarios apropiados, identificar estudiantes y factores de toda la escuela que pueden contribuir a la conducta de acoso, facilitar el establecimiento de sistemas de apoyo para los/as estudiantes, diseñar métodos para enseñar comportamientos prosociales y brindar recomendaciones para dar respuesta eficaz a los incidentes de acoso.


Se pueden consultar las referencias aquí.

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