La infertilidad se acompaña de una elevada carga de síntomas psicológicos, con prevalencias significativas de ansiedad, depresión e incluso riesgo suicida. Esta afectación de la salud mental no solo impacta en el bienestar de las y los pacientes, sino que constituye un factor decisivo en la interrupción de los tratamientos de reproducción asistida. Aunque los estudios han demostrado que las intervenciones psicológicas reducen el malestar psicológico y emocional y mejoran las tasas de embarazo, aún son escasas las investigaciones que evalúan de manera directa su impacto en la continuidad de los tratamientos.
Así lo afirma un estudio publicado en la revista Human Reproduction, cuyo objetivo es revisar la prevalencia de los síntomas psicológicos en la infertilidad, su impacto en la continuidad de los tratamientos de reproducción asistida y el papel de las intervenciones psicológicas en la reducción del malestar psicológico y en la mejora de los resultados reproductivos.

Prevalencia de síntomas psicológicos en la infertilidad.
El estudio revisa múltiples investigaciones que documentan la intensidad de los síntomas psicológicos en individuos y parejas que experimentan infertilidad. Datos como los de una cohorte longitudinal de 2016 que mostraba cómo un 56,5% de las mujeres y un 32,1% de los hombres en tratamiento se encontraban en rangos clínicos de depresión, mientras que el 75,9% de las mujeres y el 60,6% de los hombres presentaban niveles clínicos de ansiedad (Pasch et al., 2016).
La revisión también recoge datos de carácter global: un metaanálisis de 2022, que incluyó a 124.556 mujeres en todo el mundo encontró una asociación significativa entre infertilidad y malestar psicológico y entre infertilidad y depresión (Nik Hazlina et al., 2022). A su vez, un estudio transversal en China identificó que un 25,2% de las mujeres en tratamiento presentaba ansiedad y un 31,3% depresión, señalando factores de riesgo como la mala calidad del sueño, síntomas somáticos severos, edad superior a 35 años y nivel educativo elevado (Wang et al., 2023).
Otros trabajos ponen de relieve la gravedad de este sufrimiento. Holley et al. (2015) determinaron que un 39,1% de las mujeres sometidas a fecundación in vitro (FIV) y un 15,3% de sus parejas masculinas cumplían criterios de depresión mayor. Las revisiones sistemáticas indican prevalencias conjuntas de depresión del 28% en países de altos ingresos y del 44% en países de ingresos medios o bajos, mientras que la ansiedad oscila entre un 25% y un 54%, respectivamente.
Especialmente alarmantes son los datos relativos al suicidio: un estudio danés con más de 51.000 mujeres reveló que el riesgo de suicidio se duplicaba en aquellas sin hijos tras experimentar infertilidad (Kjaer et al., 2011). Otros análisis estiman tasas de ideación o intento suicida del 9-10% en mujeres con infertilidad, mientras que en Reino Unido se informó que hasta un 40% de mujeres en tratamiento había tenido pensamientos autolesivos.
¿Qué factores influyen en la discontinuación de los tratamientos de reproducción asistida?
Los autores del estudio destacan que el abandono de los tratamientos de infertilidad no se explica únicamente por motivos médicos. Diversas investigaciones coinciden en que los factores psicológicos son determinantes en la decisión de interrumpir la terapia.
Según el análisis, hay grandes grupos de predictores: psicológicos, de accesibilidad al tratamiento y demográficos/personales. Entre los primeros, el estrés ocupa un lugar central. Algunos estudios apuntan a la pérdida de esperanza de éxito y a la carga psicológica como las principales razones del abandono de tratamiento. Igualmente, investigaciones más recientes han relacionado el abandono con factores como la falta de apoyo social, la duración prolongada de la infertilidad, la edad avanzada y la presencia de depresión.
Eficacia de las intervenciones psicológicas en el malestar psicológico y emocional.
La literatura revisada documenta ampliamente la eficacia de las intervenciones psicológicas en la reducción del malestar asociado a la infertilidad. En particular, la terapia cognitivo-conductual (TCC) y las intervenciones mente-cuerpo (esto es, programas estructurados que combinan técnicas de manejo del estrés con prácticas de relajación y atención plena), se asocian con mejoras significativas en los síntomas de ansiedad y depresión, así como con aumentos en las tasas de embarazo y con mejoras en la calidad de vida.
No obstante, los autores subrayan que, aunque hay abundante evidencia sobre la eficacia de estas intervenciones para disminuir el malestar y favorecer el embarazo, aún es necesario identificar los métodos más eficaces, el momento idóneo de la intervención y los formatos más beneficiosos.
Intervenciones psicológicas y continuidad del tratamiento.
El aspecto menos estudiado es la influencia de las intervenciones psicológicas en la continuidad de los tratamientos de fertilidad. Hasta la fecha, existen pocos ensayos clínicos aleatorizados que lo aborden directamente.
Algunos estudios preliminares ofrecen resultados prometedores, destacando los beneficios de ofrecer técnicas de afrontamiento y relajación a mujeres en su primer ciclo de FIV, entre ellos, reducir en un 67% la discontinuación del tratamiento durante 12 meses y mejorar significativamente la ansiedad y calidad de vida. Otros señalan el papel clave que puede desempeñar el remitir un correo electrónico compasivo a pacientes que no regresan tras la primera consulta, en la probabilidad de retorno al tratamiento
En conjunto, la revisión indica que las intervenciones más estructuradas, focalizadas y sostenidas en el tiempo tienen el mayor potencial para mejorar la retención de pacientes, aunque la falta de investigaciones específicas obliga a considerar estos hallazgos como preliminares.
Conclusiones.
Los autores destacan que la infertilidad genera una carga psicológica muy elevada, con prevalencias alarmantes de ansiedad, depresión e ideación suicida. Esto impacta directamente en la decisión de interrumpir los tratamientos de fertilidad, incluso entre quienes cuentan con cobertura aseguradora.
Las intervenciones psicológicas han mostrado eficacia para reducir el malestar y mejorar las tasas de embarazo, y aunque los estudios sobre su influencia en la continuidad de los tratamientos son aún escasos, la evidencia preliminar apunta a un papel positivo. El desafío para la investigación futura consiste en determinar cómo, cuándo y en qué formato estas intervenciones pueden implementarse para lograr un efecto sostenido en la retención de los pacientes.
Fuente.
Awtrey, S., & Domar, A.D. (2025). Patient distress and its negative impact on treatment continuation: do psychological interventions have a significant impact?, Human Reproduction, 40 (10), pp. 1824–1828, https://doi.org/10.1093/humrep/deaf162
