El duelo prolongado puede alterar los circuitos cerebrales de recompensa, apego y regulación emocional
07 Jul 2026

En algunas personas, el dolor por la pérdida de un ser querido no disminuye con el paso del tiempo, sino que se mantiene con una intensidad elevada y llega a interferir en su vida cotidiana. La evidencia recogida apunta a que este tipo de duelo persistente podría estar relacionado con alteraciones en los sistemas cerebrales implicados en el apego, la recompensa, la motivación y la regulación emocional, de modo que el cerebro podría seguir respondiendo como si la persona fallecida aún pudiera estar presente.

Cuando el duelo no sigue su curso habitual.

Así lo recoge un artículo publicado por National Geographic, centrado en el trastorno por duelo prolongado (prolonged grief disorder). Este diagnóstico fue incorporado al DSM-5-TR en 2022 y describe una forma de duelo que no se atenúa con el tiempo y que dificulta la adaptación a la pérdida.

El artículo recuerda que el duelo puede acompañarse de dolor intenso, ira, incredulidad o embotamiento emocional. Sin embargo, en la mayoría de las personas estas reacciones van cambiando progresivamente. En el trastorno por duelo prolongado, por el contrario, la persona permanece “atascada” en la pérdida, con un anhelo persistente por quien ha fallecido y una gran dificultad para aceptar la realidad de la muerte.

mujer mirando por la ventana en su dormitorio recordando a su pareja
Fuente: Imagen generada por ChatGPT. Descarga: 11/05/26
Cuando el cerebro sigue esperando a la persona fallecida.

Según los expertos citados en la publicación, una de las claves del trastorno podría encontrarse en los sistemas cerebrales de recompensa y apego. Regiones como la corteza orbitofrontal, el estriado y el núcleo accumbens, vinculadas a la motivación y la recompensa, parecen mantenerse activas ante recuerdos de la persona fallecida.

Esta respuesta sugiere que, en el trastorno por duelo prolongado, el cerebro podría seguir funcionando como si el ser querido aún fuera “alcanzable”. A diferencia de lo que ocurre en otras formas de duelo, los recuerdos no activarían únicamente áreas relacionadas con la memoria y la emoción, sino también circuitos asociados a la expectativa de recompensa.

Factores de riesgo y consecuencias para la salud.

El artículo señala que se estima que alrededor del 4% de las personas desarrolla trastorno por duelo prolongado tras una pérdida. Aunque los investigadores continúan estudiando por qué afecta a unas personas y no a otras, se observa con más frecuencia cuando la muerte es repentina o violenta, así como tras el fallecimiento de un hijo o de la pareja.

También se mencionan otros factores asociados, como antecedentes de depresión, haber experimentado múltiples pérdidas, carecer de apoyo social o haber mantenido una relación de dependencia emocional con la persona fallecida. En estos casos, la pérdida puede resultar especialmente difícil de integrar en la vida diaria.

Impacto emocional, físico y social.

El trastorno por duelo prolongado no afecta únicamente al bienestar psicológico. Según National Geographic, puede coexistir con depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático, y se ha relacionado también con un mayor riesgo de consumo problemático de sustancias.

Además, el duelo prolongado podría mantener al organismo en una respuesta de estrés sostenida. Esta activación prolongada puede repercutir en el sueño, el sistema cardiovascular y el sistema inmunitario, así como favorecer procesos de inflamación crónica de bajo grado con posibles efectos sobre la salud física.

Una intervención específica para el duelo prolongado.

En cuanto al abordaje terapéutico, el artículo señala que este trastorno no suele responder de la misma manera que la depresión a tratamientos como los antidepresivos o la psicoterapia interpersonal. La intervención específica mencionada es la terapia para el duelo prolongado, estructurada en 16 sesiones.

Este tratamiento trabaja distintos hitos de recuperación, como comprender y aceptar el duelo, imaginar un futuro posible, fortalecer las relaciones, narrar la historia de la muerte, afrontar recordatorios de la pérdida y conectar con los recuerdos de la persona fallecida. Según recoge la publicación, alrededor del 70% de los/as pacientes mejoran tras esta terapia.

El reconocimiento del trastorno por duelo prolongado como diagnóstico formal permite avanzar en su detección y tratamiento. Tal y como subraya el artículo, identificar esta condición no implica patologizar el duelo normal, sino reconocer aquellos casos en los que el sufrimiento persiste, se cronifica y requiere una intervención específica.


El artículo completo se puede encontrar aquí.

Noticias Relacionadas

Noticias

PSICOLOGÍA EN RED


LOS COLEGIOS HABLAN

MÁS NOTICIAS

Noticias Relacionadas

Noticias