La sexualización del cuerpo de las mujeres continúa presente en la publicidad de alimentos y restauración. Junto a ella, persisten estereotipos que vinculan a las mujeres con la delgadez, las dietas y el control del peso. Estos mensajes aparecen en diferentes soportes y pueden alcanzar también a niñas, niños y adolescentes, contribuyendo a normalizar representaciones desiguales desde edades tempranas.
Así lo advierte el Observatorio de la Imagen de las Mujeres (OIM), del Instituto de las Mujeres, dependiente del Ministerio de Igualdad, en la radiografía Anatomía de un mensaje cosificador. Sector alimentación y restauración. Cuando el cuerpo de las mujeres se convierte en el envase del producto. El documento analiza las representaciones detectadas mediante la actividad de observación del OIM y las quejas ciudadanas recibidas durante 2025 y 2026.
Sexualización, cosificación y estereotipos de género.
Según los datos recogidos, el 6,58% de las reclamaciones por publicidad sexista registradas durante 2025 y 2026 corresponde a anuncios del sector alimentario. Entre las quejas relativas a este sector, el 31% se refiere a anuncios que sexualizan el cuerpo de las mujeres. Estos las presentan como objetos sexuales o muestran su cuerpo, o partes de este, para captar la atención sin relación con el producto.
Además, un 11% de las quejas hace referencia al uso del cuerpo femenino como reclamo visual, aunque no necesariamente sexual. Otro 10% está relacionado con la reproducción de estereotipos de género. El OIM identifica prácticas como primeros planos de determinadas partes del cuerpo, poses sugerentes, dobles sentidos sexuales o asociaciones entre consumo y disponibilidad sexual femenina.
Estas estrategias aparecen en publicidad de hamburguesas, pizzas, helados, bebidas, productos de panadería y otros alimentos. También se observan en soportes muy diversos, como redes sociales, mobiliario urbano, envases, carteles y contenidos audiovisuales.
Publicidad, control del peso e imagen de las mujeres.
La radiografía señala otro patrón relacionado con la alimentación y la apariencia física. Algunas empresas orientan de forma desproporcionada hacia las mujeres la publicidad de productos “light”, “0%”, bajos en calorías o destinados al adelgazamiento. Según el OIM, esta estrategia refuerza el estereotipo de que deben restringir su alimentación para ajustarse a un determinado ideal estético.
El tratamiento contrasta con el observado en otros productos dirigidos a hombres, cuya publicidad suele asociarse con el placer, la energía, el rendimiento o el disfrute. El documento concluye que estas diferencias mantienen una representación desigual en función del sexo y relacionan la identidad femenina con la apariencia física y la delgadez.

El impacto de la exposición a estos mensajes.
El OIM advierte de que la reiteración de estas representaciones en espacios cotidianos contribuye a reforzar estereotipos sexistas y modelos culturales discriminatorios. Una cuestión relevante es que estos contenidos no se limitan al público adulto, sino que también pueden llegar a niñas, niños y adolescentes.
Para abordar estas implicaciones, la publicación recoge investigaciones previas sobre género y publicidad alimentaria. Entre ellas, cita estudios que han encontrado una menor diversidad corporal entre las mujeres representadas en anuncios de alimentos ultraprocesados. También recoge trabajos que analizan la utilización publicitaria de cuerpos femeninos delgados y en posiciones sensuales.
El documento subraya que el problema no reside en representar el cuerpo, sino en utilizarlo de manera instrumental y desigual. Esto ocurre cuando las mujeres son reducidas a objetos sexualizados, aparecen en posiciones subordinadas o se reproducen expectativas de género discriminatorias.
Hacia una publicidad libre de estereotipos.
Además de sus consecuencias sociales, el informe recoge datos que muestran que los estereotipos pueden resultar contraproducentes para las propias marcas. Una investigación de 2022 sobre la Generación Z encontró que los estereotipos sexistas hostiles reducían significativamente la intención de compra. Los anuncios eran percibidos por las personas jóvenes como ofensivos y poco éticos.
Por su parte, el estudio The Commercial Impact of Inclusive Advertising, citado por el OIM, encontró mejores resultados entre las campañas consideradas más inclusivas. De media, obtuvieron un 16,3% más de ventas a largo plazo y un 3,5% más a corto plazo. También registraron un 33% más de consideración de compra y un 62% más de probabilidades de ser elegidas como primera opción.
Ante estos resultados, el OIM insta a las empresas de alimentación y restauración a revisar sus estrategias publicitarias. Asimismo, reclama promover una publicidad responsable, fomentar pautas de consumo libres de estereotipos y reforzar los mecanismos de control. También plantea impulsar una alfabetización mediática crítica que permita identificar y cuestionar estos mensajes.
Fuente.
Observatorio de la Imagen de las Mujeres (OIM). Anatomía de un mensaje cosificador. Sector alimentación y restauración. Cuando el cuerpo de las mujeres se convierte en el envase del producto. Instituto de las Mujeres, Ministerio de Igualdad.
