La experiencia emocional en el trabajo es más compleja de lo que tradicionalmente se ha considerado, mostrando que las personas no solo experimentan emociones positivas o negativas de forma general, sino una amplia variedad de emociones específicas que varían en frecuencia e intensidad en función de los eventos cotidianos. Entre ellas, la felicidad destaca claramente como la emoción más frecuente e intensa en el entorno laboral, mientras que otras como el miedo o el asco aparecen con menor frecuencia, aunque pueden alcanzar niveles elevados de intensidad. Asimismo, los acontecimientos que ocurren en el trabajo —especialmente aquellos que son más relevantes, novedosos o disruptivos— desempeñan un papel clave en la aparición de estas emociones, modulando tanto su intensidad como su naturaleza.
Así lo afirma un estudio publicado en la revista Journal of Work and Organizational Psychology, cuyo objetivo es analizar cómo surgen seis emociones básicas (alegría, enfado, miedo, asco, tristeza y sorpresa) en el trabajo diario, examinando su frecuencia e intensidad, así como el papel de las características de los eventos laborales —en particular, su valencia (positiva o negativa) y su intensidad— en la generación de dichas emociones, además de identificar qué tipos de acontecimientos tienden a desencadenar cada una de ellas.

Predominio de emociones positivas y papel clave de la intensidad de los eventos laborales en la experiencia emocional.
El trabajo se basa en una muestra de 102 empleados que aportaron un total de 1.499 registros diarios mediante un diseño longitudinal intensivo, en el que describían eventos laborales relevantes y evaluaban su impacto emocional. Los resultados ponen de manifiesto que la felicidad fue la emoción experimentada con mayor frecuencia, apareciendo en el 67,57% de los registros, y también la más intensa, con una media de intensidad de 6,22 en una escala de 0 a 10. Por el contrario, emociones como el asco (20,81%) y el miedo (26,61%) fueron las menos frecuentes, y también mostraron niveles de intensidad más bajos (2,71 y 3,08 respectivamente en valores ajustados).
Junto a la felicidad, la sorpresa también presentó una elevada frecuencia (54,10%), lo que refuerza la idea de que los eventos inesperados o novedosos forman parte habitual de la experiencia laboral. En cambio, emociones negativas como el enfado (39,89%) y la tristeza (32,15%) aparecieron con una frecuencia intermedia y con intensidades moderadas (4,89 y 3,90 respectivamente en valores ajustados), lo que indica que, aunque menos predominantes, tienen una presencia relevante en el día a día laboral.
Uno de los hallazgos centrales del estudio es el papel determinante de las características de los eventos en la generación de emociones. En concreto, la interacción entre la valencia del evento (positiva o negativa) y su intensidad (definida por su relevancia, novedad y capacidad disruptiva) predijo todas las emociones analizadas, con la excepción del miedo. Así, los eventos positivos y de alta intensidad se asociaron especialmente con la felicidad, mientras que los eventos negativos y de alta intensidad se vincularon con emociones como el enfado, el asco o la tristeza.
El miedo como emoción independiente y la diversidad de situaciones laborales que configuran la experiencia emocional cotidiana.
En el caso del miedo, los resultados muestran un patrón diferente: esta emoción estuvo determinada principalmente por la intensidad del evento, sin que la valencia tuviera un efecto significativo. Es decir, los eventos más fuertes o impactantes tendían a generar miedo independientemente de que fueran evaluados como positivos o negativos.
El análisis también permite identificar con mayor precisión qué tipos de situaciones laborales desencadenan cada emoción. Así, la consecución de objetivos, el reconocimiento o las relaciones positivas en el trabajo se asocian con la felicidad; las percepciones de injusticia, los conflictos interpersonales o los comportamientos poco profesionales generan enfado; las situaciones de discriminación, hipocresía o abuso provocan asco; las pérdidas, frustraciones o expectativas no cumplidas se relacionan con la tristeza; y los eventos inesperados o novedosos desencadenan sorpresa. Por su parte, el miedo aparece vinculado a situaciones de amenaza, inseguridad o riesgo.
Otro aspecto relevante es que las emociones no se producen de forma aislada, sino que pueden aparecer de manera conjunta. De hecho, el estudio observa correlaciones positivas entre distintas emociones negativas —como enfado, tristeza y asco—, lo que indica que determinados eventos pueden generar simultáneamente varias respuestas emocionales.
Diferencias de género limitadas y complejidad de la dinámica emocional en el entorno laboral.
En cuanto al papel del género, los resultados muestran efectos limitados. Aunque no se observaron diferencias relevantes en la intensidad de la mayoría de las emociones, sí se detectaron algunas variaciones en su frecuencia: los hombres reportaron con mayor frecuencia felicidad y sorpresa, mientras que las mujeres informaron más frecuentemente de asco. Asimismo, se observaron efectos moderadores del género en la relación entre eventos negativos y emociones como la tristeza y la sorpresa.
En conjunto, los hallazgos evidencian que la vida emocional en el trabajo no puede entenderse únicamente en términos de emociones positivas y negativas, sino que responde a una dinámica más rica y compleja, en la que los eventos cotidianos desempeñan un papel central. Tal y como señalan los autores, estos resultados contribuyen a mejorar la comprensión teórica de las emociones en el ámbito laboral y subrayan la importancia de gestionar los acontecimientos del entorno de trabajo para favorecer experiencias emocionales positivas y reducir el impacto de aquellas de carácter negativo.
Fuente.
Navarro, J., Rueff-Lopes, R., & Otero, M. (2026). It’s not Just business: Frequency and intensity of basic emotions at work and triggered events. Journal of Work and Organizational Psychology, 42, Article e260769. https://doi.org/10.5093/jwop2026a1
