El uso excesivo de pantallas en la infancia se asocia con más problemas de conducta
29 Abr 2026

El uso excesivo de pantallas en la infancia guarda una relación significativa con la aparición de conductas externalizantes, como la hiperactividad y los problemas de conducta, mientras que las conductas internalizantes, relacionadas con síntomas psicológicos y emocionales, parecen estar más vinculadas al uso de dispositivos antes de dormir que al tiempo global de exposición.

Así lo afirma un nuevo estudio publicado en la Revista de Psicología y Educación, y llevado a cabo por los investigadores del Departamento de Psicología, Facultad de Educación, Universidad de Castilla-La Mancha, María del Carmen García-Jordá, Llanos Merín y Jorge J. Ricarte, con el fin de analizar el impacto del uso de pantallas en estudiantes de Educación Primaria, centrándose en conductas externalizantes e internalizantes.

Estos hallazgos, obtenidos en una muestra de escolares españoles de entre 6 y 12 años, alertan sobre la necesidad de regular los hábitos digitales en la infancia para prevenir consecuencias negativas en el desarrollo psicológico y social de los menores.

uso de pantallas en la infancia
Fuente: freepik. Diseño: freepik. Fecha: 01/10/25
La expansión del tiempo de pantallas en la infancia.

En las últimas décadas, las Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación (TRIC) han transformado radicalmente la vida de niños y adolescentes, quienes utilizan dispositivos como televisores, móviles, tabletas y ordenadores no solo para el ocio, sino también para socializar y aprender. Aunque estas herramientas ofrecen ventajas indiscutibles —desde el acceso rápido a la información hasta nuevas formas de interacción—, la literatura científica también advierte de sus riesgos. El exceso de tiempo frente a las pantallas se ha vinculado con problemas de salud física (sedentarismo, obesidad, alteraciones visuales) y psicológica (ansiedad, depresión, adicciones, aislamiento social).

Organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomiendan limitar el tiempo de exposición a un máximo de 1,5 a 2 horas diarias en la etapa escolar, evitando el uso en momentos clave como las comidas, el estudio o antes de dormir. Sin embargo, los estudios epidemiológicos muestran que una parte significativa de la población infantil excede con creces estas recomendaciones, especialmente, tras la pandemia de COVID-19, cuando la educación a distancia y el confinamiento incrementaron aún más la dependencia digital.

Conductas externalizantes e internalizantes.

El estudio diferencia dos tipos de manifestaciones conductuales:

  • Conductas externalizantes, caracterizadas por hiperactividad, impulsividad y problemas de conducta, que se expresan hacia el exterior.
  • Conductas internalizantes, que incluyen retraimiento, ansiedad, síntomas emocionales y dificultades en las relaciones con los iguales, de carácter más interno y menos visible

Investigaciones previas apuntan a que el uso de pantallas puede influir en ambos tipos de conductas a través de mecanismos como la alteración de la regulación emocional, el desplazamiento de actividades esenciales (juego físico, interacción social, sueño) o la exposición a contenidos inadecuados. El presente trabajo aporta evidencia específica en escolares españoles, centrando su análisis en la franja de 6 a 12 años.

Metodología: 153 escolares de primaria.

La investigación ha contado con una muestra de 153 estudiantes de Educación Primaria (50,3% niños y 49,7% niñas), con edades entre 6,4 y 12,2 años. Para evaluar el uso de pantallas, se ha diseñado un cuestionario ad hoc basado en estudios previos y en la información aportada por familias y docentes.

Las conductas externalizantes e internalizantes se han medido mediante el Cuestionario de Cualidades y Dificultades (SDQ) en su versión para profesores, instrumento ampliamente validado en población infantil. Los análisis estadísticos incluyen correlaciones de Pearson, comparaciones de medias y regresiones lineales

Resultados principales: pantallas y problemas de conducta.

Los resultados revelan que el uso excesivo de pantallas se asocia con un mayor nivel de problemas externalizantes, en especial, hiperactividad y problemas de conducta. El tiempo de pantalla durante los días escolares constituye un predictor significativo de ambas dimensiones, explicando entre un 10% y un 12% de la varianza. En cambio, las conductas internalizantes no muestran un vínculo tan directo con el tiempo global de exposición, aunque el uso de dispositivos antes de dormir sí se relaciona con un aumento de los síntomas psicológicos y emocionales y una reducción de las conductas prosociales.

En términos descriptivos, el estudio señala que los escolares pasan, aproximadamente, una hora y media al día frente a pantallas durante la semana, más de dos horas en fines de semana y casi tres horas y media diarias en vacaciones. Además, un 64,7% utiliza dispositivos antes de dormir, con una media de media hora diaria en este horario crítico.

Diferencias según el cumplimiento de las recomendaciones.

Uno de los hallazgos más relevantes es que los niños y las niñas que no cumplen con las recomendaciones sanitarias de limitar el uso de pantallas a menos de dos horas diarias presentan significativamente más problemas externalizantes que aquellos que sí las respetan. La diferencia es especialmente clara en las subescalas de hiperactividad y conducta disruptiva. En el caso de las conductas internalizantes, las diferencias son menores y solo se aprecian efectos significativos en los síntomas emocionales.

Discusión: pantallas, sueño y regulación emocional.

El análisis de los autores sugiere que las conductas externalizantes se ven más afectadas por los estímulos inmediatos y recompensas rápidas que proporcionan las pantallas, dificultando la autorregulación de la conducta y favoreciendo impulsividad y comportamientos disruptivos. En cambio, las conductas internalizantes parecen estar mediadas por otros factores, como la calidad del sueño. El uso de pantallas antes de dormir interfiere en la conciliación del sueño y en los ritmos circadianos, lo que repercute en síntomas de ansiedad, tristeza o problemas de relación con los iguales.

Los investigadores destacan también la relación negativa entre uso de pantallas antes de dormir y conductas prosociales (empatía, cooperación, ayuda a otros), lo que apunta a que el tiempo digital puede estar desplazando interacciones sociales esenciales para el aprendizaje socioemocional.

Limitaciones y futuras líneas de investigación.

Los autores advierten de varias limitaciones:

  • La muestra no presenta una diversidad sociodemográfica suficiente, lo que limita la generalización de los resultados.
  • El tiempo de pantallas se ha medido a través de autoinforme de los propios escolares, susceptible a sesgos.
  • El diseño transversal no permite establecer relaciones causales.
  • Solo se ha utilizado la versión para docentes del SDQ, lo que puede reducir la detección de síntomas internalizantes menos visibles en el contexto escolar.

Por todo ello, sugieren realizar estudios longitudinales y con múltiples informantes (padres, niños, profesorado), además de desarrollar cuestionarios estandarizados para evaluar con mayor precisión los hábitos digitales en población escolar.

Implicaciones educativas y preventivas.

Pese a sus limitaciones, este estudio aporta evidencia sólida de que el tiempo de pantallas en exceso tiene efectos más marcados sobre los problemas conductuales que sobre los psicológicos y emocionales en la infancia. Por ello, los autores insisten en la necesidad de:

  • Diseñar programas de educación digital responsable en las escuelas.
  • Promover la supervisión parental activa, no solo limitando tiempo, sino dialogando sobre contenidos y compartiendo experiencias digitales.
  • Fomentar actividades alternativas como el deporte, el juego al aire libre y la interacción en entornos naturales, que se han mostrado como factores protectores frente a la ansiedad y el estrés.
  • Concienciar a las familias sobre el impacto del uso de pantallas en horarios sensibles como antes de dormir.
Conclusión: el reto no es eliminar las pantallas, sino regular su presencia en la vida de los y las menores.

La investigación de García-Jordá, Merín y Ricarte demuestra que el uso de pantallas en la infancia no es un fenómeno neutro. Si bien la tecnología forma parte inevitable de la vida diaria, su uso excesivo se asocia con un aumento de conductas externalizantes en la edad escolar y con la aparición de síntomas emocionales cuando se utilizan dispositivos antes de dormir. El reto, señalan los autores, no es eliminar las pantallas, sino regular su presencia en la vida de los/as menores y equilibrarla con actividades saludables y socializadoras, garantizando un desarrollo más pleno y un mejor bienestar psicológico en la infancia.


Se puede acceder al estudio completo desde la página web de la revista de Psicología y Educación (Vol. 20. N.º 2 Julio, 2025), o bien directamente aquí:

García-Jordá, M. C., Merín, L., y Ricarte, J. J. (2025). Influencia del tiempo de pantallas en conductas externalizantes e internalizantes en niños de 6-12 años. Revista de Psicología y Educación, 20(2), 89-98. https://doi.org/10.70478/rpye.2025.20.09

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