Elevar la edad legal para beber reduce el consumo en adolescentes, con efectos positivos sobre su bienestar psicológico
14 Jul 2026

Retrasar el acceso legal al alcohol reduce significativamente su consumo en adolescentes, observándose una mejora en su rendimiento académico, así como efectos positivos sobre su bienestar psicológico y su salud mental, detectados a través de una reducción en el uso de ansiolíticos e hipnosedantes (psicofármacos asociados a ansiedad e insomnio). Estas consecuencias inciden directamente sobre patrones de consumo y no sobre otros hábitos como socialización, deporte o uso de Internet.

Estas son algunas de las conclusiones de un estudio publicado en la revista Journal of Health Economics y llevado a cabo por investigadores del Departamento de Economía de la Universidad of Warwick (Reino Unido) y del Departamento de Economía y Centro Jacobs para el Desarrollo Productivo de la Juventud en la Universidad de Zúrich (Suiza) con el objetivo de analizar el impacto de elevar la edad mínima legal para beber de los 16 a los 18 años, sobre el consumo de alcohol, la salud mental y el rendimiento académico de los adolescentes, a partir de la implementación gradual de esta medida en distintas regiones españolas entre 2003 y 2019.

El estudio aporta nueva evidencia sobre los efectos directos de elevar la edad mínima legal para beber analizando la variación de las diferentes reformas implementadas en distintas regiones, y evaluando cómo los cambios afectan al consumo de alcohol, a otros comportamientos relacionados y a los resultados educativos de los jóvenes. Para ello, emplean tres grandes fuentes de información: la Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES), las evaluaciones educativas del PISA y microdatos del Censo de Población y Viviendas de 2021 del Instituto Nacional de Estadística (INE), que permiten analizar el nivel educativo alcanzado por las distintas cohortes en la vida adulta.

edad legal para beber
Fuente: freepik. Descarga: 24/11/25
Un contexto de consumo elevado y efectos documentados sobre el neurodesarrollo.

Según señalan los investigadores, son numerosos los estudios que indican cómo el cerebro adolescente es especialmente vulnerable al alcohol. El consumo está asociado a efectos neurológicos que incluyen disminución del volumen de sustancia gris, reducción de la integridad de la sustancia blanca, alteraciones en la memoria y en el procesamiento ejecutivo, así como un aumento de comportamientos relacionados con la ansiedad y un empeoramiento de aspectos relevantes de la salud mental. Diversos trabajos han documentado también un vínculo entre consumo adolescente y mayor riesgo de conductas graves, incluyendo el suicidio, aunque este estudio no analiza esta última dimensión de forma directa.

En este contexto, los autores del presente estudio subrayan que el alcohol puede reducir el tiempo y la energía disponibles para el estudio, pero también que la adolescencia constituye un periodo crítico tanto para el desarrollo cognitivo como para la formación de preferencias, lo cual hace especialmente relevante analizar el impacto de una política como la de elevar la edad mínima legal para beber.

Niveles de consumo y consecuencias.

En España, el estudio encuentra que el consumo adolescente ha sido muy elevado en los años analizados. Según los datos extraídos de la Encuesta Estatal sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES), entre los jóvenes de 14 a 17 años:

  • 60% había consumido alcohol en los últimos 30 días.
  • 34% había realizado binge drinking.
  • 24% se había emborrachado.
  • 19% había experimentado pérdidas de memoria del día anterior.
  • 15% había tenido dificultades para concentrarse en clase tras beber.
  • 33% había sufrido resaca.

Asimismo, el 50% declaraba que la mayoría de sus amigos/as había consumido alcohol el último mes y el 22% reconocía haberse emborrachado, dato consistente con la elevada prevalencia del consumo entre iguales.

En relación con la salud mental, la encuesta recoge el uso de ansiolíticos e hipnosedantes, empleados por un 5% de los adolescentes el último mes y un 10% durante el último año, y utilizados para mejorar el sueño, manejar la ansiedad o «sentirse mejor». Estas sustancias incluyen tranquilizantes y medicamentos para tratar el insomnio.

Efectos directos de elevar la edad legal de consumo de alcohol.

Al analizar el cambio progresivo en las regiones que elevaron la edad legal de consumo a 18 años (Castilla y León en 2007, Galicia en 2011, Asturias en 2015 y Baleares en 2019), los autores observan reducciones claras en el acceso y consumo.

Los y las adolescentes informaron de menor facilidad para obtener alcohol, con una caída del 11% en la percepción de facilidad de acceso, acompañada de disminuciones importantes en la compra directa (−12 puntos porcentuales) y en el consumo en bares (−5 puntos porcentuales). Paralelamente, aumentó la obtención de alcohol a través de adultos, reflejando estrategias alternativas para eludir la restricción.

En términos de consumo, la probabilidad de beber en los últimos 30 días se redujo en un 7%, la de emborracharse en un 17% y la de realizar binge drinking en un 14%. También disminuyó el número de días de consumo, de borracheras y de episodios de binge drinking. El retraso en la edad de inicio —1,3 meses más tarde para empezar a beber y 1,6 meses para la primera borrachera—, sugiere un efecto sostenido en las cohortes afectadas.

El análisis de los comportamientos de los amigos ofrece evidencia complementaria: la percepción de que la mayoría de los compañeros bebe cayó un 8%, y la de que se emborrachan un 17%.

Impacto en la salud mental: descenso en el uso de ansiolíticos e hipnosedantes.

El estudio documenta que la reforma produjo una reducción del uso de ansiolíticos e hipnosedantes, en un 7% en el último mes y un 10% en el último año. Dado que estos medicamentos se utilizan principalmente para la ansiedad e insomnio, los autores interpretan este resultado como consistente con una mejora en la dimensión de bienestar psicológico. El trabajo menciona que la literatura identifica una relación bidireccional entre consumo de alcohol y ansiedad, lo que, en su opinión, refuerza la coherencia de este hallazgo.

Un efecto significativo sobre el rendimiento académico.

En las puntuaciones del PISA, los autores detectan una mejora en el rendimiento académico. Los efectos son particularmente visibles en lectura y ciencias. Se verificó que no hubo cambios en otros factores educativos —como ratios, recursos o tiempo de instrucción— que pudieran explicar estos resultados. Según señalan, ello sugiere un efecto directo de la reducción del consumo de alcohol sobre el rendimiento académico.

También se analizaron datos del Censo de 2021. Aunque no se detectaron cambios significativos en la finalización de la educación secundaria, sí se observó un incremento marginalmente significativo en la probabilidad de asistir a la universidad, con un aumento de 2,1 puntos porcentuales.

Conclusión.

El estudio muestra que elevar la edad mínima legal para beber de los 16 a los 18 años tiene efectos concretos y medibles sobre el consumo adolescente, la salud mental y el rendimiento académico. En España, donde las reformas se aplicaron de manera escalonada por regiones, los autores documentan reducciones sustanciales en consumo, binge drinking, episodios de embriaguez y uso de ansiolíticos e hipnosedantes, junto con mejoras en los resultados de PISA.

Estas conclusiones se inscriben en un patrón coherente con la evidencia médica previa sobre los efectos neurológicos del alcohol en la adolescencia y su relación con la ansiedad, el insomnio y el empeoramiento de la salud mental.

Para los autores, este trabajo aporta así evidencia empírica sólida sobre el potencial de las políticas de restricción del acceso al alcohol como instrumento para mejorar el bienestar y las oportunidades educativas de los jóvenes.


Fuente.

Bagues, M., & Villa, C. (2025). Minimum legal drinking age and educational outcomes. Journal of Health Economics, 104, 103078. https://doi.org/10.1016/j.jhealeco.2025.103078

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