Guía de actuación ante conductas suicidas en estudiantado
16 Feb 2026

El suicidio es una solución definitiva a un sufrimiento intolerable al que la persona no ve solución. La persona que piensa en el suicidio considera que no hay metas vitales por las que merezca la pena seguir adelante, se siente desesperanzada y una carga para los demás y puede sentirse desconectada psicológicamente de la vida y de los demás (de su grupo de amigos, de su familia, etc.). Así lo advierte la Universitat de València en su guía de actuación ante conductas suicidas en estudiantado, un documento dirigido a los y las profesionales de la enseñanza como agentes de prevención del suicidio.

Tal y como señala en su texto, el suicidio y la conducta suicida representan uno de los principales problemas de salud pública, suponiendo la muerte de alrededor de 720.000 personas cada año, según estima la OMS.

El suicidio constituye, además, una de las principales causas de muerte en jóvenes a nivel mundial, situándose como la cuarta causa de defunción entre personas de 15 a 29 años en 2021. Aunque en algunas regiones las tasas han disminuido, en otras se han mantenido elevadas o incluso han aumentado en determinados grupos de población, poniendo de manifiesto la necesidad de estrategias preventivas adaptadas a cada contexto.

Fuente: freepik. Autor: rawpixel.com. Descarga: 10/12/25

Asimismo, datos sobre ideación suicida en estudiantes universitarios de 12 países sitúan la prevalencia en un 29%, y en un 7% los intentos de suicidio (Eskin et al., 2016). En España, alrededor del 8,4% y del 9,9% del estudiantado universitario refiere haber tenido ideación suicida en los últimos 3 a 12 meses (Blasco et al., 2019; Pérez et al., 2023). Por cada suicidio se producen 20 intentos, que suponen, a su vez, un elevado nivel de sufrimiento para las personas allegadas. Además, diversos estudios han señalado que los intentos de suicidio previos constituyen el principal factor de riesgo para el suicidio.

Teniendo en cuenta estos datos, como bien lo indica la OMS, la prevención del suicidio es «un imperativo global». En línea con el compromiso de los Estados Miembros, en el marco del Plan de Acción sobre Salud Mental 2013-2030, de trabajar para reducir en una tercera parte la tasa de suicidios para 2030, la Universitat de València ha publicado esta guía.

Estrategias en el contexto universitario.

El documento reúne diversas propuestas que forman parte de los planes de prevención del suicidio dentro y fuera del ámbito universitario, como hablar sobre el suicidio mediante conferencias, incluir formaciones específicas para estudiantado y personal laboral, incorporar módulos sobre conducta suicida en grados y másteres, fomentar TFG, TFM y tesis sobre esta temática, realizar estudios de cribado en población universitaria, apoyar proyectos de investigación y promover talleres sobre salud mental. También señala la importancia de formar a personas clave para la identificación de señales de riesgo (gatekeepers) y de crear observatorios de conducta suicida.

La Universitat de València, que acoge cerca de 50.000 estudiantes, muchos de ellos, en la franja de mayor riesgo, recoge en esta guía sus diferentes estrategias preventivas con el propósito de ofrecer pautas de actuación ante casos de estudiantado que manifiesta conductas suicidas.

Conceptos fundamentales: de la ideación a los intentos.

La guía detalla que la conducta suicida abarca diversas manifestaciones de diferente gravedad. Entre ellas, se incluyen:

  • Ideación suicida pasiva, como pensamientos vagos de desaparecer o no vivir.
  • Ideación suicida activa, donde la persona piensa explícitamente en quitarse la vida.
  • Planes de suicidio, que pueden ser cognitivos (pensar en cómo hacerlo sin reunir medios) o conductuales (haber adquirido los medios o asegurado la accesibilidad a ellos).
  • Intentos de suicidio, independientemente de la letalidad del método o de si se interrumpió por la propia persona o por terceros.
Factores de riesgo y protección.

El documento distingue múltiples factores de riesgo, entre ellos, la presencia de trastornos mentales como depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar, trastornos de ansiedad, trastornos de personalidad o abuso de sustancias; el sexo y la edad; el aislamiento social; sentirse una carga; antecedentes familiares de suicidio; trauma, abuso o acoso escolar; impulsividad; problemas económicos; enfermedad física o descanso inadecuado.

Por el contrario, entre los factores de protección se encuentran: disponer de metas vitales, contar con redes sociales de apoyo, el sentido de pertenencia, una personalidad resiliente, tener habilidades para afrontar problemas, ocio gratificante en adolescentes y religiosidad o espiritualidad.

Mitos sobre el suicidio.

La guía desmonta mitos comunes, como la creencia de que preguntar por el suicidio incita a cometerlo. Lejos de ello, hablar del tema puede ser una oportunidad para pedir ayuda y reducir el estigma. También aclara que no solo se suicidan personas con trastornos mentales graves, que el suicidio sí puede prevenirse y que no se debe restar importancia a verbalizaciones que mencionan ideas de muerte.

Señales de alerta.

El documento enumera una serie de señales de alerta verbales -como comentarios negativos sobre uno mismo, expresiones de desesperanza, verbalizaciones relacionadas con la muerte o despedidas sutiles-, y señales no verbales -por ej., cambios abruptos de conducta, consumo repentino de sustancias, descenso en el rendimiento académico, aislamiento, regalar pertenencias u organizar asuntos pendientes, etc.-

Cómo actuar.

La guía detalla las pautas de actuación ante conductas suicidas, subrayando la necesidad de valorar si existe riesgo inminente y, en caso afirmativo, aplicar el Protocolo de Gestión de Incidencias en personas con Potenciales Problemas de Salud Mental (ACGUV 202/2022). Se especifican pasos como garantizar la seguridad de quienes intervienen, llamar al 112 si la conducta ocurre presencialmente y contactar con el Centro de Control. También se incluyen orientaciones sobre cómo proceder cuando la persona acepta o rechaza ayuda, y qué hacer en situaciones donde no se está en disposición de prestarla.

Recursos disponibles.

La guía enumera una serie de recursos propios de la Universitat de València (como el Servicio de Información y Dinamización, UVdiscapacidad, la Clínica de Psicología, el Departamento de Seguridad o el Gabinete de Salud), así como recursos externos, entre ellos, la Línea 024, la Cruz Roja, el Teléfono de la Esperanza, de la Fundación Ayuda y Esperanza, la Fundación ANAR, asociaciones como Sendas o Papageno, así como los servicios de emergencias y los centros de salud y urgencias hospitalarias.

Qué podemos y qué no debemos hacer.

Se incluye también un apartado dedicado a qué preguntas realizar para explorar el riesgo, cómo valorar la temporalidad y concreción de las ideas suicidas, así como recomendaciones para mantener la calma, evitar interrupciones y favorecer un ambiente de seguridad y confianza. Asimismo, advierte de lo que no se debe hacer, como por ej., ignorar señales de alerta, dejar sola a la persona si el riesgo es alto, mostrar sorpresa o reacciones extremas, asumir que ya está en tratamiento, vulnerar la confidencialidad sin motivo o silenciar el hecho.

Postvención.

Finalmente, la guía aborda la importancia de la postvención, señalando que evitar hablar del suicidio puede impedir la elaboración emocional del suceso y aumentar la ansiedad y los rumores. Ofrecer espacios seguros para la expresión de sentimientos permite corregir ideas erróneas y facilita la detección de otros posibles casos en riesgo, reduciendo el peligro de contagio suicida.


Se puede descargar desde la página web de la Universitat de València o bien directamente aquí.

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