Un entorno seguro es un espacio libre de violencia donde las actividades y las relaciones se desarrollan en un ambiente de buen trato, respetando en todo momento los derechos de la infancia y adolescencia y promoviendo un ambiente que protege su desarrollo integral (físico, psicológico y social). Los entornos seguros deben garantizarse en todos los ámbitos en los que se desenvuelve un niño, niña o adolescente, así como la familia, los centros de educación formal, los de atención sanitaria, o los ámbitos de educación no formal, entre ellos los deportivos, de ocio y digitales. Así lo afirma el Instituto Universitario de la Familia en una guía a través de la cual se pretende orientar a los/as educadores/as, trabajadores/as y voluntarios/as de las entidades de educación no formal en la protección de los niños, las niñas y los/as adolescentes, frente a posibles situaciones de violencia que se generen dentro y fuera de ellas, con adultos o entre iguales, recogiendo una serie de recomendaciones para que los y las menores vivan en entornos seguros y libres de violencia, una prioridad recogida en la Ley Orgánica de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia (LOPIVI). |
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A lo largo de sus páginas, el documento aborda la importancia y necesidad de crear entornos seguros en la infancia, dado el impacto psicológico, físico y social de la violencia en los y las menores, indicando quienes son las figuras responsables en la creación de estos entornos y los aspectos a tener en cuenta (prestando especial atención a los y las menores que presentan mayor vulnerabilidad personal y a aquellos/as que viven en situación de mayor riesgo psicológico y social), así como qué protocolos de actuación deben seguirse para la prevención, detección precoz e intervención frente a posibles situaciones de violencia sobre la infancia y la adolescencia. Se puede acceder al documento directamente a través del siguiente enlace: | ||||
El malestar psicológico aumenta entre la población infanto-juvenil, según la OCDE
La salud mental de niños, niñas, adolescentes y jóvenes se ha deteriorado de forma sostenida durante la última década en la mayoría de los países de la OCDE. Los datos disponibles muestran un aumento de los síntomas de ansiedad, depresión y malestar psicológico (…)

