Interacciones de orden superior: comprender la conducta humana colectiva
30 Mar 2026

Durante décadas, buena parte de la psicología social y de las ciencias del comportamiento han generado modelos de las relaciones humanas como vínculos entre pares: una persona influye sobre otra, un emisor se comunica con un receptor, un individuo coopera —o no— con otro. Sin embargo, un artículo publicado recientemente en Nature Human Behaviour (Battiston et Al., 2025) propone que esta mirada resulta insuficiente para comprender cómo se organiza y se expresa gran parte del comportamiento humano colectivo.

La vida social real está atravesada, señalan los autores del artículo, por interacciones grupales: equipos de trabajo, familias, aulas, comunidades, audiencias, comités o redes informales de amigos y amigas. Reducir estos escenarios a la suma de relaciones diádicas puede ocultar mecanismos psicológicos clave que solo emergen cuando las personas interactúan simultáneamente en grupo.

Qué son las interacciones de orden superior.

El artículo introduce el concepto de interacciones de orden superior, que describe situaciones en las que más de dos individuos interactúan al mismo tiempo. Para representarlas, los autores proponen abandonar los modelos clásicos de redes basadas en pares y utilizar estructuras matemáticas más generales, como los hipergrafos, que permiten modelar grupos completos como una sola unidad de interacción.

Foto: Freep!k. Autoría: freep!k.com. Descarga. 15/01/2026.

Desde una perspectiva psicológica, señalan, esta distinción es crucial: un triángulo social no siempre representa tres relaciones independientes, sino que puede corresponder a una sola interacción grupal, con normas, dinámicas y efectos propios. Esta diferencia, explican los autores, tiene consecuencias directas para la interpretación de fenómenos como la presión social, la formación de normas, la cooperación o la toma de decisiones colectivas.

Evidencia empírica: colaboración y contacto social.

A partir de grandes conjuntos de datos digitales, el artículo muestra que las interacciones grupales no son excepcionales, sino estructurales. En redes de colaboración científica, por ejemplo, los equipos estables de varios autores o autoras aparecen repetidamente a lo largo del tiempo, lo que sugiere que el grupo —y no solo el individuo— es una unidad psicológica y social relevante.

Del mismo modo, los estudios de contacto cara a cara analizados en el artículo muestran que las personas tienden a reunirse en grupos recurrentes, que se forman, se disuelven y se reconfiguran gradualmente. Estos patrones temporales no pueden explicarse, asegura, adecuadamente mediante relaciones uno a uno, y mostrarían que la memoria social, la identidad grupal y la estabilidad de los vínculos operan a nivel colectivo.

Implicaciones para las teorías del contagio social.

Una conclusión relevante de este artículo es que hace un análisis sobre el contagio social. A diferencia del contagio biológico, donde basta el contacto entre dos individuos, la difusión de ideas, normas o comportamientos suele requerir exposición simultánea a varias personas.

Según los autores, los modelos basados en interacciones de orden superior muestran que los grupos pueden ejercer una presión social adicional, produciendo cambios abruptos en la adopción colectiva de comportamientos. Desde la psicología, esto reforzaría la noción de masa crítica y ayudaría a explicar por qué algunas intervenciones sociales fracasan mientras otras generan cambios rápidos y generalizados.

Cooperación, moralidad y conducta prosocial.

El enfoque de interacciones grupales también permite avanzar en la comprensión de la cooperación humana, uno de los grandes temas de la psicología social y evolutiva. El artículo muestra que muchos dilemas sociales solo pueden modelarse adecuadamente cuando se considera que los beneficios y costes dependen de la composición del grupo, y no solo de decisiones individuales aisladas.

Asimismo, los autores subrayan que conductas morales como la honestidad, la confianza o el castigo altruista suelen darse en contextos grupales. La psicología experimental, sin embargo, ha estudiado mayoritariamente estos fenómenos en interacciones diádicas, lo que abre una brecha entre los modelos experimentales y la realidad social.

Aplicabilidad: hacia una psicología más realista.

Para los y las profesionales de la psicología, este enfoque tiene implicaciones claras. En investigación, invita a diseñar estudios y experimentos que incorporen explícitamente la estructura grupal de las interacciones. En contextos aplicados —como organizaciones, educación, salud o intervención comunitaria— sugiere que las estrategias centradas únicamente en individuos pueden ser menos eficaces que aquellas que actúan sobre dinámicas de grupo.

Conocer y comprender las interacciones de orden superior permite interpretar mejor fenómenos como la polarización, la resistencia al cambio, la desigualdad social o la difusión de comportamientos saludables, alineando los modelos psicológicos con la complejidad real de la vida social.

Conclusión: Hacia modelos psicológicos más realistas y socialmente relevantes.

El artículo publicado en Nature Human Behaviour plantea un cambio de paradigma: para entender el comportamiento humano colectivo, no basta con sumar individuos. Las interacciones grupales poseen propiedades propias que moldean la conducta, la moralidad y la cooperación. Para la psicología, asumir este desafío implica avanzar hacia modelos más integradores, realistas y socialmente relevantes.


Fuente.

Battiston, F., Capraro, V., Karimi, F., Lehmann, S., Migliano, A. B., Sadekar, O., Sánchez, A., & Perc, M. (2025). Higher-order interactions shape collective human behaviour. Nature Human Behaviour, 9, 2441–2457. https://doi.org/10.1038/s41562-025-02373-5

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