Más de 70 organizaciones del ámbito de la salud mental, entre ellas asociaciones profesionales como la British Psychological Society (BPS), entidades de psicoterapia, organizaciones de pacientes, expertos académicos y responsables políticos británicos, se han unido para reclamar al Instituto Nacional de la Excelencia para la Salud y la Atención del Reino Unido (National Institute for Health and Care Excellence, NICE) que lleve a cabo una revisión “urgente, integral y completa” de sus directrices clínicas sobre trastorno de ansiedad generalizada y trastorno de pánico en adultos, unas recomendaciones que determinan cómo se presta el tratamiento psicológico de la ansiedad dentro del Servicio de Salud británico y que, según denuncian los impulsores de la campaña, permanecen prácticamente sin cambios desde hace más de una década.
La campaña, impulsada por el UK Council for Psychotherapy (UKCP), sostiene que las actuales guías NICE están desactualizadas, contienen contradicciones clínicas y metodológicas, limitan gravemente la capacidad de elección terapéutica de los y las pacientes y no responden adecuadamente a las necesidades actuales de las personas con problemas de ansiedad, especialmente, aquellas pertenecientes a colectivos vulnerables y marginados.
La iniciativa cuenta con el respaldo de organizaciones tan relevantes como Mind, Mental Health UK, Rethink Mental Illness, la British Association for Counselling and Psychotherapy (BACP), el Centre for Mental Health, la Association of Child Psychotherapists, entre otras muchas, además de numerosos expertos e investigadores en salud mental.

La presión sobre el Instituto Nacional de la Excelencia para la Salud y la Atención del Reino Unido no procede únicamente del ámbito profesional. Un grupo multipartidista de parlamentarios británicos también ha remitido una carta oficial al presidente de NICE, Jonathan Benger, expresando su “profunda preocupación” por las actuales directrices y solicitando una revisión urgente y exhaustiva de las mismas.
La campaña se desarrolla en un momento de fuerte incremento de los problemas de ansiedad y de creciente presión sobre los servicios públicos de salud mental a nivel mundial y, concretamente, en Reino Unido. Según el documento de posición conjunta elaborado por la coalición, un informe publicado por la Mental Health Foundation en 2023 reveló que el 60% de las personas adultas había experimentado ansiedad que interfería en su vida cotidiana durante un período de dos semanas.
Asimismo, el programa de Terapias de conversación para la ansiedad y la depresión del Servicio Nacional de Salud británico (NHS Talking Therapies), (conocido anteriormente como Mejora del acceso a las terapias psicológicas [IAPT, Improving Access to Psychological Therapies services]), registró en 2022-2023 un total de 498.650 demandas de atención relacionadas con ansiedad o trastornos vinculados al estrés. De ellas, 253.649 correspondían específicamente a trastorno de ansiedad generalizada y 35.122 a cuadros mixtos de ansiedad y depresión.
A pesar de este aumento sostenido de la demanda asistencial, las organizaciones denuncian que el NICE no ha realizado una actualización sustancial de la guía desde su publicación inicial en 2011. El resumen ejecutivo de la campaña subraya que, aunque se han llevado a cabo revisiones periódicas de vigilancia, “todavía no ha habido una actualización significativa” de las recomendaciones clínicas.
Además, los impulsores de la iniciativa sostienen que el Instituto Nacional de la Excelencia para la Salud y la Atención del Reino Unido mantiene el criterio de que la guía solo debe revisarse cuando exista “nueva evidencia susceptible de modificar las recomendaciones”, una postura que consideran difícilmente justificable teniendo en cuenta los avances producidos en el ámbito de la salud mental durante la última década.
La propia Sociedad Británica de Psicología ha respaldado públicamente la campaña y ha advertido de las consecuencias que puede tener mantener unas directrices clínicas obsoletas en un contexto de creciente prevalencia de problemas de ansiedad.
En este sentido, ha manifestado que el impacto psicológico de estos problemas “nunca debería subestimarse”, más aún, teniendo en cuenta que quienes sufren ansiedad, a menudo, afrontan también depresión, estrés crónico y aislamiento social.
Con el número de derivaciones por ansiedad “aumentando año tras año”, ha subrayado la relevancia de que las directrices estén tan actualizadas como sea posible, dado que los marcos desfasados y una selección limitada de opciones terapéuticas podrían tener un impacto perjudicial de gran alcance sobre los y las pacientes, los servicios y el personal laboral de salud mental que presta la atención, siendo fundamental “hacer todo lo posible para garantizar que quienes buscan apoyo tengan la mejor oportunidad posible”.
Precisamente, uno de los principales argumentos de la campaña es que las actuales directrices NICE sobre ansiedad han quedado claramente rezagadas respecto a otras guías clínicas más recientes del propio organismo, especialmente la guía NICE sobre depresión en adultos, actualizada en 2022 tras un amplio proceso de revisión y consulta pública.
Según explican las organizaciones firmantes, la actualización de la guía sobre depresión introdujo cambios importantes, entre ellos, la sustitución del enfoque escalonado tradicional por un modelo más flexible y centrado en la elección terapéutica y la toma compartida de decisiones, así como la ampliación significativa de las terapias psicológicas recomendadas.
Sin embargo, la guía sobre ansiedad continúa sustentándose en un modelo mucho más restrictivo y contiene contradicciones importantes respecto a la guía de depresión. Uno de los ejemplos más relevantes señalados por la coalición afecta al tratamiento de la ansiedad y la depresión cuando ambas aparecen simultáneamente.
Mientras la guía NICE sobre depresión recomienda que, cuando una persona presenta ansiedad y depresión comórbidas, se considere tratar primero el trastorno de ansiedad, la guía NICE sobre ansiedad establece que debe abordarse primero el problema más grave.
Las organizaciones consideran que esta discrepancia genera confusión clínica, precisamente, en dos de los problemas de salud mental más frecuentes dentro del programa Talking Therapies y dificulta la toma de decisiones de los profesionales sanitarios.
A ello se suma el hecho de que la guía NICE sobre ansiedad continúa utilizando referencias diagnósticas basadas exclusivamente en el DSM-IV, publicado en 1994, sin incluir ni el DSM-5 ni la clasificación CIE-11, ya incorporados en otras recomendaciones más recientes del propio NICE.
El documento de posicionamiento señala, además, que el NICE sí utiliza actualmente la CIE-11 en otros recursos clínicos relacionados con ansiedad, lo que, según la coalición, hace todavía más difícil justificar su ausencia dentro de la guía oficial.
Las organizaciones reclaman, asimismo, que la futura guía incorpore herramientas clínicas claras y accesibles para los y las profesionales, incluyendo resúmenes visuales y sistemas de apoyo a la toma de decisiones similares a los ya incluidos en la guía NICE sobre depresión.
Otro de los grandes bloques de críticas se refiere a las desigualdades en el acceso a la atención psicológica. La campaña denuncia que las actuales directrices NICE apenas contienen recomendaciones específicas sobre las barreras que afrontan las poblaciones marginadas y otros grupos de difícil acceso.
Según recoge el documento, las referencias a dificultades lingüísticas o culturales son “breves e insuficientes” y no incluyen orientaciones prácticas para garantizar una atención culturalmente competente ni para reducir las desigualdades en el acceso a los tratamientos psicológicos.
La coalición subraya que los peores resultados en salud mental suelen concentrarse, precisamente, en estos colectivos vulnerables y advierte de que unas directrices que ignoran dichas barreras pueden contribuir a perpetuar las desigualdades existentes.
A este respecto, recuerda que son múltiples los estudios que identifican factores como el estigma, la falta de competencia cultural de algunos profesionales, la percepción de inaccesibilidad de los servicios y las dificultades idiomáticas como barreras relevantes para las personas racializadas que intentan acceder a atención psicológica.
De hecho, los firmantes consideran especialmente preocupante que la guía NICE sobre depresión sí incluya actualmente apartados específicos sobre acceso, discriminación, dificultades de comunicación y adaptación cultural, mientras que la guía sobre ansiedad apenas aborda estas cuestiones.
Por ello, reclaman que la futura revisión incorpore recomendaciones específicas sobre adaptación cultural, uso de intérpretes, accesibilidad y estrategias destinadas a mejorar el acceso de minorías étnicas, personas sin hogar, solicitantes de asilo y otros grupos vulnerables a los servicios de salud mental.
Sin embargo, uno de los aspectos más duros de la campaña se centra en la metodología utilizada por NICE para evaluar la evidencia científica sobre tratamientos psicológicos para la ansiedad. La coalición denuncia abiertamente la existencia de “sesgos no científicos” y de una “inconsistencia sistemática” en la evaluación de la evidencia.
En palabras de las organizaciones firmantes, el Instituto Nacional de la Excelencia para la Salud y la Atención ha aplicado durante años criterios metodológicos excesivamente restrictivos que han dejado fuera una gran cantidad de investigaciones relevantes desarrolladas durante la última década.
Una de las críticas más importantes afecta a la exclusión frecuente de estudios realizados con poblaciones mixtas de ansiedad y depresión. Este criterio, manifiestan, no refleja la práctica clínica real, ya que ambos problemas aparecen habitualmente de forma simultánea. De hecho, el propio programa de Terapias de Conversación del SNS británico registró más de 35.000 casos de ansiedad y depresión comórbidas durante 2022-2023.
Las organizaciones denuncian además que el Instituto Nacional ha aplicado criterios inconsistentes en distintas revisiones de vigilancia. A modo de ejemplo, señalan que, en 2015, excluyó una revisión Cochrane de alta calidad sobre psicoterapia psicodinámica en ansiedad, mientras que en revisiones posteriores sí consideró estudios de terapia cognitivo-conductual (TCC) realizados precisamente con poblaciones mixtas.
La campaña cuestiona igualmente la clasificación de determinadas intervenciones terapéuticas dentro de la categoría de TCC. Según sus firmantes, el NICE ha agrupado bajo esta denominación tratamientos distintos, como la terapia metacognitiva, lo que, a su juicio, simplifica en exceso la base de evidencia y oculta la eficacia específica de otros enfoques terapéuticos.
Otro de los puntos más criticados es la forma desigual en que NICE interpreta los resultados de los estudios comparativos entre tratamientos psicológicos. Las organizaciones sostienen que cuando las investigaciones muestran resultados equivalentes entre TCC y relajación aplicada, el NICE considera esos hallazgos como evidencia favorable para ambas intervenciones. Sin embargo, cuando otras terapias presentan resultados similares entre sí, esa ausencia de diferencias estadísticas se utiliza como argumento para no recomendarlas.
El documento pone como ejemplo la psicoterapia psicodinámica. Según explican los firmantes, el Instituto Nacional rechazó recomendar este enfoque pese a existir estudios que mostraban mejoras comparables a las obtenidas con TCC en trastorno de ansiedad generalizada.
La coalición denuncia además una excesiva dependencia de los ensayos controlados aleatorizados y reclama incorporar otros tipos de evidencia científica, incluyendo estudios longitudinales, investigaciones cualitativas, evidencia basada en la práctica clínica, experiencias de usuarios y seguimientos a largo plazo. En esta misma línea, consideran problemático que el NICE apenas tenga en cuenta investigaciones sobre resultados terapéuticos a largo plazo, algo que —según argumentan— sí se exige en otras áreas médicas relacionadas con enfermedades físicas crónicas, como epilepsia o asma.
No obstante, el núcleo central de la campaña gira alrededor de la limitada elección terapéutica disponible actualmente para las personas con ansiedad dentro del NHS. En su documento de posicionamiento recuerdan que las directrices NICE únicamente recomiendan dos terapias de alta intensidad: la terapia cognitivo-conductual y la relajación aplicada.
La coalición considera que esta restricción limita gravemente la capacidad de elección de los pacientes y reduce las alternativas disponibles para los profesionales clínicos. Además, sostiene que ambos enfoques están centrados principalmente en el manejo de síntomas y no siempre permiten abordar adecuadamente factores complejos subyacentes, como experiencias traumáticas tempranas, problemas relacionales o situaciones de sufrimiento psicológico mantenido.
Por ello, las organizaciones reclaman que se amplíe el abanico de tratamientos psicológicos recomendados e incluya otros enfoques respaldados por evidencia científica, entre ellos, la psicoterapia psicodinámica, las terapias grupales, la musicoterapia o la arteterapia.
La campaña insiste también en la necesidad de incorporar un modelo realmente colaborativo y centrado en el paciente. Según sus firmantes, las personas con ansiedad deberían poder participar activamente en la elección del tratamiento que mejor se adapte a sus necesidades, preferencias y experiencias previas. En su opinión de expertos, ofrecer tratamientos más adaptados a las necesidades individuales podría reducir la necesidad de futuras intervenciones y facilitar una mejor recuperación de las personas con ansiedad.
En su documento subrayan además el enorme impacto económico y social de los problemas de salud mental en Reino Unido. Según los datos citados, el coste anual de los problemas de salud mental asciende a 300.000 millones de libras esterlinas, incluyendo pérdidas relacionadas con desempleo, bajas laborales, deterioro de la calidad de vida y mortalidad prematura.
Los responsables políticos firmantes alertan de que mantener unas directrices clínicas desactualizadas podría seguir limitando el acceso a tratamientos eficaces y aumentar todavía más la presión sobre unos servicios y profesionales “ya de por sí sobrecargados”.
Ante esta situación, la coalición reclama al Instituto Nacional de la Excelencia para la Salud y la Atención del Reino Unido una revisión “multietapa” y completa de toda la guía clínica, que incluya una participación significativa de organizaciones profesionales, investigadores, clínicos y usuarios de servicios de salud mental, así como una evaluación más amplia, plural y representativa de la evidencia científica disponible.
Según concluyen los impulsores de la campaña, mantener unas directrices clínicas obsoletas no solo limita las posibilidades de recuperación de las personas con ansiedad, sino que también incrementa las desigualdades en el acceso a la atención psicológica y dificulta la respuesta del sistema sanitario ante uno de los problemas de salud mental más frecuentes y crecientes del Reino Unido.
Toda la información relativa a la campaña se encuentra aquí.
