Las intervenciones psicológicas por Internet y dispositivos móviles pueden ampliar el acceso a la atención y mejorar distintos problemas de salud mental. Sin embargo, sus resultados dependen del apoyo profesional, la adaptación a las necesidades individuales y la participación continuada. La inteligencia artificial añade nuevas posibilidades, pero también importantes retos éticos, clínicos y legales.
Una revisión narrativa de la Federación Europea de Asociaciones de Psicólogos (EFPA) actualiza la evidencia sobre estas intervenciones desde su anterior informe de 2018. El trabajo aborda su eficacia, el papel del psicólogo, la inteligencia artificial, los riesgos éticos y las dificultades para incorporarlas a la práctica clínica.
Para ello, se realizaron búsquedas entre septiembre de 2024 y marzo de 2025, priorizando trabajos publicados entre 2018 y 2024. Finalmente, se incluyeron 97 referencias: 34 revisiones sistemáticas o metaanálisis, 8 revisiones paraguas o de alcance, 29 estudios empíricos, 16 trabajos conceptuales o éticos, 2 informes y 8 guías.
El apoyo profesional favorece la adherencia.
Las intervenciones analizadas pueden utilizarse sin orientación profesional, incorporar algún tipo de guía o combinarse con psicoterapia presencial. En general, aquellas que incluyen apoyo humano presentan una mayor adherencia y resultados clínicos más consistentes.
Una revisión sobre terapia cognitivo-conductual por Internet para la depresión encontró una adherencia media del 76% en las intervenciones guiadas, frente al 54% en las no guiadas. No obstante, faltan comparaciones directas suficientes para determinar qué grado de apoyo resulta óptimo.
Los formatos combinados pueden resultar valiosos ante problemas más graves o complejos. Además, algunas investigaciones indican que pueden mantener resultados clínicos similares utilizando menos tiempo del terapeuta. La revisión también señala que el apoyo eficaz no requiere necesariamente profesionales con el máximo nivel de formación clínica.
Evidencia para distintos problemas de salud mental.
Una de las revisiones paraguas examinadas reunió 87 metaanálisis, 1.683 ensayos controlados aleatorizados y 295.589 pacientes. Encontró efectos significativos en ansiedad, estrés postraumático, depresión, estrés, trastorno obsesivo-compulsivo, ideación suicida y adicciones. No se observaron efectos significativos en los trastornos de personalidad.
La terapia cognitivo-conductual es el enfoque más estudiado, aunque también se han utilizado otros tratamientos psicológicos. Además, estas intervenciones se emplean en promoción y prevención de la salud mental, tratamiento y prevención de recaídas.
La evidencia sobre coste-efectividad es prometedora, aunque todavía heterogénea. Una revisión incluida en el trabajo encontró que el 81% de las intervenciones por Internet para ansiedad y depresión analizadas resultaban coste-efectivas. Sin embargo, los estudios diferían en su metodología y en los costes considerados.
La participación continúa siendo un reto.
Las elevadas tasas de abandono constituyen una de las principales dificultades. Un estudio sobre aplicaciones de salud mental encontró que solo el 3,3% de los usuarios continuaba activo después de 15 días.
La personalización, el apoyo, la retroalimentación individual y unos contenidos relevantes pueden favorecer la adherencia. Por el contrario, los contenidos excesivamente largos o complejos y la falta de variedad pueden reducirla. Los autores también defienden incorporar a los usuarios al diseño de estas herramientas.
Inteligencia artificial: oportunidades y cautelas.
La inteligencia artificial y el aprendizaje automático ofrecen nuevas posibilidades para la evaluación, prevención y tratamiento. La revisión recoge aplicaciones dirigidas a predecir suicidio, aparición de psicosis, depresión posparto y resultados del tratamiento.
Sin embargo, existen problemas relacionados con la privacidad, los sesgos y la falta de validación independiente de algunos modelos. Los datos utilizados para entrenarlos pueden introducir sesgos relacionados con género, edad, situación socioeconómica o raza.
La revisión recoge también una preocupación específica de los psicólogos. Un uso inadecuado de la IA podría reducir determinadas competencias profesionales si disminuye la consulta de literatura científica o el pensamiento crítico. Emplear estas herramientas sin comprender sus algoritmos, datos y limitaciones clínicas puede plantear problemas profesionales y éticos.

Seguridad y límites de las intervenciones digitales.
Las intervenciones digitales deben estar respaldadas por evidencia de calidad y cumplir los requisitos sobre privacidad, protección de datos y seguridad. Los autores recuerdan, además, la necesidad de evaluar posibles efectos negativos de los tratamientos psicológicos.
Un metaanálisis incluido en la revisión registró deterioro en el 17,4% de los participantes de los grupos control, frente al 5,8% de quienes recibieron terapia cognitivo-conductual por Internet. La probabilidad de deterioro fue 3,1 veces mayor en el grupo control. No obstante, faltan datos sobre efectos negativos cuando estas intervenciones se utilizan en la práctica habitual.
Además, la evidencia disponible no permite considerar las herramientas digitales como la mejor alternativa para algunas condiciones graves. Tampoco constituyen la opción adecuada para afrontar crisis agudas. Los autores consideran fundamental respetar las preferencias del paciente y garantizar un consentimiento informado sobre el tratamiento de sus datos.
Formación profesional y brecha digital.
La aceptación entre los profesionales ha aumentado, pero no siempre se traduce en una mayor utilización. En Portugal, el 87,2% de los profesionales de salud mental mostraba una actitud favorable hacia estas herramientas. Sin embargo, solo el 43,6% tenía previsto recomendarlas durante los siguientes 12 meses.
En Reino Unido, el 72% de los médicos de atención primaria utilizaba alguna intervención digital para la depresión, aunque el 92% señalaba la falta de formación como una dificultad importante. La revisión destaca así la necesidad de formación y de una carga de trabajo adecuada para facilitar su incorporación.
Finalmente, la brecha digital puede profundizar desigualdades existentes. Las dificultades de acceso y las menores competencias digitales pueden afectar precisamente a quienes más necesitan atención de salud mental. Los autores recomiendan desarrollar herramientas accesibles, culturalmente adaptadas y diseñadas con participación de las poblaciones destinatarias.
En conclusión, la EFPA considera estas intervenciones un recurso valioso para abordar problemas de salud mental. Sin embargo, ampliar su utilización exige atender a la eficacia, adherencia, seguridad, equidad y uso responsable de la inteligencia artificial. También requiere mantener la cooperación entre investigadores, profesionales clínicos, usuarios, responsables políticos y especialistas tecnológicos.
Fuente.
Salgado, J., Gomes, M., Csabai, M., Van Daele, T., Doyle, F., Eimontas, J., Elster, R. N., Gosar, D., Haddouk, L., Karekla, M., Neto, D., & Stankovic, S. (2026). Current state of the art and implications for clinical practice of Internet- and mobile-based psychological interventions: An EFPA narrative review. European Psychologist, 31(3), 201–216. https://doi.org/10.1027/1016-9040/a000588
