La gordofobia en los contextos clínicos, psicológicos y sanitarios
03 Nov 2026

El estudio del estigma asociado al peso corporal ha adquirido una relevancia creciente en la literatura científica. Lejos de tratarse de una cuestión marginal o meramente social, el sesgo hacia las personas con cuerpos más grandes y la gordofobia constituyen un fenómeno con profundas implicaciones psicológicas, clínicas y éticas.

Algunas investigaciones recientes (Westbury et Al., 2023; Segal y Gunturu, 2024; Côté et Al., 2025) coinciden en señalar que el estigma del peso no solo afecta al bienestar emocional, sino que puede agravar los problemas de salud que supuestamente pretende combatir y que se reproduce, además, en contextos clínicos y sanitarios.

Sesgo, estigma y discriminación: un problema estructural.

Côté et Al. (2025) distinguen claramente entre sesgo del peso, estigma y discriminación, conceptos relacionados, según señalan, pero no idénticos. El sesgo, según estos autores, hace referencia a actitudes negativas y creencias estereotipadas; el estigma implica la desvalorización social de un grupo; y la discriminación se manifiesta en conductas concretas que limitan derechos u oportunidades. En el caso del peso corporal, estos tres niveles, indican, suelen coexistir y reforzarse mutuamente.

Gordofobia y psicología
Foto: Freep!k. Autoría: Freep!k. Descargada: 02/02/2026.

Desde la psicología, este entramado resultaría especialmente preocupante porque el estigma del peso está socialmente normalizado y, a diferencia de otros prejuicios, con frecuencia se justifica bajo el paraguas de la “preocupación por la salud”. Esto dificulta su identificación y cuestionamiento, incluso dentro de contextos clínicos y académicos.

Consecuencias psicológicas del estigma de la obesidad.

Existe consenso en que el estigma asociado al peso tiene consecuencias psicológicas significativas. Segal y Gunturu (2024) describen una relación consistente entre obesidad y problemas como depresión, ansiedad, baja autoestima y alteraciones de la imagen corporal. Sin embargo, en un artículo publicado en 2024, subrayan que estas dificultades no pueden entenderse únicamente como una consecuencia del peso en sí, sino también —y de forma relevante— del contexto social estigmatizante en el que viven las personas con sobrepeso y obesidad.

Westbury et Al. (2023) refuerzan esta idea al mostrar, en otro artículo, que la experiencia repetida de estigmatización puede actuar como un estresor crónico. Este estrés psicológico sostenido puede afectar al autoconcepto, incrementar el malestar emocional y favorecer conductas desadaptativas, creando un círculo vicioso que perpetúa tanto el sufrimiento psicológico como los propios problemas de salud.

Gordofobia y psicología: un riesgo ético.

La literatura científica muestra que el estigma asociado al peso se manifiesta de forma sistemática en los contextos clínicos y sanitarios, incluyendo los psicológicos, a través de prácticas clínicas sesgadas que afectan muy significativamente a la calidad de la atención recibida por las personas con obesidad. Côté et Al. (2025) describen cómo los prejuicios de los y las profesionales de la salud pueden traducirse en interacciones deshumanizantes, menor respeto hacia la persona y actitudes culpabilizadoras hacia los y las pacientes, mientras que Westbury y sus colegas (2023) señalan que estos sesgos favorecen la minimización de síntomas y la atribución excesiva de múltiples problemas de salud -física y psicológica- al peso corporal.

Esta dinámica estaría contribuyendo, señalan, al infradiagnóstico o al retraso diagnóstico de patologías no relacionadas directamente con la obesidad, ya que las quejas del paciente o la paciente tienden a ser interpretadas a través de un prisma estigmatizante. Segal y Gunturu (2024) añaden que estas experiencias de maltrato y desatención sanitaria generan desconfianza hacia el sistema sanitario y un aumento del malestar psicológico, incluso cuando el origen del problema se encuentra en prácticas clínicas discriminatorias, más que en factores individuales.

Riesgos: reproducir la gordofobía en contextos clínicos y sanitarios.

Para los y las profesionales de la psicología, estos hallazgos plantean un reto fundamental: el riesgo de reproducir la gordofobia en la evaluación, el diagnóstico y la intervención. Côté et Al. (2025) advierten de que el sesgo sobre el peso puede mediatizar la empatía, avocar a atribuciones erróneas y a una visión reduccionista de los problemas de la persona. Señalan, por ejemplo, que el sesgo del peso puede manifestarse en actitudes implícitas y explícitas por parte de los y las profesionales, traduciéndose en suposiciones erróneas sobre la motivación, la adherencia al tratamiento o la responsabilidad personal de las personas con obesidad.

De forma complementaria, Westbury y sus colegas (2023) describen que estas actitudes pueden derivar en interacciones clínicas menos empáticas, evaluaciones simplificadas y una tendencia a atribuir de manera desproporcionada los problemas psicológicos, físicos y clínicos al peso corporal. Segal y Gunturu (2024) advierten de que este contexto estigmatizante puede aumentar el malestar emocional, deteriorar la alianza terapéutica y disuadir a las personas de buscar o mantener la atención psicológica -o clínica- que puedan necesitar, reforzando así un círculo de sufrimiento psicológico y exclusión sanitaria que no responde a criterios clínicos objetivos, sino a prejuicios socialmente normalizados.

Desde una perspectiva ética, esta realidad obliga a revisar críticamente nuestras propias creencias sobre la delgadez, la salud y la responsabilidad individual. ¿Hasta qué punto se están patologizando los cuerpos en lugar de atender a aspectos contextuales? ¿Qué impacto tiene para la alianza terapéutica que el o la paciente perciba juicios implícitos sobre su cuerpo?

Entornos obesogénicos y determinantes comerciales.

Una cuestión que atraviesa de forma implícita a la literatura sobre el peso es la hegemonía cultural de la delgadez como sinónimo de salud y valor personal. Desde una mirada crítica, resulta legítimo preguntarse a quién beneficia que se siga ensalzando la delgadez como ideal incuestionable y a quién beneficia que se ofrezcan explicaciones, a menudo, simplistas y desmarcadas del contexto biográfico, social, estructural y cultural.

Existe un riesgo importante de que el discurso biomédico o psicológico se utilice para legitimar estigmas. En este contexto, es pertinente plantear interrogantes sobre la influencia de los posibles intereses comerciales, la creciente popularidad de tratamientos farmacológicos para la pérdida de peso -como los fármacos como Ozempic, Wegovy o Saxenda-, o la falta de transparencia que existe, en muchos casos, respecto a la financiación de determinados estudios y asociaciones profesionales —incluidas algunas históricamente influyentes en el ámbito de la obesidad, como la World Obesity Federation (WOF).

Psicología y estigma obesidad.
Foto: Freep!k. Autoría: Freep!k. Descargada: 02/02/2026.
Financiación, conflictos de interés y contradicciones evidentes.

Resulta pertinente plantear dudas razonables sobre la financiación y los posibles conflictos de interés que atraviesan parte de la producción de conocimiento y de la incidencia en políticas sanitarias relacionadas con la obesidad. Por ejemplo, la World Obesity Federation (WOF) —organización que define la obesidad como una enfermedad crónica— ha impulsado iniciativas con impacto político como la Obesity Policy Engagement Network (OPEN), orientada a influir en responsables gubernamentales para promover su enfoque de corte biomédico.

Sin embargo, la OPEN cuenta con el apoyo activo de empresas farmacéuticas como Novo Nordisk, compañía que comercializa tratamientos farmacológicos para la obesidad, lo que introduce un potencial conflicto de interés que merece ser examinado críticamente. Aunque esta relación no implica necesariamente una interferencia directa en los resultados de posibles investigaciones, sí plantea interrogantes relevantes sobre a quién benefician determinadas definiciones, prioridades y políticas sanitarias, y subraya la necesidad de una mayor transparencia en los vínculos entre asociaciones científicas, redes de incidencia y la industria farmacéutica.

Tampoco resulta descabellado nombrar una de las contradicciones más evidentes en las políticas actuales orientadas al denominado “control de la obesidad” es la coexistencia de estrategias centradas en el tratamiento individual —incluido el abordaje farmacológico— con una notable falta de regulación efectiva sobre los factores estructurales que favorecen su desarrollo.

Mientras se promueven discursos y políticas que definen la obesidad como una enfermedad crónica que debe ser tratada y gestionada a largo plazo, persiste una escasa intervención sobre la disponibilidad masiva de alimentos ultraprocesados, el marketing agresivo de productos hipercalóricos y la débil regulación de la publicidad alimentaria, incluso en población infantil. Esta incoherencia desplaza la responsabilidad hacia los cuerpos y las conductas individuales, al tiempo que invisibiliza el papel de los entornos obesogénicos y de los determinantes comerciales de la salud, contribuyendo a enfoques reduccionistas que pueden reforzar el estigma y la gordofobia en lugar de prevenir el problema desde sus causas estructurales.

Delgadez normativa, trastornos alimentarios y respuestas sociales.

En este debate resulta imprescindible incorporar la otra cara del continuo corporal y del control del peso: los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), como la anorexia nerviosa o la bulimia, cuya prevalencia y gravedad se ven favorecidas por contextos socioculturales que ensalzan la delgadez como ideal normativo. La promoción persistente de cuerpos delgados como sinónimo de salud, autocontrol y éxito no solo refuerza el estigma hacia los cuerpos grandes, sino que también constituye un factor de riesgo reconocido para el desarrollo y mantenimiento de los TCA.

En este escenario, los movimientos de body positive emergen como una respuesta crítica al ideal corporal hegemónico, al cuestionar la patologización de determinados cuerpos y promover una relación más respetuosa con la diversidad corporal. No obstante, desde una perspectiva psicológica, el reto consiste en evitar lecturas simplistas o polarizadas: ni la glorificación acrítica de la delgadez ni la negación de los riesgos asociados a determinados cuadros clínicos contribuyen a una comprensión integral del malestar, que exige situar el cuerpo, la salud mental y el sufrimiento psicológico dentro de su contexto social, cultural y relacional.

Implicaciones para la psicología: hacia un ejercicio profesional más crítico y compasivo.

Para la psicología, estas preguntas no son accesorias: se trata de aspectos que afectan directamente a la producción de conocimiento, a las recomendaciones clínicas y a la manera en que se construye el “problema” de la obesidad. Es necesario desarrollar enfoques que reduzcan el estigma del peso, ya sea a nivel individual y/o estructural como proponen diferentes autores y autoras.

Además, es mandatorio que se produzca y se fomente una mirada crítica que reconozca el peso del contexto social, que cuestione los discursos normativos sobre el cuerpo y priorice el bienestar psicológico por encima de los ideales estéticos. Conocer estos aspectos no solo mejora la calidad de la intervención, sino que protege a la disciplina de reproducir desigualdades bajo la apariencia de ciencia neutral.


Fuentes.

Côté, M., Forouhar, V., Sacco, S., Baillot, A., Himmelstein, M., Hussey, B., Incollingo Rodriguez, A. C., Nagpal, T. S., Nutter, S., Patton, I., Pearl, R. L., Puhl, R. M., Ramos Salas, X., Russell-Mayhew, S., & Alberga, A. S. (2025). Weight bias, stigma and discrimination: A call for greater conceptual clarity. Frontiers in Psychology, 16, 1710851. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2025.1710851  

Segal, Y., & Gunturu, S. (2024). Psychological issues associated with obesity (Updated May 2, 2024). En StatPearls [Internet]. StatPearls Publishing. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK603747/

Westbury, S., Oyebode, O., van Rens, T., & Barber, T.M. (2023). Obesity stigma: Causes, consequences, and potential solutions. Current Obesity Reports, 12(1), 10–23. https://doi.org/10.1007/s13679-023-00495-3

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