Entrevista a Javier Torres, coordinador del Área de Emergencias del COP
«No basta con estar en las primeras horas: la labor de los psicólogos y las psicólogas de emergencias continúa mientras haya personas que necesiten acompañamiento emocional». Así lo afirma Javier Torres Ailhaud, vocal de la Junta de Gobierno del Consejo General de la Psicología (COP) y coordinador del Área de Emergencias y Catástrofes de la organización colegial, en una entrevista a través de la cual pone en valor el papel esencial y continuado de los y las profesionales de la psicología en emergencias a lo largo de todo el proceso de atención y acompañamiento tras una catástrofe o un accidente -como el grave accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba)-.
El impacto de una emergencia de esta magnitud no se reduce a los primeros instantes. El dolor por la pérdida, la incertidumbre de las horas siguientes, el agotamiento físico y emocional tanto de familiares y heridos, como también de quienes han estado implicados y el peso de lo vivido en la cotidianidad, exigen una respuesta que va mucho más allá de las primeras horas.
La atención psicológica es clave tanto desde un primer momento, como en el seguimiento continuo.
En cada una de esas etapas, la presencia de profesionales de la psicología en emergencias aporta un sostén crucial. A este respecto, la atención psicológica ofrece escucha, contención y orientación desde el primer momento, un acompañamiento que se extiende también a quienes afrontan los días posteriores, cuando los ecos de la tragedia siguen presentes y se empiezan a sentir con más fuerza la tristeza, el vacío o las dudas sobre el futuro.
Y, como recuerda, el proceso continúa mucho más allá: hay personas que necesitan seguimiento continuado, ya sea para prevenir secuelas como el trastorno de estrés postraumático o para facilitar recursos de afrontamiento que les permitan recomponer su vida. Tras la fase aguda de la emergencia, la atención psicológica permanece, ofreciendo apoyo profesional donde más se necesita, adaptando la intervención a cada fase del duelo y de la recuperación emocional. De ahí la necesidad —reiterada— de poner en marcha dispositivos específicos de intervención psicológica.
Con este telón de fondo, Infocop entrevista a Javier Torres Ailhaud para explorar cómo se activa y se mantiene la intervención psicológica en un operativo de emergencias, qué prioridades guían la actuación en cada momento y por qué resulta imprescindible que este tipo de acompañamiento sea sostenido y estructurado, no solo en las primeras horas, sino durante todo el proceso de atención a las personas afectadas.

ENTREVISTA
Infocop: Como coordinador del Área de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes, cuando ocurre un accidente tan grave como el de Córdoba, ¿cómo se activa el Grupo de Intervención en Psicología de Emergencias -o los distintos Grupos de Intervención de los Colegios autonómicos-? ¿Quién lo solicita y cómo se integra en el mando de la emergencia?
Javier Torres: Cuando ocurre una emergencia de esta magnitud, el organismo competente en la comunidad autónoma solicita la activación del Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes del Colegio Oficial de Psicología de dicha CC.AA. Sin embargo, esta activación viene, en algunos casos, condicionada al hecho de que ya haya firmado un convenio de colaboración y los términos del mismo. Lo que sí podemos decir es que, en las últimas catástrofes ocurridas en España, los Grupos han estado presentes desde el primer momento.
La activación supone la integración en el Puesto de Mando Avanzado y ello es fundamental para asegurar que la intervención psicológica de las personas afectadas y equipos de respuesta sean tenidas en cuenta. Permite, además, la colaboración con otros equipos de respuesta (personal sanitario, bomberos, cuerpos y fuerzas de seguridad, equipos forenses, etc.) y la toma de decisiones informadas, sin olvidarnos, por supuesto, de la comunicación efectiva dirigida a los familiares de los afectados.
Estar en el mando de Emergencia supone que otros grupos, colectivos o profesionales de la psicología que «aparecen voluntariamente» no vayan por libre, y, en caso de considerar necesaria su participación, quedan bajo las directrices del puesto de mando.
I.: En el camino o al llegar al lugar de la catástrofe, ¿qué información mínima necesita el equipo psicológico para intervenir con seguridad y eficacia?
J.T.: Lo deseable, que no siempre es así, seria contar con la información precisa y oportuna de lo que realmente ha ocurrido. Información sobre la situación (tipo de catástrofe, ubicación, número aproximado de personas afectadas, etc.), la respuesta que ya se está dando (recursos, protocolos, coordinación con otros equipos, etc.) y la información sobre la población afectada (características, posibles grupos vulnerables, etc.), nos puede permitir la planificación y una mejor preparación de nuestra intervención. Aunque a veces hay que actuar «sobre la marcha» y tomando decisiones in situ.
I.: Como experto en el área, ¿cuál es el objetivo principal de la intervención psicológica en las primeras horas?¿Qué no debe hacerse todavía en esos primeros momentos?
J.T.: Observar y captar las necesidades emocionales de los afectados, acompañar en la gestión y normalización de las reacciones psicológicas, ayudar a ventilar, expresar y fortalecer los propios recursos tomando consciencia de las afectaciones, ayudar a sostener la incertidumbre, el miedo, la angustia, el sufrimiento, la desolación, la tristeza, el desbordamiento emocional… y canalizar poco a poco dando un sentido al dolor.
En los primeros momentos de shock no hay racionalización, solo emoción. La atención y la capacidad de concentración se encuentran afectadas, hay disociación y embotamiento, por ello, no hay que desbordar ni dar demasiadas instrucciones ni información, que no se puede retener. Es fundamental estar presente, escuchar sin juzgar, validar sus emociones y ofrecer apoyo emocional, sin intentar racionalizar o explicar lo que ha sucedido.
A medida que la persona comienza a procesar lo que ha sucedido, es fundamental acompañarla en su proceso de dolor, ayudarla a encontrar significado y propósito en su experiencia, y fortalecer sus recursos y habilidades para manejar el dolor.
I.: ¿Qué coordinación se hace con los servicios sanitarios, bomberos, policía/guardia civil, protección civil y 112?¿En qué momentos es clave estar «dentro» de la estructura de mando para evitar duplicidades o interferencias?
J.T.: La coordinación con los servicios sanitarios, bomberos, policía/guardia civil, protección civil y 112 es fundamental en situaciones de emergencia. En el momento de la alerta, se establece contacto con los servicios de emergencia para obtener información sobre la situación y coordinar la respuesta. Se comparte información sobre la situación, número de afectados, ubicación, etc. con los servicios de emergencia; la respuesta con los servicios de emergencia se coordina, asignando tareas y responsabilidades y se mantiene la comunicación constante con los servicios de emergencia para actualizar la situación y coordinar la respuesta.
Es esencial estar presente en la estructura de mando en la fase inicial para coordinar la respuesta y establecer la comunicación con los servicios de emergencia. Durante la evaluación de daños, es importante estar presente en la estructura de mando para proporcionar apoyo psicológico a los afectados. Es crucial estar en el mando de gestión desde el primer minuto de la activación porque, como hemos dicho anteriormente, así se evitan duplicidades de profesionales o interferencias, que suelen darse cuando, por ejemplo, se presenta en el escenario de la tragedia algún o alguna profesional que espontáneamente se quiere sumar al operativo.
I.: ¿Con qué grupos intervienen los psicólogos y psicólogas expertos en el área en un accidente así: supervivientes, heridos leves, familiares, testigos, personal de rescate…?
J.T.: Intervenimos con todas aquellas personas que, directa o indirectamente, están afectadas por el accidente o catástrofe, con el objetivo de proporcionar apoyo psicológico.
Los grupos con los que suelen intervenir incluyen a los y las supervivientes, a quienes se les ayuda a procesar su experiencia y a manejar las reacciones emocionales y psicológicas inmediatas, como el shock, la ansiedad y la tristeza. También se les ayuda a desarrollar estrategias de afrontamiento y a encontrar recursos para manejar el estrés postraumático.
Asimismo, se interviene con los familiares de las víctimas para manejar las situaciones de desajuste psicológico que puedan presentar. Los testigos del accidente constituyen otro segmento de la población afectada y, por lo tanto, deben ser atendidos.
No podemos olvidarnos del personal de rescate, a los que también hay que implementar dispositivos de apoyo psicológico para ayudarles a manejar el estrés y la ansiedad relacionados con la intervención. En estos casos, la intervención temprana y el apoyo psicológico son clave para ayudar a mitigar el impacto del estrés y el trauma, y a fortalecer la resiliencia de dicho colectivo. De este modo, la intervención psicológica en estos grupos la basamos en principios como la proximidad, la inmediatez y la simplicidad, que se refieren a la importancia de proporcionar apoyo psicológico en el lugar del incidente, de manera inmediata y con un enfoque simple y claro.
I.: Concretamente, ¿qué necesidades suelen tener los familiares que llegan sin información clara? ¿Cómo se maneja desde el área psicológica la incertidumbre y la espera?
J.T.: La incertidumbre y la espera de los familiares que aún no tienen noticias de su allegado desaparecido es una de las situaciones más difíciles de manejar cuando nos encontramos en una intervención psicológica en emergencias. En este contexto, es fundamental proporcionar apoyo psicológico a los familiares, ayudándoles a manejar la ansiedad y la incertidumbre que sienten.
Es importante reconocer que la incertidumbre es un estado emocional muy difícil de tolerar, y que los familiares pueden sentirse abrumados por la falta de información y la espera. En este sentido, es trascendental proporcionar información clara y precisa sobre la situación, aunque sea para decir que no hay noticias nuevas. La transparencia y la honestidad son clave para ayudar a los familiares a manejar la incertidumbre.
El apoyo psicológico también es necesario en esos momentos. Se trata de poder ofrecer a los familiares un espacio seguro y de escucha para que puedan expresar sus sentimientos y emociones. Es importante validar sus sentimientos y hacerles saber que su reacción es normal en una situación de esta índole. De igual modo, es esencial ayudarles a encontrar formas de manejar la ansiedad y la incertidumbre, como la respiración profunda o la relajación muscular.
La espera puede ser un proceso muy largo y agotador para los familiares, por lo que debemos ayudarles a encontrar formas de cuidarse a sí mismos.
I.: Una vez que pasa la fase aguda, ¿qué ocurre con las personas afectadas? ¿Se hace seguimiento?
J.T.: Evidentemente, lo deseable es hacer un seguimiento de todas aquellas personas que presentan una afectación psicológica, bien por la pérdida de un allegado o por la misma situación que han vivenciado. Siempre hemos manifestado la necesidad de poner en marcha dispositivos de intervención psicológica para la atención a dichas personas.
Recordemos que las personas supervivientes de una tragedia o catástrofe pueden presentar una variedad de secuelas psicológicas, tanto a corto como a largo plazo. Algunas de las secuelas más comunes incluyen el trastorno de estrés postraumático (TEPT), que se caracteriza por síntomas como flashbacks, pesadillas, ansiedad y evitación de estímulos relacionados con el evento traumático. La presencia de síntomas de depresión es común, manifestándose como tristeza, pérdida de interés en actividades, cambios en el apetito y el sueño, y sentimientos de culpa o inutilidad.
Otras secuelas psicológicas pueden incluir la disociación, que es un sentimiento de desconexión de uno mismo o del entorno, y la somatización, que es la manifestación de síntomas físicos sin una causa médica aparente. Suelen aparecer también pérdida de confianza en sí mismo/a y en los demás, y una sensación de vulnerabilidad y desamparo.
De ahí la importancia de la implementación de dispositivos de intervención psicológica.
I.: ¿Quién se encarga de realizar el seguimiento a medio y largo plazo: unidades de salud mental, atención primaria, recursos autonómicos, psicología en servicios públicos, colegios profesionales, ONG…?
J.T.: Efectivamente, si se consiguen poner en marcha dispositivos específicos de intervención psicológica, suelen ser los servicios sanitarios públicos los encargados. No obstante, en algunas ocasiones y gracias a la colaboración de determinadas entidades o instituciones, se dota de una partida económica para que el COP pueda implementar un equipo de profesionales de la psicología para llevarlo a cabo. Alguna ONG también ha llevado cabo ese tipo de intervención especializada.
I.: Desde su experiencia, ¿qué suele funcionar bien en estas intervenciones y qué se podría mejorar en España?
J.T.: Me consta que los Grupos de Intervención Psicológica en Emergencias y Catástrofes de los COPs han hecho un trabajo excepcional cuando ha ocurrido alguna catástrofe (por ejemplo, los atentados del 11M, incendios, la erupción del volcán de La Palma, otros accidentes ferroviarios igual de graves, etc.), trabajando en equipo y en coordinación. Lógicamente, la mejora debería pasar por la consolidación de estos equipos y su profesionalización a todos los niveles. Depender de si la Administración va a renovar o no el convenio según sus intereses y/o prioridades genera una incertidumbre que, en algunas ocasiones, impide avanzar en dicha consolidación.
La Administración debería ser más sensible y reconocer la importancia y la necesidad de estos equipos pero no solamente cuando ocurre una emergencia, sino también en otras funciones de prevención, formación, supervisión, investigación etc.
I.: ¿Podría decirnos qué cambia en una intervención por accidente de tren frente a otras emergencias (por ejemplo, tras una catástrofe natural como lo fue la DANA)?
J.T.: Los escenarios de un accidente y una catástrofe como la DANA son muy diferentes, aunque ambos implican un impacto significativo en la vida de las personas afectadas. En el caso de un accidente, el lugar de los hechos es transitorio, y, aunque el impacto emocional puede ser intenso, el escenario en sí mismo desaparece con el tiempo. Sin embargo, los afectados deben superar el miedo, la inseguridad vital y normalizar sus vidas poco a poco, afrontando el día a día.
Por otro lado, en una catástrofe como la vivida con la DANA, las pérdidas fueron múltiples y el escenario estaba impregnado en el día a día de las personas afectadas, segundo a segundo. La destrucción de hogares, negocios, infraestructuras y comunidades enteras creó un entorno de desolación y desesperanza. Superar las pérdidas humanas, físicas, económicas, sociales y personales fue un cambio radical en todos los aspectos de la vida, y el escenario de la catástrofe estaba presente en cada momento.
A pesar de estas diferencias, hay un elemento común en ambos escenarios: se trata de duelos personales y sociales, ya que hay múltiples víctimas y afectados. La pérdida y el dolor no solo afectan a las personas directamente involucradas, sino también a la comunidad en general, creando un impacto colectivo que puede ser difícil de superar. En ambos casos, es fundamental ofrecer apoyo emocional y psicológico a los afectados, para ayudarles a procesar su dolor y encontrar un camino hacia la recuperación y la normalidad.
I.: Para finalizar, ¿qué importancia tiene que haya psicólogos integrados de forma estable en los dispositivos de emergencias?
J.T.: Es el objetivo que queremos conseguir: integrar de manera estable y definitiva a los profesionales de la psicología en los dispositivos de emergencia, superando la provisionalidad y la incertidumbre que genera la falta de planificación y la carencia de recursos adecuados. La evidencia científica es clara: la intervención psicológica temprana y especializada en situaciones de emergencia reduce significativamente el impacto psicológico a largo plazo en las personas afectadas. Por lo tanto, es fundamental que la administración pública se implique de manera contundente y asuma su responsabilidad en la contratación de profesionales expertos/as en el vasto ámbito de las emergencias, que puedan proporcionar un abordaje integral y efectivo en la atención a las víctimas.
La integración de psicólogos y psicólogas en los equipos de emergencia no solo es una cuestión que atañe a la mejora en la atención a las víctimas, sino también se trata de optimizar la respuesta a la emergencia y reducir los costes a largo plazo asociados con la atención a la salud mental. Es hora de que la administración pública reconozca la importancia de la psicología en la gestión de emergencias y de que tome medidas concretas y decisivas para garantizar que los y las profesionales de la psicología estén integrados de manera estable y definitiva en los dispositivos de emergencia. La sociedad exige una respuesta contundente y efectiva ante las emergencias, y la administración pública debe estar a la altura de dicha exigencia.
