La trascendencia de prevenir el acoso escolar y erradicarlo de las aulas
04 May 2023

El pasado día 2 de mayo, se celebró el Día Internacional contra el Acoso Escolar, una fecha en la que se pretende concienciar sobre este grave problema que afecta a niños, niñas y adolescentes en todo el mundo, y la necesidad de emprender acciones orientadas a prevenirlo y hacerle frente, para eliminarlo definitivamente de las aulas.

Uno de cada cuatro alumnos/as cree que alguien en su clase sufre acoso escolar

En nuestro país, el acoso escolar o bullying constituye, hoy en día, uno de los principales problemas registrados en los centros escolares. A este respecto, según advierte la Fundación ANAR, uno de cada cuatro alumnos/as cree que hay alguien en su clase que sufre acoso escolar.

De acuerdo con sus últimos datos, desde la pandemia de la COVID-19, las agresiones físicas han descendido, erigiéndose como formas de acoso más frecuentes los insultos, el poner motes y hacer burlas. En el 72,6% de los casos dichas agresiones se llevan a cabo entre varias personas. Un incremento que viene registrándose en los últimos años y que, lamentablemente, ya alcanza a tres de cada cuatro casos (FUNDACION ANAR, 2022).

Prevenir el acoso escolar y erradicarlo de las aulas

Fuente: freepik. Autor: freepik. Fecha: 03/05/23

¿Qué consecuencias tiene el acoso escolar?

El acoso escolar tiene consecuencias perniciosas, tanto en las víctimas que lo sufren, como en el resto de los alumnos y alumnas implicados/as en una situación de esta naturaleza, detectándose, independientemente del rol que se ejerza en la misma (víctima, perpetrador/a o espectador/a), un mayor riesgo de sufrir problemas psicológicos y sociales en la adolescencia y en la etapa adulta en todo el alumnado implicado.

Tal y como advierte la UNESCO (2020), ser acosado/a socava el sentido de pertenencia en la escuela y afecta a la participación continua en la educación: los niños y las niñas que son acosados con frecuencia, tienen casi tres veces más probabilidades de sentirse como extraños en la escuela, y aproximadamente, el doble de probabilidades de faltar a clase con mayor asiduidad.

En esta misma línea, los resultados académicos son visiblemente más bajos entre el alumnado que sufre acoso escolar (puntuaciones más bajas en pruebas de lectura y matemáticas), dándose aquí una relación inversamente proporcional entre el rendimiento y la frecuencia del bullying. Esta misma relación se observa entre la frecuencia del acoso y las probabilidades de abandono educativo después de terminar la escuela secundaria.

Los datos evidencian también que el bullying afecta a la salud mental y el bienestar de los/as niños/as (según cifras de ANAR, cerca del 90% de los y las menores de edad que sufren acoso escolar tiene problemas psicológicos, especialmente, ansiedad, depresión y miedos continuos). Asimismo, el acoso tiene un efecto negativo en la socialización y se asocia con tasas más elevadas de soledad, problemas del sueño e incluso con pensamientos suicidas y/o autolesiones.

La importancia de la detección temprana

Sin embargo, a pesar de los datos anteriores, la Fundación ANAR advierte de que más de la tercera parte de quienes sufren acoso escolar no se lo cuentan a sus padres y el resto tarda entre 13 y 15 meses de media en pedir ayuda. Un 13% de las víctimas tiene que cambiar de centro educativo.

Dado lo expuesto, la detección temprana es trascendental en aras de reconducir el curso del acoso escolar y evitar consecuencias irreversibles o muy profundas, tanto en la víctima como en su perpetrador o perpetradores. Así lo afirma la Asociación Nacional de Psicólogos Educativos de EE.UU. (NASPNational Association of School Psychologists), poniendo de relieve, a su vez, la importancia de que familias y educadores/as reconozcan, no solo las posibles consecuencias dañinas del acoso escolar, sino también los factores de riesgo y las señales de advertencia, con el fin de que puedan detectarlo y, consecuentemente, poder detener este comportamiento lo antes posible.

Factores de riesgo

Si bien no podemos señalar factores específicos que determinen quién será víctima de bullying, existen muchos factores que pueden aumentar el riesgo potencial de sufrirlo. En general, los/as estudiantes que pueden ser percibidos como “diferentes” a sus compañeros/as o como “débiles o incapaces de defenderse”, corren un mayor riesgo de ser víctimas de acoso. De forma específica, diversos estudios alertan de la mayor probabilidad de sufrir acoso escolar en estudiantes que se identifican con el colectivo LGTBIQ+, entre quienes se perciben como diferentes según el peso, la vestimenta o el estatus social y en aquellos/as alumnos/as que tienen una discapacidad física, mental o intelectual.

Señales de advertencia de que podrían ser víctimas de acoso

Según recoge la NASP, existen múltiples señales relacionadas con su capacidad para desenvolverse tanto en el centro educativo como en casa, y que podrían indicar que un niño, una niña o un/a adolescente está siendo víctima de acoso escolar. Si estos síntomas persisten con el tiempo, recomienda buscar apoyo profesional en salud mental (por ejemplo, un/a psicólogo/a):

  • Lesiones inexplicables.
  • Pérdida o destrucción de posesiones o bienes (por ejemplo, joyas, ropa, libros o productos electrónicos)
  • Dolores de cabeza o enfermedades frecuentes: estos dolores de cabeza o enfermedades pueden fingirse para evitar determinadas situaciones, como acudir al colegio.
  • Cambios inexplicables en los hábitos alimenticios (p. ej., atracones, alimentación restringida o tener un hambre inusual por saltarse el almuerzo).
  • Dificultades para conciliar el sueño o permanecer dormido, o aumento de pesadillas que interrumpen el sueño.
  • Mayor frecuencia de ausencias escolares.
  • Bajas calificaciones escolares o pérdida de interés en el desempeño escolar.
  • Pérdida repentina e inexplicable de amigos/as.
  • Evitan con frecuencia las situaciones sociales.
  • Sentimientos de impotencia o baja autoestima.
  • Comportamientos autodestructivos que incluyen diálogo interno negativo, comportamientos autolesivos, huir de casa o hablar sobre el suicidio.
Señales de advertencia de que podría estar perpetrando acoso escolar

Además de las víctimas del acoso, la NASP recuerda que los/as agresores/as también necesitan apoyo, tanto por las situaciones que pueden estar viviendo y que les lleva a comportarse de este modo, como por las múltiples consecuencias negativas de su conducta (por ejemplo, un aumento de los comportamientos violentos y delictivos y la internalización de los síntomas). Si muchos de los siguientes signos o síntomas persisten con el tiempo, la Asociación señala la necesidad de buscar apoyo profesional de salud mental (por ejemplo, un/a psicólogo/a):

  • Estar involucrado/a con frecuencia en altercados físicos o peleas verbales.
  • Tener amigos que están involucrados en el acoso.
  • Volverse cada vez más agresivo/a.
  • Meterse en problemas en la escuela con frecuencia o recibir castigos o sanciones disciplinarias en Dirección.
  • No poder explicar el dinero extra o las pertenencias nuevas.
  • Culpar con frecuencia a otras personas por los problemas en los que están involucrados/as.
  • No aceptar la responsabilidad por sus acciones.
  • Ser demasiado competitivo/a o preocuparse por su reputación o popularidad.
La prevención es clave

Según afirma la NASP, los centros educativos tienen «la responsabilidad ética y legal» de prevenir el acoso de cualquier tipo, principalmente como parte de un enfoque integral para garantizar la seguridad escolar y promover un comportamiento positivo.

Para que la prevención del acoso escolar en los centros educativos sea eficaz, es esencial considerar una variedad de factores contribuyentes y facilitar la participación activa de las familias y la comunidad.

Entre las medidas que destaca para la mejora de los entornos escolares, se encuentra el facilitar la disponibilidad y accesibilidad de personal de apoyo educativo especializado en el centro escolar, que cuente con formación y capacitación en la creación de escuelas seguras (entre ellos, psicólogos educativos).

Recomendaciones para abordar el acoso desde el contexto escolar y el familiar

Los/as alumnos/as involucrados/as en el acoso necesitan el apoyo de las personas adultas para mitigar potencialmente los efectos negativos.

El apoyo tanto a las víctimas como a los perpetradores debe darse desde el hogar y el centro educativo. La evidencia señala que los programas escolares que abordan el acoso son más efectivos cuando son sistemáticos, incluyen una disciplina firme pero proporcional y hay comunicación frecuente con los padres. Entre las recomendaciones de la Asociación de Psicólogos Educativos para abordar el acoso, destacan las siguientes:

  • Enseñar comportamientos respetuosos y reforzarlos.
  • Crear y hacer cumplir las normas y procedimientos contra el acoso escolar. Establecer reglas en la escuela y en casa que identifiquen y prohíban específicamente los comportamientos de intimidación, ya que esto ayuda a crear una escuela y un hogar seguros y respetuosos.
  • Reconocer el impacto del acoso en la salud mental y las relaciones. El acoso se asocia con muchos resultados negativos tanto para las víctimas como para los/as perpetradores/as. Además, los comportamientos de acoso son incompatibles con relacionarse de forma saludable. Reconocer que el acoso produce problemas de salud mental y de relación puede ser el primer paso para abordar este grave problema.
  • Enseñar y reforzar el uso responsable de la tecnología. El ciberacoso afecta aproximadamente al 15% de los/as estudiantes y puede ser difícil de detectar por las familias y educadores/as. Una medida útil aquí puede ser definir, enseñar, modelar y reforzar la comunicación responsable y respetuosa online.
  • Abordar las necesidades de los/as menores vulnerables. Dado que el acoso implica un desequilibrio de poder entre la(s) víctima(s) y el(los) perpetrador(es), los niños, niñas y adolescentes que son diferentes o que corren el riesgo de ser identificados como diferentes en función de factores reales o percibidos (p. ej., orientación sexual, estatus socioeconómico, religión antecedentes, altura, etc.), pueden sentirse más seguros y más incluidos al participar en asociaciones escolares o actividades extraescolares.
  • Animar a los y las menores a ser “defensores” en lugar de espectadores. Aunque aquellos/as que son testigos del acoso se encuentran en una posición poderosa para detenerlo, desafortunadamente no suelen intervenir en la situación. De igual modo en que se enseña comportamientos respetuosos, es clave enseñar conductas explícitas de ayuda (por ejemplo, informar a una persona adulta del acoso, intervenir directamente si es seguro hacerlo, consolar o hacerse amigo/a de la víctima).
La trascendencia de realizar una intervención temprana

Es relevante que todas las medidas que se lleven a cabo, impliquen a todo el centro educativo como comunidad, tengan siempre un carácter restaurativo y de protección, involucren a todos/as los/as niños/as, y respecten el interés superior del o la menor, incluido el del agresor o agresora menor de edad.

La NASP recomienda iniciar una intervención temprana, llevada a cabo por un/a psicólogo/a educativo en el mismo contexto escolar, que enseñe a los/as estudiantes las habilidades sociales y emocionales que requieren para prevenir conductas posteriores de acoso y les ayuden a sentar las bases para que establezcan relaciones sociales saludables. Cuando se dé un caso de acoso, el/la psicólogo/a educativo/a puede desarrollar intervenciones orientadas a eliminar las conductas intimidatorias y reemplazarlas por comportamientos positivos y prosociales, orientando a padres -tanto de los perpetradores como de las víctimas- para ofrecerles recursos eficaces y estrategias para manejar el problema.

Para poder dar una respuesta inmediata y eficaz a las necesidades y demandas que puedan surgir en este sentido, es esencial incorporar psicólogos/as educativos/as en los centros escolares, una medida que ha venido planteando en los últimos años el Consejo General de la Psicología.

El rol fundamental del/de la psicólogo/a educativo/a en el abordaje del acoso escolar

Como bien define la Asociación estadounidense, los psicólogos educativos son profesionales con una formación única para ayudar a los/as niños/as y jóvenes a tener éxito académico, social, conductual y emocional. Colaboran con educadores, padres y otros/as profesionales para crear entornos de aprendizaje seguros, saludables y de apoyo, y poseen los conocimientos y habilidades necesarios para evaluar y orientar, así como para apoyar las conductas positivas y otras técnicas de intervención escolar necesarias para la prevención y eliminación del comportamiento de acoso.

Con su amplia comprensión de los sistemas escolares, su conocimiento sobre el desarrollo y el comportamiento de los/as estudiantes, así como su formación en salud mental, los psicólogos educativos ofrecen una perspectiva única. Como resultado, pueden ayudar a diseñar procedimientos disciplinarios apropiados, identificar estudiantes y factores de toda la escuela que pueden contribuir a la conducta de acoso, facilitar el establecimiento de sistemas de apoyo para los/as estudiantes, diseñar métodos para enseñar comportamientos prosociales y brindar recomendaciones para dar respuesta eficaz a los incidentes de acoso.

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