Las intervenciones psicológicas estructuradas y desarrolladas en grupo dentro de los centros educativos pueden contribuir a reducir los síntomas de ansiedad y depresión en adolescentes con sintomatología emocional subclínica, con mejoras que se mantienen un año después de la intervención. Se observan también mejoras en otras dimensiones relacionadas con la salud mental y el bienestar psicológico, entre ellas, la autoestima y la calidad de vida, así como en diferentes dificultades emocionales y conductuales. En conjunto, estos hallazgos ponen de relieve el potencial de las intervenciones psicológicas preventivas aplicadas en el contexto educativo para abordar de forma temprana los problemas emocionales durante la adolescencia.
Estas son algunas de las conclusiones que se extraen de un ensayo controlado aleatorizado multicéntrico, publicado en la revista Psychological Medicine, y desarrollado por investigadores e investigadoras de las universidades de La Rioja, Oviedo y Valencia, junto con la Universidad de Ginebra, a través del cual se evalúa la eficacia y la duración de los beneficios del Protocolo Unificado para el Tratamiento Transdiagnóstico de los Problemas Emocionales en Adolescentes (UP-A) en alumnado con síntomas subclínicos de ansiedad y depresión, con seguimientos a los 6 y 12 meses.
El trabajo se enmarca en el proyecto PsiCE, impulsado por el Consejo General de la Psicología de España (COP), a través de su División de Psicología Educativa (PsiE), junto con la Fundación Española para la Promoción y el Desarrollo Científico y Profesional de la Psicología (PSICOFUNDACIÓN). Desde su puesta en marcha, esta iniciativa persigue prevenir los problemas emocionales en los contextos educativos y mejorar el ajuste psicológico, emocional, social y escolar y los procesos de aprendizaje mediante intervenciones psicológicas basadas en la evidencia. Para ello, uno de sus principales objetivos ha sido precisamente analizar la eficacia del UP-A en los centros educativos.

Un ensayo desarrollado en centros educativos de distintas regiones de España.
Durante la fase inicial fueron evaluados 8.746 estudiantes de 85 centros educativos y 532 aulas, procedentes de nueve provincias españolas. De ellos, 715 cumplían inicialmente los criterios y aceptaron participar, y finalmente 676 adolescentes formaron parte del ensayo. La media de edad fue de 13,77 años y el 72,6% eran chicas. Los centros públicos y concertados participantes impartían Educación Secundaria Obligatoria y Formación Profesional y representaban distintos contextos socioeconómicos.
Para participar, el alumnado debía presentar una intensidad moderada tanto de síntomas depresivos como de ansiedad, valorada mediante el Cuestionario de Salud del Paciente-9 (Patient Health Questionnaire-9, PHQ-9) y el test para Evaluación del Trastorno de Ansiedad Generalizada-7 (Generalized Anxiety Disorder-7, GAD-7). Se excluyeron, entre otros casos, los y las adolescentes con un trastorno mental diagnosticado, dependencia de alcohol u otras sustancias, alto riesgo de conducta suicida o que estuvieran recibiendo tratamiento psicológico o psiquiátrico en ese momento.
Dos intervenciones psicológicas grupales con enfoques diferentes para abordar los problemas emocionales.
Los y las participantes se distribuyeron aleatoriamente entre dos condiciones. 378 adolescentes recibieron el UP-A, mientras que 298 fueron asignados al grupo control activo, basado en un programa protocolizado de relajación progresiva. Ambas intervenciones constaban de diez sesiones de 50 minutos, impartidas en pequeños grupos de entre 8 y 12 estudiantes dentro de los propios centros educativos. Los y las profesionales encargados de desarrollar las intervenciones contaban con formación específica y experiencia con adolescentes y recibieron supervisión continuada del equipo técnico.
El UP-A constituye una intervención psicológica cognitivo-conductual, transdiagnóstica y centrada en las emociones, diseñada para abordar procesos comunes a diferentes problemas emocionales. Entre sus componentes se incluyen estrategias propias de la terapia cognitivo-conductual, junto con técnicas orientadas a favorecer la motivación, la conciencia emocional y el mindfulness. La adaptación utilizada en PsiCE se diseñó específicamente para su aplicación preventiva en contextos educativos con adolescentes que presentan síntomas emocionales, pero no necesariamente un trastorno clínico diagnosticado.
Se reducen los síntomas de ansiedad y depresión en ambos grupos de intervención.
Los resultados muestran una reducción significativa de los síntomas depresivos y ansiosos a lo largo del tiempo en las dos intervenciones, tanto inmediatamente después de finalizar el programa como en los seguimientos realizados a los seis y doce meses. No obstante, los análisis no encuentran diferencias estadísticamente significativas entre el UP-A y la relajación progresiva en estos dos resultados principales.
En el grupo que recibió el UP-A, la puntuación media de síntomas depresivos en el PHQ-9 pasó de 12,43 puntos antes de la intervención a 9,65 después de finalizarla, 9,05 a los seis meses y 7,11 a los doce meses. En ansiedad, la puntuación media del GAD-7 descendió de 12,48 a 9,37 puntos tras la intervención, 8,75 a los seis meses y 6,94 al año. Con relación al grupo de relajación progresiva también se registraron descensos importantes, aunque a los doce meses las puntuaciones medias fueron de 8,85 en depresión y 8,41 en ansiedad.
La mejoría observada en el grupo UP-A se mantiene un año después.
Al analizar la magnitud del cambio entre quienes recibieron el UP-A, inmediatamente después de la intervención, el 46% había reducido al menos un 30% sus síntomas depresivos y el 23,7% los había reducido un 50% o más. A los doce meses, estos porcentajes aumentaban hasta el 78,5% y el 44,8%, respectivamente. En cuanto a la ansiedad, tras la intervención el 46,5% había experimentado una reducción igual o superior al 30% y el 30,7% una disminución de al menos el 50%; al año, estas cifras alcanzaban el 69,2% y el 47,7%, respectivamente.
Aunque las diferencias globales entre ambos grupos de intervención no alcanzaron significación estadística en los resultados principales, los síntomas depresivos fueron algo menores en el grupo UP-A a los doce meses, con una diferencia situada en el límite de la significación estadística. Los autores interpretan este resultado únicamente como una posible tendencia hacia un mayor mantenimiento de las ganancias terapéuticas, que deberá confirmarse en futuras investigaciones.
Mejoras que van más allá de los síntomas de ansiedad y depresión.
La investigación analiza también diferentes dimensiones transdiagnósticas, así como dificultades emocionales y conductuales, conducta suicida, afecto positivo y negativo, autoestima, calidad de vida relacionada con la salud y rendimiento académico.
En términos generales, ambos grupos mejoraron a lo largo del tiempo en numerosas variables psicológicas. Se registraron avances significativos en afecto positivo y negativo, calidad de vida relacionada con la salud y autoestima, que se mantenían a los seis y doce meses. También descendieron significativamente las puntuaciones relacionadas con la conducta suicida en las dos condiciones, sin diferencias entre ambos programas.
No obstante, el UP-A presentó algunas diferencias favorables en determinados resultados secundarios relacionados con las dificultades conductuales. Los análisis detectaron efectos relacionados con la hiperactividad, los problemas de conducta y la puntuación total de dificultades de salud mental. Entre otros resultados, inmediatamente después de la intervención, el grupo UP-A mostraba una puntuación total de dificultades significativamente inferior a la del grupo de relajación, y a los doce meses presentaba menores niveles de hiperactividad. Las valoraciones de las familias también mostraron puntuaciones totales de dificultades inferiores en el grupo UP-A después de la intervención y durante los seguimientos.
Los propios autores y autoras subrayan, sin embargo, que estos resultados secundarios deben interpretarse con cautela, debido a la ausencia de diferencias entre grupos en los principales indicadores de ansiedad y depresión y al elevado número de comparaciones realizadas. Por este motivo, consideran necesario replicar específicamente estos hallazgos en futuros trabajos.
Los centros educativos, un contexto para la prevención psicológica.
Uno de los aspectos que destacan los investigadores e investigadoras es que las mejorías encontradas en ambos grupos pueden no depender únicamente de las técnicas específicas de cada protocolo. La atención estructurada por parte de una persona adulta, la validación emocional, la experiencia de sentirse escuchado o escuchada y las interacciones grupales de apoyo, constituyen factores comunes que podrían haber contribuido al cambio psicológico y ayudar a explicar las mejoras comparables observadas en ambos grupos.
Precisamente, la ausencia de diferencias claras entre las dos intervenciones lleva a los autores y autoras a señalar que los resultados respaldan, de forma más general, el potencial de las intervenciones grupales y estructuradas desarrolladas en los propios centros educativos para adolescentes con síntomas emocionales subclínicos, más que la superioridad de un protocolo específico.
Esta perspectiva coincide con el planteamiento con el que nació el Estudio PsiCE: aprovechar los centros educativos como espacios naturales para detectar precozmente las dificultades psicológicas y emocionales, intervenir de manera preventiva y favorecer la derivación a recursos especializados cuando resulte necesario. Desde sus primeras fases, el proyecto ha señalado también el papel de los y las profesionales de la Psicología Educativa en la promoción del bienestar psicológico y la prevención de los problemas de salud mental del alumnado.
Limitaciones y retos para avanzar en la prevención psicológica desde los centros educativos.
Entre las limitaciones de la investigación, los autores y autoras destacan el elevado abandono durante el seguimiento, el uso predominante de medidas de autoinforme, la ausencia de una evaluación ciega y la posible influencia de diferencias entre centros, grupos y profesionales. También señalan la conveniencia de analizar en el futuro variables contextuales como el clima escolar y el apoyo familiar, evaluar el programa en poblaciones vulnerables, estudiar su adaptación digital y prolongar el seguimiento.
En conjunto, los resultados del PsiCE ponen de relieve el potencial de trasladar las intervenciones psicológicas preventivas al propio contexto educativo, acercando los recursos de salud mental a adolescentes que comienzan a mostrar dificultades pero que todavía no presentan necesariamente un trastorno psicológico diagnosticado. Tal y como concluyen los investigadores e investigadoras, promover el bienestar y prevenir las dificultades psicosociales durante esta etapa constituye una prioridad tanto educativa como de salud pública.
Fuente.
Fonseca-Pedrero, E., Pérez Esteban, A., Díez-Gómez, A., Pérez-Albéniz, A., Al-Halabí, S., Lucas-Molina, B., & Debbané, M. (2026). A multicenter randomized controlled effectiveness trial of transdiagnostic treatment for adolescents with subthreshold anxiety and depressive symptoms. Psychological Medicine, 56, e264, 1–13 https://doi.org/10.1017/S0033291726105443
