Las pantallas son una fuente de emociones intensas para los y las adolescentes, según el nuevo estudio Empantallados
26 Jul 2022

Uno de cada cuatro jóvenes reconoce que le cuesta más concentrarse desde que utiliza alguna pantalla; cerca de tres de cada diez revelan que, desde que usan pantallas, hablan menos con sus padres; el 23% afirma tener menos paciencia, y el 22% manifiesta haber perdido el interés por todo. Paralelamente, el 18% de los y las adolescentes reconoce que las pantallas le restan capacidad de esfuerzo. Al sentimiento de insatisfacción se une la sobreestimulación de la pantalla, que no ayuda a desconectar del día al irse a la cama: el 26% de los jóvenes indica tener más problemas de sueño. Asimismo, el 13% de los y las adolescentes se encuentran peor, más tristes, y no saben por qué.

Estas son algunas de las conclusiones de un estudio llevado a cabo por empantallados.com y GAD3, con el apoyo de «Por un uso Love de la tecnología» y la Comisión Europea, mediante el cual se aborda el impacto de las pantallas antes y después de la pandemia de la COVID-19, tanto en los niños, las niñas y adolescentes como en sus padres.

 

 

 

Foto: C Technical Fuente: pexels Fecha descarga: 02/03/2021

Se trata de la cuarta edición de este informe, la más completa de todas porque pregunta tanto a padres como a adolescentes, a través de metodologías cuantitativas y cualitativas. A través de esta metodología, se obtiene una amplia radiografía del uso que las familias hacen de la tecnología digital, constatando y distinguiendo hábitos entre generaciones, y comparando actitudes y opiniones dentro de las familias en cuanto al uso de dispositivos.

En el estudio han participado 824 personas representativas de la población española: incluyendo, por un lado, a padres y a madres de adolescentes, y, por otro, a adolescentes de entre 14 y 17 años.

A continuación, recogemos las principales conclusiones del estudio:

  • Con la irrupción de la pandemia de la COVID-19, se realizó un consumo masivo de dispositivos digitales, instaurando una nueva realidad de uso de pantallas en los hogares que ha permanecido después del confinamiento.

El teléfono móvil sigue siendo el dispositivo digital más utilizado en el hogar. De hecho, dos de cada tres adolescentes (68%) utilizan el teléfono móvil más que antes del inicio de la pandemia, solo cuatro puntos más que los padres (64%). El ordenador “ha revivido gracias al confinamiento”, siendo utilizado más que antes por la mitad de las familias.

Se ve menos la televisión tradicional, pero el consumo audiovisual va a más, gracias a los dispositivos móviles. Seis de cada diez padres y uno de cada dos adolescentes reconocen ver más series y películas que antes del confinamiento. En la última década, las series se han convertido en el gran referente de ocio televisivo. Definidas en este informe como “productos audiovisuales breves, bien adaptados a la inmediatez de las tecnologías digitales que, aun siendo más cortos en duración que una película tradicional, al final frecuentemente hace que pasemos más tiempo delante de la pantalla, en el famoso fenómeno del binge-watching o atracón de series”.

  • Las redes sociales destacan como “mega-urbes” de encuentro electrónico, principalmente para los y las jóvenes, siendo aún más utilizadas tras el confinamiento por el 55% de los/as adolescentes y el 46% de los padres. Los dispositivos han permitido mantener contacto social de modo virtual, mediante videollamadas, “meets”, encuentros por Zoom, etc. Esto a su vez ha generado experiencias relacionales nuevas.

  • Asimismo, el 46% de los y las menores y un 33% de los/as padres juega más a videojuegos y juegos online que antes del inicio del encierro domiciliario. Dos de cada tres adolescentes afirman haber jugado online con amigos/as alguna vez durante el último año.

  • Se observa resignación entre las madres y los padres: reconocen que la tecnología forma parte del mundo en el que han crecido sus hijos e hijas, y que hay que aprender a convivir con ellas de la mejor forma posible. Si bien quieren hacer buen uso e integrarlas en su vida, a veces se sienten perdidos. Por su parte, los adolescentes consideran las pantallas como un elemento imprescindible, por lo que pueden tener “más dificultades para ver el lado negativo que las pantallas pueden llegar a tener, en caso de no utilizarlas con responsabilidad”.

  • El tiempo dedicado al deporte no se ha alterado significativamente. De igual modo, el 27% de adolescentes afirma haber aumentado el tiempo dedicado a desarrollar hábitos de alimentación saludables (diez puntos menos que en el caso de los padres).

  • El informe pone de relieve la capacidad de las tecnologías para facilitar los aprendizajes permanentes: en el último año, tres de cada cuatro personas han buscado al menos un videotutorial en YouTube para aprender a hacer algo nuevo.

  • La tecnología rompe las barreras físicas para acercar a las personas; sin embargo, los autores advierten del riesgo de pérdida de aspectos importantes de la comunicación presencial: una de cada tres personas reconoce haber malinterpretado un “whatsApp” por culpa de un emoticono.

  • En el último año, el 21% de los y las adolescentes y el 13% de los padres han reenviado alguna noticia falsa pensando que era cierta. Una cifra que pone de manifiesto cómo los menores de edad son más vulnerables a la desinformación digital. De hecho, los datos indican que el 74% de los/as adolescentes utilizan las redes sociales para informarse de la actualidad (en especial, Instagram; y Twitter, en el caso de los más mayores) y el 50% recurre a medios de comunicación (televisión, periódicos online, etc.).

El 71% de los padres opina que sus hijos e hijas adolescentes tienen menos criterio para diferenciar la calidad de las noticias, y un 69% considera que son más vulnerables a los bulos o información sesgada que ellos mismos. A su vez, el 65% de los padres opina que sus hijos e hijas gestionan mejor la sobreabundancia de información.

  • Con respecto a los planes digitales en familia, en muchos casos, la experiencia se reduce a ver series o películas juntos. El 46% de los padres afirman “están hartos de que sus hijos no les miren a la cara porque están ocupados con el teléfono móvil”.

  • Tras el confinamiento hay una serie de reglas de uso más flexibles, debido, según el 43% de los y las adolescentes a que sus padres se fían más del uso que hacen de los dispositivos digitales. No hay reglas concretas, a excepción de limitar el uso del móvil durante la comida. No obstante, sí destacan “malas prácticas digitales”: la mayoría de los adolescentes duermen con el móvil dentro de su habitación.

  • Con respecto a malas prácticas con las pantallas, en el último mes, aproximadamente tres de cada diez adolescentes han ocultado a sus padres publicaciones en redes (ocultación mayor en el caso de las chicas). El 20% reconoce haber visto pornografía en Internet, el 7% ha apostado en alguna web de apuestas online y el 5% ha enviado a otra persona imágenes propias desnudo o desnuda. Los chicos casi triplican los datos de visionado de pornografía y casi cuadruplican la estadística en cuanto a las apuestas por Internet.

  • WhatsApp es el canal/red social utilizado el 82% de los y las adolescentes, seguido de Instagram (por el 70%) y de TikTok (por el 52%). Solo dos de cada cien adolescentes no tienen perfil en redes sociales. Los “influencers” y los “youtubers” emergen como “fuentes de inspiración de primer orden” para los y las menores, ejerciendo una gran influencia sobre ellos de la que son conscientes sus padres, tanto en aspectos de estética y ocio, como en opiniones “o incluso a la hora de definir la propia personalidad”.

  • La pandemia no solo ha tenido consecuencias a nivel social y económico, sino también sobre la salud mental de las personas. Dos de cada tres padres consideran que las pantallas y las redes sociales son una amenaza cierta para la autoestima de sus hijos e hijas. Según indican los autores del informe, la posibilidad de que se comparen continuamente con otras personas por lo que ven en redes y otras dinámicas propias del uso de las pantallas, “pueden resultar dañinas para la salud emocional de los adolescentes, deteriorando su autoestima o reforzando su ego en exceso”.

El impacto sobre el estado emocional y la conducta de los y las menores se refleja en los datos del estudio: uno de cada cuatro jóvenes reconoce que le cuesta más concentrarse desde que utiliza alguna pantalla, cerca de tres de cada diez afirman que, desde que usan pantallas, hablan menos con sus padres, el 23% revela que tiene menos paciencia, y el 22% manifiesta haber perdido el interés por todo: “de repente, la vida pierde su color, a golpe de los estímulos artificiales que proporciona la pantalla. Las series, los videojuegos, etc., dejan de ser simples vehículos de ocio para convertirse en refugio”. Paralelamente, el 18% de los y las adolescentes reconoce que las pantallas le restan capacidad de esfuerzo.

Al sentimiento de insatisfacción se une la sobreestimulación de la pantalla, que no ayuda a desconectar del día al irse a la cama: el 26% de los jóvenes indica tener más problemas de sueño. No dormir bien puede alterar de forma significativa el carácter, minando la resistencia para enfrentar las adversidades, incrementando la irritabilidad y la frustración, “que puede ser acicate para la depresión”: desde que utilizan pantallas, el 13% de los y las adolescentes se encuentran peor, más tristes, y no saben por qué.

Ante la posibilidad de que se les prive del teléfono móvil, tres de cada diez adolescentes afirman que, sin teléfono móvil durante dos días completos, se pondrían nerviosos, uno de cada cuatro menores señala que, sin móvil, no sabría qué hacer, y el 21% de los/as adolescentes creen que se sentirían solos.

  • Las pantallas son “fuente de emociones intensas” para los y las adolescentes. Más de la mitad afirma que las pantallas “les ayudan bastante a ser más felices”, siendo de ayuda para evadirse de su realidad diaria para el 48%. Para el 43% producen “una montaña rusa de emociones”. Esta alteración emocional pasajera se manifiesta más en los videojuegos. Por otro lado, los contenidos que reciben a través del móvil pueden provocar cambios importantes en el estado de ánimo, generalmente, emociones negativas: tristeza, decepciones, frustración, envidia, rabia, etc. Las interacciones en redes sociales se asocian también con una gran carga emocional.

  • Los autores del informe consideran primordial trabajar en la gestión de las emociones y en la seguridad en sí mismos de los adolescentes, a prueba de los vaivenes del entorno digital.

  • Con respecto al futuro, el 94% de los padres opinan que las pantallas van a ser muy importantes en el futuro profesional de sus hijos e hijas.

Se puede acceder directamente al estudio a través del siguiente enlace:

Empantallados y GAD3 (2021). “El impacto de las pantallas en la vida familiar. Familias y adolescentes tras el confinamiento: nuevos retos educativos y oportunidades” 

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