¿Qué intervenciones son efectivas en prevención de adicciones?
12 Sep 2023

En el contexto educativo, las intervenciones de psicología positiva multicomponente basadas en la escuela alcanzan la valoración de beneficiosas (máxima calificación de eficacia) en la base de datos de evidencia del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías EMCDDA, siendo significativamente efectivas para mejorar el bienestar subjetivo, el bienestar psicológico y reducir los indicadores de angustia psicológica más comunes (esto es, depresión, ansiedad y estrés) en adolescentes.

Esta es una de las conclusiones de un informe publicado por el Servicio de Información e Investigación Social (SIIS) de la Fundación Eguía-Careaga -a petición de la Dirección de Salud Pública y Adicciones del Departamento de Salud del gobierno Vasco-, a través del cual se brinda una revisión del conocimiento disponible en torno a la efectividad de las intervenciones desarrolladas en el ámbito de la prevención del consumo de drogas y otras conductas adictivas.

El informe pretende identificar aquellas estrategias de mayor efectividad, con el fin de aportar orientaciones útiles para la toma de decisiones relativas a las políticas de prevención. Tal y como la definen sus autores, “la prevención de las adicciones tiene por objetivo detener o retrasar el inicio del consumo de sustancias psicoactivas y otros comportamientos adictivos. También puede ayudar a quienes se hayan iniciado en el consumo o la conducta adictiva a evitar que desarrollen una adicción o que transiten hacia otros problemas de salud y sociales”.

intervenciones efectivas prevención adicciones
En infancia y adolescencia es clave conocer y abordar los factores de riesgo, reforzando a su vez los factores de protección

Ante esto, recuerdan, los objetivos de las intervenciones preventivas en el ámbito de las adicciones “pueden sintetizarse en evitar el consumo de drogas y los comportamientos adictivos o retrasar la edad de inicio e impedir la progresión hacia un uso frecuente o regular del consumo de sustancias y conductas adictivas y prevenir o reducir los riesgos asociados”.

Concretamente, en el caso de la infancia, adolescencia y juventud, el propósito de la prevención es apoyar un desarrollo saludable y seguro para que los niños, niñas y jóvenes “puedan convertirse en miembros capaces de participar positivamente en sus familias, escuelas, comunidades y lugares de trabajo”. Para tal fin, la prevención efectiva debe conocer los factores de riesgo que aumentan la vulnerabilidad y abordarlos antes de que se manifieste la conducta riesgo, reforzando, a su vez, los factores de protección que puedan llegar a contrarrestar de forma efectiva este riesgo.

De acuerdo con el documento, los problemas de salud mental y/o de comportamiento, el abandono y los abusos en el ámbito familiar, las situaciones desfavorecidas, la falta de vínculo con la escuela y la comunidad, los rasgos de la personalidad (por ejemplo, impulsividad o búsqueda de sensaciones), las normas y entornos sociales que propician el consumo de sustancias (incluida la influencia de los medios de comunicación), así como la falta de conocimiento sobre las adicciones y sus consecuencias, son algunos de los principales factores que incrementan la vulnerabilidad frente a las adicciones. Por el contrario, el bienestar psicológico y emocional, las habilidades personales y sociales, un fuerte vínculo familiar y con la escuela, o la existencia de comunidades bien organizadas y dotadas de los recursos necesarios, se erigen como factores de protección.

¿Qué estrategias de prevención son efectivas?

Atendiendo a lo anterior, el informe pone de relieve la importancia de que las intervenciones preventivas se realicen a edades tempranas para reducir los problemas de conducta y emocionales que puedan surgir en la adolescencia y agudizarse en la juventud y en la edad adulta.

El informe recuerda que una estrategia de prevención efectiva debe considerar los principales enfoques o paradigmas que orientan las intervenciones de prevención de las adicciones en la actualidad: enfoque en el curso de la vida, el ámbito de intervención (configurado como el principal elemento de formulación de las intervenciones, dando lugar a la prevención ambiental, escolar, familiar, comunitaria y labora) y el nivel de riesgo de la población diana (que articula las tres modalidades de intervención -universal, cuando se dirige al conjunto de la población, selectiva, para subgrupos expuestos a factores de riesgo asociados al inicio y consumo continuado de drogas, o indicada, en el caso de personas que ya consumen drogas y que presentan riesgo de desarrollar una adicción-).

Los resultados de este informe están estructurados en base al ámbito de intervención. Asimismo, la evidencia hallada en cada ámbito se ha vinculado con el grupo de edad al que hace referencia (teniendo en cuenta la perspectiva del curso de la vida), y se ha detallado el tipo de intervenciones en función del nivel de riesgo de la población (universal, selectiva o indicada).

A continuación, resumimos las principales conclusiones del documento:

Prevención ambiental

Los resultados de la revisión destacan que las intervenciones que buscan modificar el contexto social y el entorno físico en el que se produce el consumo de drogas u otras conductas adictivas (especialmente las políticas regulatorias como control de puntos de venta, restricciones de acceso por edad, subida del precio de alcohol, prohibición de fumar en lugares públicos, etc.), son las que presentan un mayor nivel de eficacia. La prevención ambiental resulta especialmente apropiada para entornos sociales de riesgo como locales de ocio, tiendas de venta de alcohol o espacios públicos.

A pesar de las ventajas que brinda el carácter universal de las intervenciones ambientales, es recomendable combinarlas de forma coordinada y complementaria con intervenciones comportamentales, teniendo en cuenta, además, “que este tipo de prevención suele suscitar fuertes resistencias sociales”.

Prevención en el ámbito familiar

Las intervenciones en este ámbito, parten de la necesidad de abordar los factores de vulnerabilidad o riesgo desde el inicio de la vida. En este sentido, los programas de prevención basados en la familia están dirigidos a padres y madres con el objetivo de fomentar habilidades para una parentalidad positiva y proporcionar información sobre los efectos nocivos de las conductas adictivas. En ocasiones, se cuenta también con la participación de los y las menores.

El informe pone de relieve el elevado nivel de eficacia de las intervenciones familiares desarrolladas desde el enfoque de competencias y habilidades parentales, principalmente, las de carácter universal que incluyen tanto a los padres y las madres como a niños/as y adolescentes. Se observa que el fomento de las habilidades parentales se asocia con el desarrollo de aptitudes sociales y personales de los y las menores, constituyendo “un eficaz factor de protección frente a futuras conductas de riesgo”.

Según señala el documento, las intervenciones basadas en visitas perinatales en la primera infancia y, en menor medida, aquellas dirigidas a mujeres embarazadas, aportan resultados moderadamente positivos, siendo recomendable otorgar prioridad a familias ya expuestas a situaciones de vulnerabilidad (prevención selectiva).

Prevención en el ámbito escolar

A pesar de su amplia implantación, la calidad de la evidencia sobre la efectividad de los programas de prevención desplegados en el entorno escolar es heterogénea. Algunos de los enfoques que han mostrado una mayor efectividad son aquellos centrados en el desarrollo de competencias sociales y habilidades personales. Como bien describe el informe, estos programas “promueven la adquisición de habilidades en torno a la toma de decisiones, la resistencia frente a la presión social o de grupo, la mejora de la educación afectiva, la autoestima o a la gestión del estrés y la ansiedad, y actúan como factores de protección tanto en la infancia como en la adolescencia”.

Destacan aquí las intervenciones de psicología positiva multicomponente basadas en la escuela, enfocadas en fortalecer emociones, pensamientos y comportamientos positivos a través de actividades y rutinas diarias, y que alcanzan la máxima calificación de eficacia en la  base de datos de evidencia del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías EMCDDA, evidenciando una mejora en el bienestar subjetivo y psicológico y en la reducción de los indicadores de angustia psicológica más comunes (esto es, depresión, ansiedad y estrés) en adolescentes.

De igual modo, son eficaces los modelos que abordan factores de vulnerabilidad ante el inicio del consumo de drogas u otras adicciones (por ej., niños/as y adolescentes que abandonan el sistema educativo, procedentes de sistema de protección, inmigrantes sin referentes adultos, etc.).

Los problemas de salud mental infanto-juvenil, uno de los principales factores de vulnerabilidad individual que requieren intervención prioritaria

Entre los factores de vulnerabilidad individual que requieren una intervención prioritaria, los autores subrayan los problemas de salud mental infanto-juveniles. A este respecto, advierte, aquellos problemas de salud mental “que comienzan durante la infancia media (como la ansiedad, los problemas de déficit de atención con hiperactividad o los trastornos de conducta) pueden impedir el desarrollo de un vínculo sano con la familia, la escuela, el juego cooperativo con los compañeros, el aprendizaje adaptativo y la autorregulación”.

El riesgo de consumo de drogas es mayor en este grupo de menores, a lo que se añaden algunos rasgos de personalidad propios de la adolescencia (como, por ejemplo, la búsqueda de sensaciones, la impulsividad, la ansiedad o la desesperación) y que se asocian con un mayor riesgo de consumo de sustancias, y este consumo, a su vez, se vincula con menores niveles de bienestar psicológico. Ante esto, recuerda que “apoyar lo antes posible a los niños, niñas, adolescentes y a sus familias para que puedan hacer frente a los problemas psicológicos y de comportamiento es una importante estrategia de prevención, también en la escuela”.

El informe pone de relieve aquí los programas de educación selectiva en la primera infancia, los dirigidos de forma específica a niños/as y adolescentes que presentan vulnerabilidad psicológica, y aquellos orientados a reforzar los vínculos y la adherencia con la escuela.

El documento destaca también el elevado el nivel de eficacia de las políticas de mejora del entorno o clima escolar y las intervenciones que incorporan múltiples enfoques. No sucede igual con los enfoques de normalización social o aquellos basados en información y conocimiento, al no contar con evidencia suficiente. Estos últimos “pueden resultar perjudiciales, al generar reacciones opuestas a las que se persiguen”, por lo que únicamente se recomiendan en combinación con otros enfoques.

Prevención en el ámbito comunitario

El propósito de estas iniciativas es transformar situaciones colectivas mediante la organización y la acción asociativa de diferentes agentes, contando para ello con la implicación de profesionales de los ámbitos social, sanitario y educativo. El informe señala aquí la alta eficacia de las intervenciones breves en los servicios sociales y de salud, consistentes en sesiones de asesoramiento personalizado a quienes presentan un consumo de riesgo, pero que todavía no han desarrollado una adicción. Se utilizan entrevistas motivacionales y derivaciones a otros recursos de tratamiento en caso necesario.

Los resultados de la revisión sugieren que, mientras el nivel de eficacia de las campañas mediáticas o programas de mentoría resulta limitado, si se llevan a cabo programas que combinan la prevención comunitaria de manera simultánea con intervenciones en otros ámbitos, a través de la modalidad de intervención multicomponente, se puede potenciar la efectividad de las intervenciones.

Prevención en el ámbito laboral

Cada vez hay más evidencia en torno a las graves consecuencias de los consumos problemáticos de sustancias en el medio laboral, así como del rol fundamental que desempeña el entorno de trabajo en las causas de este uso. Asimismo, junto con los factores de riesgo generales para el uso de sustancias que afectan a toda la población, en el contexto laboral existe una serie de factores estresantes y condiciones psicológicas y sociales (por ej., un alto nivel de demanda de trabajo, trabajos intensivos; la ejecución de labores monótonas o rutinarias; la falta de expectativas de promoción profesional; las bajas retribuciones o las inseguridad en el trabajo), cuya frecuencia de exposición parece relacionarse con un consumo más elevado de sustancias psicoactivas en cantidad y frecuencia, lo que provoca “un círculo vicioso en el que se genera un elevado daño en la salud”.

En el contexto laboral es necesario un cambio de paradigma de un enfoque asistencial y médico hacia una perspectiva preventivo-promocional

A este respecto, el informe destaca la necesidad de un “cambio de paradigma”, desde el enfoque asistencial y médico, hacia la perspectiva preventivo-promocional, cambiando el objetivo de las políticas de gestión de aquellas personas con adicciones que requieren intervención asistencial, a aquellas que se encuentran en situación de riesgo pero aún no han desarrollado una dependencia.

Las acciones preventivas en este ámbito, están dirigidas a las personas trabajadoras, sean consumidoras o no, que se encuentran en una situación de riesgo a raíz de factores relacionados con el entorno laboral, como el estrés o la precariedad laboral. Algunos factores de éxito en este tipo de intervenciones son, en palabras de los autores del informe, “la participación de todos los grupos de interés (empresa y personas empleadas); la confidencialidad de las personas participantes; la existencia de una política de adicciones no punitiva en el lugar de trabajo; o la integración de otros programas relacionados con la salud y el bienestar”.

Se puede acceder al informe completo desde la página Web del SIIS o bien directamente aquí:

Prevención de las adicciones

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