Sufrir abuso de poder durante la formación médica puede afectar al bienestar y al aprendizaje de estudiantes y residentes, según un estudio
04 Sep 2026

Humillaciones públicas, insultos, comentarios sexistas y conductas sexuales no consentidas son algunas de las situaciones de abuso relatadas por diversos estudiantes y residentes de Medicina en España. El miedo a represalias, la normalización de estas conductas y la falta de mecanismos claros de denuncia llevan a muchas víctimas a guardar silencio ante graves situaciones que incluyen burlas, exclusión, discriminación de género, agresiones verbales e incluso tocamientos y besos sin consentimiento. A ello, se suma la existencia de estructuras jerárquicas fuertemente arraigadas que, según diversos testimonios, favorecen dinámicas de abuso de poder y repercuten negativamente tanto en el aprendizaje como en el bienestar psicológico de quienes se están formando como futuros profesionales sanitarios.

Así lo pone de manifiesto un estudio cualitativo publicado en la revista Gaceta Sanitaria, bajo el título «Abuse of power over medical residents and students: a qualitative study», elaborado por investigadores de la Universidad Miguel Hernández y el CIBERESP. El trabajo analiza, a través de entrevistas semiestructuradas, las experiencias de abuso de poder sufridas por algunos/as estudiantes de Medicina y médicos residentes, así como su percepción sobre las herramientas necesarias para prevenir y denunciar estas graves situaciones.

abuso de poder durante la formación médica
Fuente: magnific.com. Autoría: wavebreakmedia_micro. Descarga: 19/05/26.

Para llevar a cabo la investigación, los autores entrevistaron a 10 estudiantes de Medicina y 15 médicos residentes pertenecientes a instituciones públicas. Entre los estudiantes participaron 4 hombres y 6 mujeres, mientras que entre los residentes había 7 hombres y 8 mujeres. Todos los estudiantes cursaban quinto o sexto curso del grado, y la edad media era de 23 años en el caso de los estudiantes y de 28 años entre los residentes. Las entrevistas, realizadas entre marzo y septiembre de 2024, tuvieron una duración aproximada de entre 45 y 90 minutos.

Los resultados revelan que, prácticamente todos los y las participantes, afirmaban haberse sentido “invisibles” o ignorados sistemáticamente, principalmente, por médicos adjuntos durante sus rotaciones clínicas. Más de la mitad de los entrevistados y entrevistadas percibían una falta de interés por parte de algunos profesionales hacia la supervisión y la enseñanza de estudiantes y residentes.

Concretamente, entre los y las residentes, uno de los aspectos más señalados fue la existencia de una estructura fuertemente jerárquica dentro de los servicios hospitalarios, que, según los testimonios recogidos, favorece el maltrato hacia quienes ocupan posiciones subordinadas. También denunciaron supervisión insuficiente durante el primer año de residencia —especialmente en servicios de urgencias—, sobrecarga laboral desproporcionada respecto a su nivel formativo, incumplimiento de horarios oficiales y ambientes laborales hostiles.

Desigualdades, favoritismos y sobrecarga: las experiencias que denuncian estudiantes y residentes en su formación clínica.

El estudio recoge numerosos testimonios que ilustran estas situaciones. A modo de ejemplo, un residente explicó que durante una guardia en la UCI fue dejado solo siendo R1 mientras el especialista se iba a dormir, teniendo que afrontar una parada cardiorrespiratoria prácticamente sin apoyo. Otro participante describió cómo algunos especialistas delegaban sistemáticamente la enseñanza en residentes superiores o enviaban a los más jóvenes a realizar “lo que nadie quiere hacer”.

Las arbitrariedades en el reparto de tareas y oportunidades formativas constituyen otro de los hallazgos destacados. Más de la mitad de los estudiantes relataron haber sufrido favoritismos hacia determinados compañeros, exclusiones de quirófano sin criterios claros o asignación de prácticas clínicas en función de relaciones personales y no del mérito académico.

Los estudiantes y residentes revelan haber sufrido castigos, humillaciones y abuso de poder durante su formación.

Entre los residentes, las prácticas arbitrarias aparecieron especialmente vinculadas a la asignación de guardias. Según describen los y las participantes, las relaciones personales con otros residentes o con médicos adjuntos podían influir directamente en la distribución de turnos, utilizándose como mecanismo de recompensa o castigo, con consecuencias económicas directas. Algunos residentes señalaron también que el acceso a determinados procedimientos o aprendizajes dependía de la afinidad con los supervisores.

El trabajo documenta igualmente numerosas formas de abuso verbal y emocional. Los y las estudiantes describieron burlas relacionadas con su falta de conocimientos, preguntas comprometedoras sobre opiniones políticas o comentarios inapropiados acerca de compañeros. En el caso de los y las residentes, la mayoría afirmó haber sufrido humillaciones públicas, insultos, ridiculizaciones y cuestionamientos de su competencia profesional, principalmente, por parte de adjuntos, residentes mayores u otros especialistas.

Uno de los testimonios recogidos en la investigación describe incluso situaciones especialmente graves, como gritos, manipulación psicológica y una agresión física de un especialista hacia un residente.

Algunos relatan situaciones de racismo, sexismo y discriminación de género.

La investigación también aborda el abuso racista y la discriminación de género. Algunos/as estudiantes relataron insultos raciales, comentarios ofensivos o exclusión deliberada. Entre los/as residentes, se identificaron casos de discriminación hacia personas racializadas y agresiones verbales tanto por parte de pacientes como de profesionales sanitarios.

En relación con la discriminación de género, muchas estudiantes afirmaron haber visto cuestionadas sus capacidades clínicas por el hecho de ser mujeres. Asimismo, denunciaron comentarios sexistas, preguntas personales sobre sus parejas, confusión reiterada con personal de enfermería y preferencia hacia estudiantes varones para realizar procedimientos técnicos.

Las residentes también describieron comportamientos inapropiados por parte de pacientes y especialistas, incluyendo menor respeto hacia las médicas, negativa de algunos pacientes a ser atendidos por mujeres, sexualización de las profesionales sanitarias y mayores exigencias hacia ellas en comparación con sus compañeros varones.

Los estudiantes y residentes denuncian silencio institucional y protección de los agresores ante situaciones de acoso y discriminación.

En cuanto al acoso sexual, varios participantes informaron haber recibido comentarios sexuales inapropiados, insinuaciones o conductas invasivas. Algunas residentes relataron haber sufrido tocamientos no deseados o besos sin consentimiento.

El estudio recoge además situaciones de manipulación psicológica, insultos homófobos o transfóbicos y comentarios ofensivos hacia personas con sobrepeso o discapacidad.

Pese a la gravedad de las situaciones descritas, la mayoría de los afectados optó por no denunciar. Solo 4 estudiantes y 6 residentes presentaron quejas formales. Entre las principales barreras señaladas destacan el miedo a represalias, la percepción de que denunciar “no serviría para nada”, la falta de confidencialidad y la dificultad para aportar pruebas de conductas que, según relatan, suelen producirse de forma encubierta.

Algunos participantes afirmaron, además, que las instituciones tendían a proteger a los acusados o minimizar los hechos denunciados. Una estudiante relató que tuvieron que recoger más de 700 firmas y grabar a un profesor realizando comentarios discriminatorios hacia las mujeres para que se actuara.

Los y las participantes reclaman mecanismos de denuncia seguros y una mayor implicación institucional frente al abuso en la formación sanitaria.

Ante esta situación, los entrevistados propusieron distintas medidas preventivas y de protección. Entre ellas, destacan la creación de mecanismos de denuncia anónimos, la existencia de figuras externas de referencia para acompañar a las víctimas, protocolos de protección frente a represalias y grupos de apoyo.

Asimismo, muchos/as participantes insistieron en la necesidad de formación específica en derechos laborales y profesionalidad médica, así como en promover la mentoría por parte de profesionales realmente comprometidos con la docencia. También se planteó la posibilidad de establecer mecanismos de evaluación pública de hospitales y universidades, introducir normas que sancionen las conductas abusivas y reducir las cargas laborales excesivas, incluidas las guardias de 24 horas.

Los autores concluyen que los resultados de esta investigación “apoyan la idea de que el abuso forma parte del proceso de formación médica” y subrayan la necesidad de desarrollar planes institucionales de prevención y denuncia tanto en el ámbito académico como sanitario.


Fuente.

Sánchez-Miralles, C., Blanes-Mira, C., & Hernández-Aguado, I. (2026). Abuse of power over medical residents and students: a qualitative study. Gaceta Sanitaria40, 102574. DOI: 10.1016/j.gaceta.2026.102574  

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