La rápida expansión de los chatbots de inteligencia artificial está transformando la manera en la que las personas aprenden, buscan información, toman decisiones e, incluso, encuentran apoyo emocional. Sin embargo, junto a las oportunidades que ofrecen estas herramientas, también surgen importantes interrogantes sobre sus efectos psicológicos y sociales. En un reciente artículo publicado en la revista Nature Reviews Psychology, titulado Psychologists must be involved in building conversational AI chatbots –La participación de los psicólogos es imprescindible en el desarrollo de los chatbots conversacionales de inteligencia artificial – (Zhao, 2026), la autora defiende que la participación de profesionales de la Psicología resulta esencial para garantizar que estos sistemas sean seguros, eficaces y estén alineados con la búsqueda del bienestar humano.
Zhao sostiene que la Psicología no debe ser una disciplina a la que consultar únicamente cuando aparecen problemas o durante las revisiones de los aspectos éticos de los sistemas, sino que debe estar presente desde las primeras fases del diseño, desarrollo, evaluación y supervisión de la inteligencia artificial conversacional.
Una tecnología con enorme potencial… y riesgos significativos.
Los chatbots conversacionales basados en grandes modelos de lenguaje han pasado, en pocos años, de ser una curiosidad tecnológica a convertirse en herramientas de uso cotidiano para millones de personas. A diferencia de los antiguos sistemas basados en reglas, estos modelos son capaces de mantener conversaciones abiertas, contextualizadas y aparentemente naturales, favoreciendo procesos de reflexión, autorrevelación e implicación emocional.
Según Zhao, esta capacidad abre oportunidades importantes para democratizar el acceso al conocimiento, facilitar experiencias de aprendizaje personalizadas o proporcionar apoyo al bienestar psicológico de manera inmediata y a gran escala. Sin embargo, la autora advierte de que el desarrollo y despliegue de estas tecnologías ha avanzado mucho más rápido que la creación de mecanismos de protección adecuados.
Diversas investigaciones citadas en el artículo muestran que algunos sistemas presentan dificultades para reconocer señales de riesgo psicológico elevado o responder adecuadamente ante situaciones relacionadas con el malestar emocional. Además, determinadas estrategias orientadas a aumentar la interacción y permanencia de los usuarios podrían generar consecuencias psicológicas no deseadas.

Por ello, Zhao considera que la evaluación de estos sistemas no puede limitarse a indicadores tecnológicos o comerciales, sino que debe incorporar criterios relacionados con el bienestar psicológico y el impacto social.
Conversar es un proceso profundamente psicológico.
Uno de los argumentos centrales del artículo es que las conversaciones constituyen fenómenos complejos en los que intervienen procesos psicológicos como la confianza, la influencia social, la autorrevelación, la regulación emocional, el juicio moral o las dinámicas de poder.
Desde esta perspectiva, la autora señala que las métricas habitualmente utilizadas por la industria tecnológica —como la satisfacción, la retención o el nivel de interacción— resultan insuficientes para comprender los efectos reales de los sistemas conversacionales sobre las personas.
La Psicología aporta modelos teóricos y evidencia científica que permiten comprender cómo los usuarios interpretan las interacciones con la inteligencia artificial y cómo estas pueden influir en sus emociones, pensamientos y comportamientos.
Cuando las personas establecen vínculos con la inteligencia artificial.
El artículo presta especial atención a las relaciones que pueden desarrollarse entre los usuarios y los chatbots. Según Zhao, las interacciones con sistemas conversacionales pueden activar procesos similares a los que aparecen en determinadas relaciones sociales humanas, favoreciendo la creación de vínculos emocionales unidireccionales o relaciones parasociales.
En estos casos, las personas pueden llegar a sentirse comprendidas, escuchadas o conectadas emocionalmente con una entidad que, en realidad, no posee experiencias subjetivas ni capacidad de reciprocidad.
La autora plantea que este fenómeno obliga a reflexionar sobre hasta qué punto debe fomentarse la antropomorfización de los sistemas de inteligencia artificial. Una excesiva humanización podría aumentar el riesgo de dependencia emocional, generar expectativas irreales sobre la relación con el sistema o incluso sustituir parcialmente algunas relaciones sociales reales.
En este contexto, Zhao destaca la relevancia de la Psicología Social para comprender cómo se construyen estos vínculos, cómo se genera la confianza y qué mecanismos de influencia pueden activarse durante la interacción con agentes artificiales.
Motivación, bienestar y aprendizaje: aportaciones esenciales de la Psicología.
La autora también subraya la contribución que diferentes áreas de la Psicología pueden realizar al desarrollo de la inteligencia artificial conversacional.
La ciencia de la motivación, por ejemplo, permite comprender qué impulsa el comportamiento humano y cómo diseñar sistemas que favorezcan cambios positivos sostenidos sin generar dependencia o reducir la autonomía de los usuarios.
Por su parte, la Psicología Positiva recuerda que el bienestar no puede reducirse a la satisfacción inmediata. El artículo menciona el modelo PERMA, que contempla dimensiones como las emociones positivas, el compromiso, las relaciones interpersonales, el sentido vital y los logros personales como componentes fundamentales del florecimiento humano.
Asimismo, Zhao advierte de que gran parte de la investigación psicológica y de los modelos de inteligencia artificial actuales se basa en poblaciones occidentales. Dado que la cultura influye en la forma de comunicarse, expresar emociones, buscar ayuda o comprender la propia identidad, la participación de especialistas en Psicología Cultural resulta fundamental para adaptar estos sistemas a contextos diversos.
La autora también destaca el potencial educativo de los chatbots. Sin embargo, considera imprescindible incorporar el conocimiento aportado por la Psicología del Desarrollo y las ciencias del aprendizaje para garantizar que la retroalimentación ofrecida sea adecuada a las características evolutivas y necesidades de cada persona.
Atender a la salud mental.
Uno de los ámbitos donde la participación de la Psicología resulta especialmente importante es el relacionado con la salud mental.
Según señala Zhao, el malestar psicológico suele expresarse de forma indirecta, ambigua o gradual. Los psicólogos clínicos y sanitarios y los profesionales de la orientación psicológica están formados para detectar señales tempranas de sufrimiento emocional, responder con sensibilidad, formular preguntas adecuadas y valorar cuándo una situación requiere una intervención más especializada.
Sin embargo, los sistemas conversacionales actuales continúan mostrando dificultades para identificar adecuadamente determinados indicadores de riesgo y responder de forma apropiada ante situaciones relacionadas con ideación suicida, síntomas obsesivo-compulsivos o creencias delirantes.
Por este motivo, la autora considera que la experiencia clínica debe incorporarse de manera sistemática al diseño, evaluación y supervisión de los sistemas conversacionales.
La Psicología aporta también los métodos de evaluación.
Además de proporcionar conocimientos teóricos, la Psicología ofrece herramientas metodológicas esenciales para analizar el impacto de la inteligencia artificial conversacional.
Los psicólogos y psicólogas cuentan con experiencia en diseño experimental, psicometría, medición de variables psicológicas, análisis estadístico y evaluación de intervenciones. Estas competencias permiten examinar no solo si un sistema funciona, sino también por qué funciona, para quién resulta beneficioso y en qué circunstancias pueden aparecer riesgos.
La autora destaca que la evaluación de estos sistemas debería incluir variables relacionadas con el bienestar emocional, la autoeficacia o la confianza, en lugar de depender exclusivamente de indicadores de uso o satisfacción.
Asimismo, los métodos cualitativos pueden ayudar a comprender cómo viven las personas sus interacciones con los chatbots, identificando experiencias y problemas que podrían pasar desapercibidos en los análisis cuantitativos.
Una llamada a la acción para la profesión.
El artículo concluye con una clara llamada a la acción. Zhao defiende que los psicólogos y psicólogas deben convertirse en participantes habituales y necesarios en el desarrollo de la inteligencia artificial conversacional.
Para ello, propone que las empresas tecnológicas integren la experiencia psicológica como una competencia central de sus equipos; que los y las profesionales de la Psicología participen desde las fases iniciales del diseño de los sistemas; y que las instituciones académicas, organismos financiadores, revistas científicas y otros actores relevantes promuevan estándares compartidos de seguridad, eficacia y bienestar.
En un momento en el que los chatbots ya influyen en la forma en la que las personas aprenden, buscan apoyo, toman decisiones y se relacionan consigo mismas y con los demás, la autora sostiene que el impacto futuro de estas tecnologías dependerá, en gran medida, de la capacidad para incorporar la ciencia psicológica como un elemento fundamental de su desarrollo.
Fuente.
Zhao, X. (2026). Psychologists must be involved in building conversational AI chatbots. Nature Reviews Psychology, 5, 304–306. https://doi.org/10.1038/s44159-026-00564-z
