Uta Frith, pionera en la investigación del autismo, cuestiona el concepto de espectro por su excesiva ampliación
27 Abr 2026

«Debido a diversos factores culturales, el espectro del autismo se ha ido haciendo cada vez más inclusivo, y creo que ahora ha llegado a su colapso. Es tan inclusivo que resulta completamente carente de sentido». Estas recientes declaraciones de la psicóloga Uta Frith, una de las figuras más influyentes en la investigación del autismo, han reabierto un intenso debate en el ámbito de la psicología y la salud mental. En una entrevista concedida al diario británico The Telegraph, Frith ha cuestionado abiertamente la vigencia del concepto de «espectro autista», que ella misma contribuyó a consolidar hace más de seis décadas, al considerar que su progresiva ampliación ha terminado por «vaciarlo» de significado clínico.

La relevancia de sus palabras no es menor. A sus 84 años, Frith no solo es una referente histórica en la investigación del autismo y en la comprensión de los procesos cognitivos y neurobiológicos que median el comportamiento de estas personas, sino también una de las principales impulsoras del enfoque dimensional que ha marcado durante décadas la práctica diagnóstica, la investigación y las políticas de intervención.

Su crítica, por tanto, no se percibe como una opinión aislada, sino como una reflexión desde dentro del propio paradigma que ha estructurado la conceptualización contemporánea del autismo.

Según ha señalado, el concepto de espectro surgió originalmente como una alternativa a los modelos categoriales estrictos, con el objetivo de incluir casos que no encajaban en definiciones clínicas rígidas. Sin embargo, en su opinión, esta ampliación progresiva ha llevado a una situación en la que «el espectro se ha vuelto tan inclusivo que ha perdido completamente su sentido», hasta el punto de acercarse a un «colapso» conceptual.

Fuente: freepik. Descarga: 24/04/26.
De la inclusión a la pérdida de valor clínico.

El núcleo de la crítica de Frith se centra en la tensión entre inclusión y precisión diagnóstica. Aunque reconoce que la definición básica del autismo —como una condición del neurodesarrollo caracterizada por dificultades en la comunicación y patrones de comportamiento restringidos—, se ha mantenido estable, considera que su interpretación se ha ampliado de forma excesiva en las últimas décadas.

Este proceso de ampliación, influido por factores culturales y sociales, habría llevado a que el diagnóstico englobe perfiles muy heterogéneos, dificultando la identificación de características clínicas comunes. En palabras de la propia investigadora, si todos formamos parte de un espectro debido a la diversidad neurológica, el diagnóstico médico corre el riesgo de perder su utilidad práctica.

Desde esta perspectiva, el problema no radicaría en la existencia del autismo como entidad clínica, sino en la extensión excesiva de sus límites, que podría diluir su especificidad y comprometer tanto la investigación como la intervención.

Dos perfiles diferenciados: una propuesta controvertida.

Como alternativa, Frith propone distinguir entre dos grandes grupos dentro de las personas actualmente diagnosticadas con autismo. Por un lado, aquellos casos identificados en la infancia temprana —generalmente, antes de los cinco años—, que suelen presentar mayores dificultades y, en muchos casos, discapacidad intelectual asociada. Por otro, un grupo creciente de adolescentes y adultos, especialmente, mujeres jóvenes, que buscan diagnóstico en etapas más tardías y que, según la autora, presentan perfiles distintos.

Para este segundo grupo, Frith sugiere incluso la posibilidad de utilizar una denominación diferente, como «hipersensibles», al considerar que sus dificultades —aunque reales— podrían abordarse de manera más adecuada fuera del marco del autismo. Esta propuesta ha generado una notable controversia, al plantear una redefinición que afectaría directamente a la identidad diagnóstica de muchas personas.

El aumento de los diagnósticos tardíos y el papel de la subjetividad.

Otro de los aspectos destacados en la entrevista es el crecimiento de los diagnósticos en la edad adulta. Mientras que los casos identificados en la infancia han aumentado de forma moderada, Frith advierte de un incremento «alarmante» en los diagnósticos tardíos.

En este sentido, expresa su preocupación por el peso creciente de la experiencia subjetiva en los procesos diagnósticos, en detrimento de la observación clínica objetiva. A su juicio, esta tendencia podría estar debilitando la validez del diagnóstico, al basarse en criterios menos consistentes y más dependientes de la autoidentificación.

Asimismo, cuestiona la expansión de conceptos como el «enmascaramiento» —la idea de que algunas personas, especialmente mujeres, ocultan sus síntomas para adaptarse socialmente—, al considerar que carece de una base científica sólida. También rechaza la hipótesis de un infradiagnóstico sistemático en mujeres, otro de los planteamientos ampliamente extendidos en los últimos años.

Reacciones y consecuencias: más allá de una etiqueta.

Las declaraciones de Frith han tenido una rápida repercusión tanto en la comunidad científica como en los colectivos de personas con autismo y sus familias. Muchas de las críticas se centran en el riesgo de invalidar experiencias personales y en las posibles consecuencias prácticas de una redefinición del concepto.

Y es que, como señalan diversos expertos, el debate trasciende la cuestión terminológica. En juego están aspectos fundamentales como los criterios diagnósticos, el acceso a apoyos y tratamientos, las políticas educativas y sanitarias, y la propia identidad de millones de personas que han construido su trayectoria vital en torno a este diagnóstico.

Desde el ámbito de la psicología, esta controversia pone de relieve la complejidad inherente a la clasificación de los problemas de salud mental y del neurodesarrollo, así como la necesidad de encontrar un equilibrio entre la sensibilidad a la diversidad individual y el rigor clínico.

Un debate abierto en la psicología contemporánea.

Las reflexiones de Uta Frith se inscriben en un contexto más amplio de revisión crítica de los sistemas diagnósticos en salud mental. En los últimos años, se ha intensificado el debate sobre los límites de las categorías diagnósticas, la medicalización de ciertas experiencias y el papel de los factores culturales en la definición de los trastornos.

En el caso del autismo, la evolución hacia un modelo de espectro ha supuesto avances importantes en términos de reconocimiento y acceso a recursos. Sin embargo, también ha generado desafíos en la delimitación de criterios y en la heterogeneidad de los perfiles incluidos.

La propuesta de Frith, aunque controvertida, contribuye a reabrir una discusión necesaria sobre cómo conceptualizar el autismo en la actualidad, con implicaciones directas para la investigación, la práctica clínica y las políticas públicas en el ámbito de la salud mental.

En definitiva, sus palabras no solo cuestionan un concepto consolidado, sino que invitan a la comunidad científica y profesional a reflexionar sobre la evolución de los modelos explicativos en psicología y sobre la necesidad de adaptar las categorías diagnósticas a la evidencia disponible, sin perder de vista su impacto en la vida de las personas.


La entrevista completa se encuentra disponible aquí.

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