Estefanía Estévez López, Belén Martínez Ferrer y Gonzalo Musitu Ochoa

Universitat de València

 

Partiendo de la literatura científica sobre violencia escolar, se ha podido constatar, en numerosas ocasiones, la estrecha relación existente entre los problemas de victimización y la baja autoestima de las víctimas de acoso escolar o bullying. Sin embargo, los resultados relativos a la asociación entre el comportamiento agresivo y la autoestima de los agresores o bullies son mucho más contradictorios. Algunos investigadores sostienen que los adolescentes agresivos presentan una autoestima más baja que aquellos sin problemas de conducta, mientras otros afirman que los agresores, por regla general, se valoran positivamente a sí mismos y muestran un nivel de autoestima medio o incluso alto.

Esta aparente contradicción de resultados podría estar fundamentada en lo que los investigadores entienden por autoestima. Grosso modo, la autoestima alude a la valoración que la persona hace de sí misma, pudiendo ser ésta general o específica para distintas áreas de la vida. En los estudios llevados a cabo hasta el momento presente se han utilizado, casi exclusivamente, medidas de autoestima general que no muestran resultados concluyentes. Parece más oportuno, por tanto, examinar la autoestima desde un punto de vista multidimensional y observar qué ocurre en cada ámbito de la vida de los adolescentes.

Partimos del supuesto de que el adolescente puede tener una imagen general de sí mismo favorable o desfavorable y que, además, puesto que se desenvuelve en diversos contextos como el familiar, el escolar y el social, también desarrolla una imagen de sí mismo específica en cada uno de ellos.

El objetivo de la presente investigación fue analizar la autoestima de adolescentes agresores, victimizados y agresores/víctimas (aquellos que siendo bullies, también son victimizados por sus compañeros) en las dimensiones familiar, escolar, social y emocional. Participaron un total de 965 adolescentes con edades comprendidas entre los 11 y los 16 años y escolarizados en centros de enseñanza de la Comunidad Valenciana.

Principales resultados

Los resultados muestran que, en general, los adolescentes victimizados en la escuela se perciben a sí mismos más negativamente en los ámbitos social y emocional de la autoestima, en comparación con los agresores. Las víctimas de violencia escolar suelen presentar desórdenes emocionales como estrés, ansiedad y síntomas depresivos, así como problemas de aislamiento, exclusión social en la escuela y dificultades para integrarse socialmente en el grupo de compañeros. Suelen ser descritas como personas tristes, inseguras y tímidas que tienen pocos o ningún amigo. Los resultados obtenidos en la presente investigación sugieren que esa imagen de las víctimas como personas tristes, deprimidas y solas es, de hecho, compartida por las propias víctimas.

Sin embargo, las valoraciones de las víctimas en relación con los contextos familiar y escolar, son más positivas que en el caso de ambos grupos de agresores, e incluso tan positivas como las valoraciones que hacen de sí mismos los adolescentes sin problemas de agresión o victimización en la escuela. Así, aunque estos escolares sostienen que en ocasiones se sienten sobreprotegidos por sus padres, en general, se muestran satisfechos con su entorno familiar; mientras que por el contrario, los agresores suelen informar de la existencia de relaciones hostiles y desafiantes con sus padres.

Respecto del contexto escolar, se ha constatado que las víctimas presentan normalmente un buen rendimiento académico y no muestran más dificultades académicas que el resto de compañeros, mientras que los agresores suelen ser repetidores con un bajo rendimiento escolar y muestran actitudes desfavorables hacia la escuela, el profesorado y los estudios.

Los adolescentes agresivos, sin embargo, se perciben a sí mismos como altamente competentes en los ámbitos social y emocional de la autoestima; más competentes incluso que sus compañeros no implicados en problemas de agresión o victimización en la escuela. Estos mismos resultados se han obtenido en centros de enseñanza de Estados Unidos y se han reflejado en trabajos científicos rigurosos. Una posible explicación es que los adolescentes agresivos son en numerosas ocasiones figuras importantes en su grupo de iguales, e incluso, populares y queridos entre sus compañeros, lo que les hace disfrutar de ciertos beneficios sociales que se reflejan en su bienestar tanto emocional como social.

Finalmente, el grupo de agresores/víctimas es el que presenta un cuadro más negativo: por un lado, se valoran más negativamente que los agresores en las dimensiones social y emocional de la autoestima y, por otro, se valoran más negativamente que las víctimas en los ámbitos familiar y social de la autoestima.

Conclusiones e implicaciones prácticas

En primer lugar, los resultados de esta investigación señalan la importancia de adoptar una perspectiva multidimensional en el estudio de la autoestima en agresores y víctimas en la escuela. En segundo lugar, consideramos que los datos presentados pueden ser de utilidad para orientar el diseño de programas de intervención destinados a modificar el comportamiento disruptivo de algunos escolares, mejorar la calidad de vida de las víctimas de bullying, así como fomentar la convivencia pacífica en los centros de enseñanza.

 

Es bien conocido que la autoestima se construye y potencia en los contextos significativos del desarrollo humano como la escuela, la familia y el grupo de iguales. También sabemos que la mejor forma de lograr que los adolescentes convivan pacíficamente y sean felices, es contar con ambientes en los que encuentren una verdadera comprensión y apoyo. Estas ideas son las claves para que los psicólogos que trabajan en los centros educativos y con familias, promuevan programas cuyo objetivo prioritario sea el potenciar y mejorar las relaciones profesor-alumno y padres-hijo. Aquí está la verdadera esencia de la intervención socio-familiar y el fundamento para lograr una mejor convivencia entre nuestros jóvenes.

El artículo original en el que se basa este trabajo puede encontrarse en la revista Intervención Psicosocial: Estévez, E., Martínez, B. Y Musitu, G. (2006). La autoestima en adolescentes agresores y víctimas en la escuela: la perspectiva multidimensional. Intervención Psicosocial. Vol 15 (2), 223-233.

Sobre las autoras y autor:

Estefanía Estévez López es Doctora en Psicología Social por la Universitat de València y Becaria Postdoctoral por el Ministerio de Educación y Ciencia. Su tesis doctoral se centró en el acoso escolar o bullying. Actualmente se encuentra desarrollando su labor investigadora en el Social Psychology European Research Institute en Inglaterra, en relación con los problemas de conducta antisocial y violenta en el período adolescente.

 

Belén Martínez Ferrer es Licenciada en Psicología por la Universitat de València. Actualmente trabaja como Becaria de Investigación en el Departamento de Psicología Social de dicha universidad. Su interés profesional se centra en el ámbito de los problemas de convivencia en la escuela como el rechazo escolar, la violencia y la victimización.

Gonzalo Musitu Ochoa es Catedrático de Psicología Social de la Familia por la Universitat de València. Actualmente dirige el proyecto de investigación "Violencia e integración escolar: aplicación y evaluación de un programa de intervención en la escuela". Es autor de numerosos artículos científicos y de libros como Psicosociología de la Familia, Familia y Adolescencia o La Convivencia en las Escuelas.

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