¿A qué llamamos cuidados de calidad? Estos consisten en proporcionar un entorno protector capaz de promover el pleno desarrollo de los niños y niñas, y constituyen la vía de apoyo más sólida para la infancia vulnerable, todos esos niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo de perder el cuidado de sus padres o que están carentes de un adecuado cuidado parental.

La vía principal de actuación contra la desprotección infantil consiste en restaurar esos cuidados de calidad perdidos y en prevenir la pérdida de dichos cuidados, con el fin de garantizar el derecho que todos los niños y niñas tienen a crecer en familia y en un entorno protector. Dicha actuación requiere la capacidad de detección precoz de casos en riesgo y la evaluación continua de los tratos recibidos.  

Foto: Laura Vallejo-Slocker

Desde el punto de vista psicológico, uno de los mayores esfuerzos a la hora de proporcionar un cuidado de calidad radica en la detección y abordaje de problemas de salud mental en la infancia, cuya inatención puede provocar que dichos problemas afecten al niño/a durante su vida adulta.

Los cuidados de calidad actúan como un elemento protector frente a la vulnerabilidad y el desarrollo de problemas psicológicos, siendo capaces de fortalecer y prevenir problemas de salud mental. Así nos lo explica, en esta clarificadora entrevista, Laura Vallejo-Slocker, directora de Investigación de Aldeas Infantiles SOS España, que coordinará el simposio que tendrá lugar en el CNP2021 bajo el título Cuidados de calidad para una infancia vulnerable, y con quien hemos hablado largo y tendido sobre la necesidad de proteger y proporcionar estos cuidados a nuestros pequeños.

ENTREVISTA

¿Qué son los cuidados de calidad que dan título al simposio que coordinará en el CNP2021?

Las Naciones Unidas recientemente han establecido unos criterios en la Declaración de Cuidados Alternativos que determinan que los niños deben vivir en un entorno en el que se sientan apoyados, protegidos y cuidados y donde se respete el interés superior del niño y el derecho que ellos tienen a ser oídos y a que sus opiniones se tengan en cuenta.

Los cuidados de calidad vienen a enfatizar, por la declaración de cuidados alternativos, la importancia de garantizar que todos los niños estén en un hogar estable y de que se construyan y se preserven sus vínculos afectivos más importantes.

¿Cómo y qué menores corren más peligro de perderlos?

Aquellos niños que no vivan en un entorno seguro y protector son los que, diríamos, tienen mayor riesgo de perder esos cuidados.
Cuando hablamos de entorno seguro y protector, por aclarar este concepto, nos estamos refiriendo a un ecosistema. El cuidado de calidad diríamos que es responsabilidad de la comunidad. No solamente de la familia sino también de la sociedad, del colegio, del sistema sanitario, de las instituciones, porque todos contribuyen a atender a las necesidades del niño y a proveerles de los cuidados que necesita. Por eso y, por ejemplo, en situaciones de riesgo, de guerra, de alta vulnerabilidad social en entornos donde hay una alta prevalencia del maltrato, del abuso, del paro, genera un entorno que es desfavorable para la protección y el cuidado del niño porque todo ese ecosistema se ve afectado.

 

Entonces, y siguiendo el hilo de lo que expone, ¿el entorno seguro va más allá de la casa?

Claro. Va mucho más allá de estar bien en casa. Al final, la responsabilidad principal recae sobre los padres y los padres no pueden deshacerse de esa responsabilidad por así decirlo, pero es a la vez compartida por toda la sociedad, por el estado garantista en el que vivimos, el estado de derecho y demás.

¿Cómo garantizar, desde el punto de vista psicológico, que esos cuidados se están recibiendo?

Básicamente sería escuchando a los niños y haciendo un seguimiento constante, un acompañamiento continuo.  Al final un cuidado de calidad requiere de un vínculo, por eso, ese acompañamiento continuo, y debemos evaluar y asegurarnos de que se atiendan adecuadamente las necesidades emocionales del niño, de que se está construyendo un vínculo seguro, incondicional, disponible, de que es eficaz, etc. Y esto es lo que tratamos de garantizar mediante ese acompañamiento constante. Si bien el cuidado de calidad es el aspecto central del simposio, el segundo aspecto más relevante tendrá que ver con la detección y evaluación de todo ese cuidado.

¿Cómo se evalúa, detecta que un menor esté recibiendo esos cuidados?

Vivimos en un sistema en el que se asume que el cuidado de los niños es responsabilidad de la sociedad, como veníamos diciendo, y que, cuando dicho cuidado no lo garantizan los padres, es el estado el que debe proveer ese cuidado. Para ello, existe toda una red de atención a la infancia que cuenta con recursos públicos y privados cuya labor es detectar dichas situaciones y poner en marcha una serie de recursos y mecanismos de apoyo. Entonces, si el cuidado de los niños es responsabilidad de todos, la detección también debe suceder a todos los niveles y son muchos los actores que posibilitan la detección de estos casos de riesgo. Para que esta detección funcione y llegue a tiempo, es importante que todos los implicados en el cuidado de los niños presten atención a sus necesidades y den la voz de alarma en caso de identificar situaciones que pongan a los niños en riesgo. Hablamos, por ejemplo, del papel que juegan los colegios, los pediatras, los vecinos, los servicios sociales, todos los que atienden a los niños. Es importante disponer de criterios claros que nos permitan definir indicadores de riesgo que se puedan cuantificar y disponer también de protocolos de evaluación a todos estos niveles y de hecho este es uno de los temas que abordamos en el simposio.

¿Es la detección precoz la estrategia más adecuada para prevenir la falta de esos cuidados?

La detección precoz se entiende como un mecanismo de prevención y hablaríamos de que es importante porque cualquier recurso que invirtamos en prevenir que se genere un determinado daño, puede ayudar a que cueste menos restaurarlo. Hemos aprendido, desde una perspectiva comunitaria, que la detección precoz es un mecanismo de prevención y siempre resulta más eficaz y beneficioso prevenir que tener que restaurar ese daño. La complejidad radica un poco en ser capaces de evidenciar la bondad de este recurso, de la prevención, porque siempre es más difícil medir el impacto de medidas que tienen como objetivo que no suceda un determinado resultado, que en este caso sería evitar la pérdida de un cuidado de calidad, y el principal mecanismo preventivo que tenemos a este nivel, en lo que se refiere a los niños, es identificar situaciones de alta vulnerabilidad para con ello poder trabajar con las familias en situación de riesgo, evitar que los niños dejen de recibir ese cuidado de calidad y que tengan que separarse de sus padres.  Al final el coste de no actuar a tiempo, que sería detectar de forma anticipada estas situaciones, es mayor que el de haber tenido que revertir esa situación. Una vez que el niño es separado, porque no recibe los cuidados adecuados, todos los recursos que conlleva restaurar esa situación, son mayores que la detección.

 

¿Cómo puede detectar un profesor, un médico, que un niño/a lo está pasando mal en casa?

Depende un poco de la problemática. Los que nos dedicamos a la protección de la infancia, debemos hacer un mayor esfuerzo por sensibilizar a la sociedad y por transmitir de forma clara aquellos indicadores que cada uno de estos grupos puede identificar y con ellos dar la voz de alarma a los servicios sociales. Al final, servicios sociales entra cuando se canalizan, cuando se detectan todas estas cosas que vienen normalmente informadas o por el colegio o por el médico, por más o menos aquellos actores implicados en el cuidado de los niños. En ocasiones también indirectamente por la familia, pero suele ser más complicado o inhabitual que sea la familia la que se dé cuenta de que ciertas cosas no funcionan como deberían dado que es un poco el foco del problema. Yo creo que nuestra labor radica un poco en difundir esto y dejar un poco más claro cuáles son esos criterios para que aquellas personas, que están al cuidado de los niños, tengan mayor facilidad para identificarlos y también reportarlos.

¿En qué medida sufre la salud mental de un menor cuando no tiene cubiertos esos cuidados?
La salud mental está en constante cambio y evolución y evidentemente situaciones que generan desequilibrio cómo es estar en un entorno desfavorecedor va a hacer que esa salud mental se resienta. También sabemos que los niños, al igual que el resto de las personas, tienen capacidad para hacer frente a situaciones que son estresantes y tienen recursos propios para revertir un poco ese daño que se genera. No obstante, a veces estos recursos propios no son suficientes y es entonces cuando entra la psicología y otras disciplinas para intentar revertir un poco esa situación. Pero como en cualquier otro ámbito de la vida, cualquier situación estresante, incertidumbre de maltrato y de abuso va a tener una repercusión en la salud mental y en la salud general de la persona y lo mismo sucede con los niños.

¿Puede ponerse en riesgo la vida de un menor sin los cuidados adecuados?

Sí, claro. Si el niño no recibe esos cuidados, no podría garantizarse un entorno adecuado para que el niño pudiera desarrollarse plenamente y no estuvieran atendidas sus necesidades físicas, emocionales, sociales, sí que podría conllevar un riesgo para su vida. Como comentamos, las situaciones de mayor riesgo acaban siendo las que derivan del maltrato físico, del abuso, de la explotación, del abandono, de enfermedades graves, situaciones de dependencia, todo esto hace que el entorno que se genera no será capaz de dar respuesta a las necesidades del niño poniendo, por tanto, en peligro su vida en determinadas ocasiones.

¿Habéis notado, desde vuestro trabajo en Aldeas Infantiles, si los cuidados de calidad han disminuido aún más a raíz de la pandemia?

En Aldeas Infantiles, durante la pandemia, hemos hecho un estudio para un poco monitorear la salud mental de los niños y ver en qué medida, se está viendo afectada en un primer momento por el confinamiento y después por toda esta situación que se prolonga en el tiempo.

Y lo que hemos encontrado es que la salud mental es uno de los aspectos más afectados a consecuencia de la crisis que vivimos y que ha ido empeorando según ha ido avanzando el tiempo que dura esta situación.

La situación en casa varía un poco en función de los niños. Hay para quienes, aquellos que a lo mejor tenían más problemas en el colegio, el periodo de confinamiento ha beneficiado su salud mental porque, por así decirlo, han evitado una situación que les generaba de origen problemas y aquellos, a lo mejor, en el que el problema estaba en casa, la mayor convivencia entendemos que ha podido repercutir en su salud mental por la calidad de esa convivencia. En general, con independencia de estos aspectos, sí que la salud mental se ha visto empeorada en el último año respecto a los registros que teníamos previos.

¿Cómo se puede ayudar a los padres que no tienen manera de garantizar esos cuidados?

En España, los niños que pierden el cuidado de sus padres y por lo tanto entran en el sistema de protección, no son por situaciones de carencia física o económica, sino por casos de malos tratos tanto físicos como emocionales y lo que se intenta hacer siempre es preservar la unidad familiar y evitar la separación. Entonces, si la razón por la cual los niños no están bien atendidos tiene que ver con necesidades más materiales o más económicas, se apoya a la familia en ese ámbito para evitar que se produzca la ruptura. Ahora sí que hay familias que no disponen de competencias parentales adecuadas para criar y educar a sus hijos y es ahí cuando sí que existe riesgo de separación familiar. Pero si es por el otro caso se trabaja por ayudar a la familia a conseguir esos recursos, estabilizar la situación para evitar que el niño tenga que salir de su familia.

¿Qué labor puede ejercer la psicología en este ámbito?

La labor de la psicología consiste, por un lado, en entrenar a los padres o a los cuidadores principales en el desarrollo de una serie de competencias que les ayuden a cuidar de forma adecuada a sus hijos. Muchas veces estos cuidados no se dan, no porque los padres lo hagan de forma intencionada, sino porque a lo mejor no han tenido la experiencia para aprender la forma de cuidar a sus hijos de la manera más apropiada. Sería apoyarles para que lo hagan mejor. Y también la labor de la psicología en cuanto a los padres, consiste en evaluar y detectar estas carencias, en lograr planes específicos para restaurar un poco este equilibrio. Sería ese acompañamiento a la familia. Y por otro lado, en cuanto a los niños, se trata de devolverles la estabilidad que han perdido y ayudarles a resolver estos problemas que ha generado esta falta de cuidados en su desarrollo psicosocial y desde este punto se llevan a cabo en ocasiones intervenciones de corte terapéutico, en función un poco de la problemática, pero también se trabaja en programas de psicoeducación como por ejemplo desarrollo de habilidades parentales, se trabaja en acciones preventivas a nivel comunitario que va de la mano de la detección precoz… Depende un poco de la problemática y del nivel de actuación, del momento en el que lleguemos. El ámbito es bastante diverso.

¿Cree que la recientemente aprobada Ley de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, garantizará aún más esos cuidados?  

Creo que todo a lo que, por así decirlo, se le dé un marco legal y administrativo y se le dote de recursos, facilitará que los niños, en esta situación, estén mejor atendidos. En ocasiones, en el pasado, hemos actuado tanto desde lo público como lo privado siguiendo un poco aquellos marcos o esquemas que nos parecían más favorecedoras para los niños pero que todo esto quede protocolizado y reglado, por así decirlo, en teoría es mayor garantía de que los derechos de los niños no van a ser vulnerados y que van a ser atendidos como es necesario.

Puedes acceder al vídeo de la entrevista completa aquí:

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