¿Qué relación existe entre el daño cerebral y el envejecimiento? ¿Las personas que han sufrido un accidente cerebrovascular tienen un mayor riesgo de sufrir Alzheimer? ¿Se encuentran cubiertas sus necesidades? Estos son algunos de los aspectos abordados en el estudio sobre la Situación de las personas con Daño Cerebral en proceso de envejecimiento y necesidades de prestación de apoyos, elaborado por FEDACE (Federación Española de Daño Cerebral).

Tal y como señalan los autores del documento: “existen evidencias que haber sufrido un Daño Cerebral puede suponer un aceleramiento del proceso de envejecimiento. Pero envejecer no es solo una cuestión de edad, sino que también entran en juego variables como el género, el nivel socioeducativo, la actividad, las actitudes y el entorno”.

En el informe, FEDACE, subraya que las personas mayores con daño cerebral se enfrentan a una serie de barreras contextuales que agudizan aún más su situación de vulnerabilidad, tales como: la dificultad de acceso a recursos de apoyo y su variabilidad según la comunidad autónoma en la que residen; la ausencia de redes de apoyo informal debido al propio envejecimiento de las personas que prestan este apoyo, al creciente número de hogares unipersonales y a la sobrecarga y estrés que implican las labores de cuidado; la existencia de limitaciones de edad para el acceso a recursos de rehabilitación especializada y aspectos vinculados con el género.

El primer obstáculo para la puesta en marcha de planes de atención adecuados en España, es la falta de estadísticas oficiales sobre la prevalencia de las personas con daño cerebral en nuestro país, así como la situación específica en la que se encuentran las personas mayores. Por este motivo, FEDACE realizó una encuesta a 335 personas con daño cerebral mayores de 40 años, siendo el 32% mujeres.

Del total de participantes, el 10% vive solo y presenta una lesión con una media de 9 años de duración. Respecto al tipo de lesión más común es el accidente cerebrovascular, presente en el 76% de la muestra. Asimismo, los participantes presentan una elevada limitación funcional, de forma que prácticamente todos (96%) precisan de apoyo para la realización de las actividades de la vida diaria, sobre todo, en lo que respecta a las tareas domésticas (64,5%). Asimismo, las limitaciones funcionales más comunes son las físicas/motoras (81,5%), y también, aunque en menor medida, las psíquicas-cognitivas (80,9%) y las emocionales-conductuales (55,8%).

Tal y como es de esperar, según los datos recogidos en el estudio, la necesidad de ayuda aumenta con la edad y la principal fuente de ayuda que reciben estas personas es de tipo informal, fundamentalmente de mujeres del entorno cercano que ejercen el papel de cuidadoras, siendo la media de edad de estas cuidadoras de 60 años.

En relación con otros datos de salud, se observa que los participantes presentan otro tipo de problemas de salud física y mental concomitantes, tales como hipertensión arterial (44%), el colesterol elevado (29%), el sobrepeso (27%) y depresión (24%). En consecuencia, estas personas han requerido atención durante el último año en los servicios de Atención Primaria (66%), de rehabilitación funcional (60%), servicios de logopedia (36%9 y servicios de salud mental (34%).

Más allá, los datos evidencian que el 73% de las personas con daño cerebral acude a los servicios de rehabilitación privados y un 43% debe desplazarse a otras localidades para recibir esta asistencia, lo que pone en evidencia la falta de servicios públicos y la ausencia de acceso a recursos de calidad.

Según señalan los autores en el documento, “es conveniente señalar que envejecer no es solo una cuestión de edad, sino que también entran en juego variables como el género, el nivel socioeducativo, la actividad, las actitudes y, desde luego, en perspectiva biopsicosocial, el entorno: el disponer o no de acceso a la participación social, educativa, de empleo, de servicios sanitarios y sociales de apoyo en los procesos de envejecimiento”.

Para contrarrestar las limitaciones y vulnerabilidades de este grupo, FEDACE aboga reconocer esta intervención multifactorial, así como impulsar el envejecimiento activo y saludable, los modelos de calidad de vida y la planificación integral centrada en la persona.

Se puede acceder al informe en el siguiente enlace:

Situación de las personas con daño cerebral en proceso de envejecimiento y necesidades de prestación de apoyos

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