Cerca del 50% de los/as pacientes con cáncer presentan malestar emocional y el 30% necesitan atención psicológica especializada. Asimismo, un porcentaje significativo de sus familiares y cuidadores, necesitará intervención psicológica por parte de un/a profesional en algún momento de la enfermedad; sin embargo, el 48% de los hospitales no dispone de personal propio que realice atención psicológica en cáncer y en el 52% restante donde se ofrece algún tipo de atención, ésta es insuficiente.

Estos son algunos datos preocupantes recogidos por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en su primer informe sobre la inequidad del cáncer en España, un documento a través del cual pretende visibilizar los factores que generan inequidad y desigualdades que se dan en la población a la hora de tener un riesgo de desarrollar cáncer, de tratarlo, o de vivir con sus consecuencias, y que pueden llegar a agravar la enfermedad.

Tal y como indica el informe, los sistemas de salud y las políticas públicas influyen de manera significativa en la relación que se da entre desigualdades sociales y salud, dado que, además de las diferencias socioeconómicas, otro de los determinantes de mayor impacto a la hora de generar desigualdades en resultados en salud es la inequidad en el acceso a los servicios sanitarios.

Fuente: www.pexels.com Artista:
Miguel Á. Padriñán Fecha descarga: 09/02/2021

Concretamente, en relación con las enfermedades oncológicas, la mayoría de las desigualdades implican diferencias en las condiciones de vida y trabajo, atención médica y políticas sociales, que se ven afectadas por determinantes sociales como ocupación, ingresos, vulnerabilidad social y relacional y educación.

A continuación, recogemos algunas de las principales conclusiones del informe:

  • Los datos actuales sobre incidencia y mortalidad de cáncer en España indican que, de cada 100.000 personas, más de 600 han sido diagnosticadas de cáncer sólo en 2022. La cifra de defunciones en nuestro país en el año 2021 se estima en 109.589.

  • De acuerdo con los expertos, se prevé que el envejecimiento progresivo de la población aumente la incidencia y prevalencia de enfermedades como el cáncer, así como la demanda de atención sociosanitaria por parte de las personas dependientes y su entorno, elevándose a su vez su nivel de dependencia por estas y otras enfermedades.

  • La situación de desempleo representa un antecedente para sufrir numerosas afecciones de salud. La evidencia señala que la población desempleada acumula, en mayor proporción que la población empleada, distintos factores de riesgo para su salud en general, y para el desarrollo de un potencial cáncer, en particular: mayor consumo de tabaco y de alcohol, mayor tasa de obesidad, más inactividad física y menor consumo de frutas y vegetales.

  • Hay una serie de factores sociales, ambientales y conductuales que constituyen claros factores de riesgo para el desarrollo de cáncer a lo largo de la vida, entre ellos:

    • La obesidad es un problema creciente que afecta ya al 16% de la población española: un total de 6.127.700 españoles de todas las edades. La evidencia señala que el exceso de peso se asocia con un 20% de los casos de cáncer. De hecho, varios estudios epidemiológicos constatan una fuerte relación entre el sobrepeso y la obesidad en la infancia, y el desarrollo de diferentes enfermedades en la edad adulta (por ej., leucemia, la enfermedad de Hodgkin, cáncer colorrectal y de mama, etc.).

      Es evidente también la relación entre el nivel socioeconómico y la obesidad: en países desarrollados, se da una relación inversamente proporcional entre la obesidad con el nivel educativo, la situación laboral y los ingresos netos de los hogares. Esto es, a medida que el estatus socioeconómico disminuye, se incrementa el riesgo de obesidad.

    • Actividad física y sedentarismo: desde hace años, diferentes estudios han mostrado como la realización de ejercicio previene algunos tipos de cáncer. De hecho, la OMS recomienda ejercicio moderado para combatir el riesgo de mortalidad por enfermedades crónicas.

    • El consumo de tabaco es la principal causa evitable de enfermedad, discapacidad y muerte en el mundo, y constituye el principal factor de riesgo para tener cáncer de pulmón.
      Los datos ponen de manifiesto que el consumo de tabaco provoca 52.000 muertes anuales en España, donde el 22% de la población sigue siendo fumadora. Especialmente preocupantes son las cifras de consumo de tabaco entre adolescentes, destacando aquí “la feminización del consumo en edades más tempranas”, al superar las chicas a los chicos en todas las franjas de edad menores de 18 años.

      Se observa que uno de cada diez jóvenes está expuesto diariamente al humo del tabaco en espacios cerrados. Si se tiene en cuenta también la exposición en espacios públicos, la exposición al humo aumenta exponencialmente, llegando a afectar al 43% de los menores de 12 años en España.

    • El consumo de bebidas alcohólicas eleva el riesgo de padecer, entre otros, cáncer de la cavidad oral, faringe, laringe, esófago, hígado, colorrectal y mama. Según datos del INE, un 35,1% de los españoles son consumidores habituales de alcohol (el 24,4% de las mujeres y el 46,4% de los hombres), siendo los consumidores habituales aquellos de edades comprendidas entre los 55 y 64 años. Asimismo, el alcohol continúa siendo la droga más consumida por los y las jóvenes, con una edad de inicio de consumo más temprana (14 años).

  • La situación sociolaboral en el momento del diagnóstico “condiciona claramente las consecuencias que la enfermedad va a tener en los diferentes aspectos de su vida”; de este modo, el diagnóstico puede ser un causante y/o agravante de riesgo socioeconómico para la subsistencia de la persona y su familia.

    Se estima que, en 2021, el 10% de las personas que han sido diagnosticadas de cáncer en España tenían una situación de vulnerabilidad socioeconómica en el momento del diagnóstico. La incidencia de cáncer en personas en situación de vulnerabilidad socioeconómica en nuestro país es de 27.803.

  • La toxicidad económica del cáncer hace referencia a los costes económicos, directos e indirectos, que acompañan al diagnóstico de cáncer. Los datos revelan que un 16,5% de los hogares han pagado más de 10.000€ de gastos directos producidos por la enfermedad. Asimismo, si se tiene en cuenta el esfuerzo en cuidado al paciente y ayuda al hogar, se observa que un 41% de los hogares han hecho un esfuerzo superior a los 10.000€.

    No todos los hogares pueden asumir con la misma facilidad los costes directos e indirectos de un diagnóstico de cáncer. Según el informe, esto es especialmente relevante en el caso de las mujeres, que presentan mayores tasas de temporalidad, y perciben ingresos por debajo del salario mínimo en casi el doble de casos que los hombres.

  • En España, se estima que 48.508 personas diagnosticadas de cáncer cada año viven solas. A ellas, se suman 69.032 nuevos diagnósticos en parejas mayores de 65 años, que pueden encontrar situaciones demográficamente similares. El informe apunta a la soledad como un problema relevante para toda la población, especialmente para las personas mayores, dado que las situaciones de soledad no deseada tienen un fuerte impacto en la salud física, mental y emocional, y se han evidenciado relaciones significativas con peores hábitos de alimentación y consumo de tabaco y alcohol.

  • Con respecto al impacto emocional del cáncer, la literatura especializada pone de manifiesto que “un diagnóstico de cáncer lleva aparejado un nivel de malestar emocional muy significativo en más de la mitad de los y las pacientes, malestar que llega a necesitar de intervención clínica en aproximadamente el 30% de los casos”. En la misma línea, los familiares cercanos y cuidadores presentan necesidades psicológicas muy similares e incluso más graves, de modo que, entre pacientes y familiares, más de 260.000 personas en España “necesitan la ayuda de un/a profesional de la Psicología a partir de un diagnóstico de cáncer”.

    Con la pandemia de la COVID-19 se ha observado un incremento en el porcentaje de pacientes con malestar psicológico que requeriría intervención clínica, pasando del 34,3% en abril de 2020 a un 40% en diciembre de 2020, y siendo significativamente más alto durante este período entre los y las más jóvenes y entre aquellas personas con un menor nivel de ingresos.

    A pesar de lo expuesto, los datos del Observatorio de la AECC revelan que en el 48% de los hospitales no se dispone de personal propio que realice atención psicológica en cáncer y en el 52% restante donde se ofrece algún tipo de atención, ésta es insuficiente. Asimismo, en 7 de cada 10 hospitales, el personal hospitalario no brinda ningún tipo de atención psicológica a los familiares de las personas con cáncer. El 90% de las CCAA no ofrecen atención psicológica especializada o la que ofrecen es insuficiente.

  • Una parte importante de la desigualdad en el acceso a la asistencia viene explicada por el acceso geográfico, esto es el emplazamiento y, por tanto, la disponibilidad física de los servicios sanitarios en distintas zonas del país.

    En este sentido, la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR) estima en 60 minutos el tiempo de viaje por trayecto máximo para realizarse un tratamiento, por lo que se puede hablar de un problema de inequidad entre los pacientes de cáncer de los diferentes territorios nacionales. Estos desplazamientos para poder acudir a su tratamiento generan múltiples costes directos e indirectos: deben realizarse durante varios días a la semana a lo largo de varias semanas, pudiendo llegar a ser muy significativos y una fuente de vulnerabilidad económica para los pacientes que han de someterse a tratamiento en radioterapia en España.

  • Con respecto a la atención al final de la vida, el informe recuerda que, además de disponer de unidades de cuidados paliativos especializados en la proporción recomendada, es necesario que esta atención llegue a todas las personas susceptibles de necesitarla. En España, de las 228.000 personas que fallecen anualmente con necesidad de cuidados paliativos, alrededor de 80.000 no acceden a ellos.

    Una atención de calidad en el final de la vida requiere identificar y dar respuesta a todas las necesidades, tanto de la persona enferma como de su familia, desde un abordaje bio-psico-social y espiritual. Para tal fin, la AECC considera necesario contar con equipos pluridisciplinares, cuyos integrantes trabajen de forma integrada, incluyendo la labor de acompañamiento del voluntariado.

    Sin embargo, lamenta que la atención integral y multidisciplinar a las personas con enfermedad avanzada y/o al final de la vida en los recursos de Cuidados Paliativos todavía es insuficiente, puesto que alrededor del 25% de estos recursos cuentan con psicólogos/as y trabajadores sociales que se dedican menos del 50% de su jornada laboral a prestar esta atención. A este respecto, pese a que morir en el domicilio parece ser la opción preferente de los y las pacientes con patologías avanzadas y es un indicador de calidad de la atención al final de la vida, se observa que en la mayoría de las comunidades autónomas la proporción de pacientes de cáncer que fallecen en el hospital es superior que en el domicilio.

  • El informe considera clave la mejora de la equidad en el acceso de las personas afectadas por el cáncer a los resultados y avances de la investigación de las enfermedades oncológicas, entendiendo ésta desde un enfoque integral en epidemiología, prevención, diagnóstico y tratamiento. No obstante, advierte de que la investigación del cáncer en España presenta ciertas deficiencias (hacen falta recursos, hay dificultades para garantizar la retención del talento, se necesita una mayor colaboración internacional y multidisciplinar, etc.).

Teniendo en cuenta que no todas las personas tienen acceso a entornos promotores de la salud que les ayuden a prevenir el cáncer desde la infancia y a medidas preventivas que permitan detectarlo precozmente, y que no todas las personas diagnosticadas de cáncer y sus familiares tienen garantizada una atención integral y continuada que responda a las necesidades bio-psico-sociales provocadas por el impacto de la enfermedad, la AECC propone en su informe una serie de recomendaciones, entre ellas, la necesidad de garantizar el acceso a una atención psicológica especializada en el sistema sanitario público. Para alcanzar este objetivo, considera necesarias una serie de condiciones, tales como, la medición del malestar (distrés) emocional, tanto del paciente como del familiar que acompaña habitualmente a la persona enferma, incorporándola a la historia clínica, o el establecimiento de protocolos de derivación a atención psicológica especializada cuando el grado de distrés indique la necesidad de este nivel de intervención (bien con los recursos propios del sistema o bien, si estos son insuficientes, integrando los recursos asistenciales que ofrecen entidades sin ánimo de lucro de experiencia contrastada en este tipo de atención).

En relación con lo anterior, la AECC recoge un Decálogo para la mejora de la atención psicológica a las personas con cáncer y a sus familiares.

Se puede acceder al informe completo desde la página Web del Observatorio de la AECC o bien directamente aquí:

El impacto de las inequidades y los determinantes sociales en el cáncer

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