La detección de los niños de alto riesgo neuro-psico-sensorial pre, peri y postnatal y su seguimiento de 0 a 6 años, posibilita un diagnóstico e intervención temprana de los trastornos del desarrollo que puedan presentar, así como un óptimo desarrollo bio-psico-social.

Así lo afirma la Federación Española de Asociaciones de Profesionales de Atención Temprana (GAT) en un informe a través del cual pretende reflejar las nuevas morbilidades que “amenazan a la crianza y al desarrollo infantil” en nuestro país, y se ofrecen claves para hacerles frente.

El documento, elaborado por profesionales con amplia experiencia en el ámbito de la Atención Temprana -entre ellos, psicólogos-, pone de relieve la urgencia de un sistema integral y transversal de cuidado al desarrollo infantil y la Atención Temprana, subrayando la necesidad de programas interdepartamentales de Atención Temprana que establezcan la coordinación necesaria entre los servicios sanitarios, sociales, educativos, judiciales y otros recursos comunitarios.  

Foto: Polina Tankilevitch Fuente: pexels Fecha descarga: 18/02/2022

Asimismo, señala la relevancia de garantizar la continuidad de las intervenciones a lo largo del ciclo de vida, cuando sea preciso, y la trascendencia de reforzar la prevención de los trastornos en el desarrollo y de los factores de riesgo en la infancia, estableciendo planes de prevención primaria que engloben a los niños y niñas y a sus familias, a los colectivos vulnerables y a los organismos responsables de su protección.

De acuerdo con los datos, de los niños que consultan actualmente por retraso psicomotor en las consultas de neuropediatría, cerca de un 45% presentan discapacidad intelectual, un 15% trastorno del espectro del autismo, el 17% parálisis cerebral y un 10% epilepsia. Cada niño puede tener uno o varios de estos diagnósticos funcionales. El retraso psicomotor y la discapacidad intelectual son motivos frecuentes de consulta, hablándose de retraso global del desarrollo (RGD) en menores de 5 años. La prevalencia estimada de RGD/discapacidad intelectual oscila entre un 1-10 %. Sin embargo, entre un 50-80 % de los casos no tienen un diagnóstico etiológico establecido. Dado lo expuesto, el informe recuerda la importancia de actualizar los estudios y adaptarse a los continuos avances sociales, técnicos y científicos.

Los autores del informe inciden en que la mejora en la calidad de la asistencia centrada en el desarrollo debe enfocarse desde una perspectiva sistémica, siendo responsabilidad de los profesionales, “pero también de la administración, de la hospitalaria y de la suprahospitalaria, sin dejar de lado a las familias, representadas por las asociaciones de padres”. En este sentido, entre las principales líneas de mejora que deberían iniciarse o consolidarse a largo plazo, destaca el favorecer un trabajo multidisciplinar más allá del binomio enfermera-médico, incluyendo a las familias e incorporando nuevas especialidades como Psicología, Trabajo Social, Logopedia, Fisioterapia y/o Terapia Ocupacional.

Según recoge el documento, una importante función de los centros de Atención Temprana y Desarrollo Infantil y de los equipos de Salud Mental Infantil, consiste en su apoyo a los equipos de Primaria en la labor de detección de los trastornos del desarrollo infantil en los distintos ámbitos, o bien de acompañamiento en los casos leves o moderados y en las situaciones de riesgo, antes de su derivación a la atención especializada. Tal y como indica el texto, la derivación al especialista en Salud Mental para evaluación y diagnóstico debe hacerse siempre que se observen signos de sufrimiento emocional en el niño y/o señales de alarma psicopatológica.

Los autores advierten de que, como consecuencia del prolongado desasosiego y la fatiga emocional derivados de la pandemia de la COVID-19, se ha detectado “un aumento en el número de menores con estados de ansiedad, dificultades de atención y en la regulación de conductas, con tristeza en el ánimo, con poca capacidad de esfuerzo para lograr incluso aquello que les interesa, con disgusto excesivo o ira ante las pequeñas contrariedades, con trastornos psicosomáticos, con retraso madurativo, con dificultades en la construcción de la autonomía y de las relaciones sociales”.

Ante esto, consideran necesario impulsar las buenas prácticas familiares y escolares, para fortalecer el equilibrio emocional, los buenos tratos y reforzar las estrategias de comunicación y vínculos afectivos entre menores, familias y profesorado, fomentando los conocimientos de la Psicopatología Infantil en los centros educativos, para que sea posible en estos contextos la detección desde los primeros síntomas de sufrimiento mental excesivo.

Se puede acceder directamente al informe a través del siguiente enlace:

Retos de futuro en el cuidado del desarrollo infantil

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