“En la mayor parte del mundo, el enfoque de la atención que se presta a la salud mental sigue siendo el de siempre. ¿Con qué resultado? Los trastornos mentales siguen teniendo graves consecuencias en la vida de las personas, al tiempo que los sistemas y servicios de salud mental siguen estando mal equipados para satisfacer las necesidades de las personas. Mientras tanto, las amenazas mundiales para la salud mental siempre están presentes.”

Así lo advierte la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su último Informe mundial sobre salud mental, un documento a través del cual insta a transformar en todo el mundo los servicios de atención a la salud mental e invertir en ellos, en aras de garantizar una mejora en este ámbito de la salud.

A continuación, resumimos las principales conclusiones del informe:

  • La salud mental es una parte integrante de nuestra salud y bienestar generales y un derecho humano fundamental que existe en un complejo proceso continuo, con experiencias que abarcan desde un estado óptimo de bienestar hasta estados debilitantes de gran sufrimiento y dolor emocional.

Foto: Pixabay Fuente: pexels Fecha descarga: 22/02/2022

Aquellas personas que están expuestas a circunstancias desfavorables (por ej., la pobreza, la violencia y la desigualdad) presentar un mayor riesgo de presentar problemas de salud mental. Si bien los riesgos están presentes en todas las etapas de la vida, son los que sobrevienen durante periodos sensibles del desarrollo, principalmente en la primera infancia, los que resultan “especialmente perjudiciales”. Hay una serie de factores de protección que surgen también a lo largo de la vida y son útiles para reforzar la resiliencia, destacando entre ellos, las habilidades y atributos sociales y emocionales individuales, las interacciones sociales positivas, la educación de calidad, el trabajo decente, los barrios seguros y la cohesión comunitaria.

Dado que los factores que determinan la salud mental son multisectoriales, las intervenciones destinadas a promover y proteger la salud mental deben realizarse también en múltiples sectores. De igual modo, en el caso de la atención a la salud, es necesario un enfoque multisectorial, puesto que las personas con problemas de salud mental “suelen necesitar servicios y apoyos que no se limitan al tratamiento clínico”.

  • Amenazas mundiales como las recesiones económicas y la polarización social, las emergencias de salud pública, las emergencias humanitarias generalizadas y el desplazamiento forzado, así como la creciente crisis climática, elevan el riesgo para poblaciones enteras y pueden retrasar la progresión mundial hacia una mejora del bienestar.

Concretamente, la pandemia de COVID-19 ha provocado una crisis mundial de salud mental, incrementando el estrés tanto a corto como a largo plazo, y “socavando la salud mental de millones de personas”. A este respecto, se calcula en más del 25% el aumento de los trastornos de ansiedad y depresión durante el primer año de la pandemia. A su vez, se han observado graves desajustes en los servicios de salud mental y una ampliación en la brecha terapéutica de los trastornos mentales.

  • En todos los países, los trastornos mentales son muy frecuentes: aproximadamente una de cada ocho personas en el mundo presenta algún problema de salud mental. La prevalencia de estas problemáticas varía en función del sexo y la edad. Los datos indican que los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos son los más comunes, tanto en hombres como en mujeres. Por su parte, el suicidio afecta a personas y a sus familias en todos los países y contextos, y a todas las edades: a nivel mundial, puede haber 20 intentos de suicidio por cada fallecimiento, y es una de las principales causas de muerte entre los y las jóvenes.

Los trastornos mentales constituyen la principal causa de años perdidos por discapacidad (APD), y representan uno de cada seis casos de APD en el mundo. De forma específica, la esquizofrenia (que afecta a aproximadamente uno de cada 200 adultos), supone una de las principales preocupaciones: en sus estados agudos es el más perjudicial de todos los trastornos mentales. Según los datos, aquellas personas con esquizofrenia u otros trastornos mentales graves fallecen, en promedio, entre 10 y 20 años antes que la población general, a menudo por enfermedades físicas prevenibles.

  • Los trastornos mentales conllevan enormes consecuencias económicas: las pérdidas de productividad y otros costes indirectos para la sociedad superan de forma importante a los costes de la atención a la salud. La esquizofrenia es el trastorno mental más costoso por persona para la sociedad. Los trastornos depresivos y de ansiedad son “mucho menos costosos por persona, pero son mucho más frecuentes y, por lo tanto, contribuyen en gran medida a los gastos totales a nivel nacional”.

  • Los trastornos mentales están gravemente desatendidos. En todo el mundo, los sistemas de salud mental presentan “importantes deficiencias y desequilibrios en materia de información e investigación, gobernanza, recursos y servicios”. Con frecuencia “se prioriza a otras afecciones de salud en detrimento de los trastornos mentales”, y no se cuenta con fondos suficientes a nivel de presupuestos en salud mental: de media, los países dedican menos del 2% de sus presupuestos de atención de salud a la salud mental y en los países de ingresos medianos, más del 70% del gasto en salud mental sigue destinándose a los hospitales psiquiátricos.

  • La mayoría de las personas que presentan un problema de salud mental no recibe ningún tratamiento. Factores como la mala calidad de los servicios, los bajos niveles de conocimientos sobre salud mental y el estigma y la discriminación, impiden la búsqueda de ayuda. Numerosos lugares no cuentan con servicios formales de salud mental, y en aquellos en los que esos servicios están disponibles, “suelen ser inaccesibles o inasequibles”.

  • De cara a impulsar la salud pública es fundamental invertir en una salud mental para todos. Para poder cerrar la “enorme brecha que existe en la atención de salud y reducir las desigualdades en la salud mental”, es clave dotar de una mayor cobertura y una mayor protección financiera los servicios de atención a la salud mental, incluyendo para ello, la salud mental en los conjuntos de servicios esenciales de la cobertura universal de salud, e integrando la atención de la salud mental y física, lo que mejorará la accesibilidad y reducirá la fragmentación y la duplicación de recursos. En la misma línea, invertir en salud mental puede poner fin a las violaciones de los Derechos Humanos y permitir el desarrollo social y económico (una mala salud mental obstaculiza el desarrollo “al reducir la productividad, tensar las relaciones sociales y agravar los ciclos de pobreza y desventaja”, mientras que “cuando las personas gozan de buena salud mental y viven en entornos favorables, pueden aprender y trabajar bien, así como ayudar a sus comunidades en beneficio de todos”).

  • La evidencia señala que hay un conjunto básico de intervenciones costo-eficaces para los trastornos prioritarios que “son factibles, asequibles y adecuadas, tales como los programas de aprendizaje social y emocional en las escuelas y las prohibiciones regulatorias de plaguicidas altamente peligrosos (para prevenir los suicidios), junto a una serie de intervenciones clínicas enumeradas en el Compendio de la OMS para la Cobertura Sanitaria Universal.

  • Para transformar la salud mental es necesario sentar las bases de unos sistemas y servicios de salud mental que funcionen bien, fortaleciéndolos. Dado que las causas y necesidades de la salud mental son intersectoriales, es fundamental “que las leyes y políticas destinadas a mejorar la salud mental aborden todos los sectores”.

En el mismo punto, el informe subraya la importancia de disponer de personal competente y motivado para el buen funcionamiento de un sistema de salud, siendo esencial que todos los países amplíen su personal especializado en salud mental y, a su vez, refuercen las competencias en materia de atención de salud mental de otros proveedores de atención de salud y de otras personas.

De forma específica, señala la relevancia de dotar al personal de atención primaria y a una amplia gama de proveedores comunitarios de “nuevas habilidades para detectar los trastornos mentales, facilitar intervenciones y apoyos básicos, derivar a las personas cuando sea necesario y hacer seguimientos”.

  • La promoción y la prevención son costo-eficaces y necesarias para mejorar el bienestar mental y la resiliencia, prevenir la aparición de trastornos mentales y su impacto y reducir la necesidad de atención de salud mental. Transformar la salud mental supone reforzar la promoción y la prevención multisectoriales para todos.

En este sentido, es prioritario llevar a cabo dos estrategias para mejorar la cobertura y la calidad de la atención de la salud mental: reforzar la atención comunitaria (dado que es “más accesible y aceptable que la atención institucional y ofrece mejores resultados a las personas con problemas de salud mental”), y ampliar la atención de los trastornos comunes (depresión y ansiedad). Como bien afirma la OMS, es fundamental “la atención centrada en la persona, orientada a su recuperación y basada en los derechos humanos”.

Se puede acceder al informe desde la página Web de la OMS o bien directamente aquí:

Informe mundial sobre salud mental: transformar la salud mental para todos. Panorama general [World mental health report: transforming mental health for all. Executive summary]. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2022. Licencia: CC BY-NC-SA 3.0 IGO.

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