Los encuestados españoles tienen muy poca confianza en que el sistema de cuidados de larga duración sea capaz de responder a sus futuras necesidades, especialmente en cuanto a la capacidad y accesibilidad de las modalidades de atención comunitaria.

Esta es una de las principales conclusiones del informe Actitudes, experiencias y expectativas en los cuidados de larga duración en España, un documento fruto de una encuesta llevada a cabo por un grupo internacional de organizaciones académicas, públicas y no gubernamentales -entre ellos, el Instituto de Mayores y Servicios Sociales IMSERSO-, que forman parte del Proyecto InCARE (Apoyando el desarrollo INclusivo de cuidados de larga duración basados en la comunidad a través de enfoques participativos de múltiples partes interesadas), cofinanciado por la Unión Europea.

El documento ofrece un resumen accesible de los principales hallazgos de los datos recogidos por la encuesta InCARE en España y en Europa, basados en 375 respuestas de España y 2.373 respuestas de los 27 países de la UE, a personas de entre 18 y 60 años recogidas a través de una encuesta en línea realizada entre septiembre de 2021 y febrero de 2022.

Foto: pixabay Fuente: pexels Fecha descarga: 18/05/2022

A continuación, recogemos algunas de las principales conclusiones del informe:

  • Según datos recientes, 1,2 millones de personas reciben cuidados o servicios públicos. España, concretamente, es un país con elevado porcentaje de cuidado familiar, ya que casi el 39,5% de los beneficiarios reciben una prestación económica para cuidados familiares, mientras que alrededor del 10,7% viven en centros residenciales y el 5,8% acuden a centros de día/noche.

  • Los obstáculos relacionados con la disponibilidad, la asequibilidad y la calidad de los cuidados son más comunes en España que en la UE, tanto para los cuidados residenciales como para los domiciliarios. Alrededor de 1 de cada 3 españoles revela problemas de disponibilidad para acceder a los cuidados domiciliarios y 1 de cada 4 para los cuidados residenciales. El coste sigue siendo un obstáculo importante para los cuidados residenciales (41%) y menos para los cuidados domiciliarios (29%). De forma específica, las personas con menos ingresos se encuentran especialmente desfavorecidas, manifestando más obstáculos en cuanto a disponibilidad (49% para los cuidados domiciliarios y 43% para los cuidados residenciales, frente al 34% y el 24%, respectivamente, de las personas con altos ingresos), y dificultades para acceder a los cuidados residenciales debido a su coste.

    Para los autores del informe, estos datos “sugieren una necesidad urgente de aumentar la protección financiera y mejorar la planificación de los servicios de cuidados en España”.

  • Más de la mitad de los encuestados y las encuestadas señalan haber prestado cuidados informales a una persona mayor (66% mujeres y 53% hombres). De acuerdo con los datos, se observa que la provisión de cuidados informales está distribuida de manera bastante uniforme entre las categorías de edad en España, algo que, según sus autores, pone de manifiesto “la dependencia de los cuidados informales en el sistema de cuidados de larga duración de España”.

  • Pese a la distribución equilibrada en cuanto al género de las experiencias con los cuidados informales, son las mujeres quienes se ven más afectadas por el impacto negativo de los cuidados informales en la participación en el mercado laboral. Aproximadamente el 30% de las mujeres españolas participantes en el estudio han tenido que reducir el tiempo de trabajo o abandonar su empleo debido a las responsabilidades de los cuidados, una proporción similar a la media de la UE (32%).

  • La obligación de prestar cuidados, a pesar de los efectos negativos sobre la salud y el bienestar, recae más sobre las personas que viven en ciudades pequeñas o medianas, mientras que los residentes urbanos informan de un mayor efecto perjudicial sobre su participación en el mercado laboral.

  • La gran mayoría de los encuestados españoles afirma no estar de acuerdo con que los cuidados deban proporcionarlos los familiares a expensas de su carrera laboral, si bien son los hombres quienes tienden a apoyar más esta reflexión que las mujeres. Existe también un apoyo generalizado en cuanto al reparto equitativo de las tareas de cuidado entre todos los miembros de la familia, especialmente en las zonas rurales (74% frente al 65% de la población urbana).

  • En España hay una menor confianza en la capacidad del sistema de cuidados de larga duración para responder adecuadamente a las necesidades futuras, en comparación con la media europea (1 de cada 20 frente a 1 de cada 10). Las personas que viven en zonas urbanas son quienes presentan menores niveles de confianza. Estos varían aún más en función del género (con una mayor proporción de mujeres que expresan su confianza en los sistemas de cuidados de larga duración) y de la edad (las personas mayores, de 60 años o más, expresan los niveles de confianza más elevados).

  • La opción preferida por la mayoría de los encuestados y las encuestadas españoles/as es la de recibir ayuda de cuidadores profesionales en su propio hogar, bien a través de un servicio de cuidados profesionales únicamente (34%), bien por medio de un cuidador personal (9%). La segunda preferencia más común es la combinación de cuidados profesionales y el apoyo informal de un familiar, ya sea en el propio domicilio del usuario o en el de un familiar (33%).

    A pesar de la gran dependencia del sistema español de cuidados de larga duración en los cuidados informales, solo 1 de cada 8 encuestados preferiría recibir cuidados únicamente de cuidadores informales.

    Se detectan diferencias significativas entre las preferencias y las expectativas en la prestación de cuidados formales en España. La proporción de encuestados que espera recibir servicios de cuidados formales o una combinación de cuidados formales e informales es menor que la de los que preferirían estas modalidades de cuidados. Para los autores del estudio, esto sugiere una “marcada preocupación entre los encuestados españoles sobre la capacidad y la accesibilidad de las modalidades de atención comunitaria, reforzada por la expectativa de que la disponibilidad de modalidades de cuidados mixtos no alcanzará el nivel de la demanda en el futuro”.

  • Las actitudes hacia la prestación de cuidados informales en cuanto al género son “considerablemente menos comunes en España en comparación con los demás países”: mientras que 1 de cada 8 encuestados españoles considera que el papel de cuidador es más natural para las mujeres que para los hombres, en la muestra europea esta creencia es compartida por 1 de cada 3 personas.

  • Prácticamente todos los encuestados en España (99%) están de acuerdo con la afirmación de que las autoridades públicas deben organizar y prestar cuidados a las personas mayores, lo que refleja un apoyo generalizado al aumento de la inversión y a un papel clave del Estado en la prestación de cuidados de larga duración.

    Se observa un apoyo muy fuerte entre los encuestados españoles para ampliar los derechos sociales y el apoyo financiero a los cuidadores informales.

Se puede acceder al informe directamente aquí:

Actitudes, experiencias y expectativas en los cuidados de larga duración en España

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