Hace aproximadamente un año que se aprobó la Ley Orgánica 3/2021, de 24 de marzo, de Regulación de la eutanasia (LORE), siendo un importante y novedoso cambio legislativo en nuestro país. Con el objetivo de conocer los obstáculos y aciertos producidos desde su implementación, así como reflexionar sobre el papel del profesional de la Psicología, el Consejo General de la Psicología organizó, el pasado 26 de mayo, el XVI Desayuno de Infocop: Psicología y Eutanasia.

El evento, realizado en modalidad online, fue moderado por Josep Vilajoana Celaya, coordinador de la División Psicología de la Salud del Consejo General de la Psicología, contando con la participación de representantes del ámbito de la Política, la Medicina  y la Psicología, tales como María Luisa Carcedo Roces, diputada del PSOE, exministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y artífice de la Ley de Eutanasia, Azucena Carranzo Tomás, médica y abogada, directora general de Ordenación y Regulación Sanitaria del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya, Marina Gisbert Grifo, médico forense, profesora titular de Medicina Legal de la Universidad de Valencia y presidenta del Comité de Bioética de la Comunidad Valenciana, Javier Barbero Gutiérrez, doctor en psicología, psicólogo clínico, máster en Bioética, concejal del Ayuntamiento de Madrid por Más Madrid, miembro del Comité de Ética Asistencial del Hospital La Paz y experto en cuidados paliativos y duelo y Cristina Seoane Hening, psicóloga clínica, especialista en psicoterapia, experta en acompañamiento en final de vida y duelo, de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, miembro del Equipo de Asesoramiento Personalizado. Al acto también estaba invitada Dolors Mateo Ortega, Doctora en psicología, Directora del Postgrado de Atención psicosocial y espiritual a personas con enfermedades avanzadas de la UVic, Psicóloga Clínica experta en cuidados paliativos, vicepresidenta segunda de la Societat Catalana de Cuidados Paliativos y Coordinadora del Grupo de Psicología Paliativa de la Sociedad Catalana, quien, aunque no pudo asistir al Desayuno por motivos de salud, trasladó sus apreciaciones sobre la temática al coordinador del mismo.

Entre los temas destacados en el Desayuno, se abordó el valor de la figura del psicólogo o psicóloga en la evaluación y acompañamiento durante el proceso de ayuda a morir de cualquier solicitante, así como su papel en el apoyo al entorno cercano y al equipo asistencial. Tal y como manifestaron la mayor parte de los invitados, resulta paradójico que, a pesar del incuestionable papel del profesional de la Psicología en el proceso de ayuda a morir, su figura no quede adecuadamente recogida en la citada ley. Durante el transcurso del Desayuno se abordaron otras cuestiones como la necesidad de formación de los profesionales sanitarios en la comunicación con los pacientes, la importancia de la planificación anticipada de decisiones como herramienta psicoterapéutica o la evaluación en los casos de trastorno mental o de deterioro cognitivo, entre otros asuntos.

A continuación, se recogen algunas de las principales aportaciones de los invitados al Desayuno:

María Luisa Carcedo Roces, diputada del PSOE, exministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y artífice de la Ley de Eutanasia

María Luisa Carcedo recordó los soportes jurídicos que sustentan la Ley de Regulación de Eutanasia: la Constitución Española (en los artículos 10, 15, 16 y 18, que defienden la dignidad, el derecho a la vida, la integridad física y moral, la libertad de ideología y de creencias y el derecho a la propia imagen y la intimidad), el Código Penal y la Ley de Autonomía del Paciente, “que cambia el paradigma de la relación médico-paciente, asegurándose de que es exclusivamente el propio interesado el que toma una decisión autónoma sobre el final de su vida”. María Luisa Carcedo señaló que, además de ser un derecho civil, la Ley de Regulación de Eutanasia vino a responder a la voluntad expresada por la ciudadanía en una encuesta realizada en su momento, paliando así la disparidad existente entre la legislación y la voluntad de la población. Asimismo, aclaró que la Ley de Eutanasia no es un sustitutivo de la Ley de Cuidados Paliativos, y que estas dos leyes no son incompatibles. “Desviar la atención sobre la eutanasia, que es un derecho civil, anteponiéndola a la Ley de Cuidados Paliativos es un error”, señaló. Finalmente, María Luisa Carcedo explicó que la Ley de Regulación de Eutanasia hace mención al término “equipo sanitario” sin especificar qué profesionales deben integrarlo para no excluir a ningún profesional, dejando abierta la composición de los equipos a la decisión de cada comunidad autónoma (justificando así la ausencia de mención específica al profesional de la Psicología en esta normativa.

María Luisa Carcedo

 

Azucena Carranzo Tomás, médica y abogada, directora general de Ordenación y Regulación Sanitaria del Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya

Azucena Carranzo

 

Azucena Carranzo trasladó a los asistentes los resultados de la implementación de la Ley de Regulación de Eutanasia en Cataluña, cuyo “balance es positivo”. En dicha Comunidad, las Comisiones de Garantía y Evaluación están formadas por profesionales de Enfermería, Medicina, Psicología, Derecho y miembros de la ciudadanía, demostrando un buen funcionamiento. Tal y como explicó, a fecha 31 de diciembre se han recibido 68 peticiones, de las que 33 han sido aprobadas y 5 se han denegado por motivos vinculados, en su mayor parte, a aspectos psicológicos. Más allá de los resultados, Azucena Carranzo señaló la demanda de los profesionales sanitarios de mejorar su formación en este ámbito, lo que motivó, en esta Comunidad Autónoma, la puesta en marcha de sesiones de formación para médicos, psicólogos y otros profesionales, que han tenido una gran acogida. Asimismo, debido a la delicadeza de la labor, en Cataluña se ha facilitado a todos los profesionales sanitarios que así lo precisen, la posibilidad de contar con apoyo psicológico a través de dos vías. Por un lado, mediante la creación de la figura de un referente de bienestar emocional territorial, que es un psicólogo, que está a disposición de los equipos sanitarios y, por otro, a través del apoyo de un servicio de asistencia psicológica de la Fundación Galatea.

Azucena Carranzo comentó otras preocupaciones en la labor de estos equipos, tales como evitar la presión por parte de los medios de comunicación hacia el personal sanitario o cómo mejorar la actuación para no alargar demasiado el proceso de toma de decisiones de las Comisiones de Garantía y Evaluación.

Marina Gisbert Grifo, médico forense, profesora titular de Medicina Legal de la Universidad de Valencia y presidenta del Comité de Bioética de la Comunidad Valenciana

Marina Gisbert señaló la pertinencia y acierto en la creación de esta Ley, si bien “ha dejado muy poco clara la posibilidad de participación del psicólogo en el proceso de ayuda a morir”. ParaMarina Gisbert el papel del psicólogo es doblemente valioso y esencial. Por un lado, su aportación es fundamental para la evaluación de los solicitantes de eutanasia con problemas de salud mental, o para los casos clínicamente más difíciles de evaluar o con deterioro cognitivo, que requieren una evaluación realizada por personal “debidamente cualificado y con buenos estándares científicos y técnicos”, como la que proporcionan los profesionales de la Psicología. Por otro lado, la participación de los profesionales de la Psicología resulta esencial para atender las necesidades psicológicas que se plantean para cualquier solicitante de eutanasia, en un momento tan delicado como constituye la petición de ayuda para morir. “Tomar esta decisión implica estar en una situación emocional difícil que requiere de un tipo de apoyo que sólo puede prestar un psicólogo”, subrayó la invitada. Marina Gisbert también mencionó con preocupación la omisión del personal de enfermería en la LORE, a pesar de que son los profesionales encargados de ejecutar la decisión médica, así como otras cuestiones asociadas al quehacer de los equipos, recordando que el Manual de buenas prácticas en eutanasia recientemente publicado no es una norma de obligado cumplimiento, sino tan sólo una propuesta o recomendación de actuación.

Marina Gisbert

 

Javier Barbero Gutiérrez, doctor en Psicología, psicólogo clínico, máster en Bioética, concejal del Ayuntamiento de Madrid por Más Madrid, miembro del Comité de Ética Asistencial del Hospital La Paz y experto en cuidados paliativos y duelo

Javier Barbero

 

Javier Barbero Gutiérrez manifestó su asombro cuando, en el momento de elaboración de la ley, el Gobierno rechazó la enmienda propuesta por Más País, en la que se solicitaba incluir en el artículo 5 explícitamente la garantía del “acceso a la intervención psicoterapéutica” y no solo a los Cuidados Paliativos, precisamente por la “intensa experiencia de sufrimiento” que la misma ley recoge como condición para poder ejercer ese derecho. Y ese proceso, si la persona lo desea, ha de poder ser acompañado. De hecho, la normativa llega a hablar hasta de “sufrimiento psíquico” del paciente. Sin duda alguna “si el ejercicio de la eutanasia es un derecho, también lo es la oferta de intervención psicoterapéutica preventiva que le debería poder acompañar”. Javier Barbero insistió en que el proceso para solicitar la eutanasia es una situación emocionalmente difícil, compleja, que requiere apoyos para ayudar al paciente a despedirse de su entorno o a comunicar su decisión, pero también a los familiares para prevenir el posible duelo complicado derivado de la creencia errónea de culpa por no haber hecho lo suficiente, o a los profesionales sanitarios para hacer la despedida del paciente o específicamente al personal de enfermería encargado de administrar la medicación final debido a la función desempeñada. Se trata de una oferta preventiva que puede beneficiar a cualquier solicitante de eutanasia y a su entorno, y se trata de un derecho, independientemente de la presencia o no de un trastorno mental. No hay por qué asociar la intervención psicoterapéutica con el trastorno mental, desde luego… En la intervención psicoterapéutica con los solicitantes de eutanasia, Javier Barbero remarcó que “es de vital importancia abordar los valores, los miedos y ayudar al paciente a gestionar los procesos y decisiones concretas que están vinculados a ese momento difícil”.

Asimismo, Javier Barbero matizó que el papel de la Psicología es fundamental tanto para dar respuesta al sufrimiento intenso que supone este proceso, como, alternativamente, para proteger a los colectivos y personas más vulnerables “ante el riesgo de lo que en principio es un derecho se convierta en un deber con todas las implicaciones emocionales que esto conlleva”.

Cristina Seoane Hening, psicóloga clínica, especialista en psicoterapia, experta en acompañamiento en final de vida y duelo, de la Asociación Derecho a Morir Dignamente, miembro del Equipo de Asesoramiento Personalizado

Cristina Seoane trasladó a los asistentes sus conclusiones fruto de sus 8 años de experiencia como voluntaria en la asociación Derecho a Morir Dignamente, mostrando su acuerdo en que se trata de un momento muy conflictivo y delicado para la persona demandante, que tiene que decidir, entre otras cuestiones, cómo lo plantea a la familia, así como enfrentar sus propios miedos hacia la muerte… “Se trata de un momento en que es evidente la necesidad de la ayuda de un profesional de la Psicología que pueda abordar el tema de la muerte sin tabúes y proporcionando un espacio de escucha activa”, señaló. Para esta profesional, el psicólogo o psicóloga debe intervenir desde el inicio del proceso, “desde el preciso instante en que la persona manifiesta verbalmente por primera vez al equipo sanitario o al entorno su deseo de acabar con su sufrimiento” y hasta el final para poder acompañar las diversas fases por las que la persona y sus familiares y allegados atravesarán.  Cristina Seoane también señaló la enorme utilidad del documento de voluntades anticipadas (o testamento vital) para informar y orientar a las personas que se plantean o que solicitan la eutanasia, así como a las personas o familiares que buscan información sobre el proceso del final de vida. “Se trata de una herramienta que garantiza el acceso a una muerte digna, además de servir como una primera solicitud de eutanasia, por lo que habría que reforzar más su utilización y difundirlo entre la población”, apuntó.

 

Cristina Seoane

Finalmente, y respecto al debate sobre las personas con deterioro cognitivo o trastorno mental y su capacidad para tomar decisiones sobre el final de la vida, Cristina Seoane aclaró que, respecto a las personas con trastorno mental, siempre que no estén en situación de crisis aguda, siguen siendo competentes para tomar decisiones sobre su vida. “La competencia viene definida por la capacidad de decidir, y no por el diagnóstico que uno tenga”, remarcó. En el caso del deterioro cognitivo, y tal y como trabajan desde la asociación Derecho a Morir Dignamente gracias a una comisión especializada en estos casos, también es posible rellenar el documento de voluntades anticipadas especificando el grado de demencia y recogiendo las preferencias del paciente y los aspectos que valora la persona como posibles para seguir viviendo y los que rechazaría en el futuro.

Dolors Mateo Ortega, doctora en Psicología, directora del Postgrado de Atención psicosocial y espiritual a personas con enfermedades avanzadas de la UVic, psicóloga clínica experta en cuidados paliativos, vicepresidenta segunda de la Societat Catalana de Cuidados Paliativos y coordinadora del Grupo de Psicología Paliativa de la Sociedad Catalana Ciudadanos

Dolors Mateo

 

Dolors Mateo no pudo asistir al encuentro por motivos de salud. No obstante, hizo llegar sus apreciaciones por escrito al coordinador para su consideración durante el Desayuno. Respecto al papel del psicólogo, Dolors Mateo estima que, si bien la ley no prevé de forma explícita la participación del profesional de la psicología, los profesionales de la salud implicados en el proceso de la prestación de la ayuda a morir o eutanasia sí demandan de forma habitual la participación de estos/as profesionales. “Algunos aspectos clave que identificamos en los profesionales es que se han sentido solos en el proceso prestación de ayuda a morir o de eutanasia, que a pesar de tener experiencia en acompañar a personas en procesos de final de vida les ha impactado más de lo que se esperaban, sintiendo la necesidad de compartirlo con otros compañeros y expresando también lo oportuno del soporte psicológico especializado. Cabría destacar que, a pesar del impacto, también han sentido satisfacción por poder aliviar el sufrimiento que comportaba la situación”, argumenta.  Para esta experta, se puede trabajar en la prevención del impacto emocional de los profesionales sanitarios a través de la formación en la comunicación y en la toma de decisiones compartidas, el trabajo en equipo, la activación del equipo asistencial (enfermera, psicóloga/o, trabajador/a social) para valorar y/o acompañar al paciente y/o la familia si es necesario y del comité de ética asistencial de su centro de referencia.

 

Dolors Mateo muestra su acuerdo también en que es necesario atender las necesidades psicológicas en situación final de vida de cualquier solicitante. Estas necesidades “son individuales y singulares, a menudo relacionadas con aspectos y necesidades existenciales, ligadas a valores, creencias y preferencias de cada persona, y que requieren de una gran capacidad de acompañar, normalizar y de exploración por parte del profesional de la psicología, muy experto y habituado a situaciones de final de vida y a experiencias de sufrimiento vital”..

Dolors Mateo considera que la Ley de Eutanasia y los cuidados paliativos no son excluyentes. “Los resultados de estudios realizados en países donde el derecho a la eutanasia lleva años regulado muestran cómo la mayoría de las personas que piden eutanasia por una enfermedad avanzada ya estaban recibiendo cuidados paliativos”, aclara. Finalmente, de acuerdo esta experta, uno de los asuntos pendientes a debatir y trabajar en futuros encuentros profesionales es la demanda de eutanasia cuando la enfermedad que causa un sufrimiento insoportable es una enfermedad mental.

Josep Vilajoana Celaya, coordinador de la División Psicología de la Salud del Consejo General de la Psicología

Josep Vilajoana agradeció la presencia y participación de los asistentes al Desayuno, remarcando la necesidad de que la asistencia psicológica hubiera quedado más explícitamente reconocida en la LORE y, sobre todo, teniendo en cuenta que, de acuerdo con los testimonios de los asistentes, el papel del psicólogo o psicóloga es clave en la evaluación y acompañamiento, tanto del paciente como de los familiares y de los equipos asistenciales. Asimismo, Josep Vilajoana apuntó algunos de los desafíos en la práctica asistencial en este ámbito, tales como establecer los límites para definir lo que consideramos sufrimiento psicológico intolerable, delimitar la capacidad de decisión en los casos de deterioro cognitivo, profundizar en el conocimiento sobre el impacto de este tipo de pérdida en el entorno cercano (siendo la muerte por eutanasia diferente a otro tipo de pérdidas) o reforzar la investigación en este campo para tomar decisiones informadas y mejorar la práctica asistencial basada en la evidencia.

Josep Vilajoana

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