“El mundo está fallando en “nuestro deber de prestar cuidados” para proteger la salud mental y el bienestar de los trabajadores de la salud y los cuidadores”. Este es el titular lanzado por la Organización Mundial de la Salud, en una nota de prensa en la que se da a conocer el último informe elaborado en la Cumbre Mundial de Innovación para la Salud (WISH) en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), titulado Nuestro deber de atención: un llamado mundial a la acción para proteger la salud mental de los trabajadores de la salud y los cuidados.

“Ya en el tercer año de la pandemia de COVID-19, este informe confirma que los niveles de ansiedad, estrés y depresión entre los trabajadores de la salud y la atención se han convertido en una 'pandemia dentro de una pandemia'”, ha indicado Jim Campbell, director de Personal de Salud de la OMS.

 

Fuente: www.pexels.com Artista:
Anna Shvets Fecha descarga: 09/10/2022

Según se recoge en la publicación, al menos una cuarta parte de los trabajadores sanitarios y cuidadores encuestados informan de síntomas de ansiedad, depresión y agotamiento. En concreto, entre el 23 y el 46% de los trabajadores sanitarios y del sector del cuidado formal e informal presentan síntomas de ansiedad derivados de la situación de pandemia y entre el 20 y el 37% síntomas depresivos. Asimismo, entre el 41 y el 52% de los trabajadores manifiestan sentirse agotados desde el comienzo de la pandemia.

Dentro del sector sanitario y de cuidados, el perfil con mayor desgaste psicológico está conformado por las mujeres, los jóvenes y los padres y madres de menores dependientes. “Se trata de un dato significativo si se tiene en cuenta que las mujeres constituyen el 67 % de la fuerza laboral sanitaria mundial y están sujetas a desigualdades en el sector, como la desigualdad salarial”, añade el documento.

El documento analiza también las medidas de protección laboral avaladas por la evidencia que se pueden aplicar para proteger la salud mental de los trabajadores sanitarios.

A este respecto, a nivel organizacional, se menciona la rotación de puestos de trabajo/tareas para reducir la exposición a los factores de riesgo y al estrés, la formación específica sobre los procedimientos operativos estándar para que los trabajadores puedan hacer frente a la emergencia de forma competente y eficaz, la disponibilidad de equipos de protección adecuados y bien ajustados, así como la buena comunicación e intercambio de información entre los miembros de los equipos y tener la posibilidad de expresar sus preocupaciones.

En cuanto a las intervenciones psicológicas, el informe señala que, si bien son necesarios más estudios de alta calidad que evalúen intervenciones para mejorar la salud mental de los trabajadores sanitarios en momentos de pandemia, la terapia cognitivo-conductual en formato individual o grupal ha demostrado ser eficaz para la reducción del trastorno por estrés postraumático y la ansiedad, y que otras intervenciones integrales, la formación de los equipos y la mayor dotación de personal suponen medidas eficaces para mejorar el bienestar psicológico de los equipos asistenciales.

El informe señala, además, que “existen pruebas de que el personal con la mayor carga de problemas de salud mental era el menos propenso a solicitar o recibir apoyo”, lo que pone de relieve la importancia de incorporar medios más asequibles de acceso a los servicios de salud mental que salvaguarden la confidencialidad y protejan contra la estigmatización.

Los expertos proponen un conjunto de acciones políticas de adopción inmediata para promover y proteger la salud mental de los trabajadores del sector sanitarios y de los cuidados, entre las que se encuentra:

Aplicar políticas y planes intersectoriales basadas en la evidencia

  • Aplicar el consenso político de la Asamblea Mundial de la Salud y la Conferencia Internacional del Trabajo a todos los ámbitos nacionales.
  • Revisar y reforzar los marcos políticos y normativos nacionales para los servicios de salud mental, así como la seguridad y la salud en el trabajo. Garantizar que las políticas de seguridad y salud en el trabajo den prioridad a la salud mental y al bienestar del personal.
  • Alinear e integrar los enfoques de las políticas nacionales sobre salud mental, seguridad y salud en el trabajo y preparación para las pandemias. Las políticas deben garantizar que el sistema sanitario esté preparado para todos los peligros, que sea capaz de pasar rápidamente a las medidas de emergencia y que, al mismo tiempo, respete los parámetros internacionales para proteger y salvaguardar la salud y el bienestar de la fuerza laboral.

Invertir en la atención y apoyo a la salud mental

  • Mejorar el seguimiento y la vigilancia de las necesidades de salud mental entre el personal sanitario y asistencial, y supervisar las necesidades y la provisión de recursos. Ampliar la utilización de las herramientas existentes a nivel del sistema sanitario y garantizar la responsabilidad de la aplicación de las estrategias a nivel nacional, regional y organizativo.
  • Aumentar el acceso a una atención de salud mental de calidad y confidencial para todos los trabajadores sanitarios y asistenciales. Deben establecerse nuevas infraestructuras para sostener y complementar los programas existentes de apoyo a la salud mental de los trabajadores sanitarios y asistenciales.
  • Condenar y combatir la estigmatización de los trabajadores sanitarios y asistenciales directamente implicados en la respuesta a la pandemia de COVID-19 y abordar los impactos psicológicos negativos de la respuesta a la pandemia. Incorporar estrategias de reducción del estigma en los programas públicos de salud mental, aumentar los esfuerzos para desestigmatizar la salud mental en toda la sociedad.
  • Invertir en investigación sobre salud mental para generar evidencias y fundamentar las soluciones políticas y normativas. Esto debería incluir la investigación sobre la eficacia a largo plazo y la rentabilidad de las intervenciones a nivel individual y organizativo para el bienestar mental y la identificación de las necesidades de los diferentes grupos en el trabajo.

Reforzar los recursos humanos para la salud y la asistencia

  • Reclutar, ampliar y retener un personal sanitario y asistencial diverso para prestar los servicios sanitarios esenciales y las funciones esenciales de salud pública. Como se ha puesto de manifiesto a lo largo de la pandemia, la escasez nacional y de instalaciones aumenta la carga y el estrés del personal restante, poniendo en riesgo la calidad de la atención y, en última instancia, la seguridad sanitaria mundial. La inversión en recursos humanos para la salud debe priorizarse.
  • Optimizar y anticipar las necesidades de personal para ampliar los servicios de salud mental para los trabajadores sanitarios y asistenciales, así como para el público. Esto debería ser coherente con el Plan de Acción Integral de Salud Mental 2013-2030149 de la OMS, con equipos multidisciplinarios e integrados de salud mental y atención social en entornos comunitarios que cuenten con el apoyo de una formación y supervisión continuas; y cuyas condiciones de trabajo, remuneración económica y oportunidades de progresión profesional que atraigan y retengan al personal de salud mental.
  • Invertir en entornos y cultura de trabajo que prevengan el agotamiento, promuevan el bienestar del personal y apoyen la atención de calidad; esto incluye las obligaciones y funciones de los gobiernos y los empleadores en materia de seguridad y salud en el trabajo; y eliminar las políticas organizativas que penalizan a los empleados por buscar atención en materia de salud mental y consumo de sustancias.

En conclusión, los datos avalan el enorme impacto negativo para la salud y el bienestar psicológico que ha supuesto la pandemia sanitaria en los trabajadores de la salud y la prestación de cuidados. La presión laboral a la que están sometidos no es algo nuevo. Sin embargo, la pandemia sanitaria ha supuesto un agravante sin precedentes, indica el documento. En este sector, el malestar psicológico, la estigmatización, la discriminación, la violencia física y psicológica y el acoso se han visto “amplificados” por la pandemia de COVID-19.

Los expertos hacen un llamamiento para que los gobiernos y las partes interesadas impulsen medidas de protección laboral en salud mental dirigidas específicamente a este sector, puesto que se trata de “invertir en salvaguardar el activo más valioso que poseen nuestros sistemas de salud, que son las personas que trabajan dentro de ellos”. En definitiva, proteger la salud mental del sector sanitario es un derecho y una necesidad urgente que se debe afrontar.

Se puede descargar el recurso en el siguiente enlace:

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